distancia….

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — aicitel at 3:08 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

Tengo miedo, miedo del tiempo, del reloj, unas veces tan vehemente como yo, otras tan desidioso como la propia dilación. Esos malévolos alfileres  que se lo llevan todo, bueno no, todo no, el recuerdo se eternizan, inamovible, terco, doliente y desesperanzado. El cronómetro me despedaza, trilla mi resistencia y maltrata mis desvelos, la avidez de tus abrazos me atraviesa, pues no puedo desmayarme en  ellos,  sólo pido que los punzantes alfileres   no te alejen de mi lado, ¡clemencia!, quiero impedir el avance, del certero recorrido de esas  inmunes púas, pero sólo cuando estás conmigo,  ya que si estás lejos  les imploro que  se adelanten para que el lapso no me venza,  y me vea atormentada por la merma de vida que  supone el recuerdo de tu añorada  presencia.

Con la llegada de tu marcha se engendra mi ansiedad. , Todo pierde fulgor, color, hechizo. La vida se tiñe de un temible tinte  daltónico, que me aferra a un pasado sin curso, sin límites, sin embargo vivo en él, es un amenazador y deshumanizado vado henchido de hiel, si tú no estás aquí,  todo es ceniciento, mate y opaco. Mis ojos  abrazan el inmenso  tormento  y la soledad; mis amargas  lágrimas no pueden evacuar un ápice de dolor. Grito, me desgarro la  voz con el  más rebelde desaliento y  no veo  más allá de una proyección de dicha, siempre contigo, contigo, sin distancia, sin  espacio. Ruego un soplo inagotable de descanso,  para siempre, mi sollozo suplica  al  manto de agua  que nos separa despiadadamente  que se torne un puente inmediato que  permita olvidarnos de todas las dificultades  que  postergan nuestro idolatrado deleite.

Y es que me da miedo el tiempo, que te tiene escondido en la memoria, que estrangula mi paciencia y cuartea mis sueños; los despedaza y me hace responsable de no poder resistir sin ti. Me culpa, me juzga y me castiga sin  la ilusión que es mi alimento, mi consuelo, sin ella tampoco sé vivir, no quiero un sendero infinito, desesperanzado y  sin rumbo, eso es para mi la tardanza, la duda, el desconcierto y  la incertidumbre pero sobre todo permanece ese profundo  vacío que me azota el ánimo con la más ponzoñosa zozobra: la inseguridad, que alberga el propósito de herirme y luego ver como se desangra  mi alma, mientras ésta  se  debate con infatigable desazón. Los sonoros  latigazos de atormentador silencio  intangible poderoso y justiciero  me quiebran, rompiéndome en pedazos de agria y eterna  congoja. No deseo  llevar la pena más lejos que mi propia y consumida existencia, triste, fatal,  hambrienta de ti… y de sosiego…cada segundo es tan largo o más que el anterior pero tiene menos oxígeno,   y es que tengo miedo del tiempo.

LA DESPEDIDA

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Nilson Montes at 3:04 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

Ya llegó la hora de dormir y con lindas palabras delante de ti me quiero lucir,

dichoso y esplendoroso tienes mi corazón que cuando esta cerca de ti salta con emoción.

Palabras del viento

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — MARIA ITZA at 3:04 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

Lluvia…

un rumor primitivo hunde su melodía sin palabras

desata su lamento.

es un barco que encalla

y transporta con ayuda del viento

casas como palabras, fuego, amigo, refugio…

Se encadenan las gotas en ríos

y la sal de los mares se queja de esta ola

que le lame la arena y le dice del viento

palabras que le escaman de espuma las entrañas….

Lluvia….

Pájaros hechos de enhebrados hilos mojan su vientre seco

y extrañas telarañas se estampan en los vidrios…

son palabras, palabras escritas por el viento..

¿qué lenguaje es el que usa para arrastrar las cosas

seguidoras sin rumbo,suicidas sin condena ?

Desploma el cielo una luna hueca

y las gotas la beben y pasanotras gotas

sobre el aro vacío,

y sigue, sigue el viento derramando sus gritos…

Confusión

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — acuarela at 3:00 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

Me llevas al cielo y de tu mano me dejo guiar,

en un paso entre la nubes, camino junto a ti,

siento que puedo volar, hoy en mi cielo resplandecen

mil colores, rodeado de un dulce aroma a felicidad.

Cuando me miran tus bellos ojos,

me llenas de dicha, de gozo y de paz,

tus brazos son mi respaldo y

entre ellos me siento segura.

Eres mi gran ilusión,

sí, mi ilusión, pues cuando despierto

tú no estas… solo me quedan los recuerdos

y tu aroma impregnada en la almohada.

Desapareciste, me dejaste en medio de la nada,

cuando todo era perfecto, y mi cielo aquel

que un dia tuvo mil colores, hoy se ha

tornado gris, ya no hay sol ni arco iris

la tormanta ha comenzado…

Los truenos y los relampagos acallan

mis gritos, entre la lluvia mis lagrimas

se esconden, camino en medio de un valle

de sombras, buscando dar alivio y sociego

a mi canzado corazón.

Manolo

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — gantz at 5:53 am on Sábado, agosto 6, 2011

La sangre escurre por mis manos. Rompe la carótida y ahogarás los gritos. Presiona la garganta sobre veinticinco kilos y romperás su cervical. Es más fácil si lo envuelves con una cuerda o una cadena.

No me entienden. Tal y como suponía, no son capaces de hacerlo. Yo estoy más allá de su experiencia. Estoy más allá del bien y del mal. Eso lo dijo Richard Ramírez, asesino serial norteamericano. Conocido como nightstalker.

Creen que pueden dominarme con psicotrópicos, creen que pueden decirme qué hacer y qué pensar, creen que de eso va todo, se equivocan.

Las lámparas ya se apagaran para nosotros y para todos ellos, la oscuridad es mi elemento. Solo un ataque de violencia contra mi familia, dijiste. Siempre se equivocaron.

¿Escuchas como el viento mece el columpio con el cuerpo del guardia amarrado en su cadena?

Es una sinfonía de muerte. Dulce.

¿Por qué lo hiciste? Antes de hacer algo, mira a tu alrededor, escucha, y sobre todo, abre la boca. Hay que hablar, Manolo, hasta los animales se hablan entre sí, ¡qué caramba!

Tuvieron que quitar todos los cuchillos y las tijeras de la casa de tus padres

Recuerdo tus palabras de “experta” como si las hubieses marcado con fuego en mi memoria.

Tan arrogante. Mirándome como un animal, comparándome con uno. Mientras escondías tus ojos detrás de esas gafas.

Mientras estabas segura porque me tenías confinado, atado.

NO ME PUEDES DETENER.

¿Te gusta mi voz, es dura como una roca, no?

No comprendes que jamás me encontrarás en un libro, soy indefinible, como la propia naturaleza, defíneme y te daré otra sorpresa.

¿Recuerdas los shocks eléctricos?

Dominar mis ataques de violencia con electricidad, ¿eso fue lo que decidieron en la votación de la junta de especialistas, de expertos?

¿Hicieron algo?

Dime ahora, ¿sabes tú lo que es la locura?

Yo sí, soy lo que la locura ha hecho de mí.

Sabes que no deberías haberte puesto así. Lo primero es mirar a la gente, Manolo, no puedes pretender que te entiendan si ni siquiera te dignas mirarlos a la cara.

¿Sabes por qué no los miro a la cara?

¡RESPONDEME!

No puedes hacerlo, te lo diré.

Porque solo veo animales. Como tú, eres sólo una gallina. Una gallina degollada.

AUTORRETRATO DE HOY

Filed under: - Autorretrato,Creatividad - Primer ejercicio — Hugo San Pedro at 11:17 pm on Miércoles, junio 15, 2011

? En todos lados, en ningún lugar.

Demasiado lejos, casi confundido.

Encandilado por la oscuridad.

Demasiado humano, casi inmaterial.

? ? Aferradísimamente inasible.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? Demasiado pronto para ser tan tarde

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? Como el halcón, reptando por la arcilla.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? Demasiado claro, casi impenetrable.

? ? Triunfalmente vencido.

Demasiado auténtico, casi hipocresía.

Está todo dicho en tanto silencio.

Pasado, presente, mañana. Presente.

Microrrelato

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — sindescanso at 2:38 pm on Martes, diciembre 21, 2010

Locura

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Val at 10:29 pm on Domingo, noviembre 14, 2010

Ana es definitivamente una mujer que me inspira. La familia ha hecho una y otra vez la declaración de? que es una soñadora, no precisamente porque crean que serlo es algo bueno, se preguntan si percibe? la realidad o lo suyo se puede catalogar como locura. Pero para Ana la locura significa un intenso creer en que? los sueños se cumplen, cree que hay algo mejor, algo más alto y está decidida a perseguirlo. Se sube a? un columpio y mira el cielo, inmenso, inescrutable y se le pone la piel de gallina, de pronto es consciente de su estatura. ? Sueña y es? libre de todo lo que como una roca la ata a la realidad, a lo que la gente llama realidad, ese concepto? que parece tan tangible pero que nunca llegas a tocar, no sin un vacío en el corazón, sin el sentir de que algo falta. Hay sueños que son como guías para el alma, como si una lámpara señalara el camino en el que debes andar para escribir tu propio libro, ese, que contiene tus iniciales y las de nadie más. Tal vez algún experto podría declararla como mentalmente loca, pero ella piensa seguir el sueño que sabe se cumplirá y si no, lo que le importa es mantenerse en e l camino, mantener la esperanza. Y en las votaciones, en las elecciones de lo que pesa más para ella, definitivamente le da un punto a la locura y yo junto a ella.

El Candidato

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Mariano Campo at 12:14 am on Miércoles, septiembre 29, 2010

-Es la hora Sr. Blackmore-, dijo en voz baja su asistente personal.

Andrew Blackmore, elegantemente vestido, con un encanto y atractivo que no dejaba indiferente a nadie y cuyo aura y magnetismo personal le precedían antes de entrar en cualquier estancia, le dio las gracias.

Siguiendo la costumbre adquirida cuando era niño, marcó la página del libro que estaba leyendo doblando su esquina. Lo cerró, lo depositó sobre la mesa y apagó la pequeña lámpara que utilizaba exclusivamente para leer.

