Ahora que tus manos

Archivado en: Poesía - Segundo ejercicio — NADDIA at 9:58 pm on Martes, Marzo 2, 2010

Ahora que tus ojos se han marchado

Salgo de mi silencio milenario

Susurrando palabras inconexas

Hacia tu oído ausente.

Ahora que tus manos me han dejado

Acaricio la nada inmarcesible

Y camino en la noche vacilante

Del solar del engaño.

Quién me iba a decir que en esta noche

Cuando el crepúsculo se transforma en niebla

Iba a estar una vez y otra vez sola

Destilando emociones inconexas.

Cómo iba a sentir que susurrando

Supuraría mi silente abrazo

Y saldrías sin sombras del silencio

Como príncipe azul mutado en sapo.

Tu voz será silencio

Archivado en: Poesía - Segundo ejercicio — Sofia Moreno at 4:26 am on Miércoles, Enero 27, 2010

Soledad es una chica fuerte y sincera que vive
en mi pueblo.
Tiene brazos musculosos como un hombre
porque descarga alimentos todos los días en el supermercado.
Lleva su nombre escrito en una etiqueta rígida que sobresale donde empieza su pecho derecho.
La etiqueta está prendida con un alfiler a su bata de trabajo.
Esa es Soledad, la de mi pueblo.

Hay otra soledad, sin mayúsculas.
Mi tía Bernadette la veía cuando una mujer se asomaba a la ventana mirando a la calle,
sin nadie a su lado.
Yo veía eso mismo y no veía la soledad.
Veía a una mujer descansando de su día de trabajo,
relajándose a su gusto mientras la gente pasaba bajo el alféizar de su ventana.

Un hombre pasea por la montaña, solo.
Otro hombre lo ve y piensa “qué soledad, la de este caminante”.
El hombre que piensa no repara que él también está paseando por la montaña, solo.
Está solo, pero no se siente solo.
El hombre observado tampoco se siente solo, aunque también esté solo.
Se dedica a mirar a su alrededor: las plantas, las vistas.
Se fija en los olores a naturaleza.

La soledad se vive así:
Estás tan contenta atendiendo a tus asuntos, cuando de pronto,
en la cola de Hacienda o de Correos,
ves a un grupito de gente. Tal vez una pareja.
Charlan entre ellos, ríen, se gastan bromas.
Entonces reparas en la verdad: estás sola.
No tienes a nadie para gastarle bromas,
ni para reírte con él,
ni para charlar de tonterías sin importancia.
Así se vive la soledad.

Hay otra soledad y es peor aún:
Estás en casa.
No estás sola, los demás están…
a) viendo televisión, algo estúpido y sin ningún interés,
b) jugando a la “play”,
c) pasando la aspiradora,
d) hablando por teléfono,
e) ninguna de las opciones anteriores.
Allí estás tú, con ganas de hablar con alguien.
Hay otras tres personas o más en la casa.
Pero todos están ocupados.

Llega la hora de cenar.
Por fin estamos todos sentados alrededor de la mesa.
Ellos hablan entre sí.
Ni siquiera entiendes de qué están hablando.
Solo sabes que el nuevo videojuego les entusiasma.
Hablan de eso.
No te interesa.
Son mundos de ficción donde
o eres bueno, o eres malo.
No hay término medio.
No te interesa para nada.
Quieres contar lo que has hecho hoy,
pero a ellos tampoco les interesa lo tuyo.
Para nada.

Esto es la soledad,
la verdadera soledad,
horrible y lacerante,
hora tras hora,
día tras día,
semana tras semana,
mes tras mes,
año tras año,
hasta que te mueres.

Vas a la peluquería pero nadie se da cuenta.
Te has cortado casi diez centímetros de pelo.
Te ves completamente distinta en el espejo.
Pero ellos ni siquiera te miran.
Solo estás allí para darles de comer
y pagar sus nuevos juegos informáticos.

