Ciego.

Filed under: Varios — Helena at 6:03 pm on Viernes, septiembre 20, 2013

Ahí va tu oportunidad, se aleja más a cada segundo..casi no la puedes ver, o corres o la pierdes. Pero normalmente no ves nada como es en realidad, así que sigues aquí hablando de amor. Dando cátedras inconsistentes y bien elaboradas de algo que ni siquiera conoces bien.

EL MEQUETREFE (¿CUENTO MINIMALISTA?

Filed under: Varios — carbada at 3:10 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

EL MEQUETREFE

En realidad me pareció
demasiado, pero no reparé de inmediato en la actitud de aquel vecino irascible.
Llegó a mi casa, agredió la puerta de entrada, miré por la ventana y parecía que
el hombre me hubiera hecho una seña: “vení rápido, atendeme”. Por supuesto yo
me acerqué y sus gritos comenzaron a salir de su boca de una manera demencial.


¡Tu perro, esa porquería que tenés en el fondo, se metió por un agujero de
la ligustrina en mi casa y destrozó la pierna de mi Bichon Frise, es un
atrevido, una rata que salió de la calle, es una porquería!

Yo me quedé tan
sorprendido que le pregunté si estaba hablando de mi perro o del suyo. Me
confundí pues me recalcó que era una rata y que era una porquería. Creí que
estaba hablando de ese proyecto de perro inconcluso, que se atrevió a asomarse
a un agujero descubierto entre la ligustrina y el alambre que rodea esa parte
del terreno. Por supuesto que mi perra, que es una señorita, cuida su lugar y es
seguro que atacó por ese espacio al que sólo el perrito del vecino puede
acceder por su tamaño insignificante.


¡Tenés que tratar de hacer algo con ese perro infeliz que tenés!. Por
supuesto siempre con tono autoritario.

Mi señora y yo
atendíamos a este señor en la puerta de entrada a mi domicilio. Nos quedamos
estupefactos y no sabíamos como manejar la situación. No advertimos que estaba
gritando en nuestra propia casa, con unas ínfulas que hasta sus dientes
postizos se salían de lugar, casi se le caen. Las cejas se juntaban en el
centro de su entrecejo, muy enojado estaba el hombre.


Perdón le contesté, realmente no sé que decirte; con toda educación y
hablándole despacito para no irritarlo más. Todavía no advertía yo, la
insolencia del hombre y entonces atiné a contestarle:


No sé cómo disculparme, reitero mis excusas, trataré de razonar con mi
perrita, pues es tan inteligente que de seguro entenderá que no debe actuar de
semejante manera.


Me estás “cargando”


No entiendo por qué lo decís


porque estás afirmando que vas a conversar con tu perra inmunda

Bueno, le repliqué que
tampoco se podía razonar con él y era un ser humano, y nunca lo trataría de
inmundo. Con lo cual se fue, no sin antes acomodarse el bigote que se le paraba
en su lado derecho. Estaba tan loco que no podía hilar palabras.

Mi señora no podía
controlar la risa por mis respuestas. Casi siempre el irascible soy yo y es
probable que si me hubiera tocado discutir en otro momento el pobre hombre se
hubiera ido con un palo de beisbol atravesado en la cabeza o metido en otro
sitio; digo, fui todo un señorito inglés al abordar la situación con esa actitud tan pasiva que sorprendió a mi
señora. Yo soy un loco de la guerra en estas situaciones, pero me tomó
desprevenido. Bueno, lo cierto es que el hombre se fue farfullando palabras
inconexas que sólo expresaban la bronca ciega que tenía.

Marga, mi señora, me
preguntó sorprendida cómo había conseguido dominarme y comencé a pensar
seriamente si no fue una actitud de cobardía, me llamaba la atención tanta parsimonia
en mi accionar.

A mis hijos les dio
mucha bronca pues procedí en forma tan pasiva. Es seguro que ellos querían
guerra, pero creo que estuvo bien. Hoy mis modos son bastante pacíficos en
cuestiones como esta. ¿Será la edad presumo?

Al rato la conversación
siguió en el fondo; mi señora y yo fuimos a ver el agujerito que ocasionó el
drama y allí apareció el vecino diciendo:


Bueno si no hacés nada con el perro lo
voy a envenenar, entonces le contesté:


Bueno, después enveneno yo a tu perro y luego al otro y así hasta
terminar con las dos familias, podemos seguir con todos los vecinos si es tu deseo.
Siempre había un tono de burla de mi parte que lo ponía neurótico.

Al entrar al comedor mi
señora me convidó un mate, una yerba realmente exquisita y de repente:


Chss, apunta mi esposa. Escuchá, todavía está protestando el vecino.

¡Abrí la ventana para
oír lo qué decía!. Al hacerlo, una sarta
de guarangadas seguía arengando el vecino, estaba sacado por completo.


¡Este tarado encima viene burlarse de mi diciendo que iba a razonar con
su perra

Su esposa agrega:


No querido aclaró que si bien no podía hacerlo con la perra, tampoco lo
podía lograr con vos.


¡Callate la boca vos!, ¡Le voy a cortar las bolas, pedazo de pelandrún!

Yo agradecía que mi
pobre perrita fuera una señorita. Bueno, creo que se refería a ella, aunque…

Aprovechando la ventana
abierta largué una carcajada bien fuerte como para que la oyera y enseguida
exclamé:


¡Pobre gil, que se pegue bien la dentadura que le baila antes de enojarse,
no vaya a ser que se le caiga y luego tenga incluso que comprarse una nueva!
Por supuesto este comentario fue a grito vivo y con su correspondiente ¡Ja!
¡Ja! ¡Ja!

Sentí de repente un ventanazo
y para colmo, se le rompieron los vidrios, se ve que mi mensaje había llegado
con claridad.

Al tiempo me llama por
teléfono y yo lo atendí con cortesía


Sííííííi, ¿con quién tengo el gusto de hablar? – sabía que era él pues
tengo identificador de llamada.

Mi señora le había
cortado las ramas del ficus que caían a mi terreno y no permitía que el pasto
creciera en forma tupida y la poda fue muy desprolija, era seguro que me iba a
llamar por el teléfono. Ya le había dicho yo con tiempo que quitara esas ramas
de mi jardín, pero como no lo hizo, al diablo con el ficus quedó monstruoso.


¿Podemos charlar un momento en la vereda?, agregó


Sí con gusto y salí


Me pidió disculpas de mil maneras posibles, en realidad me había
convencido de su arrepentimiento pero al rato comenzó a protestar por el ficus ¿Te
diste cuenta como hizo podar tu señora el árbol, se ha arruinado completamente?
de manera que advertí que las disculpas no eran sinceras. Entonces le recalqué
que no lo disculpaba y que prefería que no hubiera trato alguno de ahora en más
entre las dos familias. Todo tipo de contacto a partir de este momento sería a
través de carta documento. Se retiró con una bronca que expresaba en gestos,
cada vez que se producía un encuentro casual con nosotros.

Allí no terminó la
situación, hubo otros acontecimientos, pero eso es para otra oportunidad

CARLOS A. BADARACCO

10/9/12

(DERECHOS RESERVADOS).

La mujer de mis fantasías.

Filed under: Varios — lila at 3:09 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

Lo nuestro, es un amor prohibido, tu casada con hijos y yo aquí delirando; con la hermosura que te envuelve.

Todos, los días vengo a este bar, solo para verte cruzar.

Es un ritual, de lunes a viernes, una cita con tu belleza.

Deliro, cuando pasas el piso, se abre al verte venir.

Ese andar, de caderas hace que la pasión aumente.

Tu pelo, se mueve con el viento, parece danzar por los aires.

No te das cuenta, de mi presencia pues te miro callado en ese lugar ; que nos separa una ventana.

El mozo ya me conoce, me pregunta ¿ le vas hablar algún día ?

Lo que no se imagina, es que contemplo en la distancia; todo me tiembla no se si podre aproximarme a ti.

Vengo a desayunar, aquí hace un año.

Todo comenzó, en un encuentro fulminante que tuvimos en la calle.

Chocamos por casualidad, intercambiamos nuestras miradas, sentí amor a primera vista.

A partir, de ese segundo te convertiste en una obsesión.

Fui a esa cafetería, pregunte si alguna vez te habían visto pasar, por esos lados me dijeron;que si llevabas tus niños a la escuela cerca de ahí.

Desde entonces el café, por la mañana lo tomo en ese local.

Eres el ángel de mis sueños, el deseo prohibido.

La alegría de cada día , antes de irme a trabajar.

Espero vencer la timidez, y así hablarte de los sentimientos más profundos que guarda el corazón por ti.

mamá

Filed under: Varios — Enriqueta Dominga at 3:07 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

creo que solo podrá estar tu lugar alguiéncon la capacidad amar incondicional e infinitamente como tu.