Aunque le envidiaban por su éxito, le había costado sangre, sudor y lágrimas llegar a su actual posición privilegiada.

Nació en un barrio de chabolas con el nombre de Andrés Moreno Salazar. Sus padres se trasladaron desde el campo a la gran ciudad tratando de escapar de la miseria y, sin embargo, se estrellaron contra el muro de la marginación y la indiferencia. Se levantaban cada día con el alba y regresaban al anochecer con la espalda rota, las manos llenas de callos y unas pocas monedas. Ojos que destilaban tristeza e impotencia.

Sin embargo, Andresito y sus compañeros de juego, siempre encontraban algo con que divertirse. El gueto les ofrecía un mundo lleno de oportunidades. Perseguían a las gallinas que cloqueaban asustadas; tiraban piedras a las omnipresentes ratas. Un punto si le dabas a una de tamaño mediano; dos si era grande y negra como un gato y cuatro si era albina. Se convirtieron en auténticos expertos. No fallaban una.

Otras veces, intentaban alcanzar las nubes subidos al columpio que todavía se mantenía en pie. Pertenecía a un parque infantil abandonado, construido en su día por unos misioneros mormones en un vano intento por hacer llegar a esas almas necesitadas la “palabra de Dios”. Pero Dios tampoco se encontraba a gusto en aquel ambiente y prefirió mudarse más al norte, junto a sus inmaculados misioneros.

-Andrés-, le dijo su abuelo.

-Te haré un regalo que cambiará tu vida-. Le mostró un libro y añadió:

-En los libros se haya todo el conocimiento del mundo. Te harán libre y también esclavo-.

-Entonces, ¿para qué necesito saber, si puedo terminar siendo un esclavo?-, respondió Andrés.

-Porque la cultura y la sabiduría te permitirán romper las cadenas. El cielo será tu límite-.

Tenías razón, viejo amigo…

Con el apoyo de una ONG, consiguió graduarse “Cum Laude” en la universidad. Cursó varios “Másters” en el extranjero con la ayuda de becas obtenidas mediante su esfuerzo personal.

Cambió de nombre adaptándolo al país de acogida. Se convirtió en un abogado de éxito defendiendo las causas de los más desfavorecidos.

Y allí se encontraba, sentado ante el televisor, rodeado de asesores, amigos y algún que otro parásito, esperando el resultado de las votaciones. Las encuestas lo daban como claro favorito. Pero si pensaban que podrían manejarlo a su antojo, estaban muy equivocados. Permanecería fiel a sus orígenes, firme como una roca.

Mariano Campo.

Una extraña de siempre.

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Kattia M. at 9:43 am on Jueves, septiembre 2, 2010

El aroma de café recién hecho, penetraba por los minúsculos agujeros del? toldo mosquitero con el que dormían para evitar a los zancudos.

El cantar del más chulo de toda la casa entraba sin reparos? por las ventanas sin vidrios que daban la espalda al patio y al galpón en donde ese gallo rojo y enorme era el rey de las gallinas de los huevos de colores, aquellos huevos recién puestos que su abuela recogía por las mañanas para preparar el desayuno.

Y- Esos huevos, tenían las cascaras verdosas o azuladas.

? X- Tu estás alucinando, ¿cómo van a tener ese color las cáscaras? tienes los recuerdos enmarañados…

? Y- Y tú no tienes idea de lo que es una gallina criolla, crees que los huevos los fabrican en el Carrefour.

? X- Pareces salida de la selva.

Ya le habría gustado a ella vivir en la selva, donde su piel canela no le daba el título de extranjera o extraña, ya le habría gustado a ella poder mecerse en un columpio hecho de lianas y leer hasta el cansancio sus libros favoritos.

Su abuela le decía que de tanto leer se iba a quedar ciega, que no era posible que trasnochara tanto por un libro, que terminaría convirtiéndose en un búho. Pero no, ella no sería un búho, sería un murciélago, como aquellos que eran expertos en colarse en los cuartos de baños para quedarse suspendidos en la alcachofa de la ducha y dar en casa unos sustos tremendos.

? Y- A casi nadie le gusta le gusta los murciélagos, son mamíferos pero vuelan, pegados a las cuevas o grandes rocas, mostrando sus dientecillos afilados…¿Eso como és? No son pájaros tampoco, ¿Cómo se sentirán los murciélagos entre los demás animales? ¿Cómo yo? ¿Has leído alguna vez la fábula del murciélago?

? X- Me parece a mí, que eres una pajera mental.

? Y- Me gustaría que pudieras saber lo que es tener dos vidas en una sola, vivir con los recuerdos y asimilar lo presente, creo que te enrequicería mucho.

? No era de extrañar que ella se sintiera un poco así, su familia también la veía un tanto extraña, por las noches era capaz de asustarse con una simple y hermosa luciérnaga, esas lámparas pequeñitas de la naturaleza que? en las noches titilaban incandescentes. Sin embargo por las mañanas le gustaba visitar coloridos cementerios, de miedo poco.

? X- ¿Te gustaban los cementerios?

? Y- Si, me parecían un tanto mágicos, muchas veces me llevaba las flores y tarjetas que dejaban los familiares y empapelaba mi habitación.

? X- Tú eres un poco rara…

? Y- ¡Era pequeña!

? En esta vida, su abuela era la única que sonreía y disfrutaba con sus ideas, los demás creían que era en exceso soñadora, que terminaría teniendo hijos pronto y quedándose para siempre en la misma ciudad, apostaban y parecía incluso que iban a votaciones en su interés por acertar.

Ellos habrían perdido sus apuestas, cuando de repente un día, la vieron marchar hacía un mundo más frío, sin llevarse nada más que sus recuerdos y sus alas desplegables de murciélago, a un sitio en donde siempre sería una extraña de verdad, donde su abuela ya no estaba para hacerla sentir simplemente un búho que leía hasta el amanecer sin nada de que preocuparse.

CUERPO DE VIENTO

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — cc at 10:34 am on Lunes, agosto 30, 2010

Sentía el abismo bajo los pies, el aire recorría cada centímetro de su cuerpo acanelado. Las pupilas oscuras permanecían fijas en un punto concreto del cielo azul y limpio del atardecer.
Intentaba descifrar si se trataba de una alucinación óptica o si era algo tan real como su propio cabello jugando con las gruesas cuerdas del columpio.
Las letras continuaban dibujándose como el humo blanco y esponjoso:
-GALLINA SUBE MÁS ALTO
Cada vez se sentía más cerca de la nada, ahora las letras formaban un círculo perfecto que contenía en su interior el infinito.
Los recuerdos se agolpaban en su mente, la tierra cálida donde nació y aquel experto de la vida como una lámpara en la noche, su abuelo, hombre sabio y generoso que un día puso entre sus manos el tesoro de los murciélagos diciéndole:
-Guarda este libro en tu corazón pertenece a la familia de la fantasía, no olvides jamás usarlo con bondad y prudencia.
Ya casi podía sentir como los pies empezaban a rozar el círculo de humo y a pesar del huracanado viento sentía todo el cuerpo cubierto de un sudor frío. Las letras habían desaparecido en su lugar unas fauces negras como la noche y afiladas como un cuchillo esperaban su llegada.
De repente abrió los ojos, el dolor se había apoderado de todo su cuerpo mientras la luz deslumbrante le cegaba las pupila.
Las voces y las batas blancas se agolpaban sobre ella:
-Hha vuelto, lo hemos conseguido, la fortuna ha estado a su lado, era casi imposible volver a escuchar los latidos de este corazón-
Todo era tan confuso, sólo recordaba la urna de las votaciones y como el corazón al igual que una tierna roca de arenisca se le partía en dos.

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — barbara at 9:48 pm on Domingo, abril 18, 2010

8,45 de la mañana. Veo venir a una mesera que me trae el cortado que pedí, sobre una? bandeja que sostenía con ambas manos. Lo apoya en la mesa, y con un pulso tembloroso agarra la tasa de café y lo deja en frente mío. Luego camina hasta la barra del fondo y allí se queda parada.

El local esta casi vacío, hay dos jóvenes sentados? del otro lado de donde yo estaba, murmurando cosas que no llegaba a escuchar. Tres hombres al frente mío, hablaban en vos alta tomando cerveza. Charlaban como viejos amigos, sin siquiera terminar una oración y ya comenzando a decir otra, interrumpiéndose cada dos por tres, y dejando soltar una carcajada de a ratos. Concluyó la conversación con una absurda votación. Los dos más cercanos a mi votaron un “si”, siendo estos los ganadores.

Sorbo un poco del café que ya se esta enfriando, y abro el libro que traje con migo. La Edición es? vieja, con letras chicas en tinta negra. De haber estado en mi casa, leerlo hubiera sido más simple, bastaba con ir a buscar una lámpara y encenderla cerca mío. Pero esta vez tengo que arreglármelas solamente con la luz que me regala el sol de esta mañana. La historia es verídica, había ocurrido hace tiempo atrás en un local parecido en el que yo estoy. Se trata de la vida de un viejo con un complicado problema de familia.

“Observo a la pequeña Lucía jugar en el columpio a lo lejos, y aun sabiendo que no era un experto, quiso intentar explicarle que ay cosas que se hacen sin pensar. Pero su cobardía fue tal que, al tropezarse torpemente con una roca, tomó eso como una señal, y se fue. Camino hacia el único lugar que aun lo aceptaba. Se sentó en su silla predilecta, y al no ocurriósele otra cosa, tomó el libro que siempre llevaba consigo.” leí.

Alguien entra al local, pero la campana de la entrada no suena. Escucho que se acerca, y se que viene a reclamar la deuda, pero aun así no levanto la vista, continúo leyendo.

“-Gallina…-” leo.

-Gallina… cobarde-dice furioso el recién llegado.

El disparó sonó muy fuerte, y yo caigo al piso. Tendido en el suelo abro mis ojos. Veo la mesera todavía sin hacer nada, a los jóvenes enamorados todavía murmurando, y veo también como salen del local, los tres viejos amigos.

Cartas para Amanda

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — edurodriguez at 12:21 am on Martes, noviembre 24, 2009

Una vez más tuve que abrir el armario número tres de las cartas devueltas y colocar la última que me llegó, después de una semana que la había enviado.