A veces son muy amables contigo.
Hacen esfuerzos por escucharte.
Lo intentan con denuedo.
Eso significa que te van a pedir un juego nuevo.
El último juego, el que todos tienen,
para ser como sus amigos.

En cuanto se lo compres, volverás a ser invisible.
Tu voz será silencio.
Podrás tatuarte a lo vikingo,
hacerte un piercing en la nariz
o teñirte el pelo de naranja.
No se darán cuenta.

Esto es la soledad.

Es bueno acostumbrarse a ella,
pues está aquí para quedarse contigo.
Esto lo sabes perfectamente.
No habrá tregua en esta soledad.
Siempre será así.

Te acostumbras a ir al cine sola, porque a él
no le gustan las mismas películas que a ti.
En casa hace mucho que ves la televisión a solas,
porque esos programas que ves no le interesan a él:
“Otra vez una película iraní sobre la pobre abuela kurda
que tiene que cruzar las montañas
para ir a ver a su hijo a la ciudad,
menudo bodrio”.

Tampoco a ti te apasionan los partidos de rugby,
de baloncesto,
de fútbol.

Con el golf es mejor,
es relajante,
te duermes en el sofá.

Hasta que él salta y grita.
Su deportista favorito ha ganado.
Te despiertas sobresaltada.
Te ha fastidiado la siesta.
Qué se le va a hacer.
Te vas a la habitación.
Dormirás la siesta sola, pero tranquila.

Aprendes a disfrutar de la soledad.

Tus pensamientos te pertenecen solo a ti.
A nadie más le interesan, así que te los guardas.

Escribes páginas y páginas en tu ordenador.

Nadie las lee, nadie las publicará jamás.
A nadie le interesa lo que piensas.

Eso es la soledad.

Te cuidas, te vistes, te alimentas, te lavas.
Para ti, solo para ti.

A los demás les importas un rábano.

A lo mejor si te mueres, hasta se alegran:
“Una habitación más, ya era hora,
no me caben todas mis cosas en mi cuarto.”

Hace tiempo que tienes tu propia habitación.

Para qué estar juntos en una sola,
si solo es para molestarse el uno al otro:
“Roncas. Eso me impide dormir. / Dejas tus cosas tiradas de cualquier manera. / Lo invades todo con tus cosas, tienes demasiadas, deberías tirarlas, son feas. / ¿Por qué guardas cosas rotas? Tíralas de una vez. No son recuerdos, son basura, tu basura. / Ese vestido ya no es para ti, estás gorda, te queda mal con tanto sobrepeso. / Una mujer de tu edad ya no debe llevar ropa tan corta, es indecente. / Ocupas demasiado sitio en la cama. Te recuerdo que es de los dos. / Eres una vaca pesada y maloliente. / Deberías ducharte antes de acostarte en la misma cama que yo. / Ese perfume que usas huele a puta barata. ¿Verdad, niños, que huele a puta barata? Además es demasiado caro para ti.”
Y así sucesivamente.

Por eso valoras tu soledad.
Es una soledad buena y pacífica.

Te cuidas, te mimas, te vistes, te arreglas, te lavas, te duchas, a veces incluso te maquillas.

Para ti.
Solo para ti.

Porque tú lo vales, porque lo mereces, como dice esa publicidad.

Solo por eso. Para nadie más.
Desde luego no para él.

Soledad es estar tranquila, estar bien,
sin gritos, sin miedos, sin vigilar qué dices,
no vaya a ser que se enfade otra vez por cualquier tontería.

Soledad es poder ser tú,
sin que te digan:
“menudo aspecto tienes, parece que te acaba de atropellar un camión. ¿Por qué no te arreglas un poco? Cuídate, mujer, que ya no tienes veinte años y cada día te pareces más a tu madre, con esa cara triste y esas arrugas y esas ojeras.”

Soledad es respirar al fin sin que le moleste tu aliento ni tu olor.
Sin que le moleste tu presencia.
Soledad es estar bien contigo misma, es estar en paz, es estar sin él.

Soledad, bendita soledad.

Me gusta mi soledad.

