De lo inexplicable

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — carla at 9:59 pm on Sábado, marzo 27, 2010

La luz me acarició. Noté como los rayos de sol se clavaban en mi piel calentándome. Abrí los ojos y la misma claridad me golpeó. Tardé en acostumbrarme. Llevaba el pijama. No tenía frío. No sabía dónde estaba, pero me sentía tranquila, en paz.

Admiré mi cama como lo único cierto y conocido. Entonces, deparé en que estaba en el exterior. El campo se abría ante mí. Los colores verdes intensos y los árboles frondosos se extendían en el horizonte.

Di tres pasos confiada hacia aquel bosque inmenso y un cristal me frenó en seco. Estaba encerrada. Cuatro paredes invisibles impedían mi salida al exterior. ? Golpeé con desesperación. Nada movía aquellas barreras.

Desesperada busqué una solución, algo que pudiera devolverme? la libertad. No recordaba cómo había llegado hasta allí.

En un intento absurdo de recuperar ? la normalidad volví a la cama. Suspiré y cerré los ojos.

El canto de los pájaros me arrulló. Mi respiración se tornó acompasada. La oscuridad se fue apoderando del exterior y de mi pequeño mundo. “Mañana será otro día”, pensé.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Alicia, despierta.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? ¿Qué pasa?- dije alterada.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Te has quedado dormida sobre la maqueta de tu proyecto hotelero.- Me indicó mi compañero del Estudio de Arquitectura.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Pero…- Mi mirada se fijó en aquel informe de los ecologistas que ponía de relieve el peligro de aquella explotación.

Y APAGUÉ LA LUZ

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — NADDIA at 11:45 pm on Viernes, marzo 26, 2010

Me fui a la cama como todos los días y apagué la luz justo cuando empezaba una tormenta. Era una de tantas en aquel invierno tan crudo y no hice más caso, pero cuando la quise volver a encender ya no encontraba el interruptor ni reconocía mi habitación. El agua me llegaba al cuello y no podía comprender el motivo. Oía una especie de grifo, el agua estaba entrando en el compartimento en el que me encontraba y la notaba cada vez más arriba. En realidad no la veía, pero imaginaba que era agua y yo estaba dentro de ella y a un lado y otro tocaba cristales como si mi coche se estuviera llenando de agua en un lugar oscuro. Intenté incorporarme y tropecé con un techo, ya no quedaba mucho espacio entre el agua y aquel techado que se había pegado a mi cabeza. Reconocí los asientos de mi coche y me di cuenta de que me estaría ahogando en breves momentos. Esto no puede ser verdad, yo estoy en mi cama. Estoy soñando. ¿Estoy soñando? El agua no estaba soñando sino sonando y mojaba sin piedad los asientos de mi BMW. Ojalá lo hubiera comprado descapotable. Respiré con rapidez, pero intenté calmarme porque sólo conseguiría hiperventilarme y estaba a punto de acabar con los restos de oxígeno de aquel agujero. En algún momento se me ocurrió pensar en que no me había despedido de nadie y las miles de cosas que quedaron por resolver. Mi cuerpo está flotando, ya no hay aire, no puedo abrir la puerta. Que alguien me? despierte, por favor…

Sin salida

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — Victoria at 4:56 pm on Martes, marzo 23, 2010

Esta mañana me desperté y presentí que algo raro ocurría. Me levanté camino hacia al baño y para mi desgraciada sorpresa me di cuenta de que estaba encerrada. La puerta de mi habitación no se habría, de seguro estaba trancada del lado de afuera con alguna cosa que desconozco, ya que nunca tuvo llave, ni cerradura. En un principio mantuve la calma, pensando y reflexionando sobre lo que podría estar pasando, pero a medida que el tiempo transcurría, la tranquilidad desaparecía. Y tener la certeza de que nadie me visitaría, me ponía aún más nerviosa y desesperada.

La ventana, enrejada…¡No se para qué tanta seguridad en vano en esa casa! Sí ni en los días festivos pasaba gente por allí. La desesperación se fue convirtiendo en pesadumbre y agotamiento mental. Se había echado a llover, no veía ahora ni siquiera el sol. Probé todo tipo de artimaña para escapar de allí, pero no lo logré; esa puerta que siempre había sido tan frágil, ahora parecía ser más fuerte que el dolor en días de nostalgia angustiosa.

Empecé, luego, a tratar de adivinar quién era la persona que me estaba jugando esa pesada broma infantil, ó psicópata. Me acerqué a la puerta suavemente, hice silencio, todo parecía estar calmo, y después de unos minutos sentí la respiración de alguien del otro lado; me quedé callada, inmóvil, sabía que podría asignarle a esa respiración el nombre de algún conocido. El corazón me empezaba a latir muy fuerte, y tuve miedo de que él lo escuchara, me alejé por un momento y me tranquilicé. Me volví a acercar, la misma respiración furiosa acechaba contra mí. El apresador caminaba, el miedo me empezaba a consumir, sus pasos hacían un eco que nunca antes se había dado en la casa. Mi cuerpo empezaba a temblar, un frío seco me acosaba. Por un momento creí morirme, tirada en el suelo, sin poder hacer movimientos voluntarios, los ojos se me iban cerrando, creí morirme sin más, morirme sin más problema. De pronto la puerta se abrió bruscamente, vi los pies de él moverse hacía a mí. Una imagen borrosa me quedó de su cara, son esos sueños que quedan inconclusos, y que parecen ser eternos hasta que despiertas.