Hace siete días se cumplieron dos meses desde que comencé a escribirle a Amanda. No entiendo cómo es que no sigue aquí a mi lado. Cada vez veo más vacía esta casa donde ahora vivo solo. La gallina que dejó olvidada está más flaca y el columpio sólo tiene vida cuando hay viento.

Mi familia, cuando me? visita, insiste en que abra las ventanas, pero yo prefiero escribir con la lámpara encendida, bajo la misma luz que alumbraba cualquier libro que ella ponía sobre sus piernas. Ellos, mi familia, hacen votaciones a cerca de mi estado mental y emocional, aunque eso no me importa mucho, y cual experto en investigación científica sólo respondo: “para mí es como hacer el amor por correspondencia, necesito algo de luz, no me interesa si es de día o de noche y sólo quiero pensar en ella”.

Al principio fue una carta cada hora, luego pensé que era poco y comencé a escribirle cada media hora. Al cabo de un mes, como ella no contestaba, pensé:” seguramente es muy poco lo que estoy haciendo. Ella –me dije- se aburre entre carta y carta y del disgusto ha decidido no contestar a ninguna de las mías”.

No hubo más remedio que esforzarme un poco (así se daría cuenta de cuánto la quiero), entonces empecé a escribirle cada diez minutos.

Sonó el timbre y pensé que era ella, o al menos una carta de respuesta. Abrí sonriente y con aire de triunfo, pero era el cartero con dos cajas llenas de cartas devueltas. No entendí, me quedé duro como una roca, miré las cartas y las metí en el armario número uno.

Redoblé el ritmo y logré escribir una carta cada tres minutos, y casi no dormí en las siguientes dos semanas, sólo quería contarle de mí y de mi vida paso a paso, pero hace una semana decidí no escribirle más. Llené casi tres armarios de dos puertas con cartas devueltas.

Esta última carta que me llegó devuelta, la de hace siete días, la estaba por guardar en una caja aparte, pero algo me llamó la atención: la dirección a la que había enviado las cartas, todas, no era la de ella, era la mía.

Ernesto la bufanda y un Elefante rosa.

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Nora Noemí Zeliz Pirillo at 2:37 am on Sábado, noviembre 14, 2009

Ernesto la bufanda y un Elefante rosa.

Y Pachabel te puso en mi camino, asombrándome
del canon que cambió por arte del reloj ,porque sí
Todo cambió; las medidas de mis dedos y mis ojos
se almendraron ,cuando descubrí a Ernesto saliendo
de una bufanda, era larga pero trasparentaba
era placenta y del cordón umbilical Ernesto me miraba.
Su tersa piel se sintió mojada.¡Claro flotaba en agua!
Con el tacto de los ciegos roce su suave piel; OH
Comprendo el limbo; era la cáscara de nuez, los gajos
de naranja que de pronto me hablaron en Francés.
Ernesto está naciendo hombre nuevo y no sabe si reír
o dejar que las lágrimas afloren. De pura emoción
mi mano hurgó en la bufanda y naciste desnudo para mí.
Tuve pánico de despertar de ese ensueño y que desaparecieras
¿Más,… no, estás…estás? Vístete de vida nueva, olvida las agujas del reloj
mide la fuerza de tus nuevas piernas ¡Nacidas para mí!
Ernesto deja que se marche el Elefante.
Portándose tu vieja sombra, lejos la llevó.
Con mi lupa interestelar y ayuda de Spook
conseguí que te volvieras hacia mí ,tú tan alto yo tan pequeña
Quise tomar entre mis manos deshilachadas una vieja chistera
tú me mirabas y oyéndome tararear el Canon ,saqué un
gran arco iris ,para ti .Sangraron mis manos sosteniendo ese
último rayo carmesí y de puntillas frente a ti saqué ese eterno
ramo de rosas ,rosas rojas ,casi negras y mi geografía se desvaneció.
Te di tiempo para el recuerdo y huí silenciosa detrás del Elefante rosa-

sueño ..

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Ursus at 10:20 pm on Miércoles, noviembre 11, 2009

Soy Marco,

un travesti de 39 años, candidato a la Alcaldía de Canas. Si la suerte me acompaña, mañana por la mañana seré el nuevo Alcalde. Las votaciones en sí no me quitan el sueño, pero el sueño que ? tuve anoche, lo recordé mientras leía este libro, que con sus lindo dibujos me llevó de nuevo a esa escena que ocurre en la plaza, todos aplauden felices, exacerbados, muy demostrativos de su conformidad con los resultados de estas elecciones.

Sin embargo en cuanto mencionan mi nombre en el estrado, la que aparece es una enorme gallina con tacos azules muy lustrosos y ruidosos, ésa, era yo.? Mi familia se reía de mí al igual que ? todos los que ? me señalaban.

Decían a vivas voces todo lo que querían , todo lo que deseaban, todo sus pedidos lanzados en gritos como si yo fuese un ánfora de deseos.

Todos se sentían con el derecho de pedir, mejores condiciones, mejores trabajos, no sólo maquinarias pedían los campesinos, ellos querían más… y cuanto más pedían… más gallina me volvía yo.

Me había elegido un pueblo inconsciente, un pueblo ingenuo y marchito, que se había acostumbrado a las migajas de sus Alcaldes, a las miserias y con ella a la ceguera total de sus espíritus. Creían que Marco el travesti, estando de Alcalde, sería como manipular una marioneta… pero yo no tenía intenciones de mecer como en un columpio al pueblo, a ese pueblo que en lugar de pedir herramientas y aprender a arar la tierra, pedían la solución de sus problemas.

En ese momento de “claridad”, estando frente a todos ellos convertido en una gallina se acercó un niño pequeño al que estoy seguro casi nadie vio.Me dijo, no soy experto en la materia sr, de hecho sólo tengo 10 años, pero si yo fuera ud, y pudiera cumplir un sólo deseo, sólo pediría desaparecer de este pueblo que va camino a la desgracia… es mejor sembrar sobre tierra fecunda, que sobre tierra infértil; a la vez que extendía su mano y en ella una pequeña lámpara que al frotarla desperté pensando si ? no sería más bien un desperdicio de mi vida haber venido a este pueblo tan lejano, a ocultarme de lo que soy , a hundirme en la desgracia de esta ignorancia por falta de valor…

Valiente

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Gunaro at 7:52 pm on Lunes, noviembre 9, 2009

El jardín de la casona tenía fama de estar encantado, se decía que un duende maligno, presidía una legión de gnomos burlones y crueles. A pesar de ello o más bién como un reto, es que? los amigos decidieron pasar la noche en el lugar.

Sin saber cómo, los juegos terminaron en una apuesta: había que leer un relato de terror en medio del jardín, ? sin mas compañía que la propia sombra.

No eran más de las diez de la noche, bajo una lámpara cuya ? débil luz apenas alcanzaba a definir las letras y palabras,? Leticia? se esforzaba en concluir? de leer aquel relato que tanto le atemorizaba.?

Sus compañeros del grupo en consecutivas votaciones la habían? elegido como? la más valiente; aunque para sus adentros ella se consideraba? cobarde como una gallina (con el perdón de las gallinas).

Su padre, experto en estimular las virtudes infantiles, le había creado? su fama de ? valiente.? Recordó aquel? dia en que? obedeciendo a sus ruegos, él la mecía en aquel columpio; ? hasta que, en un descuido salió disparada ? como una roca en un alud, para aterrizar por suerte en un arbusto.

Dolió, pero no soltó una sola lágrima, alli surgió su ? fama? que ahora maldecía.?

Un súbito ¡crac! y no? aguantó más, el crujir de una rama fué suficiente para hacerla saltar? y botar, junto con el libro, su fama de valiente.

“Es lo mejor para la familia”

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Quioreng at 4:28 pm on Lunes, noviembre 9, 2009

Sabes árbol hoy hemos tenido votaciones en casa, y me han ganado 2 a 1. Mi padre se ha convertido en un experto aguafiestas y dice que nos tenemos que ir de aquí. Yo no lo entiendo, si somos felices. Yo soy feliz, puedo verte cada día y jugar con mi columpio color azul. Todavía me acuerdo el día que lo puso papá,? cuando todavía me leía un libro por las noches y jugaba conmigo a la gallina ciega. Mamá normalmente me defiende y no se deja asustar, es una roca, pero esta vez se ha puesto de su parte. Ayer cuando vino a apagar la lámpara de mi habitación,? me hice la dormida porque estaba muy enfadada, y dijo la frase fatal. “Mi niña tu no lo entiendes pero es lo mejor para la familia”.

Las historias de mi abuelita

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — JenFox at 4:01 pm on Lunes, noviembre 9, 2009

Era de noche y caminábamos por un bosque en Suecia algunos con unas linternas y mi tía Günvor decidió llevar una antigua lámpara de kerosene esas que usaban mis tatarabuelos a quien nunca conocí. Era lindo salir a recorrer el bosque con toda la familia recordando aquellos cuentos que mi abuela alguna vez nos contó y seguramente alguien había leído en algún libro y ella lo recordaba y nos lo contaba, obviamente añadiendo algo y dándole aún una mayor entonación y dejándonos a todos con las ganas de conocer a esos maravillosos gnomos, cuantos recuerdos vienen a mi mente, cuantas historias maravillosas, cuantos cuadros en la pared tenia mi abuela donde se repetían esas maravillosas y traviesas criaturas…

Siempre soñamos con estar en el bosque y encontrarnos con alguno de ellos como le sucedió a ella, cuando fue a Suecia. Ella nos contaba que un día se encontraba en el jardín de la casa, meciéndose en el columpio que había hecho mi abuelo para ella, y que de pronto vio un hombrecillo salir corriendo y ella quiso perseguirlo. Corrió y corrió atrás de el, vio cuando el se escondió de una manera increíble debajo de una roca, ella comentaba que nunca supo como ese hombrecillo podía tener tanta fuerza ya que ella con veinte años no podía siquiera soñar con levantar la roca.

Otro día ella volvió a ir a la finca de unos amigos y ahí de pronto y de la nada vio como las gallinas salieron espantadas del corral y ella nuevamente vio al hombrecillo que le hacia con la mano que lo siguiera, quería mostrarle un mundo hermoso que ella no conocía un mundo de maravillas, de fantasía. El en esas le mostró caminos que ella ni siquiera sabían podía existir era increíble como el le contaba como se había vuelto un experto caminando por todos los rincones sin que nadie lo pudiera encontrar ya que la gente como nosotros llegamos a ser un peligro para ellos.