EL ORO Y EL BARRO

Filed under: Varios — carbada at 3:06 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

EL ORO Y EL BARRO

Estábamos sentados en un bar de San Telmo, el mismo en el que siempre nos reuníamos: Lucía, José, Arturo y yo, a veces venía Carlos, Mané y también Alfredo, pero hoy no habían llegado todavía. Tomábamos un café, coñac y fumábamos un cigarro, la idea era reunirnos, conversar. Nos apasionaba llevar siempre una lectura impresa en una fotocopia y luego comentarla, opinar y finalmente sacar conclusiones.
Era un día muy especial, estábamos un poco susceptibles. Parecía que la jornada no era muy propicia para esa reunión, sin embargo el encuentro se llevó a cabo como si fuera una cita de fe, ya era una costumbre.
Los parroquianos del bar, siempre los mismos, estaban allí, con sus mentes perdidas en la nada, obnubilados y con sus figuras disipadas por el humo de los cigarrillos. Un café, un simple café, era lo único que consumían generalmente. Algunos se reunían con otros, como nosotros y emprendían largas conversaciones, siempre referidas a cosas de la vida. En general eran hombres mayores y hablaban de la jubilación, de los remedios que debían comprar, de los hijos, de los malos tratos que recibían de ellos. Eso es una cosa común que yo observo de los ancianos, esa sensación de estar siempre solos, apartados de la familia, no considerados, indiferentes a los demás.
Los mozos siempre estaban parados delante del mostrador, esperando ser llamados por algún cliente que demandara algo para tomar.
Lo cierto es que estábamos allí, mirándonos los cuatro, esperando quién sería el que hablara primero.
Y fue entonces cuando me atreví a indicarles que ojeando un libro de filosofía de vida, o sea filosofía práctica, encontré un cuento muy interesante que utiliza un término que para mi era un tanto desconocido. El concepto es “sufí”.
– Sí, dijo Lucía “SUFÍ” es una expresión que indica la idea de “GRAN MAESTRO”
Efectivamente, investigando acerca del mismo descubrí que aunque el término en su uso coloquial incluye a todo aquél que practica el sufismo, desde el punto de vista técnico en el sufismo se denomina sufí a quien ocupa el más alto grado de realización espiritual en el camino iniciático del Islam, aunque puede variar su uso según el autor.
– José agregó que es una de las denominaciones que se han dado al aspecto místico del islam, a la espiritualidad islámica que tiene un nombre que no recuerdo y que incluye diferentes movimientos ortodoxos y heterodoxos del islam.
Nuestra conversación siempre era atrapante.
El mozo llegó justo cuando estábamos iniciando esa conversación que nos llevaría a divagar, incluso a volar por el mundo de la filosofía y más aún de la meditación, pero aquella que nos permitiría conversar acerca de nuestras más intrincadas cavilaciones.
Arturo incluso nombró a un personaje llamado Nasrudin que era una especie de antihéroe del islam, cuyas historias sirven para ilustrar o introducir las enseñanzas sufíes, se supone vivió en la Península Anatolia en una época indeterminada entre los siglos XIII y XV. Este era el personaje que ocupaba el centro de atención del cuento que iba a contarles, de manera que vino muy bien la ilustración que nos brindó nuestro compañero.
Lo cierto es que Nasrudin, sabio maestro sufí, llegó un día a una aldea en la que antes nunca había estado. La gente lo esperaba con gran entusiasmo porque era famoso; y cuando se supo que estaba dispuesto a dar una conferencia, una gran multitud se congregó en el lugar del evento.
– Arturo agregó que recordaba que en Plaza de Mayo siempre hubo oradores importantes, personajes políticos que se comportaban como “sacerdotes de la verdad”, era el remedio elemental para los males del pueblo.

Y continué:

Cuando ingresó al recinto, se paró frente al público y abriendo los brazos les dijo:
– Ya que se han reunido tantas personas para escucharme, supongo que sabrán qué es lo que voy a decirles.
Todos contestaron a coro:
– No, maestro, no lo sabemos
Entonces él les respondió:
– Si no saben qué es lo que vine a decirles es que no están preparados para escucharlo. Diciendo esto, dio media vuelta y se fue dejando a la gente muy sorprendida.
Su ayudante, antes de retirarse, le dijo a la audiencia que esa había sido una gran oportunidad para que todos pudieran aprender una excelente lección, y los invitó a solicitarle al sabio que diera una segunda conferencia.

– Lucía afirmó que es común que los “sabios argentinos” echen manos a esa actitud cuando “se las ven jorobadas” o pretenden destruir o desembarazarse de ciertas ideologías que los perturban

Yo notaba que era interrumpido a cada momento y el tema se iba a hacer largo, pues era muy interesante. Tanto, que permitía que se incorporaran distintas posturas a cada paso del cuento…

Pero, aun así continué:

Fue así que una gran cantidad de gente se organizó para ir a buscarlo y pedirle una nueva presentación.
El maestro les dijo que todo su saber se podía reunir en un grano de arroz y que una segunda conferencia era inútil, pero esas personas estaban muy decididas a escucharlo e insistieron hasta convencerlo.
El peculiar comportamiento del sabio en la primera conferencia hizo que en esa segunda oportunidad se congregara aún una multitud mucho mayor, pero antes acordaron preparar una mejor respuesta si se producía otra eventual sorpresa.
Comenzó Nasrudin su segunda disertación con estas palabras:
– Supongo que tanta gente se ha reunido sabiendo lo que voy a decirles.
Entonces, todos contestaron a coro y a viva voz:
– Sí maestro, lo sabemos, por eso vinimos.
Al oír esto, el sabio contestó:
– Bueno, si ya lo saben no veo el motivo que existe para volver a decirlo.
Y sin decir una palabra más, se volvió a retirar.
– Arturo exclamó, bueno pero a este no hay figurita que le venga bien.
Lo miré con fastidio, pero era común que estos agregados siempre aparecieran en medio de una conversación de estas características por parte de Arturo, seguro que la ansiedad por saber hacia donde iba yo con este cuento, lo vencía en su concentración.

De nuevo, hice oídos sordos y continué:
Otra vez los asistentes sintieron gran perplejidad y estupor ante sus breves palabras, pero admirados por su gran sabiduría volvieron a solicitarle una tercera y última conferencia.
Un gran número de personas fue a rogarle para que les hablara al día siguiente; y frente a tanta insistencia no pudo negarse y aceptó de inmediato.
Por tercera vez el maestro estaba frente al público, que parecía haber crecido considerablemente. Sin perturbarse en lo más mínimo comenzó la tercera y última conferencia con las mismas palabras que en las anteriores.
– Supongo que todos ustedes ya sabrán lo que voy a decirles.
Los asistentes, previendo escuchar la acostumbrada introducción y habiendo planeado contestarle algo más ingenioso, dijeron a coro:
– Algunos sabemos pero otros no.
Luego de un largo silencio, se escuchó su voz diciendo:
– Bueno, si ese es el caso, los que saben instruyan a los que no saben.
Con estas palabras dio por terminada su tercera conferencia, se dio media vuelta y se alejó.
– Bueno y la “aneda” dónde está. Qué nos quisiste comentar con este cuento, tan bien contado. No encuentro el significado-Agregó José.
Apareció el mozo, un joven apuesto de unos veinticinco años que ya tenía cierta confianza con nosotros. Éramos un grupo que nos reuníamos casi cotidianamente y por lo tanto teníamos un trato familiar con la gente del bar porque las conversaciones que se desarrollaban eran atrayentes y todos escuchaban desde distintas mesas. El mozo era uno de esos entrometidos, pero bien, me encantó que se enganchara en la conversación.
Él afirmo:
– Perdón que me meta en esta charla tan amena, pero el tema me interesó. Creo, si ustedes me permiten opinar, que hay un mensaje oculto si se quiere en este cuento, algo que se nos presenta casi a diario, esa costumbre que tiene la gente por interesarse por lo aprobado, lo divinizado, lo valorado, si se quiere también lo santificado, ese fanatismo por lo que dicen los demás.
– Arturo, que no le gustó ni medio que se metiera el mozo, lo miró un tanto desconfiado y agregó: espero que lo que diga sea algo interesante.
– El mozo le contestó, puedo cerrar el pico si ustedes quieren pero les aclaro que soy estudiante avanzado de filosofía y que puedo incluir una idea, si me permiten.
– Sí, sí, hágalo amigo, no le ponga atención
– Digo: Eso se comprueba muchas veces cuando un político anuncia un discurso y muchos de los asistentes no saben por qué razón están allí, es como si fueran llevados de las narices por interesados que buscan glorificarse llenando auditorios.
– Buen punto de vista amigo, continúe:
– Un profesor que yo tuve en la secundaria afirmaba siempre que nos cuidáramos de ello y nos proponía un ejemplo práctico: “mi madre hacía la masa de pan y lógicamente usaba harina, cuando la masa estaba casi lista acostumbraba a colocar un granito de harina más, sólo uno y lo mezclaba, no sé por qué lo hacía, pero lo hacía…”
– Arturo preguntó, ¿y eso qué tiene que ver con el tema?
– Aguarde, déjeme terminar la idea. Él nos preguntaba si era posible retirar ese granito de harina nuevamente y por lógica le dijimos que no. Nos preguntó, ¿y si a mi madre se le hubiera ocurrido colocar un granito de harina negro, era posible encontrarlo después de mezclar la masa? Mis compañeros dijeron que no, pero hubo uno que dijo, sí, si se busca con mucho cuidado ese granito de harina negro se distinguiría de los demás y entonces era probable encontrarlo.
Entonces el profesor explicó: pues bien, es imperioso que todos los humanos seamos granos de harina negros para que nos distingamos del resto de los participantes a cualquier reunión política a la que asistiera una gran masa de personas. Siempre había que saber por qué razón se iba a tal o cual concentración política, tener la libertad de optar y analizar las cosas que se nos presentan, ser libres. Nadie tiene totalmente la razón.
Me pareció muy oportuno el cierre de su idea y además muy inteligente de su parte.
– Lucía afirmó: Sí, efectivamente incluso tampoco la tiene ese profesor, es su propia opinión.
– El mozo agregó: Nuestro profesor nos arengaba a investigar a partir de distintas bibliografías para que tuviéramos una idea personal. “Subjetividad” fue el concepto que esbozó al final. Lo contrario sería, “hablar por boca de ganso”, es decir no tener opinión propia y copiar las estupideces que dicen los que creen tener la verdad.
Y agregó:
Por otro lado alguien se dijo alguna vez, “lo barato produce barro y lo auténtico es muy probable que se convierta en oro”.
– Mejor cambiemos de tema, esto está muy aburrido, dijo Arturo.
El mozo ya se había retirado y todos le dijimos: Me parece que fuiste un tanto ordinario
– Agregué: La humildad debe ser una característica propia del ser humano. Acaso te molestó que un mozo opinara, estamos en un país libre donde todos tenemos derecho a opinar aunque estemos equivocados, la verdad no existe, pues cambia a medida que pasa el tiempo, fíjate que antes las mujeres usaban mayas que tapaban el cuerpo, esa era una verdad evidente, clara, distinta, pero ahora hay cuerpos que tapan mallas, y esa es otra verdad que gracias a Dios ha cambiado con el tiempo. Lo importante es no ser o tener una mente ¡obtusa!, cerrada a los cambios de la vida, vengan de donde vengan y los digan quienes los digan.

CARLOS A. BADARACCO
7/9/12
(DERECHOS RESERVADOS)

Mi primer diez

Filed under: Varios — poiesys at 3:03 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

Marzo de 1975. Argentina. En el aire se respiraba olor a pólvora, a sangre…a dolor.  Yo tenía apenas siete años de edad  y con todo el amor de un niño había comenzado mi primer grado. Siempre me gustó estudiar, amé hacerlo y nunca supe ni me interesó saber el  por qué. En mi interior algo me decía que ése era el único camino que me llevaría a un cielo creíble y sólo mío, sin intromisión de nada ni nadie, donde mis ideas serían mi realidad. Aún sigo buscando y peleando por ese horizonte porque sé que éste existe, que me espera y desafiante voy a su encuentro.

