TsEdi, Teleservicios Editoriales, S.L. — Julio 21, 2006, 12:07 am
* Ejercicio 25 - Recursos semánticos
Para terminar de practicar los recursos literarios sintácticos, seleccionad un texto del ejercicio 8 (por supuesto, que no sea el vuestro) e intentad cambiar su redacción añadiendo todos los recursos sintácticos que se os ocurran de los que se explican en: RECURSOS LITERARIOS
Clasificado bajo: Recursos literarios
1. Un artista en camino
No extrañaría las vacas y el pasto que dejaba atrás, aunque ellas siempre me vieron crecer y preocupadas por mí sabría que ellas pensarían sólo en lo bueno para mí.
En la ciudad tendría un mejor porvenir que levantarme al alba, ordeñar por horas y alimentar cerdos, aunque ellos siempre me entretenían y contaban cuentos con muchos efectos de sonido y sombras de cada atardecer. Al fin podría salir de aquel ambiente, había esperado tanto. No pude pegar un ojo, estaba ansiosa, mi corazón latía a gritos, implorando por huir a un lugar mejor esperando el amanecer y con él mi futuro capitalino en que mi vida cambiaría por siempre como flor de primavera me enontraba con todo el entusiasmo de florecer.
Empaqué cuatro trapos y un par de libros. Mi bolso no pesaba; crucé la puerta rápidamente cuando un grito mudo me detuvo. Enriqueta!, mi fiel compañera, no me podría seguir, cuánta angustia invadió mi alma haciendo surgir un par de lágrimas en mis mejillas rojas; las estrellas de su rostro me miraban con nostalgia pero tenía que despedirme, aunque había decidido no decirle nada, no era capaz.
Entré al establo y ahí estaba ella, tan blanca y despeinada, como esperándome; me miró con sus ojos gachos, como si comprendiera todo; mi preciosa yegua, te visitaré pronto, no estés triste, no llores más que me quiebro, gracias por tu amistad. Volveré, ¡triunfaré!
Tuve que salir, el camino seria difícil, pero iba a paso ligero, mis pies cansados como al salir de un largo desierto en que el calor es tan fuerte como un volcán a punto de eructar a mi alrededor; pero contentos avanzaban firmes cuando divisé el tren a lo lejos. Qué felicidad llegar a la estación, música para mis oídos. Subí, a través de la ventana veía como se alejaban mis campos, sentí miedo, pero estaba resuelta a hacerlo con la valentía de un gigante llegaría hasta la cumbre, caminando por trayectos incrustados de muchos problemas.
El viaje era largo, comí un par de panes con queso, tan suaves como la miel que me parecieron más deliciosos que de costumbre, estaba hambrienta. Buscare un trabajo a medio tiempo, estudiare, haré familia, tendría mi casa, iría a la opera, viajaría por todo el mundo, ¡aprendería muchos idiomas!
Pensar que ya paso un año de esa despedida. Que afortunada soy, he podido sortear los obstáculos con dignidad y perseverancia. Mi familia capitalina no se mostró tan indiferente conmigo y me dio cobijo en su casa. Obviamente, perdí la costumbre de levantarme al alba, siempre estoy con el tiempo justo, sigo perdiendo mis peines y me he dejado el cabello largo, negro azabache. Estoy aprendiendo a tocar la guitarra, y a veces le pregunto ¿Qué fue lo que más le alegró de mí? Para tocar canciones tan bellas y llenas de melodía con sabor a sentimientos; compongo a veces tristes canciones y a veces muy alegres, según mi estado de ánimo y el tiempo que quiera pasar.
Tengo un buen trabajo que me da el dinero para ir a la universidad. Estudio literatura, escribo historias cuando cae la noche y me acompaña la luna. Cambie los picos y palas por el ordenador y el celular. Soy una chica de ciudad tan similar a veces mi triste vida amorosa como las de Goethe a veces tan cerca pero siempre me encuentro muy lejos del amor y sólo vivo con el calor que me brindan los libros, que me consuelan en los días de tristeza y me brindar el amor de mis seres a los que extraños mucho. Ese amor que siento de la escritura es como la caricia de mi madre tan tierna y cálida que llena de regocijo.
ESCENA NOCTURNA
Comentario de Mariana @ Junio 29, 2006, 11:30 am
Nota: este ejercicio es con el mayor afecto, sin tratar de ofender ni molestar al autor, por el contrario, doy las gracias por ayudarme a aprender algo nuevo.
India, una vaca esta echada sobre la vía y un tren parado; esperando a que se decida a levantarse. Los viajeros miran y salen.
Brilla mucho la luna, algunos estiran las piernas, pasean aprovechando el tiempo.
El vagón a tope de gente. Las escenas que se pueden ver son sin duda de lo más variadas.
Veo a la gente descansar
Veo a la gente dormir
Veo a la gente caminar
Veo a la gente pensar.
Hasta una madre que pasa el peine por el sedoso y hermoso pelo de su hija pequeña, hasta un extranjero que escribe notas extrañas e indescifrables en su computadora, ajeno a todo escuchando música en sus walkman, ya llevan rato detenidos, la multitud se pone un cuanto nerviosa.
La nube llego
La nube ennegro
La nube cegó
La nube oscureció
La nube ensombreció
La nube la luz apago.
Y la luna ocultó.
Los pasajeros van regresando al vagón, algunos comen para aprovechar el tiempo.
La madre que con amor y sosiego había estado peinando el sedoso y hermoso pelo de su hija, ahora guarda el peine, puesto que su hermosa y cariñosa niña se ha quedado dormida.
El tren se empieza a mover, la alegría se hace sentir se escucha un murmullo de felicidad entre toda la gente. Se mueve el tren, se aleja aumentando la velocidad, y por un instante pasan al lado de la vaca que piensa que dormirse al lado de la vía es mejor. Así la maquina, en la oscuridad se pierde.
ESCENA NOCTURNA
India, una vaca delgada como su esqueleto está echada sobre la vía férrea derecha, la vida de un virtuoso, y un tren parado, esperando a que se decida a levantarse. Los viajeros salen a mirar, uno de ellos mientras toca una especie de laud canta la siguiente canción:
La rosa de mi corazón
se quebrará un día
si no escuchas mi canción
vida y muerte mía.
La luna que sonríe tímida y alegre brilla tanto que nos deja casi ciegos con su luz y algunos aprovechan para estirar las piernas y pasear un poco, cientos, quizás miles de vendedores se acercan al tren: ¡ compre algo no aguante el hambre, algo cuesta pero compre, compre !. Hay gente que no se decide a ponerse en pie y mira desde la ventana del tren.
El vagón está a tope de gente. Se pueden ver escenas de lo más variado: desde una madre que pasa el peine por el pelo azabache de su hija pequeña y sonríe al ver como crece, hasta un calvo vendiendo crecepelo, y hasta un joven extranjero escribiendo entre estrujones estrujado, en su ordenador portátil, ajeno a todo, escuchando música a través de unos cascos.
Ya llevan un buen rato esperando, ¡casi una vida! y hay gente que se empieza a poner nerviosa.
Una nube ha ocultado a la luna y los pasajeros van volviendo al vagón. Dentro, algunos han aprovechado este tiempo para comer de pie para tenerse, algún tente en pie.
El extranjero cierra el ordenador, apaga la música y cierra los ojos intentando dormir. La madre que había estado peinando a la niña hace tiempo que guardó el peine, y ahora la pequeña está profundamente dormida.
Por fin el tren se empieza a mover. Se escucha un murmullo de alegría general. El convoy se pone en marcha y pasan al lado de la escuálida vaca, que ahora ha decidido echarse a un lado del camino próximo a la vía.
Poco a poco, el tren se va perdiendo en la clara oscuridad.
(perdón a la autora)
Perdón me olvidé colocar de quien había sido el El Comentario que utilizé fue el ejercicio de Maria Aurora @ Julio 4, 2006, 3:41 am
Comentario de Mayumi @ Julio 1, 2006, 7:02 pm
Querida Patty,
Acabo de llegar a mi hotel y lo primero que hice fue llamarte por teléfono, me cansé de oír el rin rin rin del aparato, quería contarte todo lo que estoy viviendo en estos momentos.
Ya se, que tú me vas a decir lo mismo de siempre:
Atención, cuidado con los hombres, cuidado con el dinero, cuidado con el trabajo, cuídate mucho.
Patty querida, procuro hacerlo, animales feroces y blancos gatitos, siempre es lo mismo, con unos lejos y otros en brazos, se controla siempre la situación, claro que a veces existen animales blancos y feroces gatos, entonces es cuando más disfruto del momento jajaja ¡Te pillé eh!
Ya sabes como soy de chistosa, me encanta y sobre todo correr libre por las praderas de la libertad como si fuera un potrillo ¿que digo? ¡Soy un potrillo!
Quien pudiera ser una grulla, eso de la paloma ya está muy visto, y volar, volar, sentir el aire, vivir, vivir, en una nube gaseosa y bajar cuando me diera la gana y con elegancia posarme en mi pata y cantar todo el tiempo aquello de… “Vengo de un lugar que nadie conoce, si quieres ir tendrás que acompañarme, sube a mi lomo de grulla” ¿Te has preguntado alguna vez cómo cantan las grullas?
Bueno querida hermana, mañana me espera un día bastante largo, pues van a llevarnos a las instalaciones de la escuela; voy a poner algo de música mientras tomo un baño, antes de acostarme, pues apenas puedo mantenerme en pie. Ya te iré contando lo que acontezca en mi estancia por estas lejanas tierras.
Besos
Lily
Escribo sobre el relato de Matinal, y espero que su autor@ me perdone si destrozo su relato:
La magia está en París.
Un ordenador para el idioma francés, carece de signos en español, pero qué importa para cumplir con la tarea de aprendiz de escritor. Lo importante es que estás en París, la ciudad que llaman de la luz.
¿Hay una luna curiosa y casquivana en el cuarto donde te encuentras? ¿se asoma misteriosa por tu ventana, ese ojo de la casa que se abre al mundo? Qué envidia, no conozco París, la ciudad más hermosa del mundo.
Toma un espejo, el otro yo femenino, y un peine,caricia y tormento de las damas,colócate en la ventana y mientras escuchas música,valsea, silba y susurra, miras hacia ese Sena cantarín y nostálgico, ese río eterno testigo de amoríos y llanto de escritores malditos. Imaginemos un cuadro de Degas titulado Muchacha peinándose junto a una ventana. (preferiblemente la melodía Los Puentes de París, aquella que dice… El Sena busca el mar…),
o aquel vals que decía: “Bajo los puentes del Sena fue mi primera noche de amor…”
No conozco Francia (todavía, algún día será posible si me lo propongo con firmeza)… Debe de ser una delicia viajar por Francia, atravesando la campiña y sus vides, los jazmineros que producen los famosos perfumes, ver por la ventanilla del tren los caballos, las ovejas y las vacas, especialmente aquella vaca que lame maternal la cabeza de su ternerito.
(Otra vez toca escribir sobre el relato de un compañero, y vuelvo a decir lo mismo. Lo hago con el mayor respeto, y pido disculpas al autor.)
Basado en el comentario de KARLA.
El viaje en tren, alucinante;
el paisaje, fascinante.
Pero la noche llegó,
y se apagaron las luces,
y empecé a sentir temor.
Y miré a la luna llena,
y empecé a notar temblor,
y pensando en soluciones,
hallé un peine salvador.
A la mañana siguiente,
olvidado ya el pavor,
me reía,
y en el cyber escribía
a mi amiga.
Miré con disimulo
a mi vecino de al lado…
¡y le faltaba un pie!
Del susto empecé a correr.
¡Oh, no, a empezar otra vez!
(Basado en el comentario de squizofuego , pido disculpas al autor si he hecho cambios muy drásticos)
Al fin siento que mi alma volvió a mí, como cuando la primera vez que te conocí , aunque el destino escogió caminos diferentes para ambos , yo siempre te mantuve en recuerdo y ahora que te he visto de nuevo , veo que has cambiado físicamente pero por dentro sigues siendo aquel apuesto joven que conocí un día de Abril, tus verdes ojos color otoño se han mantenido intactos , y sigo sintiendo la misma sensación al verlos.
Mi corazón pequeño de dulces sentimientos tuvo un lugar para ti, ¡desquiciado!, me dejaste ese peine como prueba imborrable de tu existencia; día tras día miraba el peine que dejaste olvidado en la mesa de noche, la ultima vez que nos vimos, y recordé la forma en que nos conocimos por medio de algo tan frío como un ordenador.