Al rato llegaron donde estaban todos los gnomos y ellos se enfurecieron al ver una persona normal entre ellos y le dijeron al gnomo que merecía un castigo, llamaron a votación y lo castigaron sin poder salir a pasear o hacer sus travesuras por cinco años. De pronto ella sintió las lagrimas correr por sus mejillas pensando, si no fuese por haber venido con el, nada hubiera sucedido. De pronto despertó y estaba acostada en su cama con lagrimas en los ojos, todo había sido un hermoso sueño.

La biblioteca de la mansión Button.

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Yyrkoon at 3:23 pm on Lunes, noviembre 9, 2009

La luz de la lámpara parpadeaba insistentemente con clara intención de apagarse para siempre, esto dejaba en la habitación en una tétrica penumbra. Las cortinas danzaban al son del gélido viento que se colaba por la rendija de la ventana ululando con la suavidad de la muerte.

Jules avanzó en la oscuridad y el silencio, este último sólo roto por los crujidos tenues de los tablones carcomidos de la vieja casa de la familia Button. Su rastro quedaba marcado en el polvo del suelo que llevaba allí tanto tiempo como la más vieja de las almas del cementerio exterior.

Siempre se había considerado un hombre valiente y escéptico, sin embargo había algo en aquella casa que le ponía la piel de gallina. Conocía bien las historias que corrían sobre aquella mansión, y como experto tasador debía comprobar su veracidad antes de ponerla en venta, más si cabe teniendo en cuenta que su próximo propietario sería el nuevo alcalde, elegido en las votaciones más corruptas conocidas en aquel nórdico pueblo. Se decía que votaron hasta los muertos.

Nada más poner el pie en la habitación la vieja bombilla dio su último estertor y quedó en la sombra para no volver a iluminar jamás. Jules se acercó a la ventana dejando que sus dedos rozasen las antiguas estanterías de la biblioteca, sintiendo su ruda textura plagada de astillas y empapándose de la sabiduría que emanaban, la sabiduría de una eternidad, la sabiduría que contenía más de una vida impresa en centenarias hojas de papel.

Retiró las cortinas y dejó que se filtrase la luz de la luna mansamente entre los ennegrecidos cristales. Cerró bien la ventana y el silencio que cayó sobre él al cesar el ruido del viento le hizo estremecer. De pronto, cuando ya volvía a su cuarto, escuchó un fuerte chirrido en el exterior. Se acercó a la ventana raudamente, pero sólo vio un viejo y oxidado columpio meciéndose furiosamente al son del viento, por unos segundos se encontró hipnotizado observando el columpio y las lúgubres lápidas tras él, observando la noche tras el velo de suciedad del ventanal.

Una roca como un puño le sacó de sus meditaciones, rompió la ventana y le golpeó en la sien. Jules trastabilló varios pasos hacia atrás chocando estrepitosamente contra las ciclópeas estanterías y fue de bruces al suelo, tras él, precipitado por el impacto, un libro cayó aparatosamente sobre su mano. Presto sacó su linterna y alumbró el tomo, “La mansión de los Button”. Había leído escasas tres páginas cuando se dio cuenta que aquel mamotreto contenía la sabiduría de más de una vida impresa en centenarias hojas de papel, contenía mucho más que una vida, contenía su vida. Jules no era más que un libro que antaño quedó cerrado.

MI NOMBRE ES…

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — NADDIA at 11:15 pm on Domingo, noviembre 8, 2009

<Mi nombre es Bond, James Bond> Jaime ensayaba divertido el papel que le había tocado en la obra. Le relajaba hacer teatro representando su propia profesión sin que nadie supiera en realidad a qué se dedicaba. <Mi nombre es Bond, James Bond> decía con el cuello de la gabardina subido hasta los ojos y daría el pego de no ser por la estatura. Su 1,65 no lo hacía el típico galán y a veces se ponía plataformas como algún presidente europeo. Las canas habían sido un acierto aunque en realidad se las había puesto para infiltrarse en el Club de Expertos contratado por la mujer del Presidente.

– ¿Expertos en qué, perdón?

– Experto es experto ¿tiene algún problema para manejar el idioma? – Aquella mujer no hacía concesiones.

-? ? ? ? ? ? ? ? No señora. Y dígame ¿qué tipo de problemas tiene el Club de Expertos?

-? ? ? ? ? ? ? ? El Club mismo es el problema. Mi deseo es que investigue sus cuentas. Además, mi marido intenta asesinarme – dijo sin alterar la voz – Sería conveniente que aparentara usted más años…

? Se tiñó las canas. El siguiente encuentro fue en el jardín de la Presidenta que sentada en un sofá – columpio acariciaba a su yorkshire.

-? ? ? ? ? ? ? ? Pase, pase. Lo llamé para decirle que vendrá conmigo a la cena. Allí le presentaré a los miembros del Club.

-? ? ? ? ? ? ? ? Por lo que he averiguado, tiene ustedes cuentas en Mónaco, quizás tenga que visitar la Roca… ¿Es necesario que asista a esa cena?

No tenía ningún traje de ceremonia. Pensó en la americana informal de los eventos. Con vaqueros. Quizás no fuera lo más adecuado para las votaciones de primera y segunda vuelta en aquel club, pero ya había comprendido que iba a ser difícil sacarle mucho dinero a aquella mujer guapa, pero con cara de morosa.

Había previsto ciertos cambios estructurales y además de teñir el pelo se había bronceado en la lámpara uva. Recordó a su madre <Hijo mío, ya que no eres alto, al menos deberías ser ancho> Esto había ocurrido en plena adolescencia y así fue como Jaime comenzó a hacer pesas y a cuidarse intentando no decepcionar a su madre que creía que ? su hijo jamás tendría Libro de Familia propio. Aunque la mayor parte de las veces no tomaba caviar sino sopa Gallina Blanca, no podía quejarse, no le había ido tan mal. <Mi nombre es Bond, James Bond> <Mi nombre es Pons, Jaime Pons>

Príapo

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Carminacd at 7:30 pm on Domingo, noviembre 8, 2009

Odisseo usaba su dialéctica barata, sus versos, su rima de libro viejo para remolcar. En el mundo de los foros literarios había mucha gallina con complejo de inferioridad o sola, más sola que Papá Noel en el October Fest, dispuesta y dichosa de caer entre sus estrofas, y por qué no entre sus sábanas de experto amador. Cuando se aburría de balancearse siempre en el mismo columpio, cambiaba a otro parque y encontraba uno disponible donde divertirse. A cierta hora de la noche solo debía encender la lámpara del escritorio, el ordenador y dedicarse a responder dulces mensajes de amas de casa aspirantes poetas, decepcionadas por la rutina y aburridas de sus esposos y su familia o e-mails de solteronas aburridas de tener por compañía sólo gatos pelados. Se sentía cada vez más orgulloso gracias a sus poemas ya que cuando publicaba uno subían en un momento las votaciones y se encontraba siempre entre los primeros puestos catapultado por las preferencias de tanta gallinita suelta. Se le fueron acumulando, sin ni siquiera darse cuenta, una considerable cantidad de ex amantes, amantes virtuales y amigas que fundaron su club de fanáticas y comenzaron un complot para encastrarlo. Una tarde, al volver del trabajo, se encontró en la puerta de su casa, sentadas sobre la baranda y sobre los escalones del pórtico a diez mujeres que reconocía habían pasado por su cama o su pantalla. Cada una traía y había colocado meticulosamente en algún rincón, su bagaje; algunas maletas, canarios, gatos y cachorros que ya giraban por el jardín como si fuera su casa.

El Gran escritor

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — MiguelR at 7:22 pm on Domingo, noviembre 8, 2009

Juan Diadesi? Crecía al sur de la provincia de buenos aires en 1878, mientras jugaba en el columpio detrás de la casa familiar y almacén polirubro de pueblo, vio pasar a los soldados de Julio Roca, que liberarían el sur del continente. Aún no se votaba libremente, pero el ya cultivaba su imaginación en el sillón de su padre bajo una lámpara verde de pie alto. Entro en su adolescencia y en el sueño de escribir un libro cuando volvió a ver a esos soldados de azul marino y pantalones rojos, en esos años ? vio como arrastraban cuerpos y sumaban orejas a su colección, así surgió su primera novela corta. Hacia el final de su vida en la que se convirtió en un experto escritor con varios premios en su haber, recuerda como fue que tomo la fuerza necesaria para alejarse de la familia y educarse en la capital: “Una tarde regresaron algunos soldados al mando de Hilario Lagos, en el pueblo, ya casi no quedaban provisiones, algunos vegetales y una gallina quedaba en mi hogar, bien salpimentada, marco el fin de ellos. Murieron envenenados y al día siguiente tuve que irme del pueblo”.

Iratxo Papelypluma

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Naiara at 1:59 pm on Domingo, noviembre 8, 2009

Fue una de estas noches en las que Iratxo salía a escribir sin que nadie le viera. Cogió su lámpara de aceite y bajó hasta el jardín con mucho sigilo para que nadie de la familia se despertara. Era una familia grande, más bien una comunidad, con sus propias normas, y una de ellas era no salir de madrugada, eso lo podía llevar bien, pero la norma de no escribir y de no leer ningún libro, esa norma era incomprensible para el muchachito.

Se sentó en un columpio del jardín con su lámpara y su libreta y se puso a escribir sobre el otro mundo, él quería vivir en ese otro mundo donde las costumbres eran diferentes y te permitían escribir y leer. De pronto, la cadena del columpio se rompió y se oyó un gran estruendo que alertó al patriarca de la comunidad.

Las normas de la casona eran ancestrales y muy rígidas. El muchachito iba a ser castigado severamente. En los juicios de la familia siempre declaraba el anciano, experto? en detectar mentiras. El ritual para saber si alguien mentía consistía en arrancarle la cabeza a una gallina y si el cuerpo de la gallina daba vueltas en círculo significaba que estaba diciendo la verdad, si salía corriendo en línea recta delataba al mentiroso y si moría al instante es que esa persona había dicho una mentira piadosa con el corazón limpio.