Durante mi niñez mis padres fueron ideológicamente como dos generales del ejército y quisieron hacer de mí, el mejor de los soldados rasos, obediente en todos los frentes. Mi vida tenía que tener la calificación de diez, desde hacer los mandados hasta las notas en la escuela, éstas debían ser las mejores. Era mi obligación ganar todas las batallas, pero no me enseñaron a pelear por mis sueños y aún hoy, después de tantos años, para ellos mis ideales no existen, no sirven, no satisfacen las necesidades de nadie. Tuve que aprender a defender mis quimeras  contra vientos y mareas, a capa y a espada porque sí existía “un nadie”, el ser más importante, yo.

A la semana de haber comenzado primer grado, la maestra nos había dado a repasar una lectura, recuerdo textualmente lo que ésta decía, como también la paliza que recibí de parte de mi madre y de mi padre por no reconocer algunas letras. Fue una noche que jamás olvidaré. Sólo tenía unos pocos años. Hubieron tantos  golpes físicos y psicológicos  recibidos que pensé que me moriría. Recuerdo que quedé tendida en el suelo, sin saber dónde me encontraba. Sus palabras sí las recuerdo: “¡Ésta no va a aprender nunca, es una burra!”

Por entonces, en las revistas que vendían los kioscos de turno aparecían los cadáveres de los militares y revoltosos muertos, torturados y acribillados. En aquel momento, creí que me pasaría lo mismo. Fue mi primer encuentro cercano con el dolor, la tortura, el odio, la maldición y a esa corta edad pensé: “¿dónde estás, Dios?”

Muy pronto aprendí a leer perfectamente, no por miedo a nuevos golpes, sino para empezar a conocer la vida y a defenderme, ésa fue mi meta. Ningún libro, ninguna revista, ningún folleto, ningún diario escapaban a mis ojos casi inocentes y a mi mente. Leí todo y sobre todo y sé que a mis siete años empecé a sacar conclusiones propias de lo que pasaba en mi pueblo, en la provincia, en el país.

En aquel tiempo, en la esquina de mi casa vivía un matrimonio mayor. Sus nietos venían a pasar las vacaciones de verano con ellos y con mi hermano jugábamos todos juntos durante las largas siestas estivales con estos niños. Durante las noches, mate o cerveza de por medio, sus padres y los míos conversaban sobre política mientras nosotros contábamos las estrellas. Y en esos años había mucho por hablar de política, aunque estaba prohibido.

El papá de mis amiguitos, un gran profesor universitario, era ideológicamente de izquierda y mi padre, un militar reprimido, aunque mi madre era más milico que él.  Una noche de verano, mientras nosotros jugábamos a las escondidas, el papá de nuestros amigos les hizo cantar una canción muy pegadiza a sus hijos. La única frase que recuerdo era: “¡Qué viva el Socialismo!”. Llamó mucho mi atención que sus hijos junto con él cantaran felices y me uní a ellos, me gustó mucho esta primera experiencia con el canto. De pronto, observé la cara de mi padre, estaba pálido casi demacrado, y creí que lo que repetía cantando era una mala palabra, pero no dejé de cantar. Mi progenitor en ese momento no dijo nada, pero cuando se fue esta familia de mi casa, pensé que era el fin del mundo. Se puso mal, decía que no lo podía creer, que nunca había pensado que un subversivo hubiera ido a su casa a tratar de cambiarnos de ideología. Pregunto ahora como entonces para mis adentros: “¿Qué ideología?” Y obviamente, nos prohibió volver a estar con esos chicos y así lo hicimos mientras él rondaba la casa, cuando se iba, nosotros volvíamos a estar juntos.

El verano se terminó llevándose las mejores vacaciones y mi inocencia ciudadana. Los chicos volvieron con sus padres a su ciudad, yo me quedé con los míos en mi pueblo, en silencio  hablando conmigo misma. Soñando sólo para mí.

Golpeó los árboles el otoño. Ya estaba en segundo grado, seguía obteniendo las mejores calificaciones, de esa manera callaba  a los adultos mientras mi alma gritaba: “¡Libertad, Libertad!”

Cuando entró a nuestro pueblo el invierno, trayendo tristezas y olor a frío y a hielo, una noticia leí en el diario. Recuerdo que estaba mi madre a mi lado y mi padre entraba a casa acercando un poco más de hielo. Me hicieron leer nuevamente la noticia. Era apenas un epígrafe: “El señor Daniel R. ha desaparecido también, al igual que su hermano Iván. Lo vieron por última vez en la Terminal de ómnibus de Córdoba, estaba esperando el colectivo que lo llevaría a dar clases a la Universidad de Ciencias Económicas de la ciudad de San Luis. Todos sus familiares aún continúan buscándolo”. Dentro del grupo de familiares estaban mis amiguitos. Mis padres se quedaron secos, enmudecidos, paralizados y tristes. Pensé que mi papá iba a decir: “Algo habrá hecho…”, pero no, no abrió la boca. No dijo nada, no dijimos nada. Eso era todo. Eso fue todo…

Jamás volví  a ver a su familia, obedecí a la mía. Jamás supe de él, pero siempre lo recuerdo con esa vitalidad y esa fortaleza que creo que me transmitió.

Tal vez hoy comparta su ideología, tal vez, no, pero de lo que sí estoy segura es que este hombre, el papá de mis amigos me enseñó algo de lo que nunca me voy a arrepentir. Con él aprendí que hay que dar hasta la sangre por un sueño, por un deseo, por una ideología, errada o no, pero por lo que uno cree de verdad…por las utopías, porque ellas aún existen…y éste sí, a mis ocho años, fue mi primer 10.

IGUAZÚ

Filed under: Varios — EDUARDO at 3:01 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

Iguazú indómito.

Serpiente rojiza y reptante.

La sirena salvaje

que anida en tu vientre,

peina su cabellera blanca espumosa

con un grito

de desafiante orgullo.

El conquistador hispano

mudo de asombro ante tu belleza,

doblegó su espada

por un momento

mirando silencioso

tu altivo y majestuoso porte.

Y sobre tus aguas vírgenes,

el arco de la alianza eterna

en todo su esplendor,

mostraba, al rey de España,

tu pacto con Dios.

La maqueta

Filed under: Varios — Micam at 3:00 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

Sentada en un un rincón de la sala, giro mi cabeza y  algo  me llama la atención: una maqueta , elaborada por una pequeña , mi nieta . Sobre un rectángulo de unos cuarenta centímetros de ancho, por cincuenta de largo, ha  representado   un pequeño barrio, utilizando cajas que las ha forrado con papeles  de vivos colores , dándole los detalles de ventanas y puertas.

Como si no entendiera le pregunto -¿y esto qué significado tiene ?

-Abu , eso es una maqueta para la clase de Ciencias.

-Pero que bien, como has trabajado mi niña.

Observo los elementos que la componen: la localización de monumento situado en lo que sería la plaza central , alrededor de la cual  ha distribuido muy bien los demás  edificios , los hay de diferentes alturas  y anchos. Las calles nacen del centro con sus intersecciones ,como en la mayoría de los barrios .

-¿Puedes explicarme que representan estas líneas?

-No son líneas abu, son calles de la pequeña ciudad que contruí.

-Ah, pero que bien has realizado tu trabajo mi niña.

Miro desde el frente , hacia la derecha se encuentra la parroquia ,  la izquierda un grupo de casas pequeñas, cada una de un color  distinto :celestes , blancas con techo rojo,otras con  franjas   de colores contrastantes como los que se usan ahora :los tonos violeta, amarillo fuerte, naranja y blanco ,en fin una gama variada que llama la atención.

En el sector verde de la plaza se ven plantitas muy pequeñas con  flores, realizadas en un material brillante ,que le da un toque especial

¿Y puedo saber por qué hay tantos colores en esas viviendas?

Llama mucho la atención la belleza del sector florido

-Si abu, es porque la gente de mi ciudad es muy alegre , viven en una bella ciudad pequeña , donde todos se conocen y cuidan el lugar como a su propia casa.

-¡ Cómo has pensado en todo!

¡Qué bien has trabajado mi niña!

-Gracias abuela , es así como yo quisiera que se el mundo entero, colorido , con muchas flores y gente feliz.

Micam

Mi amigo el tiempo

Filed under: Varios — albertov at 6:05 pm on Lunes, junio 27, 2011

¿Quién eres?? Eso te pregunto a ti resplandor de vida, te veo y me veo en ti, percibo esa mirada inqueta y con ansias por deglutir el mundo en una sola mordida. ¿Esque acaso te he dicho que mañana terminara tu paso por este mundo? Me gusta la manera en la que amas, pues eres muy entregado y apasionado, le pones el empeño de todo tu espíritu a cada actividad por realizar. Aún no encuentras el camino por el cual andar, estas en el cruzero con dos caminos y cada uno es un misterio con posibilidades infinitas. Algo que te admiro es tu contemplación por Dios, hay algo muy dentro de ti que siempre te hace recordarlo. Tu espíritu te pide libertad, pero una libertad completa, integral y unica. Ayer observé una frase de tu camisa que decia: “Todos nacemos como originales, pero gracias a Dios yo no moriré como copia”. Pienso que es la forma más eficaz de describir a quien yo veo cada alba, despertar con nuevos bríos para enfrentar este sueño que el hombre llama vida, y adoptar ese regalo que la gente llama felicidad.?

Es un enigma tu destino pero alli estare para? ? proyectarlo: el tiempo.

TECNOLOGIA

Filed under: Varios — negracula at 12:25 am on Martes, junio 21, 2011

Complicado es ya no poder tomar papel y lápiz y escribir ésto si no tener que teclearlo en un minúsculo aparato que ni siquiera te deja tener errores de ortografía. complicado es que el sonido de un “beep” te halla estropeado la mañana informándote de un terremoto a miles de kilometros pero que te conmueve; complicado es que si se te pierde la tarjeta de datos te quedes sin amigos porque no recuerdas sus números, complicado es que al abrazar a tu pareja suene un “ring” de una invitación para un chat; no se supone que la tecnología era para facilitarnos la vida?

Música, librosy pasión.

Filed under: Varios — floreencia_l at 8:26 pm on Sábado, abril 9, 2011

Ella era, simplemente, alguien más en el mundo. Alguien con emociones muy intensas, difíciles de describir,? de comprender, de controlar. Ése era su rasgo principal, aunque demostraba una continua frialdad muy característica en su semblante y en su forma de actuar, muy escondidos se hallaban esos sentimientos? a los que trataba de no aferrarse.

En ocasiones era como si la angustia la dominara, como si la consumiera con la misma rapidez que el fuego es capaz de incinerar una hoja. Era para ella muy extenuante sentir como esa tristeza muy dentro suyo la debilitaba en todo sentido, se sentía totalmente incapaz, al igual que un trabajador que ya no encuentra placer en su labor. No era habitual en ella hablar de esto, se limitaba a encerrarse en si misma.

Sin embargo, había muchas cosas que le provocaban alegria y placer. Se podría decir que su pasion era, sobre todo, la música. Para ella, la música era la mejor manifestacion del arte y la cultura hasta ahora conocida por el hombre. Encontraba en ella un refugio al vacío que le causaba la vida cotidiana. No había nada que no fuera expresado en las letras de sus grupos preferidos, era como si la entendieran mejor que ella misma. ‘Cause I hate the way I feel tonight, and I know I need you in my life, yes.. I hate the way I feel inside.Nadie lo hubiera dicho mejor. Aunque, a decir verdad, dudaba que haya alguien que no se identificara con ninguna letra, o con ningun personaje de algún personaje de un libro, por ejemplo. Esa era otra de sus aficiones, los libros. Infinidades de historias y personajes por conocer, y siempre descubria algo nuevo, debía de ser su amor a la lectura lo que la llevaba a igualarse con los protagonistas de sus historias preferidas.

No sabía que hacer exactamente con su vida, se había acostumbrado a todo y ya nada le interesaba, nada la conmovía. Al fin y al cabo, mañana sería otro día, y ella encontraría una nueva historia, una nueva melodía.

El don del pequeñom olvido

Filed under: Varios — robercerello at 5:33 pm on Sábado, abril 9, 2011

EL DON DEL PEQUEÑO OLVIDO
A la luna se va y regresa rápido montado en el pequeño olvido. ¡Tan fácil olvidamos!
De la misma manera que cazamos lagartijas en una lata de duraznos. Solo esperamos que la victima caiga por su propia ingenuidad.
Ni a la luna se viaja en el pequeño olvido, como tampoco es fácil cazar lagartijas.
Todo lo contrario. Se requiere de una capacidad extra que nace con nosotros, para ir sumando pequeños olvidos. Son lapsos de ausencias que protegen nuestra alma del verdadero horror que significa la fatalidad de no poder cambiar las cosas.
Cambiar las cosas, para vivir a un costadito del infierno, en un cielo mítico y antropomórfico. Se trata de vivir lo mejor que se pueda confiscando los malos recuerdos. Así vamos construyendo la casa de los espectros a la vera de estos fraudes diminutos. No sólo la tierra es sedimento de cadáveres sino presencias innumerables de figuras fantasmales sometidas por el olvido.
Un beso perdido e inocente desaparece entre miles de besos. La eficacia del olvido que trabaja con precisión quirúrgica.
Una madre convertida en sombra por una bala ciega y homicida que de alguna manera inaudita logra olvidar el latido y flota sabe solo Dios en que siniestras oscuridades en la búsqueda de su hijo que yace más allá del recuerdo
La desmemoria es una suerte de extraño y complejo mecanismo cuyas piezas son argumentos más o menos convincentes. Nos convencemos de que hicimos bien en callarnos cuando debíamos haber hablado. Hablamos cuando debíamos haber callado.
Este extremo ejercicio supera la tensión dialéctica y nos borra la cara de cobardes.
Mucha lluvia tendrá que caer para limpiar la suciedad de esta inmunda oquedad en que nos hemos convertido por virtud del Don del pequeño olvido.

ROBERTO JULIO CERELLO

Apariciones

Filed under: Varios — alexander86 at 6:34 pm on Jueves, diciembre 30, 2010

Al igual que un escritor español del que ya no recuerdo el nombre, nunca creí haber confundido realidad con ficción; esto, hasta que Roberto apareció en mis sueños. Fue extraño; uno, porque hacía mucho que no leía o releía alguna de sus novelas, de modo que no lo tenía tan cercano en mis recuerdos como en épocas anteriores; y dos, por lo inusual que es soñar para mí, y más aún hacerlo con hombres-personajes que están lejos de ser unos desconocidos.

En el primer sueño (o aparición Roberto) me abrazó; en el segundo me dio la mano y en el tercero (que realmente fueron tres sueños en uno), también terminó dándome la mano y un apretón. Lo cierto es que las apariciones de Roberto contribuyeron a darle una pincelada de misterio y vivacidad a mis días de encierro en aquella ciudad en la que por ese entonces vivía.

Antes de seguir, quiero expresar algo que supongo importante: las tres apariciones de Roberto fueron graduales, en cuanto al tiempo que pasó conmigo y al interés que demostró en mí. Me pregunto ahora, si volviese a aparecer, ¿debo suponer que esta línea gradual y progresiva se hará cada vez más larga y compleja, en cuanto al tiempo que pasará junto a mí y al interés que demostrará en mi persona? No lo sé; aún así, me gustaría creer que así será, que vendrán más sueños y que éstos se harán cada vez más extensos y que llegaré a ser algo así como un paciente o pariente cercano que podrá extraer y comprender cosas cada vez más complejas y recónditas concernientes a su vida y a su persona.

La primera aparición, debo decir, fue bastante corta (ahora me pregunto si fue corta porque simplemente el sueño fue así, o porque yo me he olvidado de gran parte de éste), aunque no menos importante. Era un día lluvioso y me encontraba entre un tumulto de gente despidiendo a Roberto. No sé porqué, pero lo estábamos despidiendo. Estábamos en un puerto y había un barco de color negro y rojo anclado haciendo sonar sus bocinas. Él trataba de hablar con todos y yo nada más miraba. Después de un rato, una mujer joven le dijo algo al oído y él al instante empezó a hacer señas con una de sus manos, despidiéndose. Al ver ese gesto, rápidamente avancé entre la multitud, me acerqué lo más que pude y le dije chao, chao Roberto, levantando mi mano como la mayoría. Pero para mi sorpresa, él caminó rápidamente hacia mí y me abrazó. Mientras lo hacía me dijo algo que no entendí o no alcancé a escuchar. Al terminar de decírmelo, desperté. Ese día, detrás de desayunar y pensar una y otra vez en lo que había soñado, me sugerí varias hipótesis de lo que Roberto pudo haberme dicho. La verdad es que fueron dos. La primera fue: oye chico, no te desanimes, las cosas no son fáciles. Y la segunda: quiero leer lo que escribes, házmelo llegar. Al final lo dejé. Era ridículo seguir suponiendo algo que sabía muy bien no había entendido o quizá ni siquiera había sido dicho. Supuse que fue preferible no haberlo entendido o escuchado, así tendría un pensamiento menos, un pensamiento menos en que preocuparme respecto al sueño.

La mayor parte de ese día pasé dándole vueltas al asunto. En la tarde, cuando venía de vuelta de comprar pan y cigarros, me encontré con un amigo que mataba el tiempo escuchando música en su auto. Me llamó y nos pusimos a conversar. En cuando pude le conté lo del sueño. Éste sorprendido me dijo: “es raro, ninguna de las personas que conozco ha soñado con alguien famoso. Quizá sea un llamado de alerta, algo así como un anuncio”.

Si soy sincero, no le tomé demasiada importancia a lo que dijo hasta que tiempo después Roberto volvió a aparecer, más claramente y sin el apuro de zarpar hacía lugares desconocidos. Este sueño fue más extenso. Yo iba caminando hacia mi casa, mi antigua casa (la casa verde con el patio grande), que fue la primera casa a la que llegamos cuando nos trasladamos al sur con mi familia. Yo caminaba lento, mirando la acera, fijándome en unas grietas que cubrían una extensión de varios metros. En el sueño sabía que un camión había pasado encima de la acera (seguramente por haber tenido que dejar leña en alguna de las casas aledañas), dañando el pavimento y produciendo las grietas que llamaron mi atención. Mientras toda mi concentración estaba puesta en esas llamativas hendiduras y desniveles, recordé que en la casa que estaba enfrente de donde iba pasando, vivía Roberto. Me detuve y pensé un instante si sería capaz de cruzar la calle, abrir el cerco, tocar la puerta, esperar e intentar hablar con él. Lo pensé un poco y crucé. Al instante estaba esperando a que alguien acudiera a mi llamado. Segundos más tarde estaba Roberto en la puerta, con sus lentes y un cigarro en la mano preguntándome a quién buscaba. “A ti”, le dije. “Qué necesitas”, me preguntó, “hablar contigo”, le contesté. Me dijo: “bien pasa, cierra la puerta” y en seguida partió casi corriendo a la cocina. Desde allá me gritó “ven, ven, acá estoy”. Estaba haciendo huevos revueltos y escuchando una música extraña que yo no conocía ni conozco. “Casi se queman estas huevadas me dijo”, yo le di una sonrisa, no supe que decir. Con una mano revolvía los huevos y con la otra sostenía su cigarro que ya iba a la mitad. “A qué has venido”, preguntó. En el sueño noté que mi voz se quebraba pero pude contestar casi enseguida: “he estado escribiendo algunas cosas, y me gustaría que las leyeras, que me des algún consejo, lo que piensas, no sé”. “Yo no doy consejos muchacho, no soy el más indicado”, respondió rascándose la cabeza y continuó: “pero sí puedo darte una opinión de lo que me muestres”. Por un instante quedé paralizado, porque por lo primero que dijo tuve la idea de que Roberto me mandaría a freír monos al África debido a mi petición. Pero como es obvio, no fue así. En ese momento a lo único que atiné fue a decir “bueno”, y confirmar con un movimiento de cabeza. “Qué lees” me preguntó, a “Hamsun, a Ribeyro, a Lihn”, le contesté. “Buen comienzo” me dijo, poniendo los huevos en un plato hondo y echándoles sal. “Oye chico, ¿Qué te parece si nos juntamos más tarde para hablar con calma?” Me preguntó en un tono nada despreocupado en tanto se sentaba en una silla que estaba próxima a desarmarse. “Si, me parece bien”, le dije. “¿A las 6 de la tarde puedes?” “Sí, si puedo, estoy desocupado a esa hora”, dije. “Bien, nos vemos a las 6 entonces porque como entenderás tengo un hambre feroz y no soy bueno para hablar cuando como”, continuó. “Sí”, respondí entusiasmado. En seguida de hundir la colilla del cigarro en un cenicero que estaba en la mesa, salió conmigo a la puerta, me tendió la mano y me dijo: “nos vemos en la tarde chico”, “nos vemos” dije yo, y salí, más que emocionado, acelerado. En seguida de haber corroborado que Roberto había entrado, empecé a correr en dirección a mi casa, a contarle a mi mamá y abuela lo de mi cita con Roberto en la tarde. En tanto corría con una gran sonrisa en los labios, desperté. Después de darme algunas vueltas en la cama maldije el haberlo hecho. Sentí deseos de llorar, de romper cosas, hasta de tirarme el pelo por haberme enterado de que todo había simplemente pasado en un lugar lejano y oscuro de mi cabeza. Inevitablemente pensé una vez más en mi amigo que me decía: “es raro, quizá sea un llamado de alerta o un anuncio”.

Por más que pensé en Roberto esos días, en ningún momento se me ocurrió leer alguna de sus novelas que aún no leía, o releer las que sí había leído, o simplemente, ver alguno de los documentales sobre él que andan dando vuelta en sitios de Internet. Todo eso, leer, releer, y mirar, lo hice después con ganas y desesperación, cuando se apareció por tercera vez. En este sueño, yo acababa de llegar a mi casa (a la casa verde con el patio grande), y me enteraba sorpresivamente, por una de mis hermanas, que Roberto era el nuevo pensionista que mi mamá había recibido. Ahora pienso que este sueño se vuelve bastante anecdótico porque nunca mi familia ha recibido pensionistas debido a que la casa era pequeña y arrendada. Sin embargo entiendo que de eso se tratan los sueños, de proporcionar inconexas e irreales imágenes que al despertar se convertirán en meros recuerdos un tanto desfigurados. El asunto es que cuando yo estaba entrando en la cocina a prepararme algo para cenar, apareció Roberto saludándome amablemente. Mi sorpresa fue tal que no respondí a su saludo. Recuerdo que de inmediato iba a partir a buscar a mi madre para preguntarle qué estaba pasando, qué hacía ese escritor casi-maldito en mi casa. Pero cuando me disponía a cruzar la puerta y salir a alguna de las otras piezas a buscarla, Roberto me preguntó dónde estaban los fósforos. Desconcertado le indiqué que se encontraban encima de un mueble. Decidí quedarme en la entrada de la puerta y no ir a buscar a nadie. Inmediatamente le pregunté con algo de nerviosismo qué hacía en mi casa. “Soy el nuevo pensionista”, respondió. Sólo lo miré y me quedé en silencio. Por inercia me senté en una de las sillas que estaba al lado de la estufa a esperar a que hirviera el agua de la tetera que Roberto acababa de poner a calentar. Él se sentó en una de las sillas que estaba al lado de la mesa y me preguntó cómo me llamaba, le dije mi nombre y el me dijo el suyo. “Ya lo sé”, le dije. “Cómo lo sabes”, respondió. “He leído algunos de tus libros”, le contesté. Recuerdo que Roberto se estaba parando para apagar el gas cuando el escenario cambió de un golpe y aparecimos caminando por una calle solitaria, en una noche lluviosa pero cálida. “Voy a presentarte a un amigo”, me dijo. “Quién es”, le pregunté curioso. “Mario, se llama Mario”, respondió al momento que encendía un cigarro. Después de haber encendido el cigarro y haberse puesto la mano izquierda en el bolsillo del pantalón, me preguntó si tenía algo de dinero para comprar vino. Yo le dije que no mucho y acoté que tenía entendido que ya no bebía por sus problemas estomacales. Me respondió: “si, efectivamente, pero no es tan grave. El doctor me sugirió que no lo hiciera a menudo nada más”. Al decir a menudo levantó la mano en la que llevaba el cigarro e hizo señas unas cuantas veces con la cara sonriente. Al final gritó: “Mario, Mario, por fin llegamos”. Mario, estaba sentado en un banco de una gran plaza, llena de árboles y gente. Nos saludamos, Roberto me presentó al tal Mario, pero este me saludó indiferente. Tenía en sus manos un libro que se llamaba Pensar/Clasificar. No recuerdo el autor, pero si recuerdo que Mario, antes que Roberto pudiera decirle alguna palabra, le dijo que el autor, mostrándole el libro y una página determinada, se parecía a Stockhausen, en cuanto a que él (el autor), aseguraba que jamás había repetido una formula o un sistema para escribir sus libros. “Stockhausen siempre componía de formas distintas, nunca se aferró a una forma en particular, ¿te das cuenta?” Le dijo enfático. Roberto asintió con la cabeza, pero reconoció que no conocía al tal Stockhausen. “Algo parecido pasa contigo y con uno de tus libros”, le dijo Mario, “con cual”, dijo Roberto, Nocturno de Chile. “Al no ponerle puntos aparte creas mucha tensión, disonancia si lo quieres llamar de un modo musical, ¡no resuelves nunca huevón!” (Roberto se rió), “entonces tu libro se vuele tenso y se parece a Wagner ¡tú y tu libro se parecen a Wagner!” “¿a quién?” dijo Roberto, “a Wagner huevón, al compositor Alemán”. La cara de Mario se arrugó tanto al decir esto último que Roberto le dijo con humor: “envejeciste algo de 10 años en un abrir y cerrar de ojos, hermano”. Mario se rió y terminó diciéndole vámonos de aquí. En tanto andábamos, poco a poco yo me fui quedando atrás, teniendo que apurar mis pasos. Ellos dos se fueron conversando todo el camino, sólo los dos, como si yo no existiera. En el sueño me sentía incómodo pero entendí que debía aceptar la forma de ser de Roberto y su amigo, que en el sueño no reconocí. Seguíamos caminando cuando la escena volvió a cambiar y aparecí solo con Roberto en un puente, en el puente de un río que nunca he visto visto. Yo le pregunté: “¿leíste los escritos que te pasé hace unos días?” “No”, me dijo, “pero sé que eres un buen tipo, se nota, lo noto, la gente lo nota”. “No quiero que me digas que soy un buen tipo”, le dije enojado, “quiero que me digas si tengo futuro en lo que hago”. “Que si tienes qué”, me preguntó con enojo. “F-u-t-u-r-o”, le dije con la mirada perdida en no sé qué parte. “Si piensas en el futuro, lo único que tendrás es un montón de mierda para poner sobre un papel o un computador”, contestó enfático. Yo me sentí defraudado y triste y supe que no quería seguir estando con él. Al instante le dije que debía irme, el me dijo: “ok, ha estado bueno esto de conocerte”. Me dio la mano, con la otra se acomodó los lentes y me dijo: “suerte, suerte chico”. Cuando me soltó, me dí cuenta que la mano me dolía. En tanto empecé a caminar, sin antes volverme a mirar a Roberto que se sacó la chaqueta y se puso a caminar para el lado contrario, entre neblinas vi mi cama, mi ventana, la innumerable ropa que estaba desordenada y tirada en el piso y el televisor que estaba apagado y en el cual (en su pantalla), me veía reflejado. No aguanté la rabia y le di un puñetazo al colchón. Sin embargo, al instante estuve tranquilo, normal. Sin duda el sueño a pesar de todo me había dado paz. En seguida me levanté y me metí a la ducha sin dejar de pensar en ningún momento en esa triple aparición, donde Roberto era el nuevo pensionista de mi mamá, donde Roberto me presentaba a Mario, donde estábamos Roberto y yo solos conversando en un puente; donde había estado mi antigua casa y su gran patio; donde habían estado esas largas calles desoladas y vacías que de vez en cuando veía en mis recuerdos. En tanto rememoraba esas imágenes y pasaba la toalla por una de mis axilas, fugazmente apareció la imagen de la inválida, la inválida con la que había soñado años antes, que me decía entre cortado que la bese, que la acompañe, que la saque del orfanato y la lleve a dar un paseo a alguna parte. Recuerdo que esa vez quedé tan impactado con el sueño que en varias ocasiones salí a buscarla, imaginando que la encontraría aguardando por mí en alguna esquina. Después de vestirme y sentarme en la cama entendí que quizá Roberto apareció para que lo busque, no para que lo lea, sino para que lo busque, y que demandaba de mí algo no menor a una expedición colosal que diera con su verdadero paradero, más allá de la muerte, incluso, más allá del bien y el mal. Al terminar de cavilar todas esas cosas decidí salir a caminar…

Después de cerrar la puerta de la casa y encender un cigarro y poner mi mano izquierda en el bolsillo del jeans, caminé derecho y doblé hacia una avenida grande que a esa hora dominical no frecuentaba demasiados autos ni gente. Inconscientemente me pregunté con quién me gustaría encontrarme primero, si con Roberto o con la inválida. Mientras pensaba la respuesta, tiré la colilla de cigarro al suelo, la pisé y seguí caminando, atento a lo que podría pasar.