No puedo moverme…

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — Sofia Moreno at 4:22 pm on Lunes, marzo 15, 2010

Abro los ojos y no hay manera de moverme. ¿Qué me pasa? Consigo respirar pero apenas si puedo hinchar el pecho para que penetre el aire en mis pulmones. Todo está oscuro. Huele a rancio. Intento mover los dedos. Imposible. Oigo algo, golpes lejanos. Se acercan. ¡Luz! Ha entrado por fin algo de luz. No es una llama, sino algo más raro, un resplandor más blanco. Oigo gente hablando un idioma desconocido.

Se acercan a mí. No puedo abrir la boca. Quisiera gritarles: “¡Aquí, estoy aquí, soltadme estas ataduras!” pero algo tapona mis labios. Se acercan a mí. Me observan, pero no me tocan. Durante horas, están aquí en esta cámara conmigo, pero no me liberan. Se marchan. Creo que duermo. Sueño que me liberan de estas trabas. Me despierto de nuevo en total oscuridad. Al cabo de un tiempo (¿horas? ¿minutos?) regresan los mismos hombres de ayer. Esta vez, me mueven con sumo cuidado, pero sin quitarme lo que impide que yo pueda siquiera girar un poco el cuello. Me están trasladando. Me llevan rígido, por unos pasillos interminables, por escaleras.

Salimos al fin al exterior. Qué agradable es sentir, aunque solamente sea en mis párpados, la dulce brisa de mi patria… No puedo abrir los ojos, si lo hiciera, me quedaría cegado por la intensa luminosidad de Râ, el Dios-Sol. Me cargan encima de un extraño carro que se pone en marcha con un ruido espantoso. Me han colocado sobre un lecho mullido, así que apenas si sufro por los baches del camino. Han debido mejorar las técnicas de construcción de caminos, pues tampoco hay tantos baches como yo recordaba. Se para el carro. Me bajan con sumo cuidado. Me introducen en un enorme edificio. Por fin puedo abrir los ojos, aquí la luz es más suave.

No conozco este edificio. A mi alrededor, muchos fragmentos de construcciones, pequeñas estatuas, ofrendas mortuorias. ¿Qué extraña tumba es ésta? Pero lo que menos entiendo es porqué no me liberan de una vez. ¿Cuánto tardaran en soltarme? La gente pasea ante mí, mirándome con curiosidad, pero no parecen ver mis ojos que imploran libertad. ¿Quiénes son todas estas gentes? Llevan ropajes desconocidos, a veces de colores muy chillones. No puedo hablar pero sí orar. Solicito humildemente que los Dioses me ayuden, que acabe esto.

Hoy han colocado una urna de cristal sobre mí. Ya no sentiré el aliento de otros hombres sobre mis ojos. Desearía morir. Viene mucha gente a contemplarme, pero no conozco a nadie.

El enemigo íntimo

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — Alicia at 12:09 am on Lunes, marzo 1, 2010

El enemigo íntimo?

Me duelen las sienes. Y la nuca. Intento abrir los ojos y tras largo esfuerzo percibo una luz muy tenue proveniente no sé de donde. Me falta el aire.

Todo es gris. Creo ver a mi alrededor un muro de un tono gris claro, que al tocarlo se me presenta blando…muy blando…

Quiero erguirme, me recuesto en él y mis piernas se aflojan. Caigo casi sentada, en una posición indefinida donde mis brazos se dislocan y se entregan; debo de semejar una marioneta. No me importa. Lo único que deseo en mi somnolencia es volver a la realidad que por ahora no evoco en detalle.

Me levanto y con las manos voy tanteando las paredes que en algún momento me dejarán en una abertura al exterior. Sigue siendo todo gris y blando, gris y blando, similar a un colchón. Y no he hallado aberturas.

Una música suave pretende que me distienda y me olvide del afuera. Digo del afuera porque me he dado cuenta que estoy encerrada en un cuarto destinado a los dementes, a los que han perdido la cordura. Pero no es mi caso.

Las imágenes se me presentan nítidas ahora. Sólo intenté por enésima vez convencerlo de lo conveniente de una separación; porque no toleraba más su maltrato físico y mental, porque le prometí que le traería los niños cuando lo quisiera, porque traté de llegar a un final consensuado.

No me escuchó. De un portazo dio por terminado mi diálogo frustrado y salió hacia su clínica. Volvió a los minutos, tomó mi brazo con una presión? inusitada…Y no recuerdo nada más.