No era una técnica muy fiable para Iratxo, pero para la comunidad sí lo era. Iratxo había dicho la verdad, porque sabía que mentir al patriarca era peor que desobedecerle. La gallina (o el cuerpo de ella mejor dicho) comenzó a andar en círculo, luego recto, luego pegó un salto y cayó fulminada.

Toda la comunidad quedó estupefacta, menos el anciano, que con gesto solemne dijo: “habrá que someterlo a votación”. Tan simple como eso. Así que votaron sobre si Iratxo mentía o no, sobre la gravedad de su desobediencia y el peligro que podía causar a la familia, sobre el castigo ejemplar que debían imponerle…

Las votaciones dictaron sentencia e Iratxo fue condenado a vivir fuera de la casona, dentro de un agujero que había en una roca del jardín. Ni tan mal. Feliz de la vida, Iratxo cogió su lámpara y su cuaderno y se refugió en su roca que lejos de ser su cárcel se convirtió en su verdadero hogar.

La verdad

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — atman at 5:15 pm on Sábado, noviembre 7, 2009

El lápiz de la verdad yacía sobre la mesa deseoso de una mano que lo sostuviese. El libro a su lado, laxo y dormido –había nacido como cuaderno, pero a fuerza de ser ocupado alcanzó la máxima categoría de libro- parecía sin vida.

La habitación permanecía en absoluto silencio, y sólo una pequeña lámpara luchaba contra las sombras.

El lápiz ansiaba una mano, izquierda o derecha, no importaba demasiado, aunque prefería la izquierda por su leve inclinación hacia ese ángulo del planeta, pero su misión se veía truncada sin ella. Llamó al libro, pero éste no acusó oírlo.

-? ? ? ¿Que te pasa? ¿acaso ya no tienes páginas para mi?. ¿ya estás pleno, satisfecho?

Lo gritó con tal fuerza que al pobre cuaderno no le quedó más remedio…

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Siempre habrá un espacio para ti, amigo, ¿pero es que no se puede dormir un poco?

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Estoy ansioso…

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Claro, si no se nota hombre…

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Sabes que no puedo hacer otra cosa que dibujar la verdad y tu has sido un maravilloso lugar donde hacerlo, pero desde que el fulano se ha cansado….

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Pero si me mostró hasta el agotamiento y nadie más quiere verme…

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Ábrete y veremos…

El cuaderno-libro hizo un ingente esfuerzo para levantar la tapa de roca y quedar expuesto en una página aún en blanco.

El lápiz no podía en sí de alegría. -Le vamos a dar una lección al gordito, ya va a ver-decía.

Se balanceó sobre su punta como en un columpio, hasta lograr el equilibrio necesario.

Monto al cuaderno y comenzó a moverse como un verdadero experto sobre el papel.

-Espera un poco, pidió el cuaderno, me duele tanto trazo fuerte. Además quisiera saber que dibujas.

-La verdad de nuestro dueño: una gallina. El creía que sería admirado, querido, por dibujar la verdad, y cuando no fue así renunció, nos condenó al ostracismo, a la oscuridad. ¿quién quiere saber la verdad? A nadie le gusta la verdad. Pero alguien debe mostrarla, decirla… y si él anda llorando por los rincones, nuestro deber es mostrarle quienes somos. Nó meros instrumentos de su mano, somos servidores de un creador superior. Y él? corococo, corococo; no es más que una gallina temerosa por no ser querida y aplaudida…. No merece el don…

– Bueno, bueno, que somos de la familia, a mi no me escribas en ese tono…

-Está bien, si no quieres una gallina, llevémoslo a votaciones.

-Pero si somos dos…

Se abrió la puerta del cuarto e hicieron silencio, salvo por el lápiz que golpeó con toda su humanidad? la mesa al caer.

El joven se les acercó y no podía dar crédito a sus ojos: media gallina lo observaba desde el cuaderno batiendo un ala y unas letras sueltas:? CO? A? D E… ? ?

Sacudió la cabeza,? frunció el ceño y ? le nació una punzada de dolor desde lo más hondo, porque no podía ignorar, que fuere lo que fuese, era la VERDAD.

Como si fuera un secreto

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — SILVIA SOLIS CAMACHO at 2:04 am on Sábado, noviembre 7, 2009

Por supuesto que tuviste que encender la lámpara para espantar el incontrolable miedo que parece acompañarte a todas partes. Un miedo indescriptible que te hace temblar como una gallina en noche de lluvia.

El temor hizo graves estragos a tu infancia; por eso, el único refugio que encontrabas a tu alcance era mecerte en el columpio del patio de la casa de la abuela.? La única mujer inteligente de la familia.

Ella siempre te contaba la misma historia. Decía haber sido Soldadera de la Revolución Mexicana? y “la favorita” de los Generales más importantes de la época.? ? Haber participado en muchas batallas y? de poder disparar cualquier tipo de arma como todo ? un experto y hasta hubiera ganado la Presidencia, si la hubieran dejado participar en las votaciones.

Entonces te sentías intimidado por el valor de una mujer de esos tiempos, cuando las féminas no tenían siquiera Derecho a sufragar por sí mismas.

? Te preguntabas por qué no te parecías un poco a ella, por qué los Dioses no pusieron en tu pecho una dura roca en vez de esta esponja que retiene todo pero no suelta nada y hasta ha dejado el control de su vida a su madre? o al tío que hizo las veces de un padre ausente.

Pero tu inagotable pavor no parecía tener límites y permitiste que otros decidieran la carrera que debías ejercer mientras que tú mayor deseo, sólo era poder escribir un libro. Te? ha atormentado? pensar que todo en la vida pudiera ser? sólo cocer, cantar o escribir. Vuelves a sentir? un temor? paralizante.?

Resignado vuelves a la realidad y al ? terminar? un? día igual que otros muchos días, ? cuelgas el miedo? junto a la ropa, en la oscuridad del closet.

Cita en el Orient Express

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — sblach at 11:20 pm on Viernes, noviembre 6, 2009

Un suspiro se escapó de su boca, su mirada perdida entre la masa de personas que invadían el andén miraba el pasado, su corazón latía acelerado. Tras el cristal la gente se apresuraba arrastrando su equipaje para subir, el último aviso para el Venice Simplon- Orient Express con destino Paris se oía hasta en la más apartada esquina de la estación de Santa Lucia.

Ya estaba, lo había hecho. De pronto el tren se pone en marcha, instintivamente mira el andén donde solo quedaban los operarios, contiene la respiración,? su mirada busca la puerta que da acceso a la estación, donde una familia da la bienvenida a un de sus miembros. Un hombre sale apresurado hacia el andén y corre tras el tren, ante la imposibilidad se detiene, de su figura ya lejana solo? se dibuja el abrigo y el sombrero.

Después de unos minutos sin respirar con la espalda pegada al sillón y mirando la pared del compartimento, su cuerpo comenzó a relajarse y revivió el color de sus mejillas, el bolso que sujetaba con fuerza por la tensión se cae al suelo. El paisaje comenzaba a dejar de ser urbanita, atrás quedaban los parques con los columpios solitarios, la periferia de paredes empapeladas de carteles de las pasadas votaciones electorales. La perspectiva del horizonte se había ampliado, el cielo era de un color fuego a causa del atardecer.

Encendió la lámpara, abrió la maleta y de su interior sacó un libro,? un manojo de cartas y un portafolios. Se puso las gafas y comenzó a leer una postal cuyo paisaje era una colina verde en la que había unas rocas colocadas circularmente.

Orient Express

Venecia-París

27 de Noviembre

Suenan golpes en la puerta, le sigue una voz de hombre.

– Buenas noches, disculpe le comunico que la cena se servirá en media hora en cualquiera de nuestros vagones- restaurantes. También decirle que no es obligatorio ir de gala pero si aconsejable.

– Muchas gracias.

– Que lo disfrute, buenas noches.

– Buenas noches.

Todo en el tren recordaba a épocas pasadas, los vagones continúan conservando los colores azul y dorado, la decoración exquisitamente escogida y el protocolo del servicio. Sabía todo eso y le gustaba,? sabía que él? había escogido este tren por eso.

Llegó al vagón-restaurante, la acomodaron junto a la ventana, y le ofrecieron el menú. Sabía que él se encontraba en él tren y lo buscaba en cada hombre. Llegó el camarero.

– Que va ha tomar la señora.

– Disculpe, ¿Qué es fertile di un dibatitto?

– Caldo de gallina, señora.

– Creo que en principio me tomaré una copa de vino, a su elección, seguro que es un experto.

Se abre la puerta que da al vagón piano-bar, sonaba “My one and only love”. Cogió su copa y se dirigió allí como hipnotizada, allí estaba él tras el humo de un cigarrillo.

tristeza

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Rosa Marina Campos at 7:47 pm on Viernes, noviembre 6, 2009

Octavio. La noche que te fuiste,no pude dormir. No podía apartar mi pensamiento, y encendí la lámpara, aunque sabia que a mi familia no le parecía, decía que era un experto en engañar a las mujeres eso la deprimía y se puso a leer un libro. A veces me arrepiento de haberte conocido, tenia que haber puesto mi corazón como una roca y no lo hice pero no puedo olvidarte y eso me pone la piel de gallina y para no pensar en ti me fui al parque ,a mecerme a un columpio y ese día como casualidad se habían realizado las votaciones municipales para elegir al alcalde del pueblo ,y eso me entretuvo y por un instante me olvide que existías, aveces me arrepiento de haberte conocido aquella ,mañana, porque me duele demasiado ;sino me hubieras mirado…sino me hubieras sonreído …no estuviera en esta situación

Darío En Lisboa

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Sofia Moreno at 1:29 pm on Viernes, noviembre 6, 2009

Darío se despierta y no sabe donde está. Aún no ha abierto los ojos. Piensa:
“?La pared estaba a izquierda o derecha? No seas gallina, hombre, atrévete a mirar.”

Se atreve por fin y levanta el párpado derecho. El izquierdo por ahora se ha quedado pegado. Ya está. Ya se han abierto los dos. Ve una ventana amplia y una enorme? lámpara de latón dorado. “Esto no es mi casa. !Ah! Claro, estoy de viaje. Esto es un hotel, seguro. Mi casa es más pequena. Además, aquí no hay un solo libro y en mi casa sí, los hay a montones.”