ENCONTRARTE

Filed under: Varios — LILIFRIDA at 1:56 pm on Martes, diciembre 21, 2010

DONDE TE ESCONDÉS, EN QUÉ HUEQUITO TE QUEDÁS
QUIEN PUEDE MOSTRARME LA MANERA DE HACERTE
SALIR COMO UN FUEGUITO ARTIFICIAL DE ESTRELLAS
FUCSIAS Y VIOLETAS QUE EXPLOTAN EN MI CORAZÓN
EMOCIONADO E INSPIRADO. Y QUE CUANDO SE HACE
OSCURO Y TEMEROSO PUEDE TOMARME DE LAS MANOS
Y LLEVARME CUAN HADA CAMPANITA REVOLOTEANDO
POR UN MUNDO DE MAGICA FANTASÍA, DE INUNDADO
MAR DE SENTIMIENTOS, CON VERDADERA SITUACIÓN
DE BIENESTAR, DE AGIGANTADAS GANAS DE VIVIR,
DONDE CADA MINUTO O SEGUNDO EXPLOTA COMO UN
PAINTBALL DE DISPAROS HACIA ESA NUBE GRIS,
ESE NEGRO SMOG QUE MUCHAS VECES APRISIONA ESE
ARCO IRIS PERFUMADO DE ESPERANZA, EUFORIA Y FU-
TURO, Y QUE APAGA ESA LLAMITA DE LILIFRIDA
APASIONADA DE LO QUE QUIERE, PERO QUE SÉ QUE ES
UNA FIGURA SOMBRÍA QUE ESTÁ Y QUE TENGO QUE
COMBATIR DE ALGUNA MANERA PARA PODER TENER
RATITOS FELICES POR SIEMPRE, PARA ASÍ NO BAJAR
LOS BRAZOS Y PODER ACEPTAR ESTA VIDA MÍA.

DEMENTE LITERARIO

Filed under: Varios — MatiasF.R at 3:12 pm on Jueves, octubre 21, 2010

Jove : DEMENTE LITERARIO
Como no sabia escribir , lo escribió todo sin palabras.Dio por sentado que los garabatos expuestos , en la pared , evidencian claramente su mensaje . Sobre todo ese en amarillo fuerte. Quien podría ignorar su desprecio a las pautas establecidas?.
Lo escribió todo en su cuerpo , al que dejo libre de ropas para evitar … confusiones.
Lo escribió , rapándose la cabeza , mordiéndose los dedos , sangrando se los pies , escribió profundos cardenales en sus piernas y brazos.
Al final como rubrica visceral de su poesía , se orino en la cama

HUELLAS DEL ALMA

Filed under: Varios — DANYEL55 at 8:12 pm on Viernes, agosto 27, 2010

Los recuerdos dejan huellas

que se abren como heridas

cuando voy hurgando en ellas

veo cosas? de mi vida

y al cometer la locura

de pretender ser feliz

un exceso de cordura

no permite tal desliz

por que si pierdo el amor

nunca más podré reir

y si me gana el dolor

tendré miedo? de morir

y confieso que me apena

pero nada se me ocurre

como granitos de arena

son mis días que se escurren

renegando de mi suerte

y sin poder discernir

que si mas pienso en la muerte

más me olvido de vivir

¿Mi corazon esta en venta o no?

Filed under: Varios — soydami at 9:54 pm on Martes, agosto 3, 2010

Ventajero.? Atrapador de conciencia. Naturaleza traidora. Se un individuo carajo.

Mi corazón no está en venta.

Lo que trato de decir

Filed under: Varios — soydami at 9:50 pm on Martes, agosto 3, 2010

No busquen en el significado.

Lo volcado es lo expresado.

No busquen en el significado.

Los hechos están hablados.

No busquen en el significado.

Lo escrito es lo manifestado.

No busquen en el corazón.

Las letras son mi oración.

El inicio

Filed under: Varios — soydami at 9:48 pm on Martes, agosto 3, 2010

Era uno , simplemente uno más; pero yo no lo sentía así. Esperaba el café que se acostumbraba a servir una vez por semana. La señora de sombrero, sus chusmas amigas y el homofóbico con bigote no paraban de comentar todos los jueves la misma temática. Desde el inicio sucedió tal cual.

Me molestaba,? porque no lo tenía elaborado. Con conciencia me di cuenta de que no todos estamos en la misma escala de evolución. Cuando lo comprendí ya no los veía como mediocres sino como voceros de un viejo trapo gastado.? La belleza de la existencia con sus otras multiples variables de conversación se estaba disipando con cada cucharada en el blanco vaso? de plástico con nescafé.

El papel, el corazón; la bic,? mi lengua.? Sin embargo cedí ante la consigna de Ricardo y me remití a decidir lo que iba a escribir.

Para comentar lo no mencionado acabo de usar este espacio y me siento emocionado aunque Richard no lo haya autorizado.

Es un doble taller literario…ja ja ja.

Acidez estomacal

Filed under: Varios — soydami at 9:45 pm on Martes, agosto 3, 2010

Burbujeante,? molesta; amarga, punzante. Sensaciones indescriptibles suceden en mi interior. Mi estómago no puede hablar, pero yo lo se.? ? Debo convertirme en un discipulo zen.

Mi madre me obliga a escribir, dice que tengo que salir del aislamiento. Pero no tolero la presión. Me produce dolor.

Será un mandato o un susurro del corazón?

Bailarina

Filed under: Relato - Primer ejercicio,Varios — SILVIA SOLIS CAMACHO at 7:39 am on Miércoles, enero 20, 2010

?

“un pequeño regalo de amor.”

Lewis Carroll

?

Sentadas alrededor de la abuela Abejina, mis primas y yo tomábamos clase y sin abandonar de todo el juego, esuchamos:

-Niñas, -dijo la abuela-,? provenimos de la realiza. De acuerdo a nuestro árbol genealógico, somos de la familia de los himenópteros, insectos de alas y membranas traslúcidas? como las avispas y hormigas. Nuestra misión quedó inscrita por nuestras antepasadas egipcias y gracias a esos testimonios, se conocieron los primeros colmenares.

Levantó la? ? voz y me recriminó:

? ? ? ? ? ? ? ? ? -¡Abejita, por favor! Pon atención, siempre estás distraída. Eres demasiado inquieta. No encuentro la forma de tenerte en paz, ¡concéntrate niña!

? ? ? ? ? ? ? ? ? – Abuela, yo no debería estar aquí, yo no quiero ser reina, quiero ser bailarina; tengo entendido que el objetivo de esta preparación es la de elegir a la candidata para suceder a la reina.? Yo quiero ser bailarina, no quiero ser reina. La música llena mis venas, el ritmo mueve mis patas; no puedo evitarlo. Sé que nací para ser bailarina y nada más.

? ? ? ? ? ? ? ? ? -¡Niña! ¿Cómo piensas en eso?, ¿De dónde sacaste esa tonta idea si estás a punto de obtener el reinado? Nuestra familia siempre ha sido de obreras y? es la oportunidad de dejar de serlo; ¿muchas quisiéramos estar en tu lugar?

? ? ? ? ? ? ? ? ? -¡Pero abuelita! El poder corrompe todo, es una maldición, se pierde la libertad, es igual que cambiar el color y la brillantez por la oscuridad y el? desamparo.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ¡Basta! No quiero oír más, sigamos la clase. Como vimos anteriormente, nuestra misión es la elaboración de miel, néctar que los mismos Dioses nos legaron. Una gota de miel es oro, es? llave que abre el más exigente paladar pero también es cura. La esencia está en esa dualidad: veneno y? salud.

Ahora veamos este esquema.? Nuestros ojos son perfectos, son móviles y? nos permiten ver en todas direcciones, incluso detrás. El daltonismo que para muchos es un defecto en nosotras es cualidad. Percibimos la luz en forma de espectro para muchos invisible. Las antenas suplen la nariz? haciéndola más sensible a los olores por eso, podemos localizar fuentes ocultas de néctar y comunicarnos por secreciones olorosas; las dos mandíbulas sirven para cortar, pinzar, cepillar? y amazar el propóleo o? para construir las paredes de los alvéolos. Nuestra trompa posee una lengua retráctil? que permite aspirar hasta lo más profundo de las flores y recolectar el polen.

Con las patas delanteras lo agarramos mientras las posteriores son cucharas para recogerlo. Aquí en la panza? -se soba el vientre- se acumulamos la miel y el agua que luego se expulsa.? Con estos recursos debemos? defender el colmenar y a la reina? a costa de nuestra? vida.

Interrumpí? para hacer una pregunta:

? -abuelita, el otro día en la clase de civismo aprendí que las abejas practicamos la más pura democracia? Cierto que debemos a nuestra soberana el máximo respeto y lealtad absolutas pero entonces, ¿Por qué no somos libres de escoger nuestro destino? ¿Por qué no podemos ser libres? ¿La democracia no incluye la libertad como un Derecho?? A mí la democracia me esta pareciendo un sistema enmascarado de esclavitud.

La abuela me miró con notable disgusto y sin ningún comentario prosiguió la lección:-como decía-, Abelina I? tuvo que librar una batalla a muerte con su más cercana rival al trono.? Como vencedora, emprendió el vuelo nupcial donde se unió cinco veces a una decena de zánganos.

-¿Sin estar enamorada? ¿Sólo por el mandato natural? de aparearse? Me han contado que el verdadero amor es eterno –dije en tono de seguridad- ella estaba enamorada de otro ¿no?

La abuela siguió ignorándome:

?

? Entre los candidatos desgraciadamente no estaba Abejón, su más ferviente enamorado. Ella se sintió decepcionada? y a él lo embargó? un estado de profunda tristeza de la que, hasta la fecha, no se repone.

Volví a interrumpir:

? -¿Es decir que tampoco la reina puede decidir a quien amar? ¿Cuáles son los privilegios de ser reina??

La abuela se acercó disgustada y con el puño? me? dio un coscorrón; acto seguido, volvió al tema.

-La vida monárquica no es fácil, la reina está al servicio de la comunidad y ésta, al servicio de la reina. Su deber es recluirse durante cuatro o cinco años dedicada aponer un huevo por minuto? para garantizar su descendencia.

Hace días se confirmó que Abelina I está gravemente enferma, los médicos de palacio hacen todo lo posible por salvarla.

Guardé un profundo silencio. La preocupación me saltó con ferocidad al pensar que mi más inmediata estrella me conducía a sustituirla.

Esa noche no pude conciliar el sueño. Una cadena de pesadillas confusas me mostraba un porvenir del cual no era partidaria.

Las clases con la abuela siguieron su curso:

Nosotras, -enseñó la abuela-, somos insectos sociales, nos necesitamos las unas a las otras y no podemos vivir fuera del colmenar. Desde siempre se nos ha reconocido la constancia, disciplina y variedad en el trabajo. A diferencia de nuestras parientes las hormigas que realizan una única tarea toda su vida,? nosotras cambiamos de función según sea conveniente. Podemos ocuparnos de limpiar los alvéolos de la colmena, almacenar el polen, fungir como nodrizas y? hasta ser arquitectas y constructoras de nuestra casa.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ¡Abuela! volví a mi puñado de interrupciones:

– A mí lo que más me gusta es ayudar a mantener la temperatura y humedad del castillo colmenar, para ello,? agito con rapidez mis alas? y eso me divierte mucho, es como bailar. La danza eleva el alma mientras la conduce al centro del equilibrio. Cada movimiento del cuerpo va siguiendo la música por un sendero que llega al cielo, a la eternidad.?