(fin)

El hombre que camina en zig zag

Archivado en: Poesía - Segundo ejercicio — carla at 5:46 pm on Miércoles, Enero 13, 2010

Él te esquiva.

Él te evita.

Él busca en muchas

lo que no encuentra en una.

Diriges su vida

y eso le indigna.

Porque te odia.

Porque te teme.

¿Y si se queda solo?

¿Y si le ven solo?

El tiempo pasa.

Tú le acechas.

Sus amigos se han unido.

Él pasea con su sombra.

Los suyos una familia propia han formado.

Él despierta mientras nombra:

los amores pasados,

los corazones truncados.

Soledad,

tanto te evitó,

que? a su edad

eres una enfermedad.

Pero un día camina,

corre de nuevo

buscando consuelo

en unos expresivos ojos,

en unos labios rojos.

Te esfumas

soledad.

Su compañía fabrica la risa

que te hace brisa,

que te hace volar,

que te hace evitar

su camino y

su destino.

La soledad y el amor

Archivado en: Poesía - Segundo ejercicio — Alfonso at 10:49 am on Martes, Enero 12, 2010

Soledad, silabea

suave y susurrante

el viento de la vida

al viajar hacia delante

?

Soledad suena a silencio

sabe a hiel

huele a rancio

su tacto no es de piel.

?

Sola, al nacer

Solo al vivir

Sola, al crecer

Solo, al morir

?

Soledad amarga y triste

Soledad cruel y severa

Aguanta y resiste

Llora y espera

?

Toda la vida buscando

cariño y abrigo

Toda la vida llorando

por un corazón amigo

?

Tanto busqué

que me olvidé

de dar lo que añoraba

amor que otro necesitaba

?

Nada dí

Nada recibí

Ya nada pido

Ya nada tengo

?

Dinero y bienes daría

por un mimo, una caricia, un beso

Quien solo fortuna ansía

no da amor, ternura ni embeleso

?

Nada di

Nada recibí

Soledad que solo de ti

compañía percibí

?

Soledad que me acompañas

en estos últimos años

Tristeza en las entrañas

dolor en los redaños

?

Si reencarnarme pudiera

amor entregaría

para que después volviera

y la soledad escaparía

?

Tarde comprendí

que dar es amor

y dando recibí

afecto y calor

Mujer de un solo amor

Archivado en: Poesía - Segundo ejercicio — Indalo at 1:56 am on Martes, Enero 12, 2010

Geranios, jazmines, fachada de cal, puerta de madera.

Siempre asomada a la ventana, desde su jaula eterna.

Pasaban los días, pasaban las primaveras;

pasaba las noches, recordando sus penas. Tras la ventana ella.

Casa cárcel, soledad extrema, lugar de la niña morena.

¡Niña, ven con nosotros, ven a la fiesta!

Yo no puedo salir, estoy enferma;

tengo humor de noche negra. Tras la ventana ella.

Amor con amor, a lo lejos se juntan,

dos jóvenes en la callejuela.

¡Vente conmigo al mar, hoy hay luna llena!

Yo no puedo salir, estoy enferma. Tras la ventana ella.

El mozo se acerca a su ventana, se detiene ante ella.

¡Niña morena!, tus labios son amapolas, tus ojos estrellas;

ven conmigo a la plazuela, mi amor te espera.

Yo no puedo salir, estoy enferma. Tras la ventana ella.

Mañana te traeré la luna y todas las estrellas

y la virgen de la esperanza, y mi amor con ellas;

pero dime que vendrás conmigo a la fiesta.

Yo no puedo salir, estoy enferma. Tras la ventana ella.

Mi amor marchó con el viento, se fue en la noche aquella.

Testigos fueron luna, virgen y estrellas.

No me las traigas, no quiero verlas;

sólo quiero la flor que se fue la noche aquella. Tras la ventana ella.

Vidas Amarillas

Archivado en: Poesía - Segundo ejercicio — Quioreng at 4:54 pm on Lunes, Enero 11, 2010

Lenta e incansable manecilla

Himno de las horas vividas

De triunfos, y amores amarillos,

que rellenan cultos e ilusos

un vientre de hueco perpetuo

que bombea un corazón frío

vivo pero casi muerto, agotado

por veloces e implacables calendarios.

Decisiones calladas, pasiones apagadas

Altas ramas de uvas plagadas.

Anhelos de vidas amarillas, compradas

Descoloridas alegrías no acompañadas

solitarias cinturas no abrazadas

hermanas de manos desoladas,

labios rotos y pupilas mojadas

que ansían desconsoladas.

Días de fuertes anclas amarradas

a resacas de otras marejadas

Paz de tormentas acorraladas

pero latentes, pacientes, ardientes,

y al instante, evidentes, patentes.

presentes.

Amantes con cadenas

Archivado en: Poesía - Segundo ejercicio — Carminacd at 1:06 pm on Domingo, Enero 10, 2010

Dos soledades en una semana

y tu voz a las diez de la mañana.

?

Tu lengua en cuatro besos en minutos

y un mes entero sin tus ojos mudos.

?

Siete palabras tuyas por escrito:

Te quiero y te deseo y necesito.

?

Inmensa la lujuria de una hora.

Ni tú ni tu saliva ni tu aroma.

?

Útero y corazón se me contraen

sólo pensando en ti. Sólo soñarte.

La Soledad

Archivado en: Poesía - Segundo ejercicio — Corina Harry at 9:51 am on Domingo, Enero 10, 2010

La Soledad

Disfrutar

de mí misma sin prejuicios,

Sin testigos, sin piedad y sin decoro…

La oportunidad

de redescubrirme de a poco y sin censuras

Una búsqueda interminable

que promete llevarme a lo profundo

Un mar de momentos revividos

que llega a incluir vidas pasadas

Una copa de vino

y la promesa de comenzar

Aquella dieta

que empecé en la adolescencia

aunque siga agregando kilos y finja que no me afecta

Momentos para soñar

con el futuro personal y los de otros

Oportunidad de justificar

el pasado, el presente y el futuro

Ocasión insoslayable

De leer cosas viejas y

Escribir, y escribir y escribir sin decir nada

?

Trozos de vida,

trozos de sueños,

Trozos de trozos

destrozados o enteros

Partes de un todo, partes de nada

Imagino que es cierto

La soledad existe…

Mi soledad

Archivado en: Poesía - Segundo ejercicio — Alicia at 8:22 pm on Jueves, Enero 7, 2010

?

Mi soledad

?

Busqué la soledad desde un comienzo

? y la hallé, solapada entre los hombres,

acechando disfrazada de risas,

saturada de humos y de alcoholes.

La encontré entre las burlas y el sarcasmo,

en las miserias de los callejones,

en los ojos perdidos de las putas,

en las manos tendidas de los pobres.

En las perlas de las sonrisas vacuas,

en las brillantes luces de sus noches,

en la fría quietud de los museos,

en el trágico albur de sus pintores;

en la sonrisa de la Mona Lisa

que Leonardo con celo retratara,

en los secretos nunca develados

tras aquella enigmática mirada.

Quise gritar que estaba cual serpiente

sigilosa, atisbando desde el suelo

fue vana mi intención, mudo mi grito

y me hundí en los abismos del silencio.?

Porque la soledad que estoy buscando,

doliéndome el dolor de tu partida

es la quietud del alma y el sosiego

que lleven esta angustia a hacerla mía.

La busqué para hallarla en descubierto,

esperando mi llanto y mi presencia,

para esconderme en ella por el tiempo

que dure la agonía de tu ausencia.

Y hoy que sigo aguardando tu regreso

como espera la aurora el sol que nazca,

no parece tan trágico estar solo

ni la vida tan cruel ni tan amarga;

sólo es cuestión de elaborar la pena

de aquello que una vez colmó las ansias

y de anidar adentro, muy adentro,

la inesperada soledad del alma.