Se levanta y va recordando un poco. Se le acerca una mujer de su edad, en camisón. Supone que es de su familia. Parece fuerte y sólida como una roca.

“Vamos, carino. El especialista nos espera a las 10. No debemos llegar tarde.”

No parece mala persona esta mujer. Se ducha, se viste, bajan juntos a desayunar y luego suben a un taxi.? De camino, por la ventana, ve a unos ninos riendo en un columpio, arriba y abajo, arriba y abajo.? En una tapia hay carteles con fotos de grandes cabezas y tres letras incomprensibles debajo.? En un semáforo rojo le da tiempo a leer la letra pequena que entiende así? 😕 “No deje de acudir a las votaciones, domingo 13 en su colegio electoral”. ?Votaciones? ?Elecciones? ?Desde cuándo hay elecciones este ano? ?Ha caído el gobierno antes de tiempo? No entiende nada, esto no le cuadra.

Finalmente, se sientan los dos ante una puerta cerrada, al final de un pasillo ciego. Darío traduce fácilmente el rótulo en la puerta, que está escrito en portugués : Neurología, Dr. Gonçalvez, especialista en Enfermedad de Alzheimer. Está claro que debe ser un experto reconocido en su campo.

Darío se pregunta quién será el paciente : él o esta amable mujer.

(fin del tercer ejercicio)

CASA – PIEDRA

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — keymo at 6:37 am on Viernes, noviembre 6, 2009

?

El, estaba sentado debajo de la lámpara del living, de la casa de siempre, mirando entusiasmado a uno de los? nietos que le dió la vida; meciendose en el columpio (realizado por el mismo), y a su compañera eterna, sentada sobre la gran piedra que le dio nombre a la casa. “Casa-Piedra”, raro dificil, como el.
Pero no es solo por eso el nombre, piensa…mientras saca sus gafas para secar esa revelde lágrima que moja el libro que esta leyendo, y al mismo tiempo comienza a sentir ese aroma único, agradable a puchero de gallina, realizado por un experto, que burlonamente se escapa desde la cocina llenando toda la casa.
Vuelve la mirada y ya entran, quisas llamados por el aroma, quisas por cansancio del niño.
Se saca las gafas nuevamente, ya las lágrimas afloran sin pedir permiso, conviertiendose en un solloso callado, cerrado, y el pensamiento vuela y vuela y se hace presente la realidad. Por que ahora, ahora que tengo todo lo por lo que luche tantos años, ahora justo ahora, que logre unir la familia, despues de tanto sufrir, ahora justo ahora, gané las votaciones.

INVENTEMOS UNA VIDA

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Beny at 5:55 am on Viernes, noviembre 6, 2009

Ella, asidua como es a disfrutar un buen café no resiste el aroma y se sienta a degustar esta aromática bebida. Distante y envuelta en sus propios pensamientos después de la cita de cada tercer día con el siquiatra, fue sorprendida y de la sorpresa paso al juego de convertirse en quien le iba indicando su interlocutor.

El ambiente y todo lo que estaba en rededor fueron determinantes para que quien se sintiera un hábil conquistador y experto en mujeres fuera hilvanando la telaraña de mentiras en las que solo él quedaría envuelto.

Por casualidad ella llevaba dos libros de química avanzada encargados por su hija, coincidentemente el siquiatra le prestó el libro del “Alquimista”, pero aun no leía ni siquiera la introducción.

Cuando fue abordada por el tipo, este con mucha seguridad le hablo de sus actividades, relacionándolas naturalmente con la literatura que estaban a la vista, ante lo expresado por el acompañante imprevisto, supuso que ella leía concentrada el libro del “Alquimista”, pero la débil luz de la lámpara y la sesión de siquiatría la tenían en otros campos del pensamiento.

Su mente ubicada en sus años de infancia, su recuerdo del columpio que su padre fue amoldando a su gusto poco a poco hasta que quedo totalmente de su agrado, pero que ya jamás pudo volver a usar, los recuerdos buenos y muy malos de este juguete la han seguido durante toda su vida, se vio, ahí parada frente a la silla del columpio con su gallina de fieltro que utilizaba como alcancía, donde más que monedas guardo en ella miles de sueños y toda la imaginación que una niña puede tener.

Bine respondió cuando pregunto su nombre, esa fue la primer mentira tal vez en venganza por haberla sacado de sus mundo interno.

Dejo divagar al sujeto nunca lo interrumpió y asintió lo que él pensaba, nunca ella hablo de su familia toda la plática fue alrededor de la persona que se estaba diseñando en ese momento, por un instante ella recordó que se aproximaban las votaciones y las encuestas estériles que las acompañan por lo cual se le ocurrió a ella preguntar ¿Me consideras Rica? Ahora el sorprendido fue el hombre quien no supo que contestar, impávido como una roca se quedo sentado en su silla mientras ella se alejo del café.

¡Tal vez sea mi próxima víctima! pensó.

TRISTEZA

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Rosa Marina Campos at 11:20 pm on Jueves, noviembre 5, 2009

Octavio. La noche que te fuiste,no pude dormir. No podía apartar mi pensamiento, y encendí la lámpara, aunque sabia que a mi familia no le parecía, decía que era un experto en engañar a las mujeres eso la deprimía y se puso a leer un libro. A veces me arrepiento de haberte conocido, tenia que haber puesto mi corazón como una roca y no lo hice pero no puedo olvidarte y eso me pone la piel de gallina y para no pensar en ti me fui al parque ,a mecerme a un columpio y ese día como casualidad se habían realizado las votaciones municipales para elegir al alcalde del pueblo y eso me entretuvo y por un instante me olvide que existías, veces me arrepiento de haberte conocido aquella ,mañana, porque me duele demasiado ;sino me hubieras mirado…sino me hubieras sonreído …no estuviera en esta situación.

Bibliotecaria

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — ivalopano at 11:20 pm on Jueves, noviembre 5, 2009

La mañana es gris, con presagio de lluvia.

Camina en silencio por la biblioteca ordenando libros. Parece que hoy todos corresponden a los anaqueles más alejados. ¡Uf! Ya no quiere subir y bajar continuamente. No obstante, esos estantes colmados de historias, tienen un encanto especial. Le traen invariablemente, el recuerdo de su abuelo Pedro, quien era experto geólogo.

En cada oportunidad que tenía le mostraba alguna roca, le explicaba su origen, la razón del aspecto que presentaba; si era volcánica, su relato trataba de volcanes y sismos; sobre las eras geológicas y esas cosas.

A veces, se trataba de una fruta petrificada. Esto daba lugar a una interesante charla sobre la petrificación. Sus historias encerraban miles de años. Cada tema traía algo nuevo que se quedaba en ella para siempre.

Fue quien le regaló su primer libro de cuentos. Quien a través de fábulas y leyendas fue inculcándole el gusto por la lectura

Sentado junto a la lámpara cuya pantalla trabajada al crochet, era motivo de orgullo para su abuela, leía lento y gesticulando, animando cada personaje. Esto, unido a las hermosas imágenes coloridas, hacía de cualquier historia, por simple que fuera, una verdadera joya, inolvidable en su imaginación.

Cuando llegaban las elecciones, los mayores acudían a los distintos centros electorales. Ese día era maravilloso. Se quedaba sola en la casa, disfrutaba del silencio. Entonces, subida en la escalera, buscaba un libro en los anaqueles más altos, al azar. Todos eran hermosos.

Las votaciones eran una excelente excusa para reunir a la familia. La casa se llenaba de ruidos, música, conversaciones y risas; la vajilla en la cocina era más brillante. Cuando todos regresaban muy animados y ruidosos, ella se retiraba. Sentada en el columpio, en el patio, soñaba con las vacaciones.

Prefería ir a la granja de los abuelos. Allí había un gran corral. La abuela Elena, le contaba sobre los habitantes del gallinero. “Esa gallina de plumaje negro, se llama Negrita, aquella, la que tiene un copete, se llama Coqueta, la otra, la que tiene las patas emplumadas, se llama Doña Coca.” De esta manera, cada integrante del corral, tenía su “personalidad”, un toque especial, una cercanía diferente, estaban “humanizados”.

El golpe de la puerta que se cierra bruscamente, la trae a la realidad. Se ha desatado la tormenta y el viento arrecia. Baja de la escalera. Rápidamente, pasa el cerrojo en las ventanas. Afuera llueve copiosamente.

El Gran desastre…

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Raul Hernandez at 7:56 pm on Jueves, noviembre 5, 2009

Había mucho ruido alrededor, las sirenas sonaban y los bomberos iban de una zona a la otra tratando de controlar el fuego. Este se había propagado más de lo que las autoridades habían pronosticado y la ayuda inmediata no había sido suficiente. Se necesitaban de más recursos y de gente preparada para estos percances. Nadie sabía como se había iniciado este gran desastre. La situación era crítica y no se tenía agua potable suficiente, los lugares de asistencia también estaban repletos. Las llamas salían peligrosamente todavía en algunos sitios y no había forma de llegar ahí, sin un equipo especializado. El lugar más dañado fue la biblioteca, casi se había extinguido por completo. Entre los escombros y con la ayuda de mi lámpara, pude distinguir la pasta de un libro sobre votaciones, era el tema preferido con el que mi esposa y yo solíamos discutir y que finalmente nos llevó a la separación. Teníamos una linda familia, solo que ninguno de los dos disponía del tiempo suficiente para estar con los niños y de mirarnos al espejo de nuestro interior, reconociendo que nada metálico nos vamos a llevar cuando muramos. El autor del manuscrito era de don Felipe Gallina, un experto en temas religiosos y célebre escritor. El sostenía que tenía el sistema perfecto para hacer de las nuevas elecciones, un escrutinio honesto y efectivo. En la parte de atrás del edificio y en un rincón, estaba el viejo columpio en el que mi hijo se pasaba las horas leyendo. ¿Siempre me pregunté? Cómo podía leer, manteniéndose en movimiento. En la parte de enfrente ya no quedaba tan visible el nombre del insigne poeta Carlos Prado, el cual se había grabado en una placa de mármol y resaltado con efectos especiales de una roca rara, que habían traido de una región de Brasil de donde Prado era originario. Nunca me pareció que hubieran invertido tanto dinero en una placa conmemorativa, aún cuando quien lo pagaba era el mismo poeta. Ese dinero podía haberse utilizado en muchas otras obras de servicios, como el de mejoras en el sistema contra incendio, por ejemplo.