A mí, – dijo Abelida, mi prima- me encanta estar de guardia a la entrada del castillo y luchar contra las avispas y las mariposas. Me siento como valerosa guerrera. La confianza es depósito de tentaciones sometidas; el control es freno de excesos. Vigilar el sueño y la paz de la reina provoca en mi el orgullo y la satisfacción del deber cumplido. Fíjate abuelita que el invierno pasado se apareció Abejón con quien sabe qué intenciones. Aunque es más gordo y más peludo que yo, lo ataqué ? con? decisión? y? lo hice respetar la ley que prohíbe? a los zánganos presentarse? ante su majestad sin su anuencia. Abejón? soltó en llanto. Está profundamente enamorado.?

-No me importaba morir o ser? expulsado –gritaba abatido.

Abuelita, ¿Por qué los zánganos son esclavos de la colonia, por qué no se les trata con más consideración? Sabemos que fuera del reino no son capaces de sobrevivir, carecen de aguijón y no pueden defenderse? del enemigo. Es injusto que? únicamente se les utilice para concebir, ellos también sienten ¿no?

¡Niñas! -gritó la abuela- eso no es posible, la naturaleza ha determinado que su función sea fertilizar y luego, ser destrozado por la reina o ser abandonado a su suerte así ha sido siempre y no hay manera de cambiar esto.? Habrá muchas cosas que a su corta edad pueden parecerles injustas pero, el? orden es equilibrio y si se rompe, viene el caos. Sin decir más prosiguió la lección:

Hoy hablaremos de un tema muy interesante: las feromonas. La reina segrega una sustancia química específica para cada colmena e indispensable en la cohesión social. Al tocarla,? nos transmite la información genética necesaria para dar continuidad a nuestra misión. ¿Se dan cuenta de la importancia de la actuación de la soberana?

A nosotras, como obreras, las feromonas nos sirven sólo para localizar manantiales de néctar que son lugares de enjambrazón de la reina por los zánganos durante el vuelo nupcial, para emitir señales de alarma o para controlar reservas de comida.

Al concluir la sesión, salí a toda prisa a mi clase de danza; mis primas fueron conmigo. Ya en el salón de baile, practiqué complicados pasos en una coreografía perfecta. Traté de mostrar lo que alguna vez aprendí del filósofo austríaco Karl Von Frisch quien estudió por treinta años nuestras costumbres y descubrió nuestro lenguaje escondido en la danza. Afirmó también que el baile contiene un código secreto; así? me enteré,? que cuando volamos en círculo se pueden inspeccionar lugares de hasta veinticinco metros; en tanto, para supervisar distancias mayores, el baile debe ser bullicioso, en forma de ocho o con figuras más complicadas las cuales, por su grado de dificultad, requieren de? largas horas de práctica.? El baile siempre se? debe remontar tomando como referencia al sol. Con distancia y la velocidad de las vueltas se mide la pericia de cada abeja sobre sí misma. Esto fue prueba irrefutable para el estudioso quien concluyó que las abejas poseemos una facultad de entendimiento muy desarrollada.

El baile es mi vida por él descuido algunos de mis deberes. Me olvido hasta de comer y sacrificó mis horas de sueño en? el perfeccionamiento de cada paso, de cada movimiento.

A la mañana siguiente, luego de la clase, la abuela? nos dio una mala noticia:

-Jovencitas, hoy la clase tratara acerca del papel tan importante que debemos realizar: La polinización. De las especies florales y del desarrollo de los cultivos frutales se obtiene el polen. Es indiscutible: “¡sin polen, no hay fruta, sin abejas, no hay polinización!”. Como saben, la técnica que hemos de emplear para realizar esta función es la llamada entomófina. Apréndase de memoria la forma en que se lleva a cabo porque serán las encargadas de esa tarea, recuerden, se espera de ustedes? calidad y eficacia.

Posteriormente leímos, “La vida de las abejas” de Aristóteles ? y supimos que el? científico Einstein dijo: “Si la abeja desapareciera de la superficie del globo, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida: sin las abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni? hombres…”

Con esto damos por terminada la clase. Les informo –concluyó-, que el Consejo Directivo de este Plantel, convocó a una junta extraordinaria;? al parecer, la reina madre ha tenido una recaída y su salud se ha agravado; en cualquier momento se espera el desenlace fatal. Su majestad pierde peso y se la mira demacrada. Ya el Consejo médico presentó su diagnostico final: Nosemosis, una enfermedad que afecta la capacidad de postura. También, la reina ha sido atacada por algunos ácaros y la inmovilidad? se ha tornado casi? absoluta, el sufrimiento es indescriptible. La medida terapéutica que se tomó para evitar la infestación? es destruir el colmenar? ? e inmolarse en sacrificio. Ella misma? pide a gritos que sea cuanto antes.

Todas guardamos profundo silencio. Luego de unos instantes, la abuela se dirigió a mí con voz enérgica:

? ? ? ? ? ? ? ? ? -Abejita, debes estar preparada porque oficialmente, eres la sucesora. Cuando llegue el? momento, deberás iniciar? como reina virgen. La ceremonia nupcial iniciará al tomar el cetro, la coronación y? elegir? el séquito de? zánganos que formarán tu corte inicial.

Sin decir palabra abandoné el lugar. Me sentí? con? deseos de visitar a la reina a quien había tomado un sincero cariño.

Por el camino me encontré a una abeja ajena. Era distinta de todo a todo. Su ropa brillante y de muchos colores pero, sus alas eran muy distintas a las mías; eran como alargadas y no volaban, al menos, la sujetan como si descendiera del cielo.

Me llamó por mi nombre. Y confieso que, uno de mis peores defectos, según dice la abuela es la curiosidad así que fui a su encuentro.

Me dijo que era mi hada madrina y venía a ayudarme.

¡A quien le importa ser reina!? – dije sin pensar-. Lo único que anhelo? es ser bailarina.

El hada me miró con ternura y se acercó para susurrarme unas palabras. Asentí con obediencia y seguí mi camino.

Me dirigí? a la casa de Abejón. Lo encontré desecho, ya se había enterado del estado de la reina. Traté de consolarlo pero todo fue inútil; luego de un? largo rato de desesperación, me pidió que lo picara con mi aguijón, que mi veneno fuera la única forma de? estar? con su amada. No quería seguir viviendo.

-La vida, desde que no la veo, perdió su significado –dijo entre sollozos-, me conformé porque como futura soberana? tenía deberes que cumplir. Le propuse huir pero ¿a dónde iríamos?, sería perseguida y condenada a muerte. Fuera del colmenar tendría los días contados.

Admiré y respeté con toda sinceridad los deseos de Abejón.

No me importó lo demás? porque creo en las promesas. En las que nos hacen.

? Llegué ante su majestad. Me acerqué mientras se deslizaba una sombra. La noticia de tu enfermedad? me enloquece; deseo? compartir su suerte. Si mueres no necesito la vida. ¡Por favor ayúdame! ? -me dijo desesperado-. Sé que tú? crees en el amor; sabes que es? mejor? morir por el ser amado que? vivir una vida sin sentido. Mis días y los de ella están contados, ayúdanos a estar juntos? aunque no sea en este tiempo ni en este espacio. Sin pensarlo lo piqué.

Luego me fui a la clase de baile. Al iniciar la práctica, no escuche las recomendaciones de la profesora? quien me advirtió que esa pirueta? ? presentaba un alto grado de dificultad que aún? dominaba. Un silencio vertical vislumbró el ambiente. Minutos más tarde? y tras la sorpresa de los presentes, mi cuerpo voló sin control mientras alcanzaba el abismo. Las promesas se cumplen y el hada; cumplió.

Bajo la Nieve

Filed under: Relato - Primer ejercicio,Varios — SILVIA SOLIS CAMACHO at 5:47 am on Domingo, noviembre 22, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Pero la curiosidad me hizo dar marcha atrás. Me detuve un instante para ver a través de la ventana. La saludaste con el mismo aire de familiaridad que muestra Tuffy cuando me ve llagar a casa.

Seguía nevando. Ella corrió hacia ti y la vi cubrirte de besos; de esos besos que llenan la pantalla.

? Amparándome en las sombras volví sobre mis pasos y mis recuerdos se situaron ? justo en el momento de conocerla.

?

-Me llamo Alejandra; vengo de Buenos Aires –dijo estrechando mi mano tan débilmente que? su contacto fue casi imperceptible.

?

-Soy Dante Moncada, de Canadá. Estuve algún tiempo en París. De hecho, hace poco? también visité Argentina: ¡Che!? ¡Qué macanudo! –agregué risueño para romper el hielo. Tengo la impresión de haberla visto antes… ¿Hace mucho que llego?

?

-No, cuatro o cinco semanas pero no creo permanecer mucho tiempo;? no termino de adaptarme a este clima. La nieve parece ser “La tierra más lejana”, la que vive arropada en este frío que cala los huesos y aleja al más firme bullicio sepultándolo en el más profundo silencio.

?

-Ahora recuerdo –dije con aire de triunfo. Su poesía es impresionante. No podía ser de otra manera. ¿Vino a descansar?

?

-No. En realidad vine a recobrar “Las aventuras perdidas” en la noche.

-¿Se refiere a su estancia en París?

-De ese tiempo, pienso más en lo que leía que en lo que escribía. Pero cuando llegué aquí, cerré los ojos tratando de olvidar todo.

?

Me pareció ver un dejo de amargura en su rostro. Observándola con mayor cuidado pensé que era una mujer rara. Alta, delgada, de ? ojos inexpresivos, fijos, como perdidos. Daba la impresión de llevar sobre sus espaldas ingente carga de solitaria tristeza.

Su cabello castaño, escaso; rebelde, muy corto. Pero no pude definir su edad. A simple vista podría decirse que era muy joven pero sus palabras eran tan contundentes como las de alguien de mayor experiencia.

?

-Busco conjurar, exorcizar a la desgracia de la que fui y para la que fui Nada rima con nada. Es como diluirme gota a gota en? esta tierra. Siento la nieve vertida sobre mí como la lápida de mi propia tumba –hablaba como para ella; sin pausas:

? Busco? refugio en las moradas del consuelo. En? esa opaca alegría donde todo parece nada; hasta el amor cambia de posición como un cuerpo vacío da vueltas en noches de insomnio.

Hace tiempo –prosiguió-? perdí “La última inocencia”; la guardé en algún lugar, en ? la “Extracción de la piedra de la locura” y la infancia quedó? relegada en algún sitio.

?

Recordar nuestro? primer encuentro aún me llena de miedo. Frecuentemente veo sus pasos ir directo al vacío. Ilusamente? pretendí rescatarla de? una personalidad que sentía tan distante a la tuya; como si fueras otra. En mi mente buscaba su cuerpo para ungirlo de ese perfume escandaloso y brillante. Quería verla alegre; arrancarla ? de ? una vez por todas de esa penumbra.

El tiempo que pasamos juntos fue tan breve, que? en la primera oportunidad, ? cada instante que vivimos, escapó perdiéndose en la ventisca.

No debí obligarla a renunciar a sí. A su privilegio de refugiarse en las espinas de un dolor que parecía tener su origen en el más allá.

No debí disfrazarla? de felicidad. Obligarla a representar –en mi imaginación- a una mujer de vida fácil dispuesta a la dicha momentánea. La imaginaba con su vestido rojo; tan rojo como? el carmín de sus labios, como la espesura del líquido que escapa de las heridas.?

Se decía otra, la otra que era, ? la que escapaba? buscándose en las alegorías del reposo.

A ti y a mí nos enfrentó en un proceso de traición que si hubiera sido cierto, hubiera sido hasta sublime. Te ? habría matado pero, ? tu idilio, era la cortina de niebla? lista para cubrir sus verdaderas intenciones.

Un presentimiento me seguía como el ladrón acecha a su presa. ? Por eso vine a reclamarte, a pedirte que te alejaras. Vine a exigir mi prioridad en su destino.?

Ella burló de mí igual que se burlaba de ti, de tu ingenua persistencia para librarte de? mí alimentando tus necias pretensiones.? Pero tú amabas a la otra que era, no a la que yo conocía. Ésa otra acostumbrada a la superioridad? de verse al espejo presa de un vestido copado de brillantes lentejuelas. Montada en su ostentoso carro, con sus pasos tambaleantes? y? su tufo barato. Y yo la amaba a ella siempre situada en su otra orilla, vista en el perfil ? de? las sombras de su silueta penetrarte.

¿Cómo pude confundirla con otra? si fue única? ¿Cómo pude pensar que era otra si ella irradiaba la inconfundible sensibilidad de su aura de poeta y la otra, sólo pudo ser esa puta o cualquier otra?

Parecía ser absolutamente cierto eso de que, uno termina por matar? al ser amado aunque, en este caso, ella misma no pudo sujetar el hilo de su existencia.

?

Cuando tu puño se estrelló en mi nariz, me di cuenta que definitivamente no se trataba de ella.

No hubo forma de avanzar por ningún camino sin dejar rastro porque, ? en esta vida o en la otra, irremediablemente la encontraría.?

Seguía nevando. Nevó, durante toda la tarde.

Bajo la Nieve

Filed under: Varios — SILVIA SOLIS CAMACHO at 5:31 am on Domingo, noviembre 22, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Pero la curiosidad me hizo dar marcha atrás. Me detuve un instante para ver a través de la ventana. La saludaste con el mismo aire de familiaridad que muestra Tuffy cuando me ve llagar a casa.

Seguía nevando. Ella corrió hacia ti y la vi cubrirte de besos; de esos besos que llenan la pantalla.

? Amparándome en las sombras volví sobre mis pasos y mis recuerdos se situaron ? justo en el momento de conocerla.

?

-Me llamo Alejandra; vengo de Buenos Aires –dijo estrechando mi mano tan débilmente que ? su contacto fue casi imperceptible.

?

-Soy Dante Moncada, de Canadá. Estuve algún tiempo en París. De hecho, hace poco ? también visité Argentina: ¡Che! ? ¡Qué macanudo! –agregué risueño para romper el hielo. Tengo la impresión de haberla visto antes… ¿Hace mucho que llego?

?

-No, cuatro o cinco semanas pero no creo permanecer mucho tiempo;? no termino de adaptarme a este clima. La nieve parece ser “La tierra más lejana”, la que vive arropada en este frío que cala los huesos y aleja al más firme bullicio sepultándolo en el más profundo silencio.

?

-Ahora recuerdo –dije con aire de triunfo. Su poesía es impresionante. No podía ser de otra manera. ¿Vino a descansar?

?

-No. En realidad vine a recobrar “Las aventuras perdidas” en la noche.

-¿Se refiere a su estancia en París?

-De ese tiempo, pienso más en lo que leía que en lo que escribía. Pero cuando llegué aquí, cerré los ojos tratando de olvidar todo.

?

Me pareció ver un dejo de amargura en su rostro. Observándola con mayor cuidado pensé que era una mujer rara. Alta, delgada, de ? ojos inexpresivos, fijos, como perdidos. Daba la impresión de llevar sobre sus espaldas ingente carga de solitaria tristeza.

Su cabello castaño, escaso; rebelde, muy corto. Pero no pude definir su edad. A simple vista podría decirse que era muy joven pero sus palabras eran tan contundentes como las de alguien de mayor experiencia.

?

-Busco conjurar, exorcizar a la desgracia de la que fui y para la que fui Nada rima con nada. Es como diluirme gota a gota en? esta tierra. Siento la nieve vertida sobre mí como la lápida de mi propia tumba –hablaba como para ella; sin pausas:

? Busco? refugio en las moradas del consuelo. En ? esa opaca alegría donde todo parece nada; hasta el amor cambia de posición como un cuerpo vacío da vueltas en noches de insomnio.

Hace tiempo –prosiguió-? perdí “La última inocencia”; la guardé en algún lugar, en ? la “Extracción de la piedra de la locura” y la infancia quedó ? relegada en algún sitio.

?

Recordar nuestro? primer encuentro aún me llena de miedo. Frecuentemente veo sus pasos ir directo al vacío. Ilusamente ? pretendí rescatarla de? una personalidad que sentía tan distante a la tuya; como si fueras otra. En mi mente buscaba su cuerpo para ungirlo de ese perfume escandaloso y brillante. Quería verla alegre; arrancarla ? de ? una vez por todas de esa penumbra.

El tiempo que pasamos juntos fue tan breve, que? en la primera oportunidad, ? cada instante que vivimos, escapó perdiéndose en la ventisca.

No debí obligarla a renunciar a sí. A su privilegio de refugiarse en las espinas de un dolor que parecía tener su origen en el más allá.

No debí disfrazarla? de felicidad. Obligarla a representar –en mi imaginación- a una mujer de vida fácil dispuesta a la dicha momentánea. La imaginaba con su vestido rojo; tan rojo como? el carmín de sus labios, como la espesura del líquido que escapa de las heridas.?

Se decía otra, la otra que era, ? la que escapaba? buscándose en las alegorías del reposo.

A ti y a mí nos enfrentó en un proceso de traición que si hubiera sido cierto, hubiera sido hasta sublime. Te ? habría matado pero, ? tu idilio, era la cortina de niebla ? lista para cubrir sus verdaderas intenciones.

Un presentimiento me seguía como el ladrón acecha a su presa. ? Por eso vine a reclamarte, a pedirte que te alejaras. Vine a exigir mi prioridad en su destino.?

Ella burló de mí igual que se burlaba de ti, de tu ingenua persistencia para librarte de? mí alimentando tus necias pretensiones. ? Pero tú amabas a la otra que era, no a la que yo conocía. Ésa otra acostumbrada a la superioridad? de verse al espejo presa de un vestido copado de brillantes lentejuelas. Montada en su ostentoso carro, con sus pasos tambaleantes ? y? su tufo barato. Y yo la amaba a ella siempre situada en su otra orilla, vista en el perfil ? de? las sombras de su silueta penetrarte.

¿Cómo pude confundirla con otra ? si fue única? ¿Cómo pude pensar que era otra si ella irradiaba la inconfundible sensibilidad de su aura de poeta y la otra, sólo pudo ser esa puta o cualquier otra?

Parecía ser absolutamente cierto eso de que, uno termina por matar ? al ser amado aunque, en este caso, ella misma no pudo sujetar el hilo de su existencia.

?

Cuando tu puño se estrelló en mi nariz, me di cuenta que definitivamente no se trataba de ella.

No hubo forma de avanzar por ningún camino sin dejar rastro porque, ? en esta vida o en la otra, irremediablemente la encontraría. ?

Seguía nevando. Nevó, durante toda la tarde.

Ahora qué sigue

Filed under: Varios — Nora Noemí Zeliz Pirillo at 1:11 am on Martes, noviembre 17, 2009

Los hombres heredan la tierra
las mujeres el cielo
abrazando nubes blancas.

Participamos todos y aún no sabemos como acabarán las votaciones. Prefiero soñar que vendrán a nuestro encuentro ángeles de alas blancas con ceremonia tocarán un Arpa.
Un columpio en la vieja casa familiar, donde me despedí de mi árbol del paraíso.
Entonces daré un simple toque de magia; para avisaros del momento; entonces pensaremos que todos aquellos que fueron una lágrima o un suspiro, aquellos que alargaron la mano, los besos en la frente y a cada paso que demos todo eso se irá desvaneciendo, quizás pidamos.
_No borren mis sueños _
Sin ellos quien seremos buenos, ordenados, simples y amables como lo es una madre.
Llamaron a la puerta y decidió no abrirla, siguió elucubrando
…a dónde irán estos cuerpos físicos, ¿era el alma?
Por su espinazo corrió un escalofrío, tenía muchos folios en blanco como su mente.
No conseguía capturar un pensamiento lógico y menos que tuviera a los lectores en vilo hasta el final.
Soy mujer, es decir son pocas posibilidades, soy mujer y además me gusta serlo, sociedad de hombres…
Igual a fracaso, hizo una pelota con su folio y lo mandó al purgatorio de los textos aburridos.
Y se apagó la luz, se fue a dormir.