Tardes frías peleando contra viento y marea por encontrarte…
Tardes en vela , sin poder cerrar un ojo..
Tardes tristes , apagadas sin tu presencia …
Tardes inolvidables en mi vida….
Estás delante mío , tú con tus hijos , yo con los míos , tú con tus nietos , yo con los míos ; sólo quiero me dejes cumplir la promesa hecha antes de tu partida , déjame peinar tus metálicos cabellos , decirte gracias al darme un motivo de vida….
Del comentario de Isabel…
Me duele el pie.
Me duele el cuerpo.
Me duele el alma.
Ayer me dieron una patada jugando al fútbol.
Hoy, hielo y algo de reposo.
Me siento junto a la ventana.
Hay música en el quinto piso,
y me recuerda que
solo garabateo estas líneas en el ordenador.
Todavía se encuentra el peine de Leticia,
junto a mi agenda.
Leticia, vivaz y alucinante,
hizo de mí un hombre de más de-cuatro-palabras.
La parquedad siempre fue mi estigma.
También quedó la vaca de peluche de Anita,
su hija de cuatro meses.
Hace dos semanas que prometió volver.
Hace dos semanas dijo q regresaba.
Hace dos semanas la espero.
El quince de junio la acompañé,
bajo una luna de vino,
a la estación, y subió al tren,
pero ni siquiera inclinó la cabeza para saludarme.
Desde entonces la espero.
Desde entonces la sueño.
Desde entonces la quiero.
Desde entonces no me ha llamado.
He escogido el comentario de Maria.
Llevaba reclinado en mi butaca algo más de cuatro horas mirando por la ventana. Llevaba el tiempo necesario para poder tomar la decisión. Llevaba una eternidad pensando, y nada nuevo sucedía. Los arriates no parecían cambiar de sitio. Ni crecer, ni achicarse, ni mirar a un lado, ni esperar a nadie. Mis rosas, marchitas de tanta lluvia, seguían conservando su porte tan penoso y su olor a ropa vieja. El naranjo, diminuto en toda su hermosura, colmaba el centro del patio y las rejas, oscuras, no se doblegaban al paso de los rayos que intentaban inmiscuirse en la penumbra de la casa. Asomaba allá la luna, por el ocaso, inmenso su rostro, mientras, una extraña música retumbaba en las paredes de mi alma, revuelta ante tanta ignorancia. En una mezcla de narcóticos y desconcierto, con la manta raída de cuadros dando calor a mis rodillas, barajé la posibilidad de, una vez iniciado mi trayecto hacia ninguna parte, a pie, en tren o a través del aire, algún ser caritativo y con ayuda de mi retórica, me permitiera volver a empezar de nuevo, con el mismo alijo de conocimiento y en el mismo mundo donde inicié mi andadura. La vida nos susurra, ondea, empuja a caminar siempre en busca del horizonte. Y hay que mantener los sentidos despiertos y escucharla y seguir sus indicaciones. Es preferible no tener que lamentarnos con el paso del tiempo de la sonrisa que no valoré, la oportunidad que se fue, la música que no bailé, el amor que no cuidé.
Mi tren estaba a punto de partir y, sin embargo, esta vez, la impaciencia no dominaba mi pensamiento; comenzaba a organizarse como el disco duro de un ordenador, dejando fuera el sentimiento de miedo y desesperanza. Rosas amarillas y nubladas tardes dejaba atrás. Sin embargo, sabía que el futuro me depararía nuevas sorpresas y colores nuevos teñirían mi vida.
¿Cuál será la razón de que, aunque sepamos las respuestas, pasemos tanto tiempo preguntando a los de fuera el grado de conveniencia o perjuicio a cerca de casi todo? Se usa el peine al levantarse o no, se debe hacer deporte o no, se debe ser feliz o desgraciado, se debe juzgar o dejar pasar, se debe beber leche de vaca o leche cabra, se debe…todo se debe y no se debe. Cortamos en pedazos para ensamblar cuando procede y, sin embargo, esos pedazos nunca encajan a la perfección, somos maestros a la hora de desprendernos de los aspectos que, conscientes o no, consideramos dañinos para el avance, olvidando que, además de la necesidad de raíces, debemos cuidar, sobre todo, las alas con que llegamos.