EL SUEÑO

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — Alfonso at 8:42 pm on Miércoles, febrero 24, 2010

Estoy durmiendo la siesta. Comencé a hacerlo hace una hora en el sofá del salón y ya siento que me estoy espabilando. Creo que ya es hora de levantarme, tengo cosas que hacer… No acabo de despertarme y empiezo a preocuparme. Intento moverme pero ningún músculo me obedece. Me siento como si estuviese paralizado. Oigo la televisión que dejé encendida pero no puedo moverme. Intento gritar, llamar a alguien para que me socorra pero ningún sonido sale de mi boca. Chillo desde mi interior pero nadie me oye. Por un instante parece que voy a ser capaz de moverme pero vuelvo a un sueño más profundo y me pierdo en sus abismos.

Ya sé lo que pasa, esto es una pesadilla.

A veces la vida me parece un sueño del que despertamos al morir. Ahora me ocurre lo mismo quizás deba morir para poder despertarme.

¿Y si soy el sueño de otro? ¿Y si solo soy una representación onírica de otra mente? Entonces, al despertar moriré.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? No sé lo que me pasa, vuelvo a intentar despertar. Forcejeo con violencia intentando moverme pero no avanzo ni un ápice. Mi angustia es horrible. Estoy preso en mi cuerpo. Siento, oigo pero no puedo comunicarme con nadie.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ¿Y si el que me sueña es a su vez el sueño de otro? ¿Y este el de otro? Y así hasta el infinito.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ¿Debo despertar o debo morir? Cara o cruz.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? Ya parece que me espabilo. Abro los ojos por un instante. Se vuelven a cerrar otra vez viajando entre mis sueños. Abro los ojos definitivamente. Ya se ha pasado todo, soy yo, me veo y me pellizco. Estoy sudado entero. Voy a refrescarme la cara.

No veo la puerta de la habitación. Miro las paredes una y otra vez buscando alguna abertura. Estaba allí. No la encuentro. Palpo las paredes buscando un resquicio, una oquedad que me indique donde está la puerta.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? No hay salida. Es una pesadilla y yo …¡Soy un sueño!

Beso con anestesia

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — Carminacd at 6:19 pm on Miércoles, febrero 24, 2010

Todo está negro a mi alrededor. Trato de hablar porque siento tu perfume y quiero hacerte comprender que estoy consciente. Logro sólo despegar los labios. El olor de tus manos sobre mis mejillas, acercándose a mis ojos; tu aliento dulce y el susurro de tu voz me reaseguran:

-? ? ? ? ? ? ? ? ? No temas, amor mío, porque cuando te quite las vendas no verás mejor que antes.- Y te giras y eres otro para los demás. – ¡Enfermera! Por favor, baje la luz y tráigame unas tijeras esterilizadas. – Y vuelves a hablarme y eres mi amor escondido. – Vida mía, por fin despertaste. No te asustes, mi vida, estoy aquí. Haremos también este paso juntos.

Las palabras no me salen. Quiero pedirte un beso, pero mi situación no debe de ser muy atractiva. La anestesia me dejó la saliva pegajosa y los labios secos. Mi cabello debe de estar todo alborotado debajo de las vendas. ¡No quiero que me veas despeinada!

Presiento la habitación que nos contiene, no me importaría no poder salir jamás de aquí teniéndote tan cerca y ocupado y preocupado sólo por mí.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? A ver, estos ojitos deben ser controlados. No pretendas, amor mío, – murmuras quedamente porque hay alguien cerca de la puerta, aunque intuyo que de la parte de afuera del cuarto, no dentro con nosotros dos.- ahora mismo, ver mejor. Gracias si verás luces y sombras, manchas informes; luego de controlarte el fondo del ojo te volveré a vendar hasta mañana. – Y ahora me hablas más despacio todavía.- Tesoro, no sabes, te hubiera hecho el amor allí mismo, en la sala operatoria. Eras tan dulce, mi vida, así dormidita y tan sexy con la bata estéril y transparente.

¡Pero, amor, qué sádico eres! ¡Qué novedad, como si no lo supiera! ¿Y ahora, me sacarás las vendas y no te podré ver? ¡Pero qué castigo! No puedo verte ni decirte cuánto te deseo ver.

Levanto la mano derecha y busco tus cabellos, sedosos, lacios que resbalan delicadamente entre mis dedos. Quitas mi mano de tu nuca, la llevas hacia adelante, a tus labios y la besas antes de posarla nuevamente sobre la cama; fuiste veloz, lo que me hizo comprender que entraba alguien.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Gracias.- le dijiste a la enfermera.- Puedo hacerlo solo. Por favor cierre la puerta al salir, para impedir que la luz externa le dé alguna molestia a la paciente.

Eres hermoso y además astuto, mi amor, ¡ahora sí que obtendré mi beso!

Te sientas a mi lado, te huelo cada vez más cerca. Humedeces mis labios con tu lengua que me despierta este deseo desesperado por ti y me invita al beso. Por fin, tu saliva me devuelve la palabra. Te digo cuánto te adoro y cuánto me haces sentir importante.

Cortas las vendas y comienzas a desenvolverlas.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Abre los ojos, mi amor.

Tus dedos me ayudan, levantan mis párpados.

Todo está negro a mi alrededor. No hay luces ni sombras ni manchas informes. Ni siquiera el resplandor de tu anillo de matrimonio.