¡Calla, bataraza!

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — albino at 2:08 pm on Jueves, noviembre 5, 2009

Cuchilla en mano, entró cauteloso empujando la verja. El mango rebelde se resbalaba y lo presionaba de nuevo. Seguía transpirando.
La noche húmeda pesaba, el pastizal y los arbustos de los alrededores despedían su oxígeno denso y fantasmal.
Casi a ciegas dio algunos pasos en la tierra suelta hasta que palpó la pared del galpón, la sintió fría, áspera y la acompañó lento con su mano mirando hacia atrás, ocultando la faca y su cara.
Se arrimó hasta la entrada, se agachó y encendió la lámpara de queroseno con unos cerillos que llevaba en su bolsillo.
Las aves se inquietaron, apresurado, con signos de ira miró hasta dar con esa gallina, la preferida de su hermano; regordeta, de plumas grises y cresta reducida.
Experto y decidido la tomó del cogote y la degolló de sopetón. Se percató del olor a excremento que había allí dentro, en ese gallinero, y la sangre tibia corría por su muñeca.
Vacilando y torpe enfundó el cuchillo y caminó con cautela hasta llegar al jardín donde las luces del caserón iluminaban lo suficiente y necesario. El cuerpo iba colgando de su mano,? sujeto de las patas.
Acalorado caminó algunos pasos más y se detuvo debajo de un nogal dónde en una de las ramas mas gruesas colgaba un columpio, sobre el listón sentó a la gallina decapitada repleta de estelas rojas distribuidas por todo el plumaje cuidando que no se cayera.
Sólo restaba volver a la casa sin levantar sospecha y previo a eso lavó sus manos con asiduidad en una canaleta con agua que cruza todo el parque hasta el gallinero.
La suerte lo acompañó, la familia entera miraba embobada un programa de divertimentos y juegos donde el público hacía votaciones, muy en boga por esos días. Tenía que pasar por ese comedor sin que notaran las manchas en su camiseta, dudó en sacársela y aduciendo intensas ganas por ir al baño pasó como rayo y subió hasta su habitación.

? El amanecer caluroso fue despertando a todos. Manolo se rehusaba, no quiso desayunar y permanecía en su pieza hojeando un libro.
Afuera, en el fondo de aquel jardín, el viento raso mecía a la bataraza sin cuidado.
La abuela salió a regar sus flores como todas las mañanas de verano…? Desde? el caserón se escuchó su voz ? horrorizada:
«Atorrante, tiene el demonio…, sinvergüenza», sabía quién había sido.

? Dos días de encierro hasta que el padre enfurecido logró hacerlo hablar:
—Quería decirle a Daniel…, eso…,? que es una gallina, una mariquita —balbuceó Manolo.
—¡Te voy a dar la paliza de tu vida, mocoso! ¡¿No era más fácil escribir eso en una piedra o en una roca?!

PERIPECIAS EN UN TAXI

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — SKORPIONA at 6:43 am on Jueves, noviembre 5, 2009
Son casi? las tres de la tarde? y Octavio? está atrasado. Siempre se ha caracterizado por llegar puntual a sus clases de piano. Mientras se traslada en un taxi piensa cómo explicar su tardanza. A pesar de ser un experto en inventar excusas, prefiere decir la verdad: que el insomnio devoró su sueño y pasó la noche en vela, bajo la tenue luz de una lámpara.
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De pronto el taxi detiene su marcha. La vía pública está invadida por un grupo de madres de familia que protestan en contra del Alcalde. Taxista y pasajero coinciden en considerar fanfarrones a los políticos: con posterioridad al recuento de las votaciones, se? olvidan de sus promesas.
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Durante la espera observan a las madres enardecidas portando pancartas, mientras que sus hijos se mecen felices en el columpio del parque municipal. El atolladero de autos cada vez abarca más cuadras y el chofer refiere estar acostumbrado a este tipo de percances. A veces llega a su casa de madrugada y le cuesta levantarse temprano, sin embargo, gracias al caldo de gallina que le prepara su esposa, queda expedito para seguir en la lucha.
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La tertulia entre ambos se torna amena e interrumpe con el llanto incesante que proviene del parque. Un niño cayó del columpio y se golpeó la cabeza? contra una roca pequeña. Tiene una herida profunda en la frente? y sangra profusamente.
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Se desata el caos. Cada vez se escucha más cerca la sirena de la ambulancia, con urgencia viene a socorrer al herido. La marcha de protesta se dispersa y queda libre la vía pública. De inmediato el taxista reanuda la marcha y deja al pasajero en su destino final.
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Octavio? ingresa presuroso al instituto y en el momento de excusarse con la profesora por? su tardanza, se percata que? en aquel taxi dejó olvidado? el libro de música.

Joaquín

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Corina Harry at 11:45 pm on Miércoles, noviembre 4, 2009

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Joaquín, soñó, toda la vida, con publicar una novela. Marita, su maestra de quinto grado, había oficiado de celestina entre él y las letras. Él amaba la manera poética en que Marita se dirigía a sus compañeros durante las clases de literatura. La lámpara del aula no iluminaba completamente el cuaderno de clase. Esto le permitía a Joaquín, dibujar a escondidas, los finísimos rasgos de su maestra. El cabello rubio, característica de toda la familia, caía en cascada con perfume a jazmines y flotaba en el aire cuando con una sonrisa y una amorosa mirada, se dirigía hacia alguno de sus alumnos en señal de aprobación por algún comentario acertado hecho en clase.

Toda la vida soñó con publicar una novela. Un día, sin pensarlo, tomó el libro de lectura de Carmen, su hermana mayor, que ya cursaba séptimo grado y buscó lo que él llamaba “las palabras mágicas”. Aquellas que le inspiraban un profundo sentimiento de amor por los sonidos castellanos y que le acercaban la valiosa posibilidad de convertirse, algún día, ? en un experto intelectual. Para Carmen, era un misterio total, que su libro de lectura, desapareciera de su mochila y volviera a aparecer a las pocas horas, sin saber a donde lo había llevado el destino. Pero, tampoco le preocupaba demasiado. Sabía que tarde o temprano, volvería intacto a integrar su universo escolar.

Toda la vida soñó con publicar una novela. Estaba intentando redactar las primeras oraciones de lo que sería una gran historia, cuando su madre lo mandó a traer de la heladera del restaurante familiar, una gallina destinada al puchero de la noche. Para acceder al interior de la heladera, se debía retirar una roca que sostenía la puerta metálica. El pueblito quedaba demasiado lejos de alguna civilización que contara con los repuestos necesarios para repararla.

Toda la vida soñó con publicar una novela. A los veinte años, el periódico local le dio una columna para que publicara sus artículos. Después de todo, él era el hijo del dueño del restaurante del pueblo, que daba de comer a todos los empleados del diario, cada vez que había votaciones a intendente. Período tras periodo, la misma familia ocupaba la intendencia. Pero el hijo del dueño del restaurante, publicó su primer artículo, y nuevas ideas emanaron del periódico local.

Toda la vida soñó con publicar una novela. Marita, la celestina, descubrió el cuerpo de Joaquín, que se balanceaba en el columpio del patio de la escuela. Lo único que hubiera querido, era morir a su lado.

Mensaje al AMANTE eterno

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — NoraNG at 6:42 pm on Miércoles, noviembre 4, 2009

AMANTE mío!

Si no muero primero, quisiera estar a tu lado el día que te llegue la hora de partir, pues hasta entonces estaremos compartiendo plenamente ese mundo añorado de las LETRAS. Te digo más, si me lo pides, bajaría hasta tu foso, y apretada a tu lado, acompañada de una vieja lámpara de neón, te releería aquel libro preferido, aquél que tantas veces leímos juntos mecidos en el columpio de nuestro patio azul –de sólo imaginarlo mi carne se pone como de gallina. Pero te prometo amor que seré fuerte como roca, lo suficientemente fuerte como para quedarme junto a ti, sumidos en ese sueño eterno; y allí escribiremos la novela que siempre soñaste, y comenzaremos una nueva “vida”, y crearemos una gran familia de expertos lectores, amantes de las LETRAS como nosotros mismos. Por último, amante mío, te propongo hagamos votaciones por el más erudito o insipiente; el uno permanecerá a nuestro lado cultivando su vocación literal, enriqueciendo nuestro acervo cultural; al otro, lo enviaremos arriba para que cuide de su centenar de hermanos, que seguirán escribiendo para nuestra editorial, y velará porque siempre, siempre se mantenga viva la esperanza de que, con ilusión y confianza en sí mismo, se podrá salir de las duras crisis que pone luego la vida.

Del Lápiz de la verdad

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — lubana at 11:25 am on Miércoles, noviembre 4, 2009

Benito, es un zagalillo de apenas seis años. Benito tiene un ojo menos que el resto de la gente, por eso lo llaman, Benito el Tuerto Lo perdió dos años atrás, cuando en una de sus primeras escapadas en busca de unos papás que jamás volverían, se dio con una maldita rama que se interpuso en su camino y lo dejó tumbado unas pocas horas hasta que los vecinos dieron con él. Contempla la vida del lugar con tal curiosidad que nada de lo que pueda ocurrir en el pueblo y sus alrededores escapa a su ojo sano. Dice la abuela Jacinta que el Señor, que a veces se olvida de sus criaturas, quiso compensarlo por la doble pérdida; y le ha dado la facultad de ver mucho más que los demás, por el ojo que le queda. En el fondo Jacinta es un alma de Dios y perdona al Señor por tantas desgracias como acarrea ella sola, deja a
su nieto, libre como un cuclillo para que pueda volar de acá para allá.
Efectivamente, ese chiquillo gordito y afanoso en sus quehaceres al que le obligaba la familia, no era otro que Benito el tuerto, un niño muy especial. Tenía como misión cuidar de la gallina clueca, lo hacia a hurtadillas con un libro entre las manos, iluminado por la lámpara de queroseno, otra s veces, en el columpio que estaba atado al viejo roble, mientras se mecía boca abajo, con los brazos y las piernas a ambos lados, y el pecho y la barriga sobre el columpio, imaginábase ser un experto en votaciones para dar un premio, en forma de monolito, al que fuera capaz, de nombrar a cada una de las rocas más lejanas a su vista, con su nombre imaginario, y que solo él conocía, en su imaginación y con su solo ojo, conseguía representar lo que ningún ser había sido capaz hasta entonces de realizar: Que cada roca lejana, que él dibujaba en su mente fuera un personaje de la mitología nórdica. En sus sueños a través del libro, que siempre estaba cerca de él, era su único amigo, Benito podía ir a cualquier lugar, ser todos los personajes a los que admiraba y realizar mil sortilegios, ser el héroe de sus historias.

El amante desaparecido

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — carla at 11:09 pm on Martes, noviembre 3, 2009

Amanda encendió la lámpara. Se hacía de noche y ya hacía frío para estar leyendo un libro en el columpio. Las olas golpeaban en las rocas bajo las que se anclaba su casa. LLevaba casi tres horas esperando a Jaime. Se había convertido en un experto en llegar tarde. Desde que ella se separara de su familia para seguirle nada era igual. Las discusiones eran constantes y dolorosas, pero después se miraban a los ojos y ? lo arreglaban bajo las sábanas. La escalada profesional de Jaime en la política había sido vertiginosa y fue un obstáculo más en su nueva vida juntos. El pasado que los había unido, ya no era algo que él la agradecía cada noche, sino que se había transformado en un problema. Sintió una punzada de dolor cuando en la televisión, tras las votaciones, comprobó la cercanía de una joven ayudante a la que él dirigió una mirada cómplice que Amanda reconoció de inmediato. Empezó a comprender que su relación había sido una simple aventura que él mantenía porque le interesaba, que su corazón era una roca, pues la permitió abandonar a sus hijas, a la sangre de su sangre…. Se sintió furiosa y humillada. ¿Cómo había llegado a eso? ¿Qué había hecho? De pronto, estaba planteándose el modo de hacérselo pagar, pues él era el culpable. Sin embargo, al ver su imagen en un espejo recordó que fue ella y solo ella la que decidió unir su destino al de aquel gallina, aquel amante que no tenía arrestos para contar la verdad de su relación al mundo y que ahora la tenía allí recluida. Aquel hombre que en dos meses de rutina se había vuelto un desconocido. O quizás es que antes no le conocía, se corrigió. El viento arreció en el exterior, la persiana tintineó contra la ventana. Se acercó a cerrarla, pero la abrió casi en trance al ver reflejadas en la luz de un relámpago a sus dos hijas. Mientras descendía hacía el mar experimentó la liberación que otorgaba el poner paz en su vida.

Olivia, la bibliotecaria

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Indalo at 10:48 pm on Martes, noviembre 3, 2009

Olivia era feliz trabajando en la biblioteca pública. Amaba los libros, observarlos, tocarlos, olerlos y… leerlos; ejercer de bibliotecaria colmaba sus aspiraciones.

Desde pequeña pasaba horas en los columpios, sola y abstraída. Era callada y tendía a embelesarse con sus pensamientos e instalarse en sus fantasías. Su familia le recriminaba esa actitud, sus profesores la castigaban y sus amigos se burlaban. Cuando se asomó a la pubertad, descubrió que era fea, más fea que las demás, y que no gustaba a los chicos. Sus primeros e inmaculados amores fueron quebrándose uno a uno, la desanimaron, la angustiaron y propiciaron que desarrollara rechazo hacía el sexo, hacia sí misma, hacia los demás, y hacia la propia vida: deseaba morir. Sin embargo, la lámpara de la vida le iluminó el camino, y encontró un atajo balsámico: la soledad. Se instaló en ella y se fabricó un mundo íntimo sin nadie que la analizara ni le exigiera ni le reprochara su fealdad ni la marginara, un mundo diseñado a medida de sus ilusiones y de sus necesidades, un mundo inspirado en los libros.

Comenzó relacionándose con Verne, Dumas, Stevenson. Después intimidó con Goethe, Espronceda, Flaubert, Larra, Lorca… Se consideraba privilegiada por granjear amistades tan ilustres y expertas, incluso en el ardor de sus conversaciones llegó a recriminar a Goethe que fuera tan injusto con Werther, y a Wilde, su tormentosa relación con “Bosie”.

Se convirtió en una bibliotecaria exigente y rígida como una roca. No consentía que se perturbara el silencio lo más mínimo, ni que se hiciera ruido al extraer o depositar los libros, ni que se devolvieran descuidados, ni que se doblaran sus hojas ni ? que simplemente se abrieran sin delicadeza. En realidad, le molestaban los visitantes porque le impedían gozar plenamente de su relación con los libros.

Poco a poco, Olivia consiguió que la dejaran en paz y los vecinos dejaron de visitar la biblioteca. Entonces se dedicó a vivir una vida plena con sus amigos los escritores.

Pasaron los días y nadie reponía libros ni limpiaba las dependencias. Olivia telefoneó al alcalde. Éste le contestó que la soledad que había elegido era absoluta, de primer grado, y que conllevaba hacerse cargo de las labores de limpieza y mantenimiento.

– Pero sola no puedo.

– Usted ha elegido la soledad absoluta.

– ¿Y mi sueldo? Este mes no he cobrado.

– La soledad absoluta no conlleva retribución. Eso crearía dependencia de los demás y usted no lo desea, ¿cierto?

– Sí, pero…

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Circunspecta, caminó entre las estanterías. Observó un librito descolocado que correspondía a las votaciones de los premios Nébula. Lo colocó y se detuvo ante la casa de Lorca: estantería 4B12 y aprovechó para recolocar “El cuento de la gallina”, que sobresalía.

– Abusas de la soledad –afirmó Federico.

– Pero si ahora tengo lo que he deseado durante toda mi vida.

– Estamos tristes.

– ¿Por qué?

– Necesitamos a los demás para que nos lean: ese es nuestro cometido; si no, desapareceremos.

– ¡Os leo yo!

– Pero estamos diseñados para que nos lean los vivos…

– ¡Qué dices! ¡Repítelo!

Anna le espera en casa

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Alfonso at 8:47 pm on Martes, noviembre 3, 2009

Marco volvía de su paseo rememorando nostalgias de juventud. Anna le espera en casa. El otoño era un mal mes para él. Siempre se deprimía ante lo interminable del invierno por pasar. En su infancia todo pasaba muy lentamente y los veranos eran infinitos. Ahora peinando canas todo pasaba deprisa y enseguida se encontraba en el otoño; el otoño y el invierno que tan largo se le hacía. Caminaba despacio rumiando sus pensamientos por aquel barrio que tan bien conocía. Allí había nacido, había estudiado, votó en las primeras votaciones y se convirtió en un experto pero ahora todo estaba diferente y aquellos a quienes amaba iban desapareciendo paulatinamente. Sus padres hace mucho que le dejaron huérfano, ya no quedaba ninguno de sus viejos profesores y a sus antiguos compañeros del colegio ya era incapaz de reconocerlos. Recuerda la gallina que había en una jaula en el camino del colegio, el columpio siempre ocupado en el recreo, las enciclopedias de aquellos años, la lámpara en su mesa de estudio, el cómic debajo del libro. Solo queda la familia y Anna, siempre Anna como una roca en medio de ella. Anna le espera en casa. Acelera el paso no sea que Anna se impaciente. Comienza a sudar. Afloja la marcha un poco mareado. Gotas frías invaden su frente. Un dolor como una losa le presiona el pecho. Las fuerzas le abandonan. Oye voces impacientes. Los ojos le lloran. Muchas manos se le echan encima. Intenta gritar que Anna le espera, que debe llegar pronto, que sino se preocupará, que no se puede entretener. Escucha una sirena. Está viendo el cielo, azul, con pequeñas nubes blancas corriendo presurosas arrastradas por el viento Sur y allí arriba ve a Anna. ¡No! ¡No puede ser! ¡Anna le espera en casa!

Infidelidad

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Alicia at 3:12 pm on Martes, noviembre 3, 2009

Primer ejercicio de creatividad

Infidelidad

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Amanda encendió la lámpara de la mesita, anteponiendo su libro de cabecera intentando desviar la luminosidad. Varias décadas al lado de su? esposo le permitían aseverar que los recaudos estaban de más; no obstante, prefirió asegurarse.

Bajó las escaleras casi sin respirar. Los pies descalzos rozaban las maderas entibiadas por los leños que ardían ilimitadamente, como cada invierno, en la sala de estar.Cruzó con sigilo el recibidor y entró a la biblioteca. La noche era fría y la luna llena emitía un resplandor que, a través de las ventanas señoriales, generaba un ambiente propicio para su cometido. Tras los vidrios empañados divisó el columpio, balanceándose apenas con la brisa nocturna; al pensar en sus hijas experimentó un incipiente sentimiento de culpa que no tardó en? desechar.

Se sentó frente al escritorio, intentando hacerse un espacio libre entre la maraña de papeles con fórmulas indescifrables y bosquejos de conferencias sin concluir.Su esposo no era un experto en el arte de mantener el orden; no obstante, el suyo era realmente un desorden ordenado. Sabía que al día siguiente, el menor cambio en la disposición de los objetos sería su ruina.Enunciados inconclusos y prólogos de disertaciones se entremezclaban con boletas de candidatos a integrar el Círculo de Físicos, a conformarse luego de las votaciones del domingo.

Un trozo de roca volcánica del Etna? servía de pisapapeles. Y la gallina, esa horrible gallina de cerámica esmaltada que su suegra había traído como souvenir de algún viaje por el mundo; estática sobre la base parecía observar cada movimiento, convirtiéndose para ella en un espía inesperado.Su visión corrompida no contribuía, en ese trance, a lograr el objetivo. A pesar de ello, tomó una hoja en blanco y el bolígrafo del portalápices.

– Mi apreciado Jaime….– escribió.

El término apreciado ? no la conformaba. Estaba resuelta a confesar su más íntimo sentir, pero manteniendo? el recato y la autoestima.

-¡Mamá! ¿Qué haces?

La voz la sobresaltó de tal modo que le costó dominar las pulsaciones y el sonrojo. Tomó a su pequeña hija en brazos, no sin antes recoger la hoja y ordenar el resto. Subió los peldaños lentamente, la larga melena? sirviendo de cobijo a las manos pequeñitas.

Volvió al lecho compartido, con la taquicardia controlada y el ideal de familia mantenido.

Mañana sería otro día.