Deseo y contrición.

Filed under: Relato - Primer ejercicio — Carminacd at 1:04 pm on Lunes, noviembre 30, 2009

Don Rolando era el cura párroco de un pueblito perdido entre los campos sembrados con maíz, soja y vides en el nordeste italiano, en una localidad completamente desconocida para el resto del mundo y también ignorada por todos los demás habitantes del país. Allí los campos se sembraban solamente una vez por año, entre los meses de mayo y octubre se los veía crecer y reverdecer, para luego amarronarse antes de ser recogidos los frutos y los cereales. Se podía disfrutar de deliciosas y largas caminatas entre las diferentes gamas de verde gracias a la diversidad de plantaciones enmarcadas por finas zanjas de agua clara y cristalina llamadas “ledra” y por líneas de árboles bajos que servían para dar leña cada dos años. Don Rolando era un cura nacido en Polonia, fue una bendición para él que el Papa fuera también polaco ya que un extranjero, en un pueblo de campesinos ignorantes, es siempre un extranjero; es el que habla extraño, el que tiene costumbres diferentes, trae en su bagaje tradiciones exportadas y difíciles de integrar en el interior de una comunidad fuerte y cerrada. Una sociedad circunscripta dentro de las dos tapas de una cáscara de nuez.

Los largos años de seminario, entre otras cosas, habían despertado en nuestro párroco en cuestión, el amor por el arte de todas las épocas y en su diversidad de manifestaciones: música, pintura, escultura, literatura, cine; las múltiples formas de expresión artística le importaban, le despertaban nuevas y exuberantes sensaciones, lo hacían sentir cercano al resto de la humanidad. Le gustaba participar en todas las actividades, muestras, eventos y espectáculos que su empeño celestial le permitiese. Por ello, cada dos años en noviembre, se subía al tren que lo llevaba a Venecia para visitar la Bienal ( La Biennale di Venezia). La ciudad lagunar lo embrujaba, lo llamaba en sueños, hubiera querido vivir en Venecia, en uno de sus palacios, ser párroco en una de sus iglesias milenarias; morir en Venecia. Calles de agua, cimientos de agua, húmeda cultura veneciana.

La Bienal, desenvuelta entre las dos estructuras principales y las actividades adjuntas, era inmensa para recorrerla en un solo día. El tema desarrollado por los artistas en esa oportunidad era “Crear mundos”.? Videos, grandes escenografías, estatuas y decoración de interiores armando hasta mismísimas casas; estaba la casa de la familia tipo y la casa de una pareja de homosexuales; la casa del horror y la tela de una viuda negra abarcando toda una habitación. Unas estatuitas móviles llamaban negativamente la atención del público, porque hasta los oídos de Don Rolando llegaban las expresiones de admiración escandalizadas. Éstas representaban a tres sacerdotes en escala de uno a diez, vestidos para dar misa, con sus sotanas negras y todo. Las expresiones de sus caras eran extravagantes, gesticulantes, hasta abrían la boca. Había un cierto movimiento debajo de las sotanas y las tres se abrían dejando paso a sendas prostitutas semidesnudas que se veían agachadas debajo de los párrocos.

Luego de visitar gran parte de la exposición, Don Rolando tomó el tren para volver a la casa parroquial donde le esperaba una carta de la diósesis conteniendo la noticia de su traslado a una parroquia de vuelta en su propio país y también lo esperaba la razón de ese traslado, la rubia catequista que desde hacía dos años se enfilaba cada tarde en su cama y en su corazón.

¿Quien es Sofía?

Filed under: Novela: el argumento — Corina Harry at 1:01 pm on Lunes, noviembre 30, 2009

Nacimiento Sofía, la protagonista en Italia meridional hacia fines del siglo XIX. Sus primeros años de vida en su? ciudad natal.? El viaje en barco? a la Argentina, que le abre una visión particular y metafórica de la vida y un profundo sentido de la intuición, como un pasadizo que la comunica a su Ser interno. Ya nada será visto de la misma forma en que lo veía, ni como lo ven los demás. Su llegada a Buenos Aires y su traslado por tierra al interior del país para trabajar junto a su familia como empleados de una importante estancia ganadera. Su adolescencia. Su primer amor. La llegada de una hija. Sus estudios primarios y comienzos del secundario. Sofía conoce a quien será su marido, un hombre viudo, 27 años mayor que ella.? El viaje a la Capital. La insoportable convivencia con sus hijastros. La vida de Sofía en el marco de la situación político – social de la Argentina de esos tiempos. Sus estudios en la facultad. Su viudez y la desprotección económica por una estafa por parte de los hijastros. Su graduación como médica. Su sentido de la solidaridad sin tintes políticos. Sus trabajos de investigación que le valen premios internacionales luego de una persecución como mujer científica y los distintos intentos? por? desacreditar sus hallazgos. El reconocimiento tardío. Su vejez. Su tránsito por una enfermedad terminal en medio de su última investigación que quedará inconclusa y que será retomada por su sobrina nieta, (la narradora de la historia). Muerte de Sofía. Su sepelio. Su legado como mujer y como científica.

Almuerzos de Trabajo

Filed under: Relato - Primer ejercicio — Corina Harry at 3:11 pm on Domingo, noviembre 29, 2009

El se abrochó el pantalón luego de un largo almuerzo de negocios que lo había dejado exhausto. Ella pretendiendo no quedarse atrás, le siguió el ritmo en la ingesta de alimentos y consumió la misma cantidad de platos que él. Su vestido suelto fue un alivio a la hora de tener que levantarse de la mesa para salir del restaurante. El había bebido dos botellas de vino tinto. Ella, siguiendo la tradición, lo igualó en cantidad y en tiempo. Al día siguiente, la contienda se reinició. Otro almuerzo de negocios los convocó en el mismo restaurante y esta vez la competencia improvisada les presentaba un desafío de ? pastas. No había ninguna razón en especial para que esto fuera así. Simplemente el paladar de los invitados y potenciales clientes de la empresa eran unos italianos del norte, más precisamente de Pordenone, cerca del Piamonte. Y como es sabido, para ellos, un almuerzo sin “pasta ciuta”, no es almuerzo. De parte de él, era un desafío involuntario. Lo contrario ocurría de parte de ella, quien a sabiendas secretas, ocultas y veladas, se había propuesto internamente, destronarlo de su lugar paradisíaco, de ser la persona dentro de la empresa, capaz de devorar cantidades inhumanas de comida, sea cual fuere la situación que se presentara o la oportunidad que lo convocara. En sus actos, no había una intención de sentirse ganador de ninguna olimpíada de la gula. Al parecer, su cuerpo estaba diseñado para estar a la altura de las circunstancias. ? Las diferencias anatómicas entre los contrincantes hacían suponer que Ella no tendría jamás la más mínima oportunidad de que la balanza se pudiera inclinar a su favor. Todo lo contrario. Esto hizo que más de uno se sorprendiera al reparar en su manera de comer e hiciera el tonto pero oportuno comentario de: -“¡Por Dios! ¿Dónde es que metes tanta comida?” A Ella no le importaba demasiado que la criticaran. Es más, en algunas circunstancias, sentía que ese tipo de comentario ridículo, podría ser una advertencia a su inconsciente contrincante para que se diera cuenta, de una vez por todas, que el desafío estaba echado y seguiría vigente hasta el último minuto en que alguno de los dos sufriera las consecuencias. Ella estaba dispuesta a todo. Era capaz de someterse a situaciones impensadas, aquellas a las que no hubiera entrado si las circunstancias hubieran sido otras. Pero existían, a su entender, valiosos parámetros que deseaba establecer de manera contundente. De alguna manera sentía que su proceder, estaba injustamente justificado.

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Hacía años que las cosas se presentaban de esa manera. El padre sólo aceptaba a los hijos varones. –“Las mujeres no sirven más que para criar hijos, y encima hasta eso lo hacen mal. Los varones deben ser criados por varones. Las mujeres los crían débiles de carácter y holgazanes. Para lo único que sirven, es para meterlo a uno en problemas. Y si no las tenés cortitas, hasta la honra te pisotean”. Para Ella, los dichos de su padre, eran solo palabras vacías carentes de fundamento. Estudiar piano nunca había sido un pasatiempo que le permitiera conseguir un novio un poco más acomodado dentro de la sociedad en la que vivían. La música es un arte real, para el cual había que tener condiciones innatas y una especial perseverancia y vocación de sacrificio, si se pretende trascender. La misma suerte corría la pintura y desde ya, el ballet. Los conocimientos científicos correspondían a otro estrato intelectual, para el cual, según criterio de su padre, había que ser varón para entender las profundidades misteriosas de las investigaciones. Pero esta valoración, no es solamente una premisa perniciosa y especulativa de los machos temerosos de ser apartados de su tronos honorables del saber y el hacer. La falta de acceso a las herramientas y la práctica en la manipulación de las mismas, confabulan contra la más inteligente de las mujeres. La mujer intelectualmente valiosa no podía existir sin un hábito en el ejercicio de poner a prueba a su inteligencia dentro del campo científico o del campo intelectual en general. Pero algunas mujeres supieron hacer de su cocina un laboratorio, de sus lechos, sus escritorios, de sus hogares sus escenarios donde cantar, bailar, e interpretar, dentro de sus mentes y sus corazones, los dramas más intensos, de los cuales solamente sus diarios íntimos fueron testigos. El mundo exterior era un escenario de difícil acceso. Solo algunas privilegiadas o aquellas dispuestas a pagar precios muy altos, tenían su lugar.

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? ? Ella carecía de talento y tampoco estaba dispuesta a pagar ningún precio, ni alto ni bajo, a cambio de ser reconocida como una de ellos, dentro de la empresa. Tampoco mantener su figura le resultaba importante. Era joven y más allá de las modas, no le gustaba que alguien pudiera ser calificado a partir de su apariencia. Tenía la suerte de tener un cuerpo proporcionado y bien constituido. Su peso estaba en relación a su altura y su tez blanca la ponía dentro del platillo de los aceptados en la balanza social. No contaba con una inteligencia natural ni desarrollada particularmente destacada, y la belleza tampoco era uno de sus fuertes. Estaba en la empresa porque su currículo cayó en las manos del gerente en un día en el que sentía particularmente alegre y con ganas de amigarse con la vida. Ella misma no pudo creer que la convocaran para ese puesto después de todas las empresas que había recorrido, solicitando al menos un puesto de telefonista. Pero ahí estaba, cara a cara con la única persona que podía desafiar secretamente y en un campo en el que no se jugara el puesto. Sabía que no tenía las habilidades necesarias para otros desafíos y que eso la mantendría en un anonimato ventajoso para los que querían hacer carrera dentro de la empresa y le aseguraba la paga mensual. Así que para no morirse de tedio, se abocó a imponerse en una contienda personal y anónima. Tampoco estaba claro para nadie, qué es lo que ella hacía allí, en los almuerzos de negocios. Quizás una figura femenina hacía ver a la empresa como un lugar confiable, en el que no se discrimina a las personas por su sexo.

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Lo cierto es que allí estaba, sentada frente a su plato de pastas, pensando en cual sería el segundo plato y el tercero y así sucesivamente. Sabía que no debía beber demasiado líquido. – “El agua o las gaseosas te llenan y no permiten que la digestión se haga como corresponde. Es distinto si tienes que beber alcohol. Si vas a beber vino, sobre todo blanco que no es tan sano porque tiene mucho químico y se te sube más rápido a la cabeza, primero bebe un par de vasos de agua. Echarle agua o soda al vino, no sirve de nada y la gente piensa que no saber beber”, palabras de su santa abuela que debe de haber sido una de las primeras mujeres que aprendió a fumar y que el día en que su marido intentó prohibirle su más apreciado placer, le dijo sencillamente: -“El día que seas capaz de darme la mitad del placer que me da fumar, lo conversaremos”. Su abuelo, según Ella misma contaba, no tocó más el tema.

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La comida no era un tema de discusión ni dentro ni fuera de su familia. Y ya iban por el segundo plato de pastas, cuando Él comenzó disimuladamente a desabrocharse el primer botón del pantalón. Ella ya había notado que en el último mes, le había tenido que hacer dos ojales nuevos al cinturón pero todavía usaba el mismo talle de camisa y pantalón. Ella iba y venía caminando a su trabajo, lo que la ponía en ventaja sobre Él, a quien la empresa le había dado el auto y un lugar en el estacionamiento del subsuelo. Estaba haciendo su balance en cuanto a las ventajas con las que contaba cuando Él se desabrochó el segundo botón y comenzó a transpirar como si su corazón le estuviera jugando una mala pasada. Nadie podía deducir si su transpiración obedecía a que el almuerzo de trabajo no estaba llegando a las metas establecidas ni respondía a los requerimientos de sus jefes o al hecho de que la comida lo había sobrepasado en su exigencia corporal, más específicamente al de su aparato digestivo. Ella sonrió al pensar en su tan esperada victoria. Hasta el momento estaban empatados, si Él seguía sentado allí, intentando conversar de negocios y se daba la oportunidad de acceder a un tercer plato, aunque solo comiera la mitad, ya le daba el tan preciado triunfo que durante meses persiguió y que no había logrado hasta el momento. Era cuestión de tiempo. La espera era un factor importante y ella la disfrutaba atrasando unos minutos algo que sabía, ya le pertenecía por derecho propio. Pero ¿y si esta situación no era más que una artimaña de Él que venía perdiendo no solo la ignorada competencia de tragonería sino la negociación de la que se había hecho responsable frente a sus jefes? A lo mejor todo era una gran farsa para dejar en suspenso las decisiones que debía tomar en ese preciso instante y de esta forma dilataba la respuesta, descomprimía la situación y ponía la balanza a su favor, ya que ningún empresario que se precie, intentaría aprovecharse de una situación así para ventaja propia. La única duda era si Él era capaz de semejante actuación. No lo creía capaz. Se inclinaba más a pensar en que realmente su aparato digestivo había colapsado y que Ella estaba perdiendo la contienda por abandono de su contrincante. Porque lo que estaba sucediendo la mantenía en una posición de igualdad y no de superioridad, que era lo que Ella anhelaba. Ganarle, no igualarlo. Superarlo. Demostrarle que hasta en las cosas más cotidianas, una mujer puede más que un hombre.

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Alguien llamó al 911. Una ambulancia llegó y a Él se lo llevaron a la sala de guardia. No era grave, pero nunca se sabe. De todas formas, lo prudente era posponer el ? almuerzo de trabajo hasta la semana entrante, a la misma hora, en el mismo restaurante, con los mismos comensales.

El ocaso de un ósculo

Filed under: Relato - Primer ejercicio — SILVIA SOLIS CAMACHO at 3:22 am on Domingo, noviembre 29, 2009

Jeremías Popoca Archin es un hombre de mandíbula pronunciada. Ojos como dos arroyuelos ocultos entre las matas del camino; cejas abundantes. Boca grande de color rosa oscuro. La dentadura se forma en filas casi perfectas y tan brillantes que contrastan con lo achocolatado de su tez. Osco, su semblante lo delata un gesto de permanente disgusto.

No obstante su aspecto insignificante, desde muy joven había adoptado un hábito que se fue haciendo necia costumbre hasta convertirse en auténtico vicio: un irrefrenable gusto por besar.

Todo comenzó cuando, el diagnóstico de un medico practicante, determinó que Jeremías era introvertido, antisocial; con grave tendencia al mutismo y recomendó como tratamiento, una fuerte dosis de besos y caricias? cada dos horas durante un mes.

A Jeremías se ? complicó surtir la receta puesto que en fu familia desde generaciones anteriores no tenían esas mañas. De hecho, se creía que esas manifestaciones eran propias de gente; rara por eso, a los infantes, se les destetaba al mismo tiempo que se les retiraban los mimos y chiqueos de las madres y del resto de parientes. Y si alguien cedía a la tentación? prodigar algún acercamiento, era sancionado severamente con la exposición pública y la burla de todos para evitar exhibicionismos, al margen de la creencia de que los besos? traían consigo un buen número de enfermedades contagiosas.

Así, para castigar la osadía del profesional que había salido con tales recomendaciones, ? lo expulsaron de la región bajo la amenaza de que si se le sorprendía por los alrededores, sería lapidado sin mayor averiguación.

Jeremías Popoca Archin se postró en lastimera tristeza. Se le veía? caminar sin rumbo con ojos extraviados mientras su cuerpo se estremecía preso de escalofríos y temblores. Era inminente su extinción pero Joaquina, su madre, no estaba dispuesta a seguir viendo a su hijo sufrir de esa manera, así que tomó la decisión de seguir las indicaciones del galeno.

Todas las noches apagaba las luces y cualquier destello de luz. Atrancaba la puerta y ahí, en la más profunda oscuridad abrazaba y besaba a su muchacho sintiéndolo como un frágil pajarito que se había relegado ? en el camino y la lluvia lo había dejado hecho una sopa.

La madre lo arropaba con toda la ternura de que era capaz arrullándolo hasta que lo vencía el sueño.

La comunidad empezó a sospechar y una noche, Joaquina creyó ver una sombra en la ventana.

Presa de miedo tomó a su hijo, guardo sus hilachas y en papel de estraza? puso un par de gordas embarradas de fríjol y abandonó el jacal. Por un momento dudó porque su partida significaba también renunciar a la remota esperanza de que su marido volviera cualquier día.

Caminó largo un largo trecho hasta que se le deshicieron los huaraches como volutas de algodón de azúcar.

No hubo más remedio que refugiarse con los ixtecos que en un principio habían sido parte de los suyos, pero se separaron en busca de mayor libertad.

Renunciaron a un Dios postrado en una cruz para sujetarse? a los mandatos de preceptos más humanos. Decidieron apoyarse en la solidaridad y al respeto mutuo. Los ixtlecos los recibieron con alegría congraciándose con su decisión.

Madre e hijo se tomaron su tiempo para adaptarse a su nueva vida. En esta parte del mundo todo se hacía al revés: se veían por todas partes manifestaciones abiertas de cariño. Todas las familias, amigos y parejas se demostraban sin remilgos toda su afectividad.

Jeremías se veía renovado, alegre, le brillaban los ojos y una carga de delirante energía.

Construyó una casa de tabique, cemento y hasta con piso firme. Un corral de gallinas y un lechón que les habían dado como regalo de bienvenida. La comunidad ixtleca estaba convencida de que, legalmente, la tierra es para quien la trabaja.

A Joaquina le costaba mucho trabajo adaptarse a la nueva situación porque en sus antepasados sólo se aceptaba el beso respetuoso en la mano de los mayores. Nuca se vio que los padres se dieran un abrazo ni siquiera en fechas especiales. Las mujeres debían caminar detrás del padre, del hermano o de los esposos pero nunca a la par. Uno no podía explicarse cómo era la procreación? de por lo menos una docena de hijos por familia.

Los miembros de la se hablaban de “usted” y? conversabas en privado en voz baja y los menores? debían permanecer con la cabeza baja.

También aquí ? en Ixtitlán se seguía la costumbre de reunirse? en asamblea dominical donde las manifestaciones afectivas se hacían, para los recién llegados, melosas y exageradas.

Aquí sólo se hacía una excepción: las llamadas suripantas tenían estrictamente prohibido besar a sus clientes porque podría darse una situación de intimidad y ellas debían sujetarse a prácticas sexuales.

Los caminos paralelos no se juntan a menos que un cruce se atraviese en su destino y Jeremías Popoca Archín bebía con peligrosa avidez? toda esta aventura. Preguntaba, investigaba pero sobre todo, experimentaba y poco a poco fue descubriendo que el beso no tiene nada que ver con el tamaño de la boca o la forma de los labios puesto que su eficacia no se veía alterada.

Entonces Jeremías decidió no perder el tiempo y aprovechar toda oportunidad abandonando, de una vez por todas, la necia abstinencia de la primera etapa de su vida para volverse todo un experto en la materia.

Empezó a hablar de una gran variedad de besos: técnicas, usos y objetivos preestablecidos. Formales, falsos? sociales, hipócritas y hasta traidores. Descubrió que todos son distintos aunque sean liberados de la misma boca.

Se sintió confundido al saber que la práctica no podía ser infinitamente gozosa que igual, podría resultar peligrosa.

¡No! A él no le pasaría –pensó- ? a estas alturas? ya estaba preparado para diferenciar unos besos de los otros para tomar únicamente los verdaderos.

Alguna noche empezó a soñar con un centenar de bocas entreabiertas que lo perseguían. Sentía ? el húmedo contacto? y el chasquido al estrellarse en toda su piel. La visión se repetía. Despertaba sudoroso, afiebrado y con bocanadas de sangre que, en su desesperación se hacía él mismo por chasquear los dientes contra los labios.

En poco tiempo su boca se lleno de aftas y fisuras de color oscuro, como amoratadas y se puso tan reseca? que crujía como ? las viejas hojas caídas de los árboles.

Sin darse cuenta se empezó a obsesionar con uno de esos besos amorosos de los que tanto se hablaba pero, mientras más buscaba, más se desilusionaba? al encontrarse sólo con una gama de besos insípidos, incoloros e irreparablemente vacíos.

Cambiar sus costumbres. Primero por decepción? y luego porque los buches de agua con sal que le recomendaron para apagar los fuegos y disminuir la inflamación de los labios era muy tormentosa.

El agudo dolor que empezó a padecer lo volvió a su aislamiento. Se hizo asiduo a largas caminatas.

Un día llegó hasta las orillas del río Verde y no se atrevió a cruzar porque ésa franja de agua, separaba su pueblo natal; era el límite con su pasado.

Pero ahí la vio a ella. Ángela Topetec justo del lado opuesto. Su silueta tenía un raro esplendor. Ella presintiendo el peligro, se alejó a toda prisa.

La perseverancia de Jeremías bajó la guardia de la joven que fue acostumbrándose a esa sombra inmóvil hasta que un día, decidió enfrentarlo:

-¿Quién es usted? ¿Por qué se esconde?

-Por favor no se asuste –respondió Jeremías en tono suave. La joven empezó a hablar sin parar y al darse cuenta de que a sus cuestionamientos tenían como respuesta largos silencios se calló

-Me llamó Jeremías Popoca Archin y vivo aquí en Ixtitlán…

-¡Ah! –expresó ella con temor.

-Somos amistosos

-Sobre todo muy cariñosos ¿no? –No tomó en cuenta el comentario.

-Tal vez un día podría invitarla…

-¡Ni Dios lo permita! Esa es una tierra? de pecado –lo dijo santiguándose.

-Dice el Padre Camilo que se parece a Sodoma y Gomorra y que si cruzamos, estaríamos condenados al infierno y la culpa de ser impuros y no podría lavarse ni con el más sincero arrepentimiento. No habría penitencia suficiente para alcanzar el perdón.

Si tú eres de ese lugar de endemoniados ¡aléjate! Y salió corriendo como alma que lleva el diablo.

Las pesadillas de Jeremías cambiaron de rumbo. Ahora se sentía perseguido por los brillantes ojos de Ángela.

Durante el día pensaba mucho en ella. Se la imaginaba paseando por las angostas calles o rezando en la capilla a la patrona del pueblo: María Magdalena, la pecadora tocada por Dios. La veía ir y venir por agua del pozo o ir a vender pan de anís y ? canela en la plaza.

La cabeza de Jeremías pareció recibir un descalabro que termino por alborotarle los recuerdos: su choza, sus paseos dominicales y cómo lo llevaba a empujones su madre a la santa ? misa. El aire impregnado de olor a pan fresco. Tal vez esa vida no fue tan mala. Sacudió con violencia la cabeza para alejar esos pensamientos.

Se volvió más callado, taciturno, ausente. Su madre estaba convencida de que esa enfermedad de sus labios lo había cambiado.

El muchacho hizo de sus paseos nocturnos algo vital y Ángela también acudía como a una cita impostergable. No pronunciaban palabra aunque el cruce de miradas ? visiblemente los llenaba.

Entonces Jeremías se fijó en sus labios delgados y apetecibles. Supo al momento que en esa boca estaba aprisionado un dulce beso de amor. Daría la vida por ese beso aunque en el fondo de su alma estaba convencido que jamás sería para él. Caminó de regreso a su casa y fue directamente al costurero de madre; buscó una aguja? y la ensartó con suficiente hilo. Unió sus gruesos labios y confeccionó en ellos un bordado a punto de cruz.

ESQUEMA EXPERIENCIA VITAL MANOLO – PILI

Filed under: Relato - Primer ejercicio — NADDIA at 1:35 am on Domingo, noviembre 29, 2009

? ? ? ? ? ? ? A tantas Pilis que todavía hay.

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Para desgranar la bonita quimera de la igualdad entre hombres y mujeres no hay más que abrir un libro de Educación para la Ciudadanía. Estudiamos que la igualdad es la meta a seguir y lo repetimos machaconamente, pero ahí va el primer error: seguimos invadidos de cuentos tradicionales con los que taladramos las orejas de nuestros hijos. Princesas encerradas en el baluarte de su belleza que esperan pacientemente a un príncipe que llega al final de todas sus desgracias y con un beso les hace olvidar todos los pesares. FIN. Hasta aquí, el cuento. Ahora comienza lo que pasó después:

Ella se llama Pili y está enamorada de Manolo. Se han dado el primer beso y han practicado tanto el sexo oral como el escrito. Qué bonito es el amor. Salen todos los fines de semana hasta bien entrada la mañana. Beben cerveza, bailan, se agarran, se frotan, hacen el amor en una fuente. Hace calor. Se emborrachan. Manolo no sabe beber y siempre tiene un punto violento adorable. Le gusta que la agarre por la fuerza y la bese. Se siente Escarlata O´Hara, le da una pizca erótica importante. Deciden casarse.

En la fiesta de la boda Manolo coge una cogorza del trece. Casi no se tiene? de pie. Pili apenas puede disimular su contrariedad, pero no dice nada delante de los invitados y baila con unos y otros luciendo el vestido de ensueño demasiado escotado que siempre soñó para su boda. Un amigo de la panda intenta tocarle una teta, pero ella lo rechaza. Manolo le dice a su amigo que no le importaría que la compartieran. Pili se va. Sigue la fiesta. Los invitados se acaban marchando.

Los novios tienen la suite nupcial reservada en el mismo hotel de la celebración. Pili intenta llevarse a Manolo a la habitación, pero él quiere tomarse la penúltima. El personal del hotel mira a Pili con conmiseración. Finalmente llegan a la suite donde Pili sueña con meterse en el jacuzzi. Desde que contrató la estancia imaginó que haría el amor a 33º C bajo el agua. Manolo cae sobre la cama como un fardo. Levanta un momento la cabeza y vomita sobre el edredón de seda. Con gran esfuerzo, Pili consigue sacar el edredón de la cama y desnudar a su nuevo y apestoso marido. La suite se ha convertido en un lugar repugnante con olor ácido. Manolo yace como un pelele sobre la sábana y sigue durmiendo. Pili se desnuda, enciende el jacuzzi y lo programa para 33º C. Se mete en el agua. Sola. No había imaginado así su noche de bodas. Se pregunta si el amor es eso. Al final acaba acostándose al lado de ese hombre ácido. Siempre le hizo gracia verlo borracho, pero hoy ya no le hace tanta. Se duerme con un camisón rojo de encaje transparente.

Manolo despierta cinco horas más tarde. Recuerda que se ha casado y que no ha cumplido con su deber marital. Se acerca a Pili e intenta besarla. Pili lo rechaza.

-Hueles mal.

-Soy tu marido.

-Qué asco.

Siguen durmiendo. Por la mañana les? traen el desayuno. Pili lo recoge en la puerta.

-Gracias.

Da una propina. A Manolo le duele la cabeza. Acaban de comenzar la luna de miel, no tienen que volver al curro en quince días. Mañana saldrán para la Ribera Maya.

? …..

? El sol, el descanso, las pirámides y los daiquiris hacen que el amor aflore otra vez. A la vuelta, Pili se reincorpora a la caja del supermercado y Manolo al taller. Al llegar del trabajo Pili pasa la aspiradora, hace la comida del día siguiente y la cena de hoy, limpia el cuarto de baño, plancha alguna ropa, hace las camas y pone la lavadora. Manolo sale más tarde que ella del trabajo y para en el bar de la esquina a tomar una cerveza con los colegas. Cuando llega a casa Pili le da un beso y cenan. Manolo se ha llevado el plato a la sala porque hay fútbol. Pili recoge la mesa y friega los platos. Van a la cama, hacen el amor. Pasan unos meses. Pili está embarazada. Alegría. Al malestar inicial de las náuseas le siguen días de espera e ilusión. Pili carga con su barriga y a la vuelta del trabajo aspira, plancha, cocina y pone lavadoras. El último mes, cuando ya no puede con su cuerpo, pide una baja y pasa el día tumbada porque apenas puede moverse. La casa se va ensuciando, la ropa se amontona, comen de lata. La madre de Pili corre en su auxilio y pone algo de orden en el hogar. Nace una niña. Manolo protesta porque llora por la noche. Pili amamanta al bebé cada tres horas. A las siete Pili se levanta a preparar el desayuno de Manolo. Disfruta de la baja maternal, pero la niña ocupa todo su tiempo. La ropa se sigue acumulando, la plancha es un reproche silente que Pili ya no es escucha.

? …….

? Han pasado varios años. Pili ha parido tres hijos. Es encargada del supermercado.? Manolo se ha quedado en paro. A pesar de que el sueldo de Pili es mayor que antes, el dinero no llega. Manolo no sale a buscar trabajo. Pili encuentra una actividad adicional para los fines de semana. Cuando llega a casa aspira, plancha, cocina y pone lavadoras además de hablar con sus hijos, con los profesores, ir a las reuniones de la comunidad de vecinos y a las de las excursiones del colegio. Su espalda se resiente. Tiene varias hernias discales. Manolo encuentra trabajo. Está dolido porque Pili gana más que él. Discuten con frecuencia. Manolo nunca ha pegado a Pili, pero sí la llama puta y analfabeta. Es lo normal, sus colegas también lo hacen. Hay que hacerse respetar. Pili cree que él no es consciente de lo que dice. Lo perdona otra vez. Se encuentran en la cama. Ya no hacen el amor, sólo follan. Pili cree que si lo abandona, él se suicidará. Él bebe cerveza y fuma. Pili cree que él es bueno. Los hijos crecen y huyen de la casa. ¿De qué hablarán cuando ya no haya hijos en casa? ¿De qué discutirán?

A Manolo le hacen una encuesta sobre la igualdad entre los hombres y las mujeres y dice que su mujer está liberada porque siempre ha trabajado fuera de casa. Incluso gana más que él y a veces hasta sale con amigas.

-¿Ayuda usted en las labores del hogar?

-Por supuesto, arreglo los enchufes y lavo el coche.

Sueños en lucha

Filed under: Relato - Primer ejercicio — carla at 1:54 am on Sábado, noviembre 28, 2009

Uno Marcos Gluck había levantado su empresa de la nada. Sus padres volvieron? a España cuando él tenía 15 años y su familia nada en los bolsillos. Aprendió el oficio del desguace en la calle, con su padre y su hermano, mientras su madre se quedaba en casa cocinando y arreglando el pequeño hogar. Comenzó a interesarse por las motos desde antes de que tuviera uso de razón ya que veía dos ruedas y sus ojos se iban detrás. Su padre le había fabricado un patinete sobre el que soñaba con la velocidad, con el viento golpeando en su cara. Imaginaba que estaba en una moto. Sabía que algún día conseguiría una. Lo tenía tan claro que guardaba aquel primer pensamiento junto con otros importantes: la primera vez que montó en una moto, la primera moto que se compró, cuando vio a Isabel por vez primera y la última vez que abrazó a sus padres y hermano. El cerebro le obligaba a guardar solo ciertos recuerdos: los buenos.? El accidente que le privó de una infancia en el seno de una familia, se escondía en lo más recóndito de su alma.

El teléfono le despertó de su letargo. La luz del altavoz se iluminó y con presionar una tecla la voz de su secretaria anunció la llegada de su entrañable amigo Márquez. Junto a su mujer Isabel, era lo que más apreciaba en el mundo. Las casualidades hicieron que ambos apasionados del motor coincidieran y entablaran amistad, aunque provenían de lugares tan radicalmente distintos que todavía se preguntaban cómo “lo suyo” había durado.

Marcos, sin dinero y sin familia hacía equilibrios para poder comer y acercarse al Jarama a que la velocidad sacudiera su corazón. Diego Márquez, sin embargo, se paseaba por los boxes con facilidad. Con diecisiete años todavía no sabía lo que era trabajar y tenía previsto estudiar Derecho, como su padre, aunque deseaba algún día pertenecer al mundo de las dos ruedas. Sin embargo, la casualidad, como variable que de nuevo acudía a su vida, hizo que coincidieran en el circuito del Jarama, Márquez para ver el espectáculo y Gluck para solicitar otro trabajo que le mantendría los domingos y del que disfrutaría. A Miguel Márquez, el tío de Diego, le cayó en gracia aquel jovencito que parecía desesperado pero que tenía cara de espabilado. Fue el único piloto que le permitió entrar, aunque, en realidad, no le dejó, sino que como iba con su sobrino pensó que era su amigo, si bien en el segundo golpe de vista apreció claramente las diferencias de clase. Desde entonces, los dos jóvenes no se separaron. Aprendieron juntos a amar las motos y a moverse en aquel mundo.

Con el tiempo, Marcos se hizo un nombre en la reparación de motos. Diego acabó Derecho, pero montó su propia escudería, la primera escudería española. Juntos durante unos años fueron un tándem perfecto: uno era la imagen y el otro realizaba el trabajo que adoraba. Cada uno formó su familia y al cabo de los años volaron por separado, pero sin lágrimas ni rencor puesto que cada uno se dedicó a lo que realmente quería. Sus firmes pasos les hicieron un hueco en la sociedad española.

Ahora volvían a unirse para la aventura de encontrar el mejor mecánico que se uniría a ellos en el campeonato del mundo. Tras un abrazo sentido, se pusieron al día.

– Diego, lo que me propones me gusta. Sangre fresca, es lo que ya voy necesitando.

– No digas que estás mayor que te saco dos años y me haces más viejo -rió.

– Mándame a los chicos que seleccionaste para tu concurso y veré qué puedo hacer. Tendrán que meterse en grasa hasta el cuello -bromeó.

– Ay, qué antiguo eres, Marcos. Te vas a sorprender. Pero sí, quiero que los exprimas. Necesito al mejor.

Dos El lunes temprano, Marcos se preparó para recibir a los candidatos. Su secretaria Elvira el viernes le pasó los currículos, pero no había tenido tiempo hasta esa misma mañana para echarles un vistazo. Ángel y Martina. Debe de ser un error, pensó. Ángel y Martín, se dijo. Todavía no había iniciado su lectura cuando entraban en su despacho un chico y una chica.

¿Cómo es posible que alguien traiga a su novia a una entrevista?¿Cómo es posible que el otro candidato todavía no haya llegado? -se preguntaba Marcos. ¡Qué poco serios!

– Sr. Gluck. Aquí están: Ángel y Martina.

– Bien, Elvira, cuando llegue el otro candidato le hace pasar, por favor.

-¿Cómo dice? -preguntó extrañada su secretaria.

– Yo soy el otro candidato, señor -afirmó a media voz la chica mientras el joven la observaba casi con desprecio.

– Sí, señor Gluck, ella es la del currículum -le indicó Elvira señalándole la foto que encabezaba uno de los documentos.

Reponiéndose de la sorpresa, Marcos Gluck, dio la mano a ambos y los dirigió por la empresa en una visita rápida por las oficinas hasta los talleres, situados en la parte baja del edificio de tres plantas. Tras escuchar casi en trance la historia de la empresa que era líder en su sector, se dirigieron a los vestuarios por turnos, pues al no haber mujeres en la plantilla no disponían de vestuarios separados.

Ataviados con monos de trabajo, Ángel y Martina con expresión concentrada pasarían la tarde justificando los conocimientos que habían acreditado. A Marcos Gluck le bastaba con ver cómo cogían las piezas para saber si eran dignos de ellas o no. Los primeros ejercicios los pasaron casi a la par, si bien, Marcos tuvo que reconocer que Martina actuaba con una casi imperceptible pero mayor precisión que el chico.? Movía sus manos finas con rapidez y destreza. Desde luego que tenía mucha habilidad. Pasaron la tarde montando y desmotando piezas complicadas y motores y aplicando colores y barnices de gran calidad.

Ángel se sabía vencedor. Ya le habían comentado que la chica era pura publicidad,? pero lo cierto es que no sabía que iba a ser tan buena. El dueño de la empresa parecía igual de impresionado que él y es que Martina era una chica con muchos recursos.

El señor Gluck observaba con atención la actuación de ambos y aunque albergaba dudas al principio, veía que la joven se desenvolvía perfectamente. Tenía madera. Él lo supo cuando manejaba aquel motor como si fuera una de sus extremidades. Fue entonces cuando recibió la llamada que le agrió el día, le enfureció y ennegreció sus pensamientos: los organizadores le pedían que cogiera al chico. Martina era el objetivo de los medios. Estaban jugando con él y con las ilusiones de ella. Por primera vez en su vida, a pesar de todo lo que había pasado, sintió que la vida era injusta. Sintió que aquella chica tendría que rehacerse como él había hecho en tantas ocasiones.

Cuando realizaron las pruebas, el propio Gluck debía dar su visto bueno a los ejercicios pues se trataba de fichar al mejor. Cenaron y volverían a verse al día siguiente.

Marcos Gluck esa noche se planteó observando a su esposa Isabel si la veía tan persona como a él mismo. Si más allá de considerar que era la mujer que amaba, veía a alguien inferior a él. La sonrisa de su esposa con los ojos cerrados le dio la respuesta: no eran iguales. Para él ella era un ser superior y especial. Dejaría su vida en sus manos. Este pensamiento le acunó durante la noche.

Tres En el segundo día de pruebas y de la toma de decisión, Marcos entendiendo que en cuanto a conocimientos estaban a la par, tendrían que mostrar sus reacciones frente a situaciones? que aparecerían en su futuro trabajo.

Mientras los candidatos aplicaban sus propias teorías, Gluck y Márquez, se reunieron y se encontraron en desacuerdo. Nunca durante la historia de su amistad les había ocurrido aquello. Para el dueño de la prestigiosa cadena de talleres, Martina tenía derecho a todo y para el propietario de la escudería, el chico era la imagen que precisaban en sus filas: varonil y seguro de sí mismo. El concurso era un fraude.

Martina y Ángel entregaron sus supuestos prácticos y tras su examen, Marcos habló con los dos y les planteó sus dudas al respecto. Resultó ser una conversación de lo más reveladora: ambos eran luchadores natos y deseaban aquel puesto.

La pregunta clave que Marcos Gluck más apreció fue la descripción del sentimiento al conducir una moto. En la visión de Martina se reconoció: la búsqueda de la brisa acariciando su cara, sus brazos, su cuerpo. Los rayos del sol penetrando a través de la visera del casco y la libertad que aportaba a su vida.

¿Estaría el mundo preparado para esa chica? Y lo que era más importante, ¿y el mundo empresarial? De la decisión de Gluck dependería el futuro de Martina. Estaba en sus manos.

Cuatro A las diez de la noche, Ángel, Martina y los medios esperaban con impaciencia conocer quién acompañaría a la única escudería española en el campeonato mundial. Marcos Gluck tomó aire. Fue difícil, pero entendió que sería lo más acertado. Las presiones de Diego Márquez por elegir al chico le afectaron mucho. El sentimiento de ser un obstáculo para la felicidad de alguien parecía insoportable.

JUANA MARCIOTI (Las dos caras del espejo)

Filed under: Relato - Primer ejercicio — atman at 12:41 am on Sábado, noviembre 28, 2009

La señora Juana Marcioti era una pobre mujer.

Huérfana a los diez años y siendo la mayor de cuatro hermanos, la habían hecho cargo de casa y críos.

Su padre, respetuoso de la naturaleza, esperó pacientemente hasta su primera menstruación, para comenzar a usarla también de esposa. Aún no había cumplido los trece años.?

A los treinta, tenía cinco hijos, dos manazas coloradas y dolientes, y la cintura tan encorvada, que parecía estar siempre a punto de levantar algo del suelo.

Su padre, padre de sus hijos, había muerto hacía tres meses por una soberana borrachera.

No conocía un día de descanso, un momento grato, una sonrisa espontánea y en cinco oportunidades le había dolido más engendrar que parir.

Los hechos de su vida eran tan aciagos que superan las condiciones propias de la pobreza y la ignorancia, convirtiendo su historia en casi un castigo divino, por eso detallarlos, sonaría tratar de arrancar alguna lágrima al lector, así? que sólo hablaré de los estrictamente necesarios al efecto del relato.

La casilla, como siempre en verano, ardía y ? aún no era el mediodía.

El menor de sus hijos no había parado de llorar en toda la noche. Juana se levantó recordando que una vez, hacía muchos años, uno de sus hermanos también había llorado varios días y sus noches, hasta que murió. Se dio cuenta por su silencio, además porque cuando lo fue a? levantar estaba tan frío como había encontrado a su madre. Su padre le dio una soberana paliza, suponía? por el gasto del entierro (del de su madre se había quejado un año entero), pero después le hizo el amor, demostrándole que a pesar de todo… la quería.

Si ahora se moría su hijo no habría quien le pegase. Igual algo ya sabía de críos. Lo levantó, le dio agua -para comida no tenía, pero a eso también estaba acostumbrada-.

Su hermano, el que le seguía en edad, era quién les daba plata, a pesar de que ella le había negado el sexo una mañana. Lo enfrentó con el cuchillo diciéndole fiera: “Papá si, vos no”. Pero como hacía unos quince días había caído preso, subsistían con las limosnas conseguidas por los otros hermanos e hijos.

Ella difícilmente salía de la casilla, acaso una vez al día para traer agua.

Tenía suerte ya que era de las grandes, fuerte, de dos ambientes. No como las de ahora de cartón, sin divisiones. El piso de tierra daba sensación de fresco, pero sólo a las piernas. Las chapas casi le pegaban en la cabeza, “hirviendo la sesera”, según sus dichos.

Tomó el trapo de bañarse y lo empapó. Frente al pequeño espejo se lo pasó por los brazos, cara y cuello, luego lo apretujó sobre su cabeza. Debía ir a buscar más agua. Esos baldes eran los máximos responsables de su cintura doblada.

El crío había parado de llorar. Lo tocó por las dudas. Ardía. Estaba todo bien.

Nunca había pisado un colegio, no sabía ni leer ni escribir. Mucho menos sumar o restar.

Si hubiera venido al mundo con algún tipo de inteligencia, ésta se habría esfumado con el humo del fogón.

En un rincón del escaso ambiente había un pozo en la tierra sobre el que cocinaba, en una olla sostenida de un gancho sobresaliente de la pared. La única ventana estaba del otro lado de la puerta, por ello el humo giraba dentro de la casa, escapando con languidez por las ranuras del techo y alguna grieta del tabique de atrás, que siempre amenazaba con caerse pero seguía en pié.

Volvió con el agua. Al entrar vio un salón gigante, dorado, luminoso, con grandes sillones aterciopelados. Sacudió la cabeza, entonces la imagen se reemplazó por el consabido catre contra la pared.

Se sentó, inmediatamente el bebé comenzó a llorar. No tenía un año de vida pero algo ya caminaba. Lo vio bajarse de la cama, cuando llegó a su lado lo alzó. Pesaba poco, mejor, aún lo cargaba muchas horas al día.

Olvidó pronto la imagen de ese gigante salón.

No tenían luz eléctrica, nunca la habían tenido. El televisor, de dudoso origen, traído por el hermano, le molestaba por el lugar que ocupaba, entonces lo usaba de repisa. Extraño lujo entre tanta miseria.

La vecina le había ofrecido “colgarla” de un poste cercano, pero para qué…,si tenía televisión, los chicos holgazanearían todo el día, en lugar de ir a pedir….

Fue a encender el fuego para cocinar, tenía unos pocos fideos y algo de arroz, si mezclaba las dos cosas, alcanzaría para todos.

Al agacharse con el fósforo en la mano, delante suyo surgió un hermoso fuego en un marco de piedras blancas, lisas, brillantes…sintió un fuerte ardor en los dedos, soltó el fósforo cayendo sentada. Así se quedó tratando de entender por qué veía lo que veía y no lo que realmente había frente a sus ojos. Sacudió la cabeza varias veces intentando recordar qué hacía…, ¡ah si!, encender el fuego para cocinar.

Ella tenía muy poco contacto con el mundo, sólo algunas veces su vecina le había prestado revistas para que mirara las fotos. No sabía de qué se trataban esas apariciones, pero con seguridad era algo totalmente distinto a lo conocido. Primero ese lugar tan limpio, brillante, lujoso, y luego esos leños tan parejitos, sin humo.

Cocinó. Comieron los niños. Al terminar salieron corriendo a jugar a la pelota, ella “picó” las sobras.

El barrio era un verdadero jardín de párvulos. Lo único que abundaba en ese rincón de la ciudad eran niños. Más apropiado que barrio sería llamarlo campo de concentración, porque todos estaban descalzos, mal vestidos, sucios, flacos, divirtiéndose entre chapas, alambres y basura.

El bebé se quejaba. Juana? decidió acostarlo con ella. Pronto ambos se quedaron dormidos, bajo el rigor de la tarde.

Soñó con el salón exultante de la visión de esa mañana. En su sueño participaba un hombre. El le hablaba, pero ella no lograba entenderlo. Estaba vestida con una túnica de tela muy suave, más que vestida parecía acariciada del cuello a los tobillos. Se movía por esa habitación erguida, con total soltura, a pesar de los altos tacones. Los zapatos también eran muy suaves. Todo era liso y brillante a su alrededor. Hasta su piel se sentía como la del bebé.

Sabía que estaba molesta, pero no alcanzaba a comprender el por qué. Debía recriminarle algo al hombre, algo no le gustaba. El llanto de un recién nacido inundó la sala, haciéndose cada vez más fuerte hasta despertarla.

Su hijo estaba en un grito. Debía tener hambre. Mezcló el poco de leche que le quedaba con agua, como para media mamadera. Se la puso en la boca.

Habían dormido un buen rato, ya eran casi las cinco de la tarde.

El nene tomaba la leche en su regazo, cuando comenzó a recordar el sueño. Sin querer se le cerraban los ojos, la mente se le iba a la hermosa tela, disfrutaba el placer que le había dado sentirla contra su cuerpo, tan suave y fresca. Era de color celeste, con unos dibujos raros en dorado y azul. En su sueño sabía que se llamaban arabescos, en su vigilia nunca había conocido nada igual.

Vio cómo una gota de leche manchaba tan perfecto vestido. La sacudió rápidamente, pero el paño estaba impregnado. Apoyó al chico en el catre para continuar sacudiendo el vestido, hasta darse cuenta que estaba frotando el gastado algodón floreado del batón que la tenía como tercer dueña.

Sabía que su esposo había robado el niño a la verdadera madre. También sabía que lo había hecho presionado por ella, por su empecinamiento en mantener un cuerpo esbelto, por no experimentar dolor alguno. Esa mujer no podía mantenerlo, en cambio ellos eran muy ricos, lo convertirían en un príncipe. Claro, no paraba de llorar, pero las dos nanas ya se encargarían de tranquilizarlo. Era hermoso, tenía unos dos meses, ella juraba su parecido. Ya estaban hechos los papeles legalizando su paternidad, gracias a médicos y jueces amigos. Su verdadera familia no lo encontraría nunca. Lo supo cuando lo vio desde el automóvil, al acercarse la mujer con él en brazos a pedirles limosna. En el París de la postguerra había mucha pobreza y unos pocos ricos, más ricos gracias a la misma guerra que a los otros los había hecho más pobres. Su padre era un millonario ostentoso. Ella como su única heredera: una ostentosa mimada. Su esposo debía rendirse a sus caprichos. El “hijo” era uno de tantos.

No tenía idea de que hacer para comer esa noche. En realidad no era muy difícil porque no tenía nada. Fue a buscar agua nuevamente. Prepararía mate cocido ahora, así podrían tomarlo frío. Hacía demasiado calor.

Se daría un baño antes de cenar. Decidió pasar por el cuarto de su hijo. La nana leía en un rincón. Al verla se puso inmediatamente en pié. El bebé dormía. Le tocó la carita ardiente. “Tiens! ¿En qué está pensando, para qué se le paga?, ¿para que lea?”, los alaridos de la mujer despertaron al niño llorando. La pobre nana no sabía para donde correr, pero enseguida lo averiguó, cuando escuchó que la patrona la despedia. Inmediatamente la madre llamó al médico de la familia.

Golpearon la puerta, la mujer indicó que pasaran. “Permiso” dijo la vecina, “¿Qué le pasa Juana?… está muy pálida”. “No sé, estaba muy lejos, no sé dónde”. “Pues pensé que había alguien más porque escuché voces “. Le contó que el bebé tenía fiebre y la vecina le ofreció un remedio que aceptó. También le contó que estaba haciendo mate cocido para la cena, viendo en ese momento el agua casi consumida.

La vecina se fue, regresando con las gotas y un poco de polenta. Ella ya había puesto más agua al fuego. Charlaron un rato sobre los chicos, el calor… pero se cuidó bien de mencionar esos “sueños raros”.

Esa noche se revolvió en su cama hasta que un agotamiento atroz la durmió alrededor de las cinco de la mañana.

Se levantó a las ocho y treinta, yendo directo a la ducha. Se secó enérgicamente colocándose la bata de seda blanca y las chinelas de raso haciendo juego. Pasó por la habitación del bebé. La segunda nana estaba cambiándole los pañales. Mejoraba, tenía ya la frente tibia, pero no sonríe. El niño no sonreía. Podría saber de su origen, o acaso de su destino. Lo alzó, protestaba “Si mi amor, si, si” –lo arrulló.

Tiraban de su vestido con insistencia. Era el mayor de sus hijos, quien le preguntaba “¿qué decís mamá, qué quiere decir oui, oui?”. No le contestó, sólo le palmeó la cola. El chico salió corriendo.

Cuán poco se miraba al espejo. En un rincón, colgaba de un clavo exagerado para su exiguo tamaño, el espejo redondo, que apenas captaba una cara. Allí se reflejaron el cansancio y la angustia de Juana. Se observó unos segundos. Sus ojos denotaban la sospecha de una vida mejor, más cómoda. No entendía porque a ella le tocaba una tan difícil, dura, inclemente.

El espejo, fiel, devolvió la imagen desde el cabello sedoso hasta las sedosas pantuflas. Se observó con la satisfacción fría que da la certeza del manejo cruel de otras vidas. Detrás suyo se recortó la imagen de su madre. En voz baja, pero crítica, la interrogó “Qué has hecho?, ¿Cómo has podido mandar robar a esa criatura?”. Sacudiéndose los bucles por un hombro, la miró sobre el otro, repreguntando a su vez “¿Por qué no? Me gustó, supe que debía ser mío, ¿por qué no?”. “Hija, Dios te va castigar…”, “No en esta vida mamá… no en esta vida”.

Y el gemido quedo del espejo, agazapado, en espera? de otra encrucijada.

La leyenda de Salina

Filed under: Relato - Primer ejercicio — Indalo at 12:16 am on Sábado, noviembre 28, 2009

Archisabido es que las mujeres dotadas de gran belleza cuentan con un arma poderosa para vencer la voluntad de los hombres y conseguir sus propósitos. Tanto la Historia como la experiencia alimentan esa consideración. Pero esas mismas mujeres también sufren los peligros que su belleza despierta en los hombres.

La leyenda de Salina –la mujer más bella de su tiempo-, extraída del saber popular, concluye con unas interrogantes: ¿Fue heroína, loca, irresponsable o avanzada a su época? Usted podrá opinar cuando conozca la historia…

Corrían los últimos días de la Pascua de 1520 cuando, en una boda entre campesinos del condado de Albate, se conocieron Lope y Salina.

Lope era un mancebo aventajado, de veinte años, hermoso y saludable, que, a pesar de su condición de siervo, había aprendido las artes de la escritura, había conseguido el puesto de ayudante del escribiente del feudo, desempeñaba sus labores en el castillo del condado, entre la nobleza, y recibía similar trato y consideración que donceles, hidalgos y caballeros. Según se decía, la espléndida trayectoria de Lope se debía a que era hijo bastardo de Pero de Almarán, hermano del conde Gonzalo de Almarán, señor de los territorios del valle de Albate.

Salina era una jovencita de belleza deslumbrante, morena, ojos negros, labios sensuales, cutis aterciopelado y constitución esbelta con llamativas prominencias. No sólo destacaba por sus excelsos atributos físicos sino también por su gentileza, desparpajo y dotes artísticas, en especial por su destreza para la danza y la recitación. Tenía dieciocho años, según ella. Era huérfana y vivía con la familia Hernando desde que la encontraron perdida o abandonada cuando la joven tendría unos catorce años. Los Hernando eran leñadores del condado de Albate, vivían en las montañas y eran libres, pues sus obligaciones se limitaban al pago de impuestos y diezmos al condado y a la abadía respectivamente.

Recién acogida a su nuevo hogar, la joven comenzó a llamar la atención por sus virtudes. Se decía que podría pertenecer a la nobleza, incluso que era de sangre azul, porque llevaba un collar de oro y poseía conocimientos de lectura, de escritura, de música y de diversas artes, algo que en principio no se sospechaba, puesto que todos pensaban que era muda, ya que permaneció dos días callada. Cuando comenzó a hablar no recordaba nada de su pasado, ni siquiera su nombre, o al menos eso decía ella. Se le puso el nombre de Salina y no tardó en adaptarse a su nueva forma de vida, pero sin olvidar su educación, conocimientos y costumbres.? Éstos le permitieron componer romances y canciones, que añadió a los que conocía, para luego recitarlos en las fiestas familiares. No se realizaba una sola reunión festiva entre los leñadores sin que se contara con la gracia y la amenidad de Salina. Sin embargo, en el valle apenas se le conocía, porque los leñadores visitaban el valle y el castillo en contadas ocasiones. En una de ellas, los Hernando asistieron invitados a una boda campesina, y fue entonces cuando se conocieron Lope y Salina.

A poco de conocerse, Lope y Salina se enamoraron y planearon su boda. Ella, muy pobre, expuso a Lope y a los padres de éste que, debido a su situación de orfandad y a la escasez de medios de su familia de acogida, no podía aportar ni dote ni ajuar. Se reunieron las familias y acordaron construir para los futuros casados una pequeña vivienda adosada a la casa de los padres de Lope, para cuya obra los Hernando proporcionarían la madera necesaria.

Tanto para edificar la vivienda como para desposarse necesitaban la autorización del conde, ya que la familia de Lope eran siervos y la obra debería realizarse en propiedad feudal; pero, antes de eso, Salina exigió solucionar otro problema, el más grave, un problema que estuvo afligiéndola desde que se enamoró de Lope. Quería saber si el conde ejecutaría el tradicional derecho de pernada, o bien, les permitiría conmutarlo por un tributo alternativo. Sólo cuando conociera la intención del conde, tomaría la decisión de construir la habitación y de casarse.

Lope era un joven sumiso y disciplinado, que jamás había exigido sus derechos porque, como la mayoría, pensaba que no los tenía. Era un chico como los de su tiempo y condición, que contemporizaba con el modo de vida que le había tocado vivir y no se cuestionaba contradecir ni desobedecer las normas que regían el condado, ni ofender o molestar al conde, a quien consideraba el más grande de los mortales. Íntimamente no le preocupaba demasiado lo que éste decidiera respecto al derecho de pernada: era algo aceptado por el deber y la costumbre. Sólo le preocupaba por Salina, principalmente por si se negaba a contraer matrimonio.

Por el trato que recibía como escribiente, Lope albergaba esperanzas de que el conde no ejerciera su derecho. Solicitaron audiencia y no pudieron ser recibidos por el conde porque, debido a la guerra de los comuneros, había salido hacia la corte de Valladolid, llamado por el rey Carlos I. Los recibió Alfonso, el hijo primogénito del conde, la persona más temida del condado por su engreimiento y sus tropelías. Se sabía que Alfonso, de veinte años, era padre de más de dos docenas de hijos bastardos.

Alfonso estaba sustituyendo al conde en las audiencias, sentado cerca de su madrastra, la condesa, que ocupaba el sillón de mando sobre el entarimado. La condesa, máxima autoridad en ausencia del conde, delegaba los asuntos en su hijastro, pero los supervisaba porque no confiaba en él. El escribiente tomaba nota, y un alguacil, debidamente armado, custodiaba el salón.

–? Hablad, Lope –ordenó Alfonso, secamente.

–? Con el permiso de su señoría –dijo, mirando hacia la condesa y haciendo una leve inclinación. A continuación, se dirigió al hijo del conde–. Vuestra señoría disculpe la molestia que pueda causarle mi humilde petición. Ha llegado el momento en que necesito formar familia y, habiendo conocido a una cristiana y bondadosa mujer, perteneciente a la familia Hernando, leñadores y tributarios de vuestras ilustres señorías y de vuestro ilustrísimo padre, y deseando las dos partes unirnos por la gracia de Dios, pedimos contar con la conformidad de vuestra señoría para llevar a cabo nuestro enlace.

–? ¿Quién es ella?

–? Salina, su señoría.

–? ¿Salina? No la conozco. Que pase.

Salina se había arreglado para la ocasión y estaba bella como las flores del paraíso y reluciente como la más primorosa estrella. Cuando Alfonso la vio, se quedó mirándola embobado, absorto, como quien ve algo sobrenatural. Quedó tan afectado por su belleza que no pudo pronunciar palabra. La condesa se apercibió de la situación e hizo un ademán a Salina para que hablara.

–? Señoría –dijo mirando a la condesa, y ésta señaló hacia su hijastro, indicándole a Salina que tenía que dirigirse a él -. Esto… señor, quisiera…

–? ¡Alto! –intervino el escribiente-, trate a su señoría con el debido respeto.

Lope se acercó a Salina y le dijo al oído que debía tratarlo de señoría o de ilustrísima, pero ella negó con la cabeza y se dirigió al escribiente.

–? Señor escribiente –replicó Salina-, no es faltar el respeto tratar al hijo del conde de señor. El tratamiento de señoría corresponde al conde y a la condesa.

–? Está usted equivocada: Su señoría, Alfonso de Almarán, ocupa el lugar de su señoría, el conde, durante esta recepción.

–? Eso no es suficiente.

–? Déjala hablar –intervino la condesa, y silenció al escribiente.

–? Señor, sólo quiero saber si su señoría, el conde Gonzalo de Almarán, pretende ejercer el derecho de pernada conmigo tras nuestro enlace.

La condesa y su hijastro se miraron durante unos instantes: no era un tema que a ella le gustara, pero quedó admirada por el desparpajo de Salina. Alfonso se levantó, bajó de la tarima y se acercó a Salina. Al llegar a su altura dio una vuelta alrededor de ella mientras escrutaba su cuerpo con sumo interés y aparente gozo.

–? ¡Vaya, vaya! Con que tenemos a una mujer irreverente y descarada. ¿No sabéis que esa petición no os corresponde a vos, sino a vuestro futuro esposo?

–? Mi cuerpo lo defiendo yo. ¿Acaso por ser mujer no puedo hacerlo?

–? Vuestra señoría –intervino, Lope-, ella no conoce las normas de…

–? ¡Callad, Lope! –exclamó Alfonso, molesto.

–? Bien, Salina, relevaré a mi padre en esta ocasión y ejerceré el derecho de pernada con mucho gusto –La condesa, discrepante, hizo un ademán para levantarse del sillón, pero permaneció en él para escuchar a Salina que tomó la palabra.

–? He venido hasta aquí para pedirle al conde que no lo ejerza, y mucho menos quisiera que lo ejercierais vos.

–? ¿Me despreciáis? ¿Soy poco para vos? –preguntó con voz temblorosa, sonrisa socarrona y ojos encendidos y crispados.

–? No os desprecio, pero no quiero entregarme a ningún hombre, salvo al mío.

–? ¡Basta!, eres muy orgullosa para ser una simple labradora. Lo dicho, dicho está, no te eximo de tu obligación, sino al contrario. ¿Cuándo será el enlace?

–? En estas condiciones, no habrá enlace –respondió Salina, con firmeza.

–? ¿Quién te crees que eres?

–? Disculpe vuestra Señoría –dijo Lope-, es muy joven y algo temperamental.

–? Basta -ordenó la condesa, levantándose e interviniendo cuando intuyó que Alfonso podía a desatar su ira-, trataremos este asunto con el conde. Marchaos.

Alfonso no podía ni debía contradecir a su madre y frenó sus impulsos. Antes de salir, Salina cruzó su mirada con la condesa, y observó un atisbo de comprensión. Después la cruzó con Alfonso y encontró maldad e impotencia.

Se marcharon del castillo muy disgustados y decidieron esperar el regreso del conde con la esperanza de que fuera más indulgente.

Transcurrieron dos semanas y el condado recibió la noticia de la muerte del conde en un enfrentamiento con los comuneros. Su hijo Alfonso se trasladó de inmediato a la corte de Valladolid a entrevistarse con el rey Felipe. Su Alteza decidió otorgarle su confianza, lo nombró conde y le otorgó los mismos poderes feudales que a su difunto padre. Alfonso regresó satisfecho y ufano con el poder que había conseguido a sus veinte años.

Los habitantes del condado recibieron la noticia con preocupación y desconfianza. La mayoría tenían la esperanza de que se hiciera cargo del condado el abad del monasterio de Lances, anejo al condado; ya que la condesa, por ser mujer, no podía. La situación ya era mala debido a las sequías y a la guerra de los comuneros, pero podría empeorar con un conde tan inexperto y malvado.

El conde Alfonso fue fiel al rey durante la contienda y mantuvo su apoyo a las fuerzas reales. Al llegar la primavera, y tras tres meses combatiendo, regresó al condado después de perder a la mayoría de sus hombres en distintos frentes. Recibió el encargo del Rey de formar una nueva tropa antes del otoño.

Una noche, el Conde mandó un emisario a Salina con la orden de que lo acompañara al castillo. Salina sabía a lo que se exponía y no obedeció. Al día siguiente, el mismo emisario regresó de nuevo con la advertencia de que lo acompañara por su bien. Salina no obedeció. Al tercer día un incendio destruyó la vivienda de los Hernando.

Todos sabían quién había sido y por qué. El mismo día volvió a presentarse el emisario amenazando de nuevo a Salina. Ésta no obedeció. La familia Hernando encontró acomodo provisional en unas cuevas.

El cuarto día le fue requisada la yunta a la familia de Lope, y a éste lo expulsaron de su cargo de escribiente, con lo cual sólo le quedaba la alternativa de alistarse para la guerra.

La tragedia se extendió en las familias de Lope y Salina, que se citaron para idear una salida a la situación. Durante la reunión nadie culpó a Salina, pero ésta apreciaba dudas en los rostros de los hombres y decidió ponerlos a prueba.

–? Lo mejor para todos –dijo Salina- es que acepte la petición del conde. Con ello se terminarán las desgracias.

Los hombres agacharon la cabeza y miraron al suelo, aceptando lo que acababa de proponer Salina y a la vez avergonzados.

–? ¿Dónde están aquí los hombres? –gritó María, la abuela de los Hernando– ? ¡Qué poco valor tenéis! Sabina, no pierdas tu honra, estas gentes no se lo merecen.

–? Gracias, abuela. Acabo de comprenderlo todo –añadió mirando a Lope, que continuaba cabizbajo-. Iré a reparar la afrenta que también a mí me han hecho.

–? Y esa es la historia, trovador –dijo uno de los dos ancianos que la narraron.

–? No la había escuchado antes. Gracias viejos. La añadiré a mi repertorio.

–? No se te ocurra contarla en este condado ni refieras el lugar donde ocurrió –le pidió uno de los ancianos al trovador–. Desde entonces, gozamos de mala fama.

–? Seré fiel a nuestro trato. Pero… ¿qué ocurrió después, qué fue de Salina, sabéis algo? –preguntó el trovador.

–? De ella nada más se supo ni nadie volvió a verla, pero logró que repararan los daños que habían causado a las familias, cuentan que por intercesión de la Condesa –respondió el mismo anciano.

–? ¿Y el conde Alfonso aceptó?

–? No, no, el Conde murió de repente la misma noche que recibió a Salina –respondió el otro anciano.

–? ¡Bah! Eso es lo que dicen, pero no es cierto: lo mató Salina –dijo el anciano.

–? ¡Eso no está comprobado! –exclamó el otro viejo.

GRACIANA

Filed under: Relato - Primer ejercicio — Alicia at 11:48 am on Viernes, noviembre 27, 2009

?

GRACIANA

?

Durante la infancia una mujer depende de su padre;

al casarse, de su marido;

si este muere, de sus hijos.

Una mujer nunca debe gobernarse a sí misma.

Leyes de Manu. Libro Sagrado de la India.

?

Larga es la Historia y tan largos como ella los sinsabores de la mujer que, a través de los siglos, ha bregado por equipararse al hombre. Extensos los tiempos e intensos los esfuerzos en pos de la igualdad de géneros, para llegar a un presente con una equivalencia conseguida a medias y una desigualdad que permanece, encarnándose muchas veces en una violencia? ilimitada.

Por ello aquí la historia, con minúsculas, de Graciana.

Fue una tarde de verano, de esas que hacen que la tierra se estampe de grietas infinitas y le imprime a la indigencia un sello definitivo y trágico.

El sauce de la entrada se había convertido en una silueta esperpéntica que parecía retorcerse hacia su sombra, ya casi inexistente. Más atrás, la choza intentaba resistir al embate del viento caliente, apuntalada con maderos resecos; en los huecos que hacían de ventanas las telas ondulaban minimizando su función de mermar el calor reinante.

A pocos metros, las huellas del arroyo marcaban un sendero donde los animales pretendían rescatar los últimos vestigios de humedad y a la distancia, el aljibe vacío se había transformado en un trasto inútil.

?

Los más chicos pateaban la pelota de trapo que desaparecía? entre la nube de polvo y matas secas. Echada en el catre, Elisa mostraba una congoja profunda de quién sabría qué origen.

Graciana, sentada en el patio de adelante, parecía estar ausente. La mirada vaga perdida hacia los cerros, encerrada entre unos párpados sin fuerzas. El rictus de la boca y las marcas en la piel como un reflejo de la tierra agrietada, le sumaban edad.

Cuarenta y cinco años que semejaban sesenta. Dientes ausentes y manos callosas, fruto de décadas de trabajos insalubres y forzados propios del sexo opuesto del que, decididamente, no guardaba buenos recuerdos. Esas mismas manos que esa tarde retorcía impotente frente a la adversidad.

Antonio dormía su borrachera bajo la penumbra formada por el alero del fondo. Las moscas aleteaban en derredor, convocadas por los efluvios de un cuerpo saturado de cerveza y vino barato. La damajuana casi vacía vertía el último chorro sobre la tierra, atrayendo a los gorriones incapaces de diferenciar los fluidos.

Entonces la mente de Graciana escapó involuntariamente hacia el pasado.

La soledad y la pobreza la acompañaron desde siempre. Había supuesto, equivocadamente, que el ? fundar una familia le permitiría sentirse respetada y olvidar su pasado infame. Nada más lejano. Años de soportar abusos y maltratos la convencieron de lo contrario.

Cada amanecer tomaba el hacha y cortaba uno a uno los leños que paliarían el frío del invierno. Día tras día realizaba las tareas del hogar y controlaba los escuálidos productos de la huerta. Mes tras mes guardaba secretamente las monedas sustraídas de alguna de las ventas de lo obtenido. No les sabía el destino, se tomaría tiempo para decidirlo.

Y cada? día el hombre volvía al alcohol y a los insultos, a los golpes esquivados y al vómito amarillo entre las sábanas de una cama matrimonial abandonada.

A la voz pastosa y al aliento inmundo, a los gestos obscenos y a las palabras indescifrables.

Había tolerado lo indecible pero esto era demasiado. Le había perdonado muchas, ya no.

Porque sabía de donde provenía la tristeza de Elisa, una tristeza honda que no la abandonaría nunca,? un ultraje imperdonable que no quedaría impune.

Se levantó lentamente. Los pies hinchados le hacían dificultoso el traslado pero estaba resuelta. Caminó hacia la casa y entró en la cocina, ? salió con la mirada lúcida y el rictus amargo convertido en una sonrisa patética.

El calor le dio de lleno en el rostro transfigurado y buscó la sombra del alero del fondo.

Los nudillos le dolieron y su ? corazón se aceleró. Las manos callosas oprimieron con furia el mango gastado de la pala de punta y cerró los ojos para no mirar.

El sauce se arqueó aún más sobre su tronco seco y los gorriones continuaron revoloteando sobre los fluidos que jamás podrían distinguir.

?

?

———————————

?

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — sblach at 11:50 pm on Miércoles, noviembre 25, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. Caminé hacía mi coche, lo había dejado en un desvío poco antes de tu casa. No me fui inmediatamente, necesitaba fumarme un cigarro y pensar en lo que había pasado. La nariz ya no me sangraba pero me dolía simplemente con respirar. Después de verme en el espejo retrovisor y maldecir a toda tu familia, me convencí de que no tenía tan mala pinta, incluso me daba un aire de hombre duro que pensé me sentaba bien.

Sé que me buscarás y te estaré esperando, como lo hiciste tú, sabías que iría antes de lo previsto, lo que aún no he averiguado es como te enteraste. Me cogiste por sorpresa, el estado de mi nariz es prueba de ello, aunque tú te llevaste la peor parte. Por suerte aquel objeto de cristal quedó al alcance de mi mano, ya sabes que pasó después. Puse cuidado en que no pudieras moverte ni gritar por si lograbas salir de tu inconsciencia. Esperé a que dejara de nevar, mientras pensé en los lugares más absurdos donde esconderte, e imaginé la cara de la fulana con la que te entiendes cuando te descubriera. Me divertí un rato, a ti seguro que no te hace tanta gracia, tenías que haberte visto, diste una foto muy buena.

Si te preguntas si me habré llevado yo el dinero, pues lo más probable, o eso, o tu amiguita, ya te dije el día que la conocimos en aquel antro de mala muerte que no era de fiar. Te acuerdas de aquella noche, claro que te acuerdas, una voz anuncio su aparición en el escenario, acompañada por el trío de jazz de la casa, tengo que confesarte que su aparición en el escenario me impresionó, ese andar pausado al ritmo de la música poniendo un pie justo delante del otro, aquel vestido rojo que le sentaba tan bien, como se fue acercando al micrófono suavemente y le susurro, desbordaba sensualidad esa noche.

Mi embelesamiento fue breve, después de escucharla hablar durante una hora seguida sin apenas pausas para respirar sentí unas ganas irrefrenables de meterle algo en la boca para que se callara (? ? ? ) esté paréntesis fue para reírme un rato.

Sin embargo tú esa misma noche te convertiste en su pelele, su perrito fiel, acatabas sus órdenes y complacías sus deseos, todo por un polvo de vez en cuando. Fue una perdida de tiempo yo conseguí lo mismo haciendo totalmente lo contrario, apostaba a dos caballos ganadores, aunque el único que nos era consciente de su juego eras tú.

Ella nos atrapo como a dos moscas en su telaraña, nos enredo con su verborrea y acabamos robando el puñetero banco, sorprendentemente salió bien. Reconozco que siempre formamos un buen equipo tú y yo. Nos fue bien hasta que intentaste jugármela,? sin acierto, se que ella fue la lo maquino todo, pero la pierde su sucia lengua y acabe por enterarme. Aun debes estar mareado por el giro que pego el asunto, nunca quisiste admitir que voy un paso por delante de ti.

Ahora me encuentro más lejos todavía, soy un anónimo en un país anónimo, supongo que querrás saber más detalles pero te bastará con saber que hago lo que me da la gana cuando me da la gana. Pensé en enviarte una foto pero ya me parecía un poco cruel y creo que ya he sido bastante (? ? ? ) no se que me pasa hoy que tengo la risa floja.

Bueno querido amigo, me despido de ti con el deseo de no volver a verte.

P.D. No pierdas el tiempo con el matasellos, he cuidado mucho los pequeños detalles.

LA VIDA PASA EN UN SEGUNDO

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Beny at 11:20 pm on Miércoles, noviembre 25, 2009

Vidas insufribles dentro de la mente

Situaciones increíbles como la misma muerte

Todos los recuerdos que fluyen como una fuente

Me golpean la frente como un torrente

?

La niñez alegre y desenfadada

Mi madre pendiente y siempre entregada

Un padre recio pero justo, con? la vida cansada

Hermanos solidarios con los que siempre contaba

?

Veo un pasado desconocido

En cada etapa de mi vida siempre he crecido

El que ayer se acostó no es el mismo que hoy despertó

Soy el mismo que nunca existió

?

Busco el sentir del pétalo de la rosa en mi mejilla

Busco la caricia tierna de mi madre después de mis pesadillas

Busco la fortaleza de mi padre en mi cobardía

Busco a mis hermanos y su grata compañía

?

Mi pasado es mi presente y pasa tan veloz como el viento

Siento que aun cuando me equivoque no me arrepiento

Nunca la vida tiene argumento

El pasado, el presente, el recuerdo no tienen tiempo

Perfil

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — SILVIA SOLIS CAMACHO at 6:31 am on Miércoles, noviembre 25, 2009

Te alimentas de sombras,

vives la noche

tu piel temblorosa

se impregna de rocío

se altera trémula de gozo.

?

Beso tus orillas,

como el mar? a la arena

como el sol? al horizonte.

?

Tus manos se deslizan;

las siluetas…

? ? ? ? se engarzan

? ? ? ? se acercan

? ? ? ? se penetran

? ? ? ? se dispersan

?

dos en uno…

uno en dos…

extremos infinitos…

? ? ? ? ? ? ? sentencia del destino.

la nieve

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Rosa Marina Campos at 10:57 pm on Martes, noviembre 24, 2009

Nevó toda la tarde .Por fin? paro un poco? y Salí a la calle .pero no había forma? de caminar? sin dejar huellas. Me encontrarías, entonces llego ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata, entro en tu casa? por la puerta principal y yo aproveche para alejarme.

? Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran sobre la nieve.

Cuando me alejaba me dije ya nunca volvería a verte ni a hablarte ,lo único que me importaba era deshacerme de tu recuerdo y en mi, ya no cabía ni el mas mínimo sentimiento bonito hacia ti, quería , alejarte de mi corazón que un día dijo amarte, pero ahora ya nada importaba.

? Me aleje en un? jeeap? ? ? ? ? ? a toda velocidad? no se, paro tenia la sensación ? que en ese instante en ese tiempo dejabas de existir luego subí a la habitación del hotel, ya mi nariz no sangraba gracias adiós y me dispuse a darme un baño ,luego me recosté un poco y me quede dormida no se cuanto tiempo ,cuando desperté ya era demasiado tarde ,y como pude adormitada quizá ? me fui a darme un buen baño ,me acorde que ese día tenia una reunión muy importante ,con uno de mis proveedores ,y me fui estando en la reunión no podía concentrarme ,pensando en ella ,me molestaba recordar ese mal momento que pase y tu ni cuenta te distes? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? .

Recuerdos

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Rosa Marina Campos at 10:35 pm on Martes, noviembre 24, 2009

?

De aquel ? amor que pudo ser hermoso,

Queda un recuerdo apenas revelado

Solo las lágrimas son agua y van al mar

Pero el destino quiso que te marcharas, y se perdió la magia.

? No es la distancia la causa del olvido, púes aquel amor, sé detuvo al

Andar.

? Quiero verte por última vez la niña de tus ojos, tus dientes de perla, tus labios de carmín

El horizonte se acorta los arboles esparcen suspiros alados, la luna con sus hilos de plata me elevan consigo donde tu lecho yo vería a mi amado.

FALTA UNO

Filed under: Relato - Primer ejercicio — Alfonso at 7:01 pm on Martes, noviembre 24, 2009

FALTA UNO

Siglo XIX

Todavía no amanece y Carmen ya baja por la Ruamayor. El avisador les ha despertado muy de mañana y como siempre se ha levantado rápidamente para hacer los desayunos y arreglar un poco la casa mientras José se prepara para ir al barco y los niños se desperezan lentamente.

Una pobre, dispersa y tenue luz, ilumina el suelo empedrado; nunca lo suficiente como para evitar meter los pies en los múltiples charcos que la lluvia suave, lenta e infinita ha ido dejando durante toda la noche. Carmen y José caminan juntos, casi pegados, refugiándose debajo de los balcones y los aleros del agua, que, a veces, irrumpe en pequeñas riadas desde los tejados. Ella ensimismada en sus pensamientos, envuelta en mil refajos, lleva una canasta de mimbre, ora en la cabeza, ora entre los brazos con el pescado que piensa vender hoy.

Ya en la? calle Somorrostro, al lado de la Catedral, se despiden. El va a la dársena a coger la barquichuela que le llevara a pescar lo que probablemente les ayude a? poder seguir mal viviendo. Todos los días vuelve al caer la tarde. El ha vuelto siempre. Algunos no. Ella se dirige a los tinglados de las pescaderías a intentar vender lo que su marido ha pescado y pondrá tanto esfuerzo como él. Gritara su mercancía, llamará a sus clientas y si hace falta se enfadará con alguna de sus compañeras, rivales y competidoras para poder ganar lo poco que se gana y que tanto necesitan.

Acabada la mañana recogerá corriendo el puesto y aprisa, como siempre, desandará lo andado hacia la calle Alta. Le esperan los chicos, con hambre, hoy algunas sardinas que empiezan a estar maltrechas y tendrán mala venta. Después el arreglo de la casa, el ir y venir a la fuente y el recosido de ropa, redes y aparejos. Poco antes de entrar la noche volverá a la rampa de la dársena chica a buscar a José, cargara en su carpacho el pescado y las redes y con su ayuda volverán a casa. José cansado, habla poco, ella le cuenta que si la Menchu se metió con ella, que si la Trini es una sinvergüenza porque la daba la razón, que si donde vamos a parar… El, callado, la mira cariñoso. Valora a esta mujer que trabaja día y noche, les cuida, les ama y todavía tiene humor para dar alegría a su vida. Aún esta noche después de hacer la cena tendrá que preparar el pescado para llevarlo al día siguiente al puesto.

Con todo Carmen se considera afortunada. Su marido es cariñoso y trabajador, la ayuda y entre los dos sacan adelante a sus hijos. Después del desastre de Trafalgar son muchas las viudas de marineros desaparecidos en la batalla. Como la Menchu. Ella es madre y padre, mujer y hombre, incluso ha llegado a embarcarse a pescar para poder mantener a su prole. La fiereza que muestra en ocasiones no es sino supervivencia pura y dura. Su esfuerzo por sobrevivir y alimentar? a sus criaturas la lleva a esa lucha por todas las clientas que se le ponen a tiro. Carmen lo sabe y la respeta. Se aprecian y muchas veces se ayudan. Pero de vez en cuando surge la vena de hembra herida y las dos compiten por sus necesidades.

Aquella tarde no fue como siempre pues fueron a buscarla a casa con gritos y alboroto. El día había ido cambiando lentamente y el viento ahora era fuerte y caprichoso. Está de turbón había dicho la rizos y cuanta razón tuvo. El mar encrespado por el viento levantaba grandes olas y cambiando su dirección formaba remolinos que se adentraban en el fondo del mar. El cielo encapotado fue robando la poca luz que quedaba y pareció hacerse de noche. En los cabildos temían por los pescadores que habían salido por la mañana. Cuatro barcas. Carmen avisada de la preocupación corrió con sus hijos hacía San Martín. Cuanto más se acercaban mayor era la cantidad de personas que corrían hacia allí.

Una vez que llegaron a la ladera contemplaron la bahía y todos los ojos se dirigieron a la barra del puerto. Por un lado las rocas, en el otro la playa y en medio una muralla de olas insalvables

Las mujeres con gestos ostensibles de preocupación forman corrillos entre ellas intentando conseguir alguna noticia. Los niños miran al mar no sabiendo muy bien lo que pasa. El más pequeño llora desconsoladamente. Un murmullo de voces angustiadas se eleva hacia el cielo. Varias mujeres rezan a la Virgen del Carmen pidiéndola amparo. Un hombre grita desaforadamente indicando donde hay que mirar. Un punto entre las olas que cada vez se va haciendo más grande. Es uno de los barcos. Zarandeado de un lado a otro, tan pronto parece que se va a ir contra las rocas como al momento que embarrancará en la arena de la playa, cuando de manera vertiginosa arrastrado por el viento y el esfuerzo de sus remeros pasa por encima de las olas. La muchedumbre nerviosa opina sobre cual es la barca y quien su patrón. Incluso hay quien se atreve a contar a sus ocupantes. La voz se va corriendo ¡Están todos! ¡Están todos!

La segunda barca aparece saliendo entre el oleaje. Una inmensa ola se le viene encima. El silencio se ha vuelto absoluto. En San Martín todos contienen el aliento. Por un momento dejan de ver el barco tapado por el agua. Parece que sucumbirá pero sorpresivamente la atraviesa. El júbilo es grande y todos se dan abrazos de ánimo. ¡Están todos! ¡Están todos!

La alegría es breve y da paso al desconcierto. Unos contentos por haber reconocido a su marido, a su hijo, a su padre entre aquellos que vuelven sanos y salvos. Otros llorando nerviosamente no encontrando todavía al ser querido que se espera.

La tercera barca aparece volando sobre el agua, agarrada a las crines de un corcel furioso subiendo al cielo y bajando a las entrañas del mar en una encabritada carrera. Sorprendida por un cambio de viento, se atraviesa en plena barra. La gente grita viendo inevitable su hundimiento. Una mujer arrodillada en el prado dirige sus brazos al cielo implorando clemencia. El patrón hace girar la embarcación, pide un esfuerzo suplementario a los remeros y milagrosamente se pone derecha. La ola les empuja hacía el puerto desde atrás. Se oye un suspiro general que se troca en lamento al contar a los ocupantes. ¡Falta uno! ¡Falta uno! Se oye un grito, dos, tres hasta que un clamor ronco brama contra el mar. En la embarcación parecen dudar, algunos sueltan el remo, miran hacia atrás, uno intenta tirarse al agua, los demás se lo impiden. El patrón pone orden ante el riesgo de irse todos a pique.

En tierra los lamentos parecen llegar al cielo. Un griterío ensordecedor clama por la pérdida del pescador y por el miedo sobre lo que habrá pasado con la cuarta embarcación que no acaba de aparecer.

Por fin entre las aguas, casi por debajo de ellas aparece como si saliera del fondo del mar. ¡Están todos!

Se ha hecho el silencio en tierra. Se oye un único grito. La mujer del pescador desaparecido chilla por su desgracia. Sus hijos se agarran a sus faldas sin saber muy bien que sucede.

Un abundante chaparrón vuelve la calma al mar que aparece ahora más tranquilo. Mar traidor que parece calmado después de haber engullido a su presa.

Las pescadoras absolutamente caladas de agua van dejando San Martín llevando a la viuda en volandas llorando amargamente su destino.

Todos se dirigen al puerto a abrazar a sus seres queridos y algunos hombres van con el propósito de embarcarse intentando buscar al desaparecido.

El cielo se entreabre dejando verse azul apagado por la noche que se adivina y por la tristeza que se comprende.

Todo es nuevo

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Quioreng at 3:27 pm on Martes, noviembre 24, 2009

Caras, personas, nombres
Se agolpan en mi memoria
Todos los recuerdos
Que me han creado
Memorias amables, y otras amargas
todas tan importantes,
cada una ha dejado

un tatuaje en forma de manía
de poder o de miedo
no elijo ni cambio ninguna.

Todos los recuerdos,
Olores trasladores directos
A otros tiempos
Canciones que me mecen y
Me traen tus besos
Risa, timidez, cosquilleos
Descubrimientos, todo es nuevo
Idealismo, ingenuidad e inmadurez
Dichosa,? es lo que más anhelo.

Bate Morfeo tus alas

Dejamé soñar despierto

Y que un millón de hadas

Alumbren mis deseos.

Todo es nuevo

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Quioreng at 10:22 am on Martes, noviembre 24, 2009

?

?

Caras, personas, nombres

Se agolpan en mi memoria

Todos los recuerdos

Que me han creado

Memorias amables, y otras amargas

todas tan importantes,

cada una ha dejado su marca

un tatuaje en forma de manía

de poder o de miedo

no elijo ni cambio ninguna.

Olores trasladores directos

A otros tiempos

Canciones que me mecen y

Me traen tus besos

Risa, timidez, cosquilleos

Descubrimientos, todo es nuevo

Idealismo, ingenuidad e inmadurez

Dichosa,? es lo que más anhelo.

Cartas para Amanda

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — edurodriguez at 12:21 am on Martes, noviembre 24, 2009

Una vez más tuve que abrir el armario número tres de las cartas devueltas y colocar la última que me llegó, después de una semana que la había enviado.

Hace siete días se cumplieron dos meses desde que comencé a escribirle a Amanda. No entiendo cómo es que no sigue aquí a mi lado. Cada vez veo más vacía esta casa donde ahora vivo solo. La gallina que dejó olvidada está más flaca y el columpio sólo tiene vida cuando hay viento.

Mi familia, cuando me? visita, insiste en que abra las ventanas, pero yo prefiero escribir con la lámpara encendida, bajo la misma luz que alumbraba cualquier libro que ella ponía sobre sus piernas. Ellos, mi familia, hacen votaciones a cerca de mi estado mental y emocional, aunque eso no me importa mucho, y cual experto en investigación científica sólo respondo: “para mí es como hacer el amor por correspondencia, necesito algo de luz, no me interesa si es de día o de noche y sólo quiero pensar en ella”.

Al principio fue una carta cada hora, luego pensé que era poco y comencé a escribirle cada media hora. Al cabo de un mes, como ella no contestaba, pensé:” seguramente es muy poco lo que estoy haciendo. Ella –me dije- se aburre entre carta y carta y del disgusto ha decidido no contestar a ninguna de las mías”.

No hubo más remedio que esforzarme un poco (así se daría cuenta de cuánto la quiero), entonces empecé a escribirle cada diez minutos.

Sonó el timbre y pensé que era ella, o al menos una carta de respuesta. Abrí sonriente y con aire de triunfo, pero era el cartero con dos cajas llenas de cartas devueltas. No entendí, me quedé duro como una roca, miré las cartas y las metí en el armario número uno.

Redoblé el ritmo y logré escribir una carta cada tres minutos, y casi no dormí en las siguientes dos semanas, sólo quería contarle de mí y de mi vida paso a paso, pero hace una semana decidí no escribirle más. Llené casi tres armarios de dos puertas con cartas devueltas.

Esta última carta que me llegó devuelta, la de hace siete días, la estaba por guardar en una caja aparte, pero algo me llamó la atención: la dirección a la que había enviado las cartas, todas, no era la de ella, era la mía.

El rigor de las piedras

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — MiguelR at 9:37 pm on Domingo, noviembre 22, 2009

Quien serás en mis sueños,
quien serás eterna risa en el alma,
entre disputas de tiernos ogros,
quien serás entre espejos que dañan.

Aquí y allí estar,
no veo el fin al que llegar,
no veo la paciencia de la espera
ni el rigor de las piedras,
siento tu devenir,
húmedo y soleado,
en plena tinieblas musicales,
en bares de ginebra y menta,
en pequeñas velas
de vidrios en tus ojos,
no se ensuciaran tus talones,
no te reirás ya por mi,
no te sentaras en mi corazón,
no lloverá en tus piernas.

ME ACABAS DE DECIR…

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — NADDIA at 8:10 pm on Domingo, noviembre 22, 2009

Me acabas de decir que vas a verla

En un e-mail ingrato que me llega

Y siento que me amputan las dos manos

El alma, la cabeza y la sesera.

?

Me acabas de decir que la visitas

Cuando nunca has querido conocerme

Y el corazón se arranca de mi cuerpo

En un latido inerte.

?

Me acabas de decir que no me quieres

O no lo has dicho, pero lo he soñado

Y cuento puñaladas lacerantes

Horadando el costado.

?

Me acabas de decir que del recuerdo

Ella ha vuelto otra vez a reclamarte

Que el aire es fuego con la brasa ardiendo

Y todo es como antes.

?

Me acabas de decir que se ha acabado

Que tanto como a? mí, a ti te duele

Que se rompe la red que nos unía

Maldito ADeSeeLe.

Bajo la Nieve

Filed under: Relato - Primer ejercicio,Varios — SILVIA SOLIS CAMACHO at 5:47 am on Domingo, noviembre 22, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Pero la curiosidad me hizo dar marcha atrás. Me detuve un instante para ver a través de la ventana. La saludaste con el mismo aire de familiaridad que muestra Tuffy cuando me ve llagar a casa.

Seguía nevando. Ella corrió hacia ti y la vi cubrirte de besos; de esos besos que llenan la pantalla.

? Amparándome en las sombras volví sobre mis pasos y mis recuerdos se situaron ? justo en el momento de conocerla.

?

-Me llamo Alejandra; vengo de Buenos Aires –dijo estrechando mi mano tan débilmente que? su contacto fue casi imperceptible.

?

-Soy Dante Moncada, de Canadá. Estuve algún tiempo en París. De hecho, hace poco? también visité Argentina: ¡Che!? ¡Qué macanudo! –agregué risueño para romper el hielo. Tengo la impresión de haberla visto antes… ¿Hace mucho que llego?

?

-No, cuatro o cinco semanas pero no creo permanecer mucho tiempo;? no termino de adaptarme a este clima. La nieve parece ser “La tierra más lejana”, la que vive arropada en este frío que cala los huesos y aleja al más firme bullicio sepultándolo en el más profundo silencio.

?

-Ahora recuerdo –dije con aire de triunfo. Su poesía es impresionante. No podía ser de otra manera. ¿Vino a descansar?

?

-No. En realidad vine a recobrar “Las aventuras perdidas” en la noche.

-¿Se refiere a su estancia en París?

-De ese tiempo, pienso más en lo que leía que en lo que escribía. Pero cuando llegué aquí, cerré los ojos tratando de olvidar todo.

?

Me pareció ver un dejo de amargura en su rostro. Observándola con mayor cuidado pensé que era una mujer rara. Alta, delgada, de ? ojos inexpresivos, fijos, como perdidos. Daba la impresión de llevar sobre sus espaldas ingente carga de solitaria tristeza.

Su cabello castaño, escaso; rebelde, muy corto. Pero no pude definir su edad. A simple vista podría decirse que era muy joven pero sus palabras eran tan contundentes como las de alguien de mayor experiencia.

?

-Busco conjurar, exorcizar a la desgracia de la que fui y para la que fui Nada rima con nada. Es como diluirme gota a gota en? esta tierra. Siento la nieve vertida sobre mí como la lápida de mi propia tumba –hablaba como para ella; sin pausas:

? Busco? refugio en las moradas del consuelo. En? esa opaca alegría donde todo parece nada; hasta el amor cambia de posición como un cuerpo vacío da vueltas en noches de insomnio.

Hace tiempo –prosiguió-? perdí “La última inocencia”; la guardé en algún lugar, en ? la “Extracción de la piedra de la locura” y la infancia quedó? relegada en algún sitio.

?

Recordar nuestro? primer encuentro aún me llena de miedo. Frecuentemente veo sus pasos ir directo al vacío. Ilusamente? pretendí rescatarla de? una personalidad que sentía tan distante a la tuya; como si fueras otra. En mi mente buscaba su cuerpo para ungirlo de ese perfume escandaloso y brillante. Quería verla alegre; arrancarla ? de ? una vez por todas de esa penumbra.

El tiempo que pasamos juntos fue tan breve, que? en la primera oportunidad, ? cada instante que vivimos, escapó perdiéndose en la ventisca.

No debí obligarla a renunciar a sí. A su privilegio de refugiarse en las espinas de un dolor que parecía tener su origen en el más allá.

No debí disfrazarla? de felicidad. Obligarla a representar –en mi imaginación- a una mujer de vida fácil dispuesta a la dicha momentánea. La imaginaba con su vestido rojo; tan rojo como? el carmín de sus labios, como la espesura del líquido que escapa de las heridas.?

Se decía otra, la otra que era, ? la que escapaba? buscándose en las alegorías del reposo.

A ti y a mí nos enfrentó en un proceso de traición que si hubiera sido cierto, hubiera sido hasta sublime. Te ? habría matado pero, ? tu idilio, era la cortina de niebla? lista para cubrir sus verdaderas intenciones.

Un presentimiento me seguía como el ladrón acecha a su presa. ? Por eso vine a reclamarte, a pedirte que te alejaras. Vine a exigir mi prioridad en su destino.?

Ella burló de mí igual que se burlaba de ti, de tu ingenua persistencia para librarte de? mí alimentando tus necias pretensiones.? Pero tú amabas a la otra que era, no a la que yo conocía. Ésa otra acostumbrada a la superioridad? de verse al espejo presa de un vestido copado de brillantes lentejuelas. Montada en su ostentoso carro, con sus pasos tambaleantes? y? su tufo barato. Y yo la amaba a ella siempre situada en su otra orilla, vista en el perfil ? de? las sombras de su silueta penetrarte.

¿Cómo pude confundirla con otra? si fue única? ¿Cómo pude pensar que era otra si ella irradiaba la inconfundible sensibilidad de su aura de poeta y la otra, sólo pudo ser esa puta o cualquier otra?

Parecía ser absolutamente cierto eso de que, uno termina por matar? al ser amado aunque, en este caso, ella misma no pudo sujetar el hilo de su existencia.

?

Cuando tu puño se estrelló en mi nariz, me di cuenta que definitivamente no se trataba de ella.

No hubo forma de avanzar por ningún camino sin dejar rastro porque, ? en esta vida o en la otra, irremediablemente la encontraría.?

Seguía nevando. Nevó, durante toda la tarde.

Bajo la Nieve

Filed under: Varios — SILVIA SOLIS CAMACHO at 5:31 am on Domingo, noviembre 22, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Pero la curiosidad me hizo dar marcha atrás. Me detuve un instante para ver a través de la ventana. La saludaste con el mismo aire de familiaridad que muestra Tuffy cuando me ve llagar a casa.

Seguía nevando. Ella corrió hacia ti y la vi cubrirte de besos; de esos besos que llenan la pantalla.

? Amparándome en las sombras volví sobre mis pasos y mis recuerdos se situaron ? justo en el momento de conocerla.

?

-Me llamo Alejandra; vengo de Buenos Aires –dijo estrechando mi mano tan débilmente que ? su contacto fue casi imperceptible.

?

-Soy Dante Moncada, de Canadá. Estuve algún tiempo en París. De hecho, hace poco ? también visité Argentina: ¡Che! ? ¡Qué macanudo! –agregué risueño para romper el hielo. Tengo la impresión de haberla visto antes… ¿Hace mucho que llego?

?

-No, cuatro o cinco semanas pero no creo permanecer mucho tiempo;? no termino de adaptarme a este clima. La nieve parece ser “La tierra más lejana”, la que vive arropada en este frío que cala los huesos y aleja al más firme bullicio sepultándolo en el más profundo silencio.

?

-Ahora recuerdo –dije con aire de triunfo. Su poesía es impresionante. No podía ser de otra manera. ¿Vino a descansar?

?

-No. En realidad vine a recobrar “Las aventuras perdidas” en la noche.

-¿Se refiere a su estancia en París?

-De ese tiempo, pienso más en lo que leía que en lo que escribía. Pero cuando llegué aquí, cerré los ojos tratando de olvidar todo.

?

Me pareció ver un dejo de amargura en su rostro. Observándola con mayor cuidado pensé que era una mujer rara. Alta, delgada, de ? ojos inexpresivos, fijos, como perdidos. Daba la impresión de llevar sobre sus espaldas ingente carga de solitaria tristeza.

Su cabello castaño, escaso; rebelde, muy corto. Pero no pude definir su edad. A simple vista podría decirse que era muy joven pero sus palabras eran tan contundentes como las de alguien de mayor experiencia.

?

-Busco conjurar, exorcizar a la desgracia de la que fui y para la que fui Nada rima con nada. Es como diluirme gota a gota en? esta tierra. Siento la nieve vertida sobre mí como la lápida de mi propia tumba –hablaba como para ella; sin pausas:

? Busco? refugio en las moradas del consuelo. En ? esa opaca alegría donde todo parece nada; hasta el amor cambia de posición como un cuerpo vacío da vueltas en noches de insomnio.

Hace tiempo –prosiguió-? perdí “La última inocencia”; la guardé en algún lugar, en ? la “Extracción de la piedra de la locura” y la infancia quedó ? relegada en algún sitio.

?

Recordar nuestro? primer encuentro aún me llena de miedo. Frecuentemente veo sus pasos ir directo al vacío. Ilusamente ? pretendí rescatarla de? una personalidad que sentía tan distante a la tuya; como si fueras otra. En mi mente buscaba su cuerpo para ungirlo de ese perfume escandaloso y brillante. Quería verla alegre; arrancarla ? de ? una vez por todas de esa penumbra.

El tiempo que pasamos juntos fue tan breve, que? en la primera oportunidad, ? cada instante que vivimos, escapó perdiéndose en la ventisca.

No debí obligarla a renunciar a sí. A su privilegio de refugiarse en las espinas de un dolor que parecía tener su origen en el más allá.

No debí disfrazarla? de felicidad. Obligarla a representar –en mi imaginación- a una mujer de vida fácil dispuesta a la dicha momentánea. La imaginaba con su vestido rojo; tan rojo como? el carmín de sus labios, como la espesura del líquido que escapa de las heridas.?

Se decía otra, la otra que era, ? la que escapaba? buscándose en las alegorías del reposo.

A ti y a mí nos enfrentó en un proceso de traición que si hubiera sido cierto, hubiera sido hasta sublime. Te ? habría matado pero, ? tu idilio, era la cortina de niebla ? lista para cubrir sus verdaderas intenciones.

Un presentimiento me seguía como el ladrón acecha a su presa. ? Por eso vine a reclamarte, a pedirte que te alejaras. Vine a exigir mi prioridad en su destino.?

Ella burló de mí igual que se burlaba de ti, de tu ingenua persistencia para librarte de? mí alimentando tus necias pretensiones. ? Pero tú amabas a la otra que era, no a la que yo conocía. Ésa otra acostumbrada a la superioridad? de verse al espejo presa de un vestido copado de brillantes lentejuelas. Montada en su ostentoso carro, con sus pasos tambaleantes ? y? su tufo barato. Y yo la amaba a ella siempre situada en su otra orilla, vista en el perfil ? de? las sombras de su silueta penetrarte.

¿Cómo pude confundirla con otra ? si fue única? ¿Cómo pude pensar que era otra si ella irradiaba la inconfundible sensibilidad de su aura de poeta y la otra, sólo pudo ser esa puta o cualquier otra?

Parecía ser absolutamente cierto eso de que, uno termina por matar ? al ser amado aunque, en este caso, ella misma no pudo sujetar el hilo de su existencia.

?

Cuando tu puño se estrelló en mi nariz, me di cuenta que definitivamente no se trataba de ella.

No hubo forma de avanzar por ningún camino sin dejar rastro porque, ? en esta vida o en la otra, irremediablemente la encontraría. ?

Seguía nevando. Nevó, durante toda la tarde.

Tu nacimiento

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — carla at 2:24 am on Sábado, noviembre 21, 2009



Amor. Placer y más amor.

Magia. Dolor y más magia.

Tu llanto me buscó.

Tus ojos me dieron

tu aprobación.

Tu nacimiento fue

un paso de gigantes.

En el camino

perdimos nuestros nombres.

En el trayecto

adquirimos otros nuevos.

Papá. Mamá.

Tu amor era tan inmenso

que, a veces, no nos alcanzaba

la jornada.

Amor. Cariño. Amor.

Tu cuerpo

era como el cristal.

Tu mente

era como la arcilla.

A tu cuerpo

lo mecía el viento.

A tu mente

el deseo.

Ternura. Paz. Ternura.

Desde entonces,

no hay herida más profunda

que tu desconsuelo

ni hay melodía más afinada

que tu risa.

Amor. Cariño. Magia.

Tu vida.

Nuestra vida.

Autonomía táctil

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Nora Noemí Zeliz Pirillo at 4:01 pm on Viernes, noviembre 20, 2009

Autonomía táctil

A veces mis manos

se mueren sobre mis

rodillas, derrotadas

de tanto trabajar

se unen y se quedan dormidas .

Tienen secretos entre ellas

y además se pasan

consejos de belleza.

Por la mañana lo

primero que hacen

es abrazar la taza de leche

luego calidamente

revisan cada dormitorio

y abriendo las ventanas

dejan pasar el sol.

Luego se precipitan

en la tarea de alimentar

a mi familia, ellas prestas

trabajan con sabiduría

mezclando sabores y colores.

Cuando han cumplido

con sus deberes

buscan ávidas el placer

y teclean rápido

los pensamientos

que a veces llegan en tropel.

Más otras veces perezosas

sólo desean rozar

la dulce piel que se

deje querer, así cada

día aprenden solas

dejándome participar

del amor que necesito dar.

Restos de Araucaria

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — albino at 3:58 am on Viernes, noviembre 20, 2009

Buscaba su edad a cada paso
con sosiego infinito e inmutable.
Cada año afloró eterno,
desafiando el paso del tiempo.
Miles de tormentas lo amedrentaron,
miles de seres lo abordaron,
seres de alas ingentes,
relámpagos de voz estridente.

El manto azul ondulaba lejos
susurrando en cada oleaje,
con el aire plagado de arena
la misma que le azoró en sueños.
Sus viejas piernas tristes
penetraron en tierras ancestrales,
hincando entre rocas profundas
que marcaron su historia abnegada.

Hace días quitó el orujo
de un cuerpo cansino y débil,
descubrió días hermosos,
pero nunca supo quererlos.
Piel llena de surcos agrestes,
cubierta de simientes retoños
que roturaron campos impensables
generando múltiples vidas inocentes.

La mirada se transforma en silencio,
el viento ruge en la tristeza
intenso, imponente y desgarra;
extinguiendo el alma de su corteza.
Un cuerpo extenso? con lazos secos
yacía diseminado en el suelo.
Sintió alrededor su propia naturaleza,
viva y extraña, observando su recuerdo.

De un amor y un barrio

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Carminacd at 10:54 am on Jueves, noviembre 19, 2009

Recuerdos de los malos colecciono,

de los otros, contados con los dedos:

la parra del pasillo de mi abuela

y esas uvas que Bacco envidiaría;

ese beso en el banco de la iglesia

con los ojos cerrados por placer

y tus rayos de luz sobre los párpados.

Calles de tierra, flor de paraíso,

comer fruta robada de la planta.

Haber tenido, haber amado mucho;

haber perdido, haber odiado tanto.

Filtraba entre las hojas desiguales

un sol que era pasado e ilusiones,

película gastada; sol, tu áurea.

Zanjas, charco engendrado por la lluvia,

el útero de jóvenes promesas.

?

Carmiña Candido Daverio

UN MOMENTO TE CAMBIA LA VIDA

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Beny at 8:45 pm on Miércoles, noviembre 18, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

La discusión fue cruel y violenta nunca imaginaron ni Raúl niPaula que llegarían a tal grado de agresividad, Paula con el desconcierto acerca del estado de salud de Raúl caminaba sin sentido, por medio del tacto trataba de buscar alguna herida en su cuerpo pero se dio cuenta que solo los golpes en el rostro y la hemorragia que tenía en la nariz fue el saldo en su contra.

Camino a casa de su amiga Sara,? ? pensaba, ¿no sé cómo apareció ese puñal en mi mano? nunca lo vi en casa de Raúl, ¿cómo iniciamos esto, como llegamos a tanto?, no recuerdo, solo sé que fue subiendo de tono hasta cegar la mente y actuar por instinto.

Para ese momento la casa, ahora impregnada de ese penetrante perfume, lucia desordenada, con huellas latentes de violencia, la sangre fresca figuraba unescenario peliculesco, ¡Raúl! Gritaba Roselía, buscando desesperadamente a suamante en turno,? al fin al entrar a la recamara siguiendo un rastro de sangre lo encontró desmayado a la orilla de la cama en posición de querer alcanzar el teléfono.

Desesperada, tomo el teléfono con su pañuelo, marco el numero de emergencias pidió el auxilio y salió rápidamente de la casa cuando encendió el automóvil al querer salir rápidamente de la cochera a punto estuvo de estrellarse al derrapar en la nieve.

Varios días después Raúl hacia un recuento de suvida pensando en Paula y en como la estaría pasando, ignoraba la gravedad de los golpes que le propino desde ese día no había sabido nada de ella, en la declaración realizada a la policía después de recuperar el conocimiento, menciono que un tipo desconocido encapuchado entro a su casa y al tratar de defenderse termino herido, ignorando quien realizo la llamada de auxilio, ni de quien eran las marcas de los neumáticos saliendo de su cochera.

La confusión era mayor al no recibir ninguna comunicación de su amante, ignoraba que ella fue quien llamo a los servicios de emergencia.

Roselía por su parte se hacía a la idea de terminar esta relación que era una más en la larga lista de amantes con los que habíasido infiel a su marido, pero Raúl tenía un lugar especial era alguien que dejaría una huella en su corazón, aun cuando fue otra relación pagada existo algo más que sexo y pasión.

Recuperada físicamente Paula esperaba en el aeropuerto el avión que de acuerdo a sus planes la llevaría lejos de ese infierno que vivió las últimas semanas al enterarse de quien realmente era el que había pensado? seria la pareja de toda la vida.

Como si estuvieran sincronizados mentalmente Raúly Paula, regresaban a su pasado, de la forma tan? accidentada cuando por una falsa alarma deincendio tuvieron que salir del restaurante donde se encontraban, en la salida ella mirando hacia dentro n o se percato que de frente venia Raúl elchoque fue tan fuerte que ellacayo y casi perdió el conocimiento el sin perder un segundo la tomo en sus brazos y la llevo a un lugar seguro en la calle insistiendo en que debería valorarla un medico para saber si no existía alguna lesión de consecuencia a lo que ella accedió más por estar un momento con él, que por alguna molestia física.

Lo demás fue como uncuento rosa magistralmente escrito, existió química de inmediato y todo fue tal y como ella había pensado que era una relación perfecta entre dos personas.

Raúl por su parte recordaba en primer encuentro en el que la culpa fue el primer sentimiento al no darse cuenta de cómo impacto a esa bellamujer, posteriormente y fiel a su forma trato de seducirla con el simple fin desumarla a sus conquistas y poder ver si sacaba algún provecho de ella.

En el recuento él salió perdiendo pues seenamoro perdidamente, lo que marco la relación fue la primera mentira, al indicar que sededicaba a la construcción, mentira a medias pues su profesión de arquitecto encajaba, lo malo es que siempre se dedico a vivir de las mujeres.

La casualidad, sigo siendo determinante en esta relación, Carmen amiga dePaula conoció muy bien a Raúl y sin saber quealgo existía entre ambos le conto toda la vida de excesos cometidos por Raúl, era elGigoló más cotizado en el país las damas de la sociedad lo buscaban.

Conocer quién era en realidad Raúlle dolió demasiado a Paula pero fue fuerte y no volvió a buscarlo, a pesar de la insistencia de este ella no cedió hasta ese infame día en que por necesidad tuvo que acudir a la casa de Raúl, documentos importantes la obligaban a esta última cita.

Contra su forma de ser, Raúl perdió ese día los estribos al saber quePaula partiría y nunca volvería a saber de ella, desesperado, imploro, pidió perdón, externo el gran amor que sentía por ella, peroPaula permaneció firme, hasta que finalmente menciono que ella no le podía dar el dinero quele daban Roselía por sus caricias y que no sería una más en la lista de sus víctimas.

Al tratar de retenerla le golpeo en el hombro con una fuerza desmedida y deahí la desesperación lo cegó y en repetidas ocasiones tiro algunos golpes recordando únicamente el borbotón de sangre que salió de la bien esculpida nariz dePaula.

Raúl, solo en elhospital pensaba que le deparaba el futuro sin el apoyo deRoselía y sin el amor dePaula, por suparte Paula llegaba a su nuevo destino en donde al parecer la esperaba el hombre que en silencio siempre la había amado

Fertilidad

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Alicia at 3:56 pm on Miércoles, noviembre 18, 2009

?

?

POESÍA. Primer ejercicio

Fertilidad

?

Tal vez hubiese sido más sensato

apelar a ti, fuente milagrosa

que te regalas, sempiterna diosa,

mente mía, a veces de antemano.

Pero he resuelto calar en lo más hondo,

bucear lo más profundo en el olvido,

dentro del corazón que arde sin pausa

en un volcán ardiente convertido.

No hay sentimientos vivos ni inhumados,

ni pasiones del hoy ni del otrora ,

ni suspiros, ni lágrimas, ni besos,

ni pesares que allí no se atesoran.

Es así que aceptando el desafío

intentaré escribirlo desde el alma,

volando sin recelos ni prejuicios

hasta el confín que mi memoria alcanza.

Más, de nada nos sirven los recuerdos

si? el corazón no late entre sus páginas,

si no surgen desde ellos nuevos bríos,

si no nos aminoran la nostalgia.

Si no retornan sólo como fantasmas

los amores que antaño nos marcaron,

si no son sus figuras y sus voces

simples reminiscencias del pasado.

Deben volver entonces las saudades

como huellas de un tiempo que perdimos,

como pisadas firmes que nos marcan

los nuevos? avatares del camino.

Como ríos de lava que descienden

desde el núcleo que bulle y energiza

insuflando calor y? vientos nuevos

en las ríspidas sendas de la vida.

Como estrellas que en las noches oscuras

alumbran el camino intransitable,

como gotas de agua que en las hojas

tiemblan de gozo cuando el sol se abre.

Como los mares de indomables olas

calmándose en los tiempos de bonanza,

como campos de trigo agonizantes

cuando la lluvia? buena? se descarga.

Como pájaros de vuelo inagotable

surcando con las alas desplegadas

el infinito azul de nuestros sueños,

el inmenso caudal de nuestras almas.

El recuerdo de tú mirada

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Esther at 10:38 am on Miércoles, noviembre 18, 2009

Vi las tinieblas en la luz de tu mirada

¡Ayer hermosa como ninguna!

Hoy negra noche apagada.

¡No es cierto¡ ¡No es verdad¡

Me digo cuando pienso en la luz de tu mirada

Hoy perdida para siempre, en esta horrible madrugada

Un día… y otro…y otro…

marcan mi vida como puñales

clavadas tus pupilas, en el fondo de mi alma.

Tu rostro, dolorido, sorprendido…cara a cara el fin cercano.

Esa imagen indeleble que atormenta mis noches.

sin retorno cada hora, minuto, segundo a segundo,

sin que la piedad del sueño me alcance.

¡Muerte, fuiste mi enemiga!

La dueña de nuestro hogar

Estuviste a mi lado noche y día.

Me robaste el beso, el abrazo y las sonrisas.

Encontré la tristeza y la amargura.

Las noches de vigilia, sin alba ni luz.

Vi tu rostro en el amado.

Te ahuyentaba pero tú esperabas agazapada.

No supe defenderme del acecho.

Al fin la victoria no fue mía.

Te llevaste el tesoro que más amaba.

Quedó sólo su recuerdo,

los hijos nuestros por quien luchar.

Luz. Penumbra. Tinieblas

Amor, recuerdo, olvido:

Un abismo haber querido

RECUERDOS

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Corina Harry at 3:35 am on Miércoles, noviembre 18, 2009

Incesantes mensajeros del pasado

Habitantes del vacío y la materia

Acuden cuando alguien los convoca

O acuden porque sí, con insistencia.

?

Excusas de mil comportamientos

Escudos de variadas consistencias

Esparcen por el aire densidades

O etéreas pinceladas que te apresan.

?

Te muestran lo importante de una historia

Te remarcan los detalles que detestas

Aparecen de la nada, se te imponen

Aunque busques ocultarlos con? destreza.

?

Su silencio tiene un costo impostergable

El tributo a la cordura y al suplicio

Y aunque quieras apartarlos de lo bueno

Te roban de tus sueños lo exquisito.

?

Te acosan cuando estás más vulnerable

Te envenenan el alma con malicia

Interfieren con todo lo que amas

Lo que habías perdonado, resucita.

?

No hay piedad que les importe o los conmueva

Impertinentes viajeros sin descanso

Recopiladores de antecedentes y mezquinos

Traficantes de la vida de a pedazos.

?

Guardianes de congojas y pesares

Enemigos de la paz y la templanza

Del Ser en su estado de armonía

Del fluir de la vida y la esperanza

?

Ni la muerte los acecha en su guarida

Saben protegerse del olvido

El temor es el poder que los sostiene

Siempre atacan cuando estás desprevenido.

?

No intentes desplazarlos ni anularlos

Sólo ríe en silencio ante sus sombras

No resisten la burla del presente

No les prestes atención. Tan solo ignora.

Nevó…

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Ursus at 12:32 am on Miércoles, noviembre 18, 2009
Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró a tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve, pero en un segundo y a pocos metros de ti, de ella, empapé de ? rojo aquella nieve blanca. No tenía fuerzas para proseguir y decidí regresar… muy contrario a lo que tú esperabas, muy contrario a lo que ella imaginaría.

Toqué el timbre con las pocas fuerzas que me quedaban y oí ese silbido en mis oídos, una mezcla de pájaros y viento, me desplomé. Cuando abrí los ojos, te tenía ahí mirándome perplejo, tenías en tus manos mi boleto de avión. Me habías cuidado bien , la hemorragia había parado.

-¿Pensabas irte así? ¿Así?

No pude contestarte, ni siquiera podía mirarte a los ojos porque todo en mí estallaría.

-Igual te hubiera encontrado y lo sabes. Más aún que sé que lo quiero es vivir contigo, aunque fuera un sólo día, aunque sólo tuviéramos un sólo miserable día. Ninguna enfermedad, ninguna fuerza o circunstancia humana me harían desertar a ti… no vuelvas a huir de mi, por favor. Tú has creído en mí más que nadie , siempre.

Ahí entró esa mujer, dónde estuvo todo ese tiempo?, no lo sé. Pero su olor ya no me pareció el de una p… me avergoncé… de mí, de mi locura, de mi pequeñez…de la cobardía que hubiera sido dejar a aquel hombre maravilloso.

Ella se acercó a mí, y muy feliz me dijo que había traído el contrato con la galería, que no había podido esperar hasta el lunes y decidió partir aún con nieve, a nuestra casa… porque era “nuestra”; a traernos la gran noticia que nosotros esperábamos . Sus palabras eran dulces, no había nada malintencionado en ellas, sólo habían sido mis demonios, mis celos, mis inseguridades que lo tergiversaron todo, todo al punto de casi perderlo todo.

No importan los detalles, ese día la connotación de la nieve fue increíble, tan inesperada nieve trajo claridad a nuestras vidas, a mi vida en particular, fue como un baño blanco del alma, fue como aplastar la negrura no sólo de mi enfermedad, sino de mi corazón. Casi no podía razonar pensando que él me dejaría, imaginando a cualquier mujer, la peor mujerzuela tratando de seducir al hombre que era lo único que me ligaba a esta vida. Había resuelto marcharme aquella tarde pero no era tan necia, no fui tan necia, de eso estoy orgullosa.

Ahora pienso, si esa claridad no hubiera llegado de pronto , así… tan inesperada, qué hubiera sido de nosotros? qué hubiera sido de mí? Cegada por el orgullo, los celos y la violencia la enfermedad hubiera terminado por matarme en unos pocos días. Todo eso es tan lejano ahora, en la debilidad de mi enfermedad hallé fortaleza, algo que no hubiera esperado, algo que no conocía.

El velo que muchos llevamos delante, tiñe de otro color no sólo nuestras mentes, sino también nuestros corazones…eso es lo que yo había recordado de las palabras que mi madre me dijera el día que me casé y sólo después de mucho las entendí, adquirieron forma ese día de nieve.

Recuerdos de mi niñez

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Alfonso at 10:40 pm on Martes, noviembre 17, 2009

Siento el aire en mi rostro

la espuma del mar en mi cara

el viento sur y su rastro

el mar azul que no para.

?

el cascabeleo de los barcos

la calma de puertochico

los niños entre los charcos

y a mi madre yo muy chico.

?

Mi niñez fue mar y viento

fue calle y aliento

fue lluvia y libertad

fue colegio y amistad.

?

En el ansiado verano

infinito y eterno

a la playa muy temprano

aventuras sin gobierno.

?

Tan largos eran los veranos

que nunca tenían fin

siempre entre las manos

teníamos algún confín.

?

El grupo y la amistad

El amor y la fidelidad

El sueño y los ideales

nada en sus cabales.

?

Fue un sueño

un regalo

libertad sin dueño

nada malo.

?

Fue tan corto

tan fugaz

casi no me acuerdo

ser rapaz.

?

Ahora amargan recuerdos felices

lo que fue y pudo ser

el esplendor de entonces

y el ansia de conocer.

?

Dicen que volveremos

la infancia a recorrer

ya de ancianos si tenemos

la fuerza de remover

una memoria remota

a salvo y no rota.

?

Más yo sé que los recuerdos

Recuerdos son

Y que la vida sigue

sin mucha distracción.

Ecos del ayer

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Indalo at 7:37 pm on Martes, noviembre 17, 2009

Entre tú y yo, el recuerdo

Entre ayer y hoy, la nostalgia

Entre tu alma y la mía, el orgullo

Entre tu orgullo y el mío, el silencio.

¿Y la brisa de tu aliento?

¿Y la fragancia de tu piel?

¿Y el tesoro de tus labios?

¿Y nuestras resacas de amanecer?

En cada mujer, tu cara

En cada flor, tu piel

En cada suspiro, tus ojos

En cada aliento, tu ser.

Fantasías de amor

Ilusiones de amanecer

Lamentos sin testigo

Añoranza de una mujer.

DISTANCIA DE LAS PIELES

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — atman at 12:53 pm on Martes, noviembre 17, 2009

El olvido es el séptimo sentido,

? ése del que nadie se acuerda-

?

?

Hay sencillez en la distancia de las pieles,

huecos de mieles durmiendo plenos.

Espacio mayor al que cubren las alas,

mayor aún al del cordón más largo.

Busco por los rincones tus aromas

para embeberme de ellos.

El aroma llena huecos,

achica las distancias,

sugiere ficción de encuentro.

Milésimas de segundo te pegas a mi abrazo…

te duermes bajo mi abrigo…

respiras agitado sobre mi hombro.

Entonces aprieto tu mano,

pero tan despacio…tan despacio…

que tus dedos se desdibujan hacia la nada.

Los límites del cuerpo juegan a las escondidas

en esta gigante Tierra,

pero Lo Que No Se Ve,

entabla sutiles encuentros

a los que sólo el corazón se invita.

Abarco todos los sentidos,

todos menos el olvido.

Ernesto la bufanda y un Elefante rosa.

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Nora Noemí Zeliz Pirillo at 12:21 pm on Martes, noviembre 17, 2009

Y Pachabel te puso en mi camino, asombrándome
del canon que cambió por arte del reloj ,porque sí
Todo cambió; las medidas de mis dedos y mis ojos
se almendraron ,cuando descubrí a Ernesto saliendo
de una bufanda, era larga pero trasparentaba
era placenta y del cordón umbilical Ernesto me miraba.
Su tersa piel se sintió mojada.¡Claro flotaba en agua!
Con el tacto de los ciegos roce su suave piel; OH
Comprendo el limbo; era la cáscara de nuez, los gajos
de naranja que de pronto me hablaron en Francés.
Ernesto está naciendo hombre nuevo y no sabe si reír
o dejar que las lágrimas afloren. De pura emoción
mi mano hurgó en la bufanda y naciste desnudo para mí.
Tuve pánico de despertar de ese ensueño y que desaparecieras
¿Más,… no, estás…estás? Vístete de vida nueva, olvida las agujas del reloj
mide la fuerza de tus nuevas piernas ¡Nacidas para mí!
Ernesto deja que se marche el Elefante.
Portándose tu vieja sombra, lejos la llevó.
Con mi lupa interestelar y ayuda de Spook
conseguí que te volvieras hacia mí ,tú tan alto yo tan pequeña
Quise tomar entre mis manos deshilachadas una vieja chistera
tú me mirabas y oyéndome tararear el Canon ,saqué un
gran arco iris ,para ti .Sangraron mis manos sosteniendo ese
último rayo carmesí y de puntillas frente a ti saqué ese eterno
ramo de rosas ,rosas rojas ,casi negras y mi geografía se desvaneció.
Te di tiempo para el recuerdo y huí silenciosa detrás del Elefante rosa-

Recuerdos – vivir en dictadura

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — ivalopano at 11:46 am on Martes, noviembre 17, 2009

El Hombre tiene pena en los ojos,

silencio en la voz,

dolor en el alma

que no llega a gritar.

Tiene las manos vacías,

entumecidos los pies,

por el frío.

El Hombre tiene dinero,

tiene guerras y hay pena,

tristeza y muerte.

Tiene el dinero

y hay guerras y hambre.

Tiene las riquezas,

hay miserias y matanzas.

Va gimiendo sus tristezas

y en su pena agonizan las esperanzas…

Tiene un gritar,

tiene un llorar y sufrir,

un vivir y un nacer,

un nacer, un vivir muriendo,

y un morir, después, definitivo…

Tiene un triste ayer;

un peor ahora,

un largo y gris ayer,

y un triste y confuso mañana…

Mira de frente esta pesadilla,

toca con tus manos, esa llaga,

mira con tus ojos, ese dolor,

y di, si puedes, con la voz,

un consuelo.

Pon, de tu alma, una flor,

aunque marchita de sufrir;

alguna fragancia y un color

que pueda, al Hombre, redimir…

Tiene egoísmo y maldad,

envidia y codicia,

odio y mezquindad,

el puntapié en lugar de caricia.

El dinero por principio y fin,

por culto y religión,

como enfermedad y remedio,

por mal y por bien,

por debilidad y fuerza,

como amo y señor.

El dinero por pecado,

el dinero por enmienda,

el dinero por infierno,

y en el dinero busca,

sin hallar, la Paz…

Necesita pureza,

hay prostitución,

necesita elevación espiritual

pero hay bajeza moral.

Necesita franqueza y sinceridad

tiene engreimiento y vanidad.

El Hombre necesita manos,

tiene garras,

tiene el rugir,

necesita voz.

Necesita alas, quiere volar,

tiene cadenas, puede morir.

Necesita decir, quiere cantar.

tiene silencio, pues, a sufrir.

Quiere andar y tiene grillo en los pies

Pero, oye, tú: Vivir, es el lema,

vivir, a pesar de todo,

vivir, aunque cada día mueras,

vivir, para cambiar y quitar ese lodo.

Vivir para rescatar

la niñez sin infancia,

la infancia sin calor,

la vida sin color,

el dolor sin razón,

y para darle razón

de ser al amor…

RECUERDOS DE JUVENTUD

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — SKORPIONA at 10:03 am on Martes, noviembre 17, 2009
Doliente dolor que duele incesante,
me obliga a mirar de reojo al pasado:
viejo almanaque con hojas ajadas.
Enrojecidos ojos quedan resecos,
vierten sus aguas sobre cuarteadas
mejillas, que absorben sedientas
aquel maniantal de penurias.
?
¿Juventud un divino tesoro?
¿Juventud hacedora de sueños?
¿Juventud de? agradables recuerdos?
¡Tesoro de oxidadas monedas!
¡Sueños que luego son pesadillas!
¡Recuerdos de imborrables? errores!
?
Pasajera juventud,
enredadera de? ilusiones y titubeos
con hojas de inexperiencia:
¡enhorabuena tu brevedad!
Sobre ti no quiero más escribir.
?
©SKORPIONA

La puerta

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Quioreng at 9:57 am on Martes, noviembre 17, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. Nevó durante toda la tarde, y ella estuvo allí contigo en tu casa. Yo estaba ya muy lejos, y según me alejaba, esperaba que vinieras a buscarme. Aunque no quería que lo supieras,? pero si no llegaras, ¡me decepcionaría tanto! Esperaba, necesitaba una reacción, una señal que apoyara tus palabras. Porque hasta este momento sólo había sentido como te fuiste alejando más y más de mi lado. Llegué a la casa de Ángela, ya habíamos acordado que pasaría allí la noche. A la mañana siguiente salía hacía Oxford un primo suyo y podría ir con él en su coche. Esa ya no era mi casa nunca más.? Sé que te arrepentirás y querrás que esté allí contigo pero ya no vas a poder encontrarme.? También nevaba aquella noche. ¿Por qué? Todo había ido bien desde que murió. Hemos estado tan bien solos, pero tuvo que llegar esa bruja a estropearlo todo. Sólo tienes esta noche Papá. Sólo tienes esta noche para venir a buscarme. Lo hice por ti. Lo que me pediste. Y ahora sin embargo, ¿Por qué no vienes a buscarme? Ya casi esta aquí el alba y no llegas. Me meto bajo las sábanas y puedo ver con claridad la primera vez que viniste a mi habitación. La tía Beatriz estaba enferma y Mamá pasaba unos días con ella. Me sangró por primera vez la nariz.? Qué tonta, me asusté, pero sólo la primera vez. Después esperaba con ansía, cada noche a que abrieras mi puerta. Era nuestro secreto. Está amaneciendo. ¿He hecho algo mal?? Pero si ya no había obstáculos. En un par de horas saldré para Oxford y todo habrá acabado. No volveré nunca, y lo lamentarás. Sigo en la cama, sin querer que llegue la hora, cuando alguien llama a la puerta. Ángela ha salido. No está aquí. No la he visto desde hace un par de semanas. ¡Es que acaso se ha vuelto loca! Salí disparada hacia la entrada, bajando las escaleras de dos en dos. Pero cuando llegué a la puerta. No estabas sólo. ¿Cómo has podido venir con ella? ¡Te odio! Ángela se interpuso cuando intentaste llevarme del brazo. ¡No se va a ir contigo! ¡No va a volver nunca más! Entonces me miraste a los ojos y lo vi con claridad. No te preocupes Ángela, lo mejor será que me vaya. Te sonreí con la mirada y no hizo falta decir nada. Sólo era cuestión de tiempo. Y pronto volvería a ser como antes. Ya lo he entendido Papá.

Los recuerdos

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Sofia Moreno at 2:13 am on Martes, noviembre 17, 2009

Una vieja torre Eiffel de plástico
rallada y fea a más no poder
made in Taiwan.

Una tetera con el asa rota
que fue de mi abuela.
Tiene florecillas pintadas con delicadeza
pero no vale más que el barro con que se hizo.

Un viejo rosario negro
que vivió la guerra civil
entre los dedos de mi abuelito
indignado por los “rojos”.

Un bikini apolillado
que se puso mi tía preferida
la que dejó dos huérfanos de dos y cuatro años
antes de tirarse por el balcón.

Miles de fotos amarillentas
sonrisas de otras épocas
de gente que ya no está
pero que sigue viva en mi corazón
como el primer día.

Todos estos recuerdos
los he arrastrado en cajas de mudanza
por tres continentes
en más de siete direcciones postales.

He pagado a empresas
por trasladar estas cosas
mientras los míos me decían:
“¿Todavía no has tirado estas porquerías viejas?”

Sé que ya no las tiraré nunca.
Son el disco duro de mi corazón.

Cuando las veo
vuelvo a tener trece años
mi madre me llama para poner la mesa
ella es de nuevo esa mujer bellísima
elegante
desenvuelta
inteligente
que se acuerda de quien soy.

Tan brillante en sociedad
que jamás llegaré siquiera a la altura de sus tacones.

Capaz de organizar cenas para trescientos invitados
sin que se queme la salsa.
Todos alaban su cocina refinada.

Capaz de bailar el vals
y el cha-cha-chá.

Capaz de hablar conmigo
más aún, de escucharme de verdad.

Capaz de ver que faltan tres cuchillas
de afeitar
cien pastillas del somnífero
de Papá
una botella de whiskey entera
y del bueno, además.

Capaz de recordar el nombre de
mil personas
caras de cien amigos
cosas que creía olvidadas.

Capaz de perdonar.
Capaz de abrazar.

***

Serpientes ondulando por el suelo
sogas que los niños ven vivir ;
una bolsa de plástico atada a la espalda
basta para ser paracaidista
cuando tienes seis años.

Piedras preciosas que recoges entre la arena
de la playa :
el abuelo dirá que no es oro
pero tú sabes bien que sí.

El ya no sabe ver tesoros
pero tú sí.

Mantos de princesas
coronas de reyes
espadas de caballeros :
los mayores solo ven trapos en jirones
trozos de cartón
palos de desecho.

Como esos objetos ajados
que me niego a tirar.

No tiraré esas porquerías viejas.
Para mí no lo son.
Son el disco duro de mi corazón.

(fin del primer ejercicio de poesía)

Ahora qué sigue

Filed under: Varios — Nora Noemí Zeliz Pirillo at 1:11 am on Martes, noviembre 17, 2009

Los hombres heredan la tierra
las mujeres el cielo
abrazando nubes blancas.

Participamos todos y aún no sabemos como acabarán las votaciones. Prefiero soñar que vendrán a nuestro encuentro ángeles de alas blancas con ceremonia tocarán un Arpa.
Un columpio en la vieja casa familiar, donde me despedí de mi árbol del paraíso.
Entonces daré un simple toque de magia; para avisaros del momento; entonces pensaremos que todos aquellos que fueron una lágrima o un suspiro, aquellos que alargaron la mano, los besos en la frente y a cada paso que demos todo eso se irá desvaneciendo, quizás pidamos.
_No borren mis sueños _
Sin ellos quien seremos buenos, ordenados, simples y amables como lo es una madre.
Llamaron a la puerta y decidió no abrirla, siguió elucubrando
…a dónde irán estos cuerpos físicos, ¿era el alma?
Por su espinazo corrió un escalofrío, tenía muchos folios en blanco como su mente.
No conseguía capturar un pensamiento lógico y menos que tuviera a los lectores en vilo hasta el final.
Soy mujer, es decir son pocas posibilidades, soy mujer y además me gusta serlo, sociedad de hombres…
Igual a fracaso, hizo una pelota con su folio y lo mandó al purgatorio de los textos aburridos.
Y se apagó la luz, se fue a dormir.

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Gunaro at 12:22 pm on Lunes, noviembre 16, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

¡Carajos!? ¿? por que lo hice?? Ni siquiera era de mi incumbencia…

Caminé sin rumbo, hasta que mis pies congelados me llevaron al bar dónde te conocí. Grandísimo Pierre, el cantinero, ni siquiera se molestó en levantar la mirada, pero hizo llegar un tequila doble hasta mis manos, -sabía que el whisky me producía dolor de cabeza- y debió ser evidente desde que entré, que no necesitaba empeorar mi condición. La sangre aún húmeda, no se si por lo? fresca ? o por la nieve? que la empapaba, delataba que venía de una riña y que no estaba? de humor para soportar ? las acostumbradas burlas por justificar la posición del Manchester? ? ? ? en la copa de Europa.

Con discreción Pierrot, como llamabamos a Pierre, mas por su costumbre de usar sueteres y calcetines de rombos, que por su nombre preguntó: ¿todo bién?

¡Vete al diablo! pensé, pero dejé la exlamación girando dentro de mi cabeza, pues sabía que si no contestaba, era la mejor manera de decir: no te voy a responder.

Tomé el trago de un golpe y me dirigí al lavabo, tenía el ojo inchado y la sangre seca en la naríz, el labio superior y la chamarra -nunca pensé que pegara tan fuerte-; después de todo? era una adolescente de apariencia debilucha aunque con un rostro encantador.

-Esa hija tuya pronto será una mujer hecha y derecha- te había dicho, sin pensar que aquello te ofendiera

NEVÓ DURANTE TODA LA TARDE

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — NADDIA at 12:05 am on Lunes, noviembre 16, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. Pero las gotas cayeron una tras otra dejando tras de mí un reguero como las miguitas de pan de Hansel y Gretel cuando iban por el bosque y al igual que ellos, yo también encontré una casita de chocolate. Una anciana me abrió la puerta y me preguntó qué me había ocurrido. Yo no quería dar muchas pistas porque conocía a aquella anciana. Era vecina de toda la vida.

Nevó durante toda la tarde. La nieve cubrió todo el jardín y los árboles fueron formando una postal de Navidad. Desde la noche en que mamá murió no tuve ni un minuto de paz en esa casa. Su enfermedad nos había mantenido unidos y habíamos hecho un frente común, pero después del dolor inicial y las coronas de flores nos habíamos quedado vacíos. Yo quise cuidarte y sobre todo conservar viva la imagen de mi madre aunque pronto supe que eso no estaba en tus planes. Quería escaparme, perderte de vista, pero sabía que por el momento no era posible. Me encontrarías. Aquella misma tarde te había dicho que no quería vivir bajo el mismo techo que una mujer que no fuera mi madre. Discutimos y salí del salón dando un portazo. Me encerré, como siempre, en el garaje. Allí tenía mi estudio y tú lo respetabas como refugio salvo que fueras a sacar el coche. Decidí que me iría para siempre, pero nevaba demasiado. Cuando paró un poco salí a la calle, pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Entonces llegó ella con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Ella. Ella que había cuidado a mi madre en sus momentos más débiles. Ella a la que mi padre jamás hubiera mirado de haber estado mi madre sana. Pero mi madre para entonces era un ser casi inerte tirado en una cama, sin pelo, con la calavera pintada en la cara, los ojos muy abiertos, el dolor punzante que ya era parte de sí misma y el pico de morfina que cada vez duraba menos tiempo. Ella la lavaba, la cambiaba de ropa, la consolaba y la ayudaba a hacer pequeños paquetes con recuerdos que iba dejando para sus hermanas, sus primas, su hija, su marido y hasta Ella misma. Ella también organizó la ropa que recibiría la hija para su ajuar y había confeccionado los menús sin azúcar que supuestamente? prolongarían la vida materna. Ella había amado a mi madre con tanta intensidad que se había reencarnado en su propio cuerpo y se había adueñado de su casa. Sabía dónde se encontraba la ropa de mi padre, la mía, los objetos de verano, los de valor, las vajillas, los teléfonos importantes. Mi padre era un hombre torpe que nunca supo vivir sin una mujer secretaria intendente y amante y cuando estas funciones empezaron a fallar en mi madre y se vio sin organización interna pronto dispuso que alguien tendría que ordenar aquel caos. Mi madre aceptó y fue entonces cuando Ella llegó a nuestras vidas.

Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché para alejarme. Tu casa y no mi casa. Su casa. De Ella. Pero Ella poseía la casa y todo lo que contenía, incluido tú que te habías añadido a sus pertenencias. Sólo yo y mi reino independiente del garaje permanecíamos ajenos a aquella conquista. Ella entró en tu casa por la puerta principal y tú la besaste. Empezó a sangrarme la nariz como siempre que estaba en tensión. No quería ver aquello. Una vecina me vio en ese deplorable estado y me invitó a entrar, pero le dije que me encontraba bien y que llevaba prisa.

Nevó durante toda la tarde. Cuando murió mi madre también nevaba. Ella vino a hacerse cargo de la situación. La lavó, la vistió, la peinó. Lo que quedaba de mi madre se dejaba hacer dejando patente que había perdido su última voluntad. Ella estuvo en el tanatorio como una más de la familia y después nos acompañó a depositar las cenizas bajo el castaño grande de la tía Tere. Ella se instaló en nuestra vida ese mismo día y desde el primer momento quiso suplantar a mi madre y a tu mujer. Siempre fuiste práctico y si te servían en bandeja a alguien que se ocupara de la intendencia no lo ibas a dejar pasar aunque fuera a cambio de amor. Pero yo no podía cargar con la suplantación de mi madre y decidí desaparecer como Lucky, el perro que tenía a los diez años. Un día se fue y no volvió más. Así me sentía yo, como un perro abandonado, sin rumbo.

No sé cuántas horas caminé. Iba bien abrigada y con botas, andaba despacio, pero con decisión. Si me encontrabas, me volvería a escapar. Faltaba un mes para mi mayoría de edad, después ya no podrías obligarme a volver. Me daba pena abandonar mi casa, mi habitación, mi jardín, toda mi infancia. Cogí un autobús, quería alejarme de la ciudad, llegar donde Ella no estuviera. Rezaba a mi madre como si fuera un ángel.

Nevó durante toda la tarde. Finalmente llegamos a una estación. Sabía que me encontrarías. Ella esperaba en el coche. No opuse resistencia. Me dijiste que no querías perderme y yo te creí. No recuerdo nada desde entonces. Estoy atada a una cama en una habitación desconocida. Intento hacer memoria para saber qué pasó el último día que estuve en mi casa, pero cuando cierro los ojos sólo veo escenas inconexas. Lo único que recuerdo con certeza es que aquel día nevó durante toda la tarde…

Yo no te pedí un corazón

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Naiara at 8:54 pm on Domingo, noviembre 15, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Me refugié en un recinto que estaba en obras, muy cerca de tu casa. Abrí el maletín que me diste para las emergencias. Abrí la parte superior de mi cabeza y, con cuidado de que el ligamento hacia la mandíbula inferior no se rompiera fui espolvoreando los minerales que me mantenían con esta forma humana. Todavía no entiendo para qué me creaste si me ibas a tener escondida siempre, si iba a estar al borde de la desaparición cada vez que sangraba de la nariz (no sé si se le puede decir al borde de la muerte porque nunca he sabido si estaba realmente viva) y sobre todo, si ibas a seguir con ella. Aunque a estas alturas, probablemente ella ya no esté a tu lado, ¿me equivoco? me gustaría ver tu cara en estos momentos.

Tampoco entiendo por qué me da tanta rabia, porque metiste dentro de mí estos sentimientos si no ibas a hacerte responsable de mí. Me pregunto cuántos más como yo habías hecho antes, ¿era yo la primera? No importa, porque me encargaré de ser la última.

Si ha llegado a tus manos esta carta es porque está todo en marcha, pronto volveremos a vernos y tendrás la oportunidad de explicarme qué pretendías conmigo. ¿Es que necesitabas a alguien para torturar? Todavía no entiendo lo del corazón, ¿por qué me hiciste esto? no quiero parecerme a vosotros, no quiero sufrir como vosotros. ¿Creías que si tenía un corazón no iría a por tí para vengarme? Por muchas vueltas que le doy no le encuentro ninguna lógica, por eso he intentado quitármelo y lo he conseguido… pero no sé por qué sigo sintiendo todo esta rabia y este dolor, si ya he perdido mi corazón.

Te encontraré y haré que entiendas de verdad lo que significa nacer con corazón, mientras tanto sigue disfrutando de ese músculo que te bombea sangre desde el pecho.

Hasta pronto.

Sin escrúpulos

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — carla at 12:11 pm on Domingo, noviembre 15, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve, pero ésta sería mi última visita de cortesía.

Me dirigí a mi coche gris cubierto, en parte, por la nieve. Una vez en el interior, el teléfono móvil encendió la pantalla y el manos libres dejó paso a una voz aterciopelada:

? ? Señor Johnson, el Jefe de Seguridad no sabía dónde se encontraba. ¿Está bien, señor?

? ? Sí, Adelaida. Ahora voy, estoy tomando la autopista hacia el despacho, tranquila.

Suspiré y repasé mentalmente mis siguientes pasos mientras me introducía en el endiablado tráfico de la city.

Dos días después de nuestro encuentro, mi candidatura arrasaba en las primarias. La primera llamada que recibí me llenó más que cualquier otra. Fue un simple, contundente y significativo: “Todo ok, señor”. Colgué y me giré sobre mí mismo para asomarme al Hudson. La vista era privilegiada, digna de un futuro Gobernador. A mí, Michael Johnson Jr. ? nada me impediría triunfar. El obstáculo había desaparecido.

El Inspector Farrell era nuevo en aquel destino. Arrastrado a la gran ciudad por amor, se enfrentaba a su primer caso. Un hombre sin apenas recursos vivía a todo tren y había decidido suicidarse. La impersonal nota de despedida no le convencía. ¿Quién quería desaparecer viviendo así? Además había cierto aroma de mujer que le despistaba. Sus sentidos se agudizaron cuando buscando entre las cosas personales del fallecido, encontraron una foto de él y un niño y, posiblemente, el mismo chico convertido en joven en su graduación en otra fotografía posterior. Su intuición pocas veces le fallaba.

Cloe Wilkins había decidido que su tesis se centraría en la personalidad del político Michael Johnson. Al contrario que los chicos de su edad, ella no estaba desencantada con el mundo de la política pues veía en este nuevo personaje el viento fresco que necesitaba su país. Al igual que para él, su infancia había sido difícil ya que su madre también había fallecido cuando ella era muy pequeña. Se sentía muy cercana a él. Había concertado una entrevista con su asistente y en unos días se conocerían. El fin de semana que comenzaba lo iba a dedicar a reconstruir la vida de aquel hombre que como tantos otros personajes públicos guardaba un halo de misterio no exento de cierto romanticismo. Encendió la televisión para disponerse a cenar y se quedó sin aliento. En un especial informativo destacaban la triste muerte del padre de Michael Johnson.

El funeral fue discreto e íntimo. El Inspector Farrell observaba desde la distancia al hijo desconsolado. El que su padre no tuviera fotos de él en zonas? visibles de la casa, le resultaba raro. Ese golpe del destino, pensó, le granjearía todavía más admiradores.

El lunes después del entierro me cité con la estudiante universitaria Cloe Wilkins en la más absoluta intimidad en una exclusiva cafetería de Manhattan. Poco a poco cogimos confianza y los encuentros se hicieron menos serios y más románticos. Mi labia y detalles lograron conquistarla.

Un soleado dos de noviembre del año después de conocernos se celebró el enlace. Sólo unos pocos fueron testigos de la unión. En mis votos, dediqué unas palabras a mi padre añorando que no estuviera para sentirse feliz por su hijo. Cloe arrobada por mi ternura, recordó también la figura de su madre.

Seis meses después Cloe Wilkins echaría de menos aún más a su progenitora tras la primera paliza, inicio de las sucesivas, que durante un tiempo su esposo apagaría con pasión, lágrimas y arrepentimiento.

? ? “Eres una puta, como lo fue mi madre. Todas sois iguales”. Aquella frase resonaba en mi cabeza cada vez con más fuerza. Cuando ? perdía el control, acababa llamándola por el nombre de mi madre, Candance.

Cloe estaba tan hundida que no sabía a quién recurrir. En un primer momento intentó comprenderle y buscó en el despacho cerrado siempre bajo llave algo que le encadenara al pasado, que le hiciera ser así. Sin embargo, encontró una dirección de Brasil y un teléfono. Investigando cada vez con más interés, descubrió que mensualmente su marido ingresaba una suma considerable de dinero a nombre de Susan F. Se sintió traicionada. Michael estaba muy relacionado y su aire santurrón desorientaba a sus detractores.

Una mañana el teléfono de Michael sonó sin que él estuviera cerca. Enseguida Cloe reconoció el número pues lo había memorizado: era Susan F. Temblando cogió el móvil y preguntó qué quién era. Al otro lado reconocieron su voz: ¿Eres Cloe? No cuelgues. Ten cuidado. Te hará desaparecer como a su padre. ? ? Al otro lado sollozaron. ? ? Habla con Farrell. Él no se venderá. ? ?? Sonaba angustiada y verdadera.

Se quedó helada. A pesar de las ya continuas palizas y las humillaciones no me veía capaz de aquello, hasta que enfadado entré en el despacho y al ver que estaba allí, rojo de ira, la golpeé con tal fuerza, que su sangre tiñó la pared cercana.

Durante meses, Cloe aguantó la imagen de pareja feliz mientras en mi ausencia investigaba. Una tarjeta del Inspector Farrell avivó en su memoria la recomendación de Susan. Memorizó el número, pero no podría hablar con nadie sin que yo lo supiera. Estaba aislada. Con paciencia, se ganó la amistad de un camarero que contactó con el Inspector.

Susan F. se había vendido por dinero, pero lejos de sentirse afortunada, se arrastraba por hoteles selectos que no estaban hechos para ella. No dudó en prestar declaración por la muerte de su amante, mi padre, ? a pesar de convertirse en cómplice.

Fui declarado culpable del asesinato de mi padre, de lesiones sobre mi esposa y de provocar el aborto del hijo de ambos.

Se supo que mi madre ? abandonó nuestro hogar para irse con un vendedor de coches de segunda mano a Las Vegas donde terminaría ejerciendo la prostitución. El secreto que el miserable de mi padre quería desvelar y que amenazaba mi ? imagen perfecta.

Somos Puntos

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Nora Noemí Zeliz Pirillo at 2:54 am on Sábado, noviembre 14, 2009

Somos Puntos

Hoy me preguntaba como nace un cuento y que realidad se abstrajo para tal, estaba caminando por la ciudad, hoy la luz en todas sus formas me tiene fascinado, imagino la no forma, el punto, las partes, miro dividiendo todo, ¿cuantos puntos nos hacen y lo hacen al todo? Y ¿hasta donde hay puntos?

También pensaba en el que descubrió el punto, pensaba que ese hombre era de lo mas fantástico, un semidiós casi, descubrir el punto, dejarlo en cada final de oración, dejarlo como una unidad mas entre las formas, el punto la unidad básica, inmedible, incolora, la nada circular, sin luz somos punto, con luz somos muchos puntos.

Entonces pensaba que la luz era una compañía, aun en nuestro aislamiento de luz artificial, mirarnos y mirarnos, donde roza más o menos la luz, donde el brillo en una mirada distorsionada comienza a dejar puntos y más puntos a flora de piel.

Pensaba ¿sobre donde se edifico el todo? Un punto de nada es la respuesta más asombrosa, hoy descubrí que la nada no existe y que el porqué del punto esta en empezar a entender la luz: un punto elevado, contagiando a otros.

¡Somos los ojos de la luz! Su vientre! ¡Su embarazo! ¡Somos su musa! ¡Somos musa de la luz! Somos una misma parte, quebrada por la mirada interna, somos el punto de partida de un todo.

*Todo es una sola alma*

Proverbio Mapuche

Ernesto la bufanda y un Elefante rosa.

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Nora Noemí Zeliz Pirillo at 2:37 am on Sábado, noviembre 14, 2009

Ernesto la bufanda y un Elefante rosa.

Y Pachabel te puso en mi camino, asombrándome
del canon que cambió por arte del reloj ,porque sí
Todo cambió; las medidas de mis dedos y mis ojos
se almendraron ,cuando descubrí a Ernesto saliendo
de una bufanda, era larga pero trasparentaba
era placenta y del cordón umbilical Ernesto me miraba.
Su tersa piel se sintió mojada.¡Claro flotaba en agua!
Con el tacto de los ciegos roce su suave piel; OH
Comprendo el limbo; era la cáscara de nuez, los gajos
de naranja que de pronto me hablaron en Francés.
Ernesto está naciendo hombre nuevo y no sabe si reír
o dejar que las lágrimas afloren. De pura emoción
mi mano hurgó en la bufanda y naciste desnudo para mí.
Tuve pánico de despertar de ese ensueño y que desaparecieras
¿Más,… no, estás…estás? Vístete de vida nueva, olvida las agujas del reloj
mide la fuerza de tus nuevas piernas ¡Nacidas para mí!
Ernesto deja que se marche el Elefante.
Portándose tu vieja sombra, lejos la llevó.
Con mi lupa interestelar y ayuda de Spook
conseguí que te volvieras hacia mí ,tú tan alto yo tan pequeña
Quise tomar entre mis manos deshilachadas una vieja chistera
tú me mirabas y oyéndome tararear el Canon ,saqué un
gran arco iris ,para ti .Sangraron mis manos sosteniendo ese
último rayo carmesí y de puntillas frente a ti saqué ese eterno
ramo de rosas ,rosas rojas ,casi negras y mi geografía se desvaneció.
Te di tiempo para el recuerdo y huí silenciosa detrás del Elefante rosa-

Mis lágrimas son tuyas

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — albino at 1:09 am on Sábado, noviembre 14, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. El dolor que sentía en la cara todavía era intenso y llegaba hasta el interior de las cuencas, por eso mis ojos lloraban, por el golpe y por angustia.
El viento granizado paró la leve hemorragia de mis fosas nasales y seguí trastabillando por la nieve despareja y blanda. Cada paso era más lento y pesado, sentí desolación como nunca antes y no sabía que hacer. Dudé una y otra vez, giré mirando hacia atrás y me di cuenta que había caminado en vano…
Mis pasos estaban perfectamente marcados entre las huellas de esas cubiertas, las que había dejado esa mujer despreciable con el auto que le regalaste.

Volví a pensar en mamá y no me reconocí a mi misma; regresé enfurecida, con ansias de pegarle, romperla a pedazos y escupirle la cara hasta el cansancio y que mi saliva se transformara en ácido. A ti también…
Y así retorné sin importar nada, llena de amargura encubierta por rabia desatada y me apoyé de espaldas en el cupé. Estaba contra la puerta del conductor y me fui deslizando vencida hasta tocar el asfalto nevado con mis manos y mi trasero, a pleno llanto.
Hubiera querido morir y no pude, quería encontrarme con ella y contarle cuanto la necesitaba, tampoco pude.

Sobre mis palmas apoyé mi cara y no sé cuanto tiempo estuve así, acurrucada, inmóvil, segundos…, quizás años.
Subí mi mano para tomar la manija y ayudarme a levantar, se abrió la puerta que estaba sin traba, y no dudé, me introduje dentro abatida por el cansancio y el frío que sentía hasta en las uñas.
Pude acomodarme en la butaca y miré completamente turbada hacia el ventanal del living donde se podían ver los leños ardientes del hogar que se trasparentaban a través del cortinado.
Sabía que la sombra que veía deambular por dentro sería la de ella, suelta de ropa, ordinaria, ajena…
Bajé los ojos imaginándote con esa mujer, traicionándonos a ambas, en cuerpo y alma y sentí que la desilusión me carcomía.

Al levantar mi vista, y de casualidad, me percaté que estaban las llaves puestas en el tablero, observé la calle en dirección a la ciudad esperando no ver nada ni a nadie y menos a ti.
Apenas si sé conducir pensé, pero no me importó y puse en marcha el motor saliendo lo más rápido que pude en dirección opuesta, así como estaba aparcado el auto, hacia las afueras de la ciudad. Noté que el cortinado se corrió, pero no quise volverme y seguí concentrada en mantenerme sobre la calzada.
Me temblaban los brazos y tenía dos cascotes en lugar de pies, casi no los sentía, el agua que se fue filtrando por mi calzado terminó por entumecerlos. Sólo llevaba puesto unos calcetines de lana y zapatillas deportivas.
El auto derrapaba cada vez que pisaba el acelerador más de lo debido, hasta que llegué a la ruta y fui tranquilizándome mientras la tarde se esfumaba entre los pinos nevados.
La nieve parecía mas firme, pero no dejaba de agarrar el volante con fuerza e insistía en mantener mi vista centrada hacia adelante, sabía que transitaba lento, pero nunca había manejado con nieve.

La noche se adueñaba de todo y seguí persiguiendo la ruta a oscuras, como una fugitiva. Intenté cortar con la monotonía y con el temor que imbuía la oscuridad poniendo música. Sabes bien que eso me lleva y nos pasábamos horas en la vieja casa escuchando, ¿te acuerdas?

Pensaba que esa ramera mal oliente, junto contigo ya estarían gritando como locos al ver lo que dejé en vuestro dormitorio.
Ya lo debes saber, igual te digo: Cogí algunos vinos de la bodega, tomando la precaución de elegir los más costosos, y saqué toda la ropa de ella y la tuya del ropero. La tiré al piso y derramé cada botella sobre esta, me senté sobre la cama y sin darme cuenta fui bebiendo un poco, meditando sobre la muerte de mamá… tan pocos días pasaron desde que ocurrió; estaba muy enferma y no importó, tenías oculto el reemplazo. ¿Hace cuánto?
Me puse de pie bastante mareada, tropecé con unos zapatos de taco que había por allí tirados y me di de lleno contra la cómoda. Pensé que me había partido la cara en dos.
Fui al baño como pude, me lavé repetidamente y llena de rabia volví para orinarles la cama.
Luego sentada en el sofá cubrí mi nariz con un pañuelo mirando como se consumían en el fuego esos zapatos, esperando que el odio cesara. Esperando…
Cuando sentí el ruido del automóvil que se aproximaba pensé que eras tú y me agazapé como un felino, detrás de la puerta lateral, la que da hacia el parque…

Todavía sonaba Björk inundando el habitáculo y recordaba el momento en que entré a casa y estabas con ella tirado sobre la alfombra donde pocos días antes mamá había muerto. ¡Que asco!
Las luces, formando dos perfectos conos, me mostraban el camino como abduciéndome en mis pensamientos hasta que repentinamente vi un venado. ¡No sé que era!, una cabra y clavé los frenos, viré sin sentido con las cuatro ruedas deslizándose sin control directo hacia la banquina y terminé en un zanjón volcada. Recuerdo patente cuando pegué la cabeza contra el techo en el momento en que el auto se tumbaba y luego no mucho más.
Sentí un dolor fuerte y desmayé.
No me digas, no me interesa saber cómo llegué aquí. En definitiva es tu culpa.
Recuerdo verme por el espejo retrovisor, como una mancha, una lágrima negra.

—¿Cómo me veo ahora?
—… los médicos dicen que pronto podrás volver a casa —le dijo padre.

Enferma de deseo

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Carminacd at 4:45 pm on Viernes, noviembre 13, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Pero no olvidaría la paliza durante meses y quizá también todo ese tiempo me quedarían los moretones violáceos alrededor de los ojos para que cada vez que me mirara en el espejo pensara en ti y en tu fuerza bruta, en tu excitante fuerza bruta. En tus músculos de titanio, en tu altura, tu cabello rubio, tu lujuria.

No quise dejar huella en tu calle ni en tu vida, borraría mis pasos desapareciendo; no sabía en ese momento cuál fuera el lugar más lejano del planeta, pero hacia allí me dirigiría. Creí que mi nariz no necesitaba cura, pero aunque la necesitara se debía sanar sola porque ni loca ni rematada me acercaba a ningún hospital que yo no sé mentir y apenas me hicieran alguna pregunta sospechosa hubiera dicho toda la verdad.

Para qué llamaste a la puta de tu madre no lo sé. La única que necesitaba consolación era yo en ese caso. Por lo menos las huellas que dejó con el auto me sirvieron para ocultar las mías.

Hasta me atropellaron las ganas de volver, entrar sin ser notada y romperte el cráneo con el perchero de bronce que has parado junto a la puerta trasera, todo frente a los ojos de tu madre que gritaría como la loca puta que es. Si te mato dejo de sufrir. Cuando no existas este deseo enfermizo morirá contigo.

Como pez fuera del agua

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Esther at 2:54 pm on Viernes, noviembre 13, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. Despacio pero con agilidad sobre la vieja Harley, fui alejándome de ese horrible lugar donde ya nunca nada sería igual. Tú, flotando boca arriba en la piscina, habías encontrado el lugar tan añorado, tu propio cielo azul, que de fondo enmarcaba ese cuero negro similar a un pellejo hinchado en que te habías convertido. Yo, aunque sangrando aún, conseguía escapar por el foro, como lo que siempre fui, una insignificante y anodina comparsa. El juego que entre la vida y la muerte, que habías ideado desde que nos conocimos, se volvía en tu contra. Las cadenas de tus malditas mentiras, eran ahora mi salvación, nadie creería que el que allí boca abajo, flotaba como un corcho hinchado y pestoso fantasma de si mismo, eras tú y no yo. Todos creerían que era el miserable gusano que habías llamado para hacer de partner en la charada, no era otro, que yo mismo sin serlo, un muerto más vivo que nunca. Por fin encontraría la manera de escapar a ese destino que tú inventaste para ser, el único personaje importante. Una risa amarga me subió hasta la boca, ahora las cadenas que fueron mi prisión, eran ya tu mortaja. Yo, el impostar, con tu misma cara, con la nariz casi rota, pero vivo y coleando. Reclamaría mi destino, el tuyo, ayer inventado, para tener tu poder, para gastar hasta el último dólar que robaras a otros desdichados, que tuvieron la desgracia de tropezarse contigo, de tantos que sirvieron por no tener a donde ir, de comparsas de tus muchas charadas. El inventor de mentiras que cada año estrenabas, como el que estrena un traje: Vida nueva, casa adosada con piscina y descapotable, otra nueva furcia se adueñaba de tu cama, mientras el partener de turno, era el que recibía a duras penas unas migajas, a cambio de jugarse la vida, por tu cara, siendo una copia de ti mismo, sin ser nada. Pero hoy la suerte, te volvió la espalda. Eres tú, la víctima, nadie reconoce tu mirada en mi mirada, ahora yo salgo a escena y tú a flotar como un trozo de corcho hinchado. Tú el mejor pez del acuario de Villa Miranda, tú, que ni nadas, nada de nada y yo salgo por piernas con la cartera bien repleta, con tu propia cara.
Seré quien invente historias, que otros hagan de comparsa, de desgraciados de turno. Cojo la revancha y te invento bien muerto sobre un cielo enlosado de aguas mansas, de esa piscina azul que tanto te gustaba, es ahora el acuario donde descansas. Mañana tal vez en las noticias de las cuatro dirán como aquel que no dice nada: “La señorita G H al llegar a las veinte treinta a la casa del famoso Humberto Mendoza, éste se hallaba ausente de la villa, encontró a un infeliz, uno que despistado cruzo a nado la piscina de Villa Miranda, pensando que era una charca y se quedo tieso igual que una mojama” y yo seré quién me reiré a tus espaldas. Fingiré ser un cretino con voz de ginebra de marca; con ojos de bolsas sin sueño, con la oronda papada, embutido en Armani, con un habano colgando descuidado de la comisura de mi boca, al iniciar la charada: “ Pobre desgraciado cruzo el mar y se quedo sin agua”

Aurora

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — ivalopano at 12:02 am on Viernes, noviembre 13, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Era esta la oportunidad para desaparecer. Ya no miraría atrás. Ya no más llantos. Estas eran mis últimas lágrimas con tu nombre y mi sangre. Caminando con dificultad por la nieve, encorvada para hacerle frente al viento, fui acortando la distancia que me separaba de mi libertad.

Cada paso, me alejaba de ti. Cada metro que con esfuerzo andaba, representaba en mi interior un verdadero logro.

Fueron muchos años soportando en silencio; callando ante los amigos y ante la familia. Mi familia no debía saberlo nunca. No tendría el valor de reconocer ante mi madre, que siempre tuvo razón cuando me advertía y pedía que no tomara la decisión de irme contigo al extranjero, que lo pensara un poco más. Que dejara pasar algún tiempo, que te conociera mejor.

“No le tengo confianza”, me decía. ? “No me preguntes porqué, pero siento que no es buena persona”. ? Mamá y sus “corazonadas”.

Debo ser sincera, nunca se equivocó cuando al momento de conocer a alguien decía: “No sirve”. Así, tajante y sin vueltas. Y tarde o temprano lo podíamos comprobar. De una manera u otra, aquella persona dejaba ver sus malas intenciones o su calidad de mala persona.

Por supuesto, en este caso, tampoco se equivocó.

Por no haber querido oír sus consejos y advertencias, hoy estoy herida. Temo mirar de frente a la gente, siento que todos adivinan mi secreto. No puedo mirar a ningún otro hombre. En mi mente surge invariablemente la imagen de esas manos, agresivas, pesadas, siempre prontas a descargar un golpe. Odio hasta el perfume que usas.

Todos tus movimientos, que en mi primer momento de enamorada, me encantaban y adoraba, se transformaron en temor, a partir del primer golpe, aquella noche de vacaciones, en esa casita adorable que tenían tus padres en el campo.

Una hermosa noche, a fines de otoño. Era la primera vez que encendíamos la chimenea. Hermoso. Romántico. Yo adoraba estar entre tus brazos, sobre la alfombra, frente al fuego.

Sin saber cómo, y seguramente por una puerilidad, discutimos. Yo tenía razón y no estaba dispuesta a reconocer lo contrario (quizás uno de mis mayores defectos), lo que me costó caro.

Enardecido, desconocido totalmente para mí, descargaste un puñetazo sobre mi rostro.

Sin poder entender lo que había sucedido, loca de dolor físico y moral, sentí que me moría.

No morí. Pero algo murió para siempre en mí. Nunca más pude sentir nada cuando tus manos me tocaban. Nunca más sentí nada cuando accedía a tu requerimiento sexual.

Muchas veces, cansada, sintiéndome un elemento de uso, trataba de imaginar algo hermoso, para al menos, poder tolerar tu contacto, para evitar los golpes, imaginaba que estaba en brazos de un hombre adorable y hermoso. Tu perfume que me era odioso, impedía que pudiera evadirme mentalmente. Imposible imaginar otro hombre haciéndome el amor. Imposible sentir este acto como algo hermoso y amoroso. Ya no. Se había transformado en algo asqueroso, doloroso, humillante. Debía callar y morder la almohada tantas veces, ahogando mi llanto mientras dormías lejano y tranquilo.

Ahí te quedas. Cuando tu amiga del auto rojo y el perfume de mal gusto, se vaya, me buscarás.

Será tarde. No me busques. No llames a mis padres. Ellos no saben dónde voy.

Hasta nunca. Aurora.

PRUDENCIA

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Corina Harry at 10:54 pm on Miércoles, noviembre 11, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. Decidí que alejarme, no era lo mejor. Regresé sobre lo andado y entré a tu casa por la puerta trasera intentando que ella no me viera. El olor que desparramaba en el ambiente, me sugería los lugares por donde no transitar si no quería toparme con ella. No quería encontrármela de sorpresa y tener que entablar la misma conversación insana de siempre. ¿Por qué será que te empecinas en relacionarte con alguien que huele tan mal? ¿Por qué no me advertiste a cerca de cómo eran las cosas? ¿Piensas que nunca te perdonaría semejante cosa? Es cierto, jamás lo haría. De todas formas, lo hecho, hecho está. Y aquí me encuentro, tan cerca de ella, que tengo miedo de contagiarme el olor. Ya lo decía tu madre: “auto rojo, auto de puta barata con aires de grandeza”. Comencé a pensar alguna estrategia efectiva para huir de la casa antes de que tú llegaras y de que ella terminara de desparramar su espantoso olor. Lo primero que se me ocurrió fue salir corriendo. Lo intenté, pero el vidrio de la puerta trasera provocó que mi nariz comenzara a sangrar nuevamente.? “La? debilidad capilar es hereditaria” – dijo el médico de cabecera de la familia. Pero ¿por qué siempre era yo la que debía poner a prueba esas cuestiones? Acaso ¿tú no eres parte de esta familia? Por suerte el pañuelo era de papel tisú y podía deshacerme de él fácilmente arrojándolo por el retrete, y así nadie se daría cuenta de que mi nariz había sangrado por enésima vez. Me pareció una idea estupenda hasta que lo arrojé por el retrete y recordé que el sonido de la descarga del agua podría advertirla de que no se encontraba sola en la casa. Decidí retirarlo y estrujarlo, buscar una bolsita plástica y colocarlo dentro, con la idea de sacarlo de la casa y proceder a arrojarlo? muy lejos. Comencé la operación de rescate del papel tisú. Logré asirlo con una mano. Al estrujarlo para que no chorreara sobre el piso del baño, la sangre, que ya se había mezclado con el agua, tiñó de un rojo pálido el blanco retrete de loza. Abrir una canilla, o apretar el botón, serían igualmente ruidosos y yo no quería eso. Quedarme encerrada en el baño hasta que ella se fuera en su flamante coche rojo y oliendo a puta barata, era un riesgo que quizás debía correr. Pero ¿Y si tú llegabas antes de que ella se fuera? Siempre tuvo mucha paciencia, ¿Por qué perderla ahora, hoy, en este preciso momento? ¿Acaso no te ha esperado mil veces más de la cuenta, sólo para verte unos instantes? Creo que dejar su olor en los espacios en los que transita, es uno de sus mayores placeres. Ese, y que la vean con su auto rojo. ¿Qué tiene el rojo de especial? No era el momento de ponerme a pensar en eso. La sangre en el retrete era lo que realmente me preocupaba. De pronto pensé que tampoco eso era tan importante. Ella no se molestaría en averiguar a qué obedecía la presencia de una ligera coloración rojiza en un baño. Y ¡si preguntaba? ¿Qué le dirías? Por un momento comprendí que estaba teniendo un comportamiento algo paranoico.? Decidí dejar de pensar. Pero la verdad es que si no hubiera nevado en toda la tarde, si no me hubiera sangrado la nariz, si no hubiera querido que no me encontraras y sobre todo, si no hubiera llegado ella en su flamante coche rojo y oliendo a puta barata, las cosas hubieran sido mucho más fáciles para mi. Pero todo eso ocurrió y no pude evitarlo. Pero lo cierto es que yo estaba en la misma casa que ella con mi nariz sangrante. Me senté en el suelo intentando armar una nueva estrategia de huida. El tiempo corría, tú llegarías en cualquier momento, ella estaba allí, y yo también. No era lo esperado, pero me entretenido mirando cada rincón de tu cuarto, cada objeto que me había sido familiar durante tantos años. La idea de detener el tiempo me pareció obsoleta y deslucida; antigua, estúpida. Pero era lo único que venía a mi mente. Era obvio que necesitaba tiempo para pensar y no lo tenía. ¿Cómo salir de la casa, luego de haber vuelto a entrar? No podía quedarme toda la noche sentada en un rincón sin ser vista. O debajo de la cama, o dentro de un placard. La nieve comenzó a caer nuevamente, podría salir de la casa y caminar hasta la ruta. Los copos que caerían tras mis pasos borrarían las huellas de mi pisada. Así lo hice. Me quité el abrigo para barrer con él las huellas más profundas. La nieve caía con fuerza. Comencé a sentir frío. Necesitaba llegar a la ruta. La nevada se volvía más intensa. Mis manos comenzaron a entumecerse. No era normal que nevara tanto en esa época del año. La nieve borró no solo mis huellas sino las de todo ser vivo alrededor de la casa. Me dolían los pies. Un apagón se apoderó de la única luz de referencia. El auto rojo seguramente ya se habría cubierto de nieve, ya que no se distinguía del resto. Todo era blanco. Todo era nieve. Mis rodillas también se habían dormido. De pronto comprendí que no era yo la que debía de haber dejado la casa. Pretendí regresar. Era demasiado tarde. Había anochecido y yo había perdido todo punto de referencia. Mis piernas estaban hundidas en la nieve y la tormenta comenzaba a tapar el resto de mi cuerpo. Me encontrarías, pero sería demasiado tarde.

sueño ..

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Ursus at 10:20 pm on Miércoles, noviembre 11, 2009

Soy Marco,

un travesti de 39 años, candidato a la Alcaldía de Canas. Si la suerte me acompaña, mañana por la mañana seré el nuevo Alcalde. Las votaciones en sí no me quitan el sueño, pero el sueño que ? tuve anoche, lo recordé mientras leía este libro, que con sus lindo dibujos me llevó de nuevo a esa escena que ocurre en la plaza, todos aplauden felices, exacerbados, muy demostrativos de su conformidad con los resultados de estas elecciones.

Sin embargo en cuanto mencionan mi nombre en el estrado, la que aparece es una enorme gallina con tacos azules muy lustrosos y ruidosos, ésa, era yo.? Mi familia se reía de mí al igual que ? todos los que ? me señalaban.

Decían a vivas voces todo lo que querían , todo lo que deseaban, todo sus pedidos lanzados en gritos como si yo fuese un ánfora de deseos.

Todos se sentían con el derecho de pedir, mejores condiciones, mejores trabajos, no sólo maquinarias pedían los campesinos, ellos querían más… y cuanto más pedían… más gallina me volvía yo.

Me había elegido un pueblo inconsciente, un pueblo ingenuo y marchito, que se había acostumbrado a las migajas de sus Alcaldes, a las miserias y con ella a la ceguera total de sus espíritus. Creían que Marco el travesti, estando de Alcalde, sería como manipular una marioneta… pero yo no tenía intenciones de mecer como en un columpio al pueblo, a ese pueblo que en lugar de pedir herramientas y aprender a arar la tierra, pedían la solución de sus problemas.

En ese momento de “claridad”, estando frente a todos ellos convertido en una gallina se acercó un niño pequeño al que estoy seguro casi nadie vio.Me dijo, no soy experto en la materia sr, de hecho sólo tengo 10 años, pero si yo fuera ud, y pudiera cumplir un sólo deseo, sólo pediría desaparecer de este pueblo que va camino a la desgracia… es mejor sembrar sobre tierra fecunda, que sobre tierra infértil; a la vez que extendía su mano y en ella una pequeña lámpara que al frotarla desperté pensando si ? no sería más bien un desperdicio de mi vida haber venido a este pueblo tan lejano, a ocultarme de lo que soy , a hundirme en la desgracia de esta ignorancia por falta de valor…

Perro

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — MiguelR at 9:08 pm on Miércoles, noviembre 11, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. Resistí todo impulso a encender un cigarro hasta no estar frente al cenicero sobre mi mesa ratona. Tanto tiempo había pasado ese maldito perro, desatendido y abandonado por ella, que llegue a tomar la decisión de darle su merecido fin, ese mismo viernes de invierno.

Fueron los últimos reproches que le realizo, las ultimas suplicas contra su abandono, que escuchara cualquier vecino. Cualquier ser con sangre en sus venas aborrecería la situación y mucho mas los sollozos lamentos en la madrugada.

Conocía la casa, y al ser ella mi vecina sabia de sus viajes. Aproveche la situación. No fue a sangre fría, tuve una larga charla con el. Así fe que me quedo claro que el destino ya estaba resuelto. Aunque la sangre se desparramo por la blanca alfombra, siempre es la mejor manera, el impacto, el arrepentimiento y la necesidad de olvido es la mejor garantía a la impunidad. Una cuchillada sin amor. Gajes del oficio.

Ella lloro días enteros, falsamente. Una custodia permanente le garantizo tranquilidad, también alcohol y un desahogo alguna que otra noche, en la que ella dejaba de llorar pero no de jadear, donde era más que su protector. La vi revolcada en la cama, deseosa, cubierta de sudor y de varias lagrimas. Todo tan evidente, todo al alcance de mi ventana.

Cuando la policía, con sus clásicas averiguaciones, llego a tocar mi puerta y entre preguntas y cafés me contaron que ese maldito perro había dejado una nota de despedida, me eche a reír. Que ella este cada vez más cerca de la locura, haría que la investigación se resolviera más rápido a mi favor.

Un mes después, volvió a los viajes, entonces me pregunte si tan cerca de las nubes lo habrá extrañado por primera vez. Cuando retomo sus rutinas, la cruce un par de veces, siempre sonriente un, “buen día vecino”, y? “que clima hoy” fueron sus palabras. Al dirigirse en las mañanas de invierno, con nieve aún en las calles, dejaba huellas siempre al pasar.

Siempre me quedará París

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Alfonso at 7:14 pm on Miércoles, noviembre 11, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

?

Siempre que salía de tu casa me juraba que no volvería nunca más. Sabía desde hace tiempo que no era la única en tu vida y a pesar de todo volvía una y otra vez. Mientras caminaba por la nieve rememoré el momento en que te conocí.

Una figura cargada de maletas y bultos entraba en la estación de Valencia, andaba, tropezaba, perdía algún bulto; volvía a por él, lo intentaba colocar entre los otros y volvía a repetir todo el proceso con lo que el avance sé le hacia muy dificultoso. Su aparición se convirtió en un espectáculo que no pasó desapercibido. Su aspecto era informal aunque no excesivamente desaliñado, pantalones vaqueros, camisa de cuadros y chaqueta marrón;? barba de varios días y? pelo desordenado.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? Se situó delante de uno de los monitores que indican la salida de los trenes y comprobó los horarios. Parecía sobrarle tiempo por la lentitud de sus pasos. Se dirigió hacía el andén y tomó unas escaleras mecánicas excesivamente estrechas para la anchura que él necesitaba; varios bultos iban en los pasamanos y otros en la escalera con lo que las velocidades eran distintas y aunque todos consiguieron llegar abajo, primero lo lograron unas bolsas, luego Zoilo que tropezó con ellas y cayó encima y a continuación todos los demás paquetes que se desmoronaron sobre él y casi alguno de los pasajeros, que venían detrás, que se las vieron y desearon para poder esquivarle.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? Desde uno de los bancos del andén le vi. Me pareció una broma y no pude evitar reírme a mandíbula batiente. Me vio y se dirigió hacia mí. Reprimí mi regocijo y adopté una actitud seria no fuera a enfadarse. Se acercó y durante un rato estuvo colocando en el suelo todos sus fardos, cuando lo consiguió se sentó a mi lado.

-? ? ? ? ? ? ? ¡Qué!, ¿te diviertes? Me dijo

Le miré sonriente. Aquellos ojos grandes, relucientes y verdes, muy verdes me hipnotizaron y creo que todavía me tienen secuestrada.

-? ? ? ? ? ? ? Si mucho, le contesté sollozando de risa.

-? ? ? ? ? ? No me extraña me contestó y lanzó unas cuantas carcajadas estruendosas que lograron que la gente le observase todavía con más curiosidad.

Miramos a nuestro alrededor y nos reímos.

Me contó que había exprimido al máximo el verano después de pasarse vendiendo por toda la costa mediterránea. Los turistas ya escaseaban y el tiempo se había convertido en la maldita gota fría que siempre daba guerra en septiembre u octubre. Así que se volvía para Madrid.

Yo había estado en Marbella y en Ibiza pero no lo había pasado trabajando sino de fiesta en fiesta con mis amigas y ahora hastiada y cansada volvía también a Madrid.

Nos reímos un rato largo y al llegar el tren me despedí rápidamente para coger mi asiento. Me instalé en la ventanilla y eche un vistazo buscándole por el andén. Ya no se le veía. Había desaparecido. Era una pena. Me había resultado muy gracioso. Alguien que me pedía disculpas mientras colocaba sus maletas me sacó de mi ensimismamiento. Me di la vuelta y me quedé con la boca abierta. ¡Era él!

No sé que nos unió. Más bien creo que había muchas cosas que nos separaban. Quizás fue eso pero hablamos y hablamos durante todo el viaje. El me contaba historias, experiencias y aventuras y yo le escuchaba expectante.

El tren avanzaba a toda velocidad, sin que el paisaje nos importase lo más mínimo, nos habíamos metido el uno en el otro y la investigación mutua nos tenia absorbidos.

Me dí cuenta que tenía cogido su brazo. No sabia como había sido pero en el transcurso del relato había sentido la necesidad de que sintiera mi apoyo. Me azoré.

Nos quedamos callados y noté que íbamos en el tren la realidad del traqueteo y el paisaje que se veía por la ventanilla irrumpieron de forma violenta. El dialogo nos había puesto en un contacto íntimo que ahora se rompía y nos advertía que no estábamos solos. Nuestras manos estaban ya entrelazadas.

Casi sin darme cuenta estábamos llegando a Madrid.

Zoilo me preguntó:

-? ? ? ? ? ? ? ¿Quién te espera en Madrid?

-? ? ? ? ? ? ? ¡Oh! Un invierno muy, muy largo.

-? ? ? ? ? ? ? A mi no me espera nadie, añadió.

El tren descendió suavemente su velocidad hasta que se detuvo con un pequeño frenazo.

Nos miramos largamente esperando que fuera el otro el que se moviera.

Numerosas personas salen por el pasillo; él no se puede mover.

Sus ojos? no se apartan de los míos y nuestras manos se aprietan fuertemente.

El pasillo está libre.

Mi corazón late apresuradamente, unas perlas de sudor aparecen en su frente.

El tren anuncia que va a hacer su salida con rumbo a Irún.

Ninguno nos movimos.

Me pareció que su boca temblaba, que me iba a pedir algo pero no le deje y le besé con pasión.

El tren comenzó a deslizarse lentamente.

Ahora entre la nieve pienso que el sueño se ha acabado. Aquel invierno en París valió la pena, pero ahora estoy enganchada a un sueño. Después de aquel tiempo volvimos al Mediterráneo y luego a Madrid pero ya nunca fue igual. Ahora su desprecio es humillante y cuando se lo digo me maltrata.

Me soné suavemente intentando que la sangre me dejara respirar.

Me he perdido el respeto a mi misma y siempre vuelvo a verle a pesar de que cuando me voy de su lado me juro que no volveré.

En mi cabeza empiezan a bullir ideas. Cojo un taxi y me presento en la estación de tren.

El tren con destino París no tardará en salir. ¡Si me atreviese!

Compro un billete y me siento a esperar.

Un muchacho de pelo castaño y sonrisa amplia se sienta a mi lado.

-? ? ? ? ? ? ? ¿Vas de viaje?, me pregunta

-? ? ? ? ? ? ? Yo voy a París y ¿tu?

-? ? ? ? ? ? ? Yo también me contesta

Pues vamos le digo y cogiéndole del brazo le susurro “Siempre me quedará París”.

Sangre en la nieve

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Sofia Moreno at 4:03 am on Miércoles, noviembre 11, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. Pero no me di cuenta entonces que mis pisadas furtivas aparecían claramente impresas sobre las huellas de sus neumáticos. Mi suerte estaba echada, y yo ni siquiera lo sabía.

Maldita sea la hora en que te conocí. ¡Quién me manda a mí meterme en semejante berenjenal! Y todo por mis buenos sentimientos. Estabas tan apagado, tan mortecino, te vi tan indefenso… No pude resistirme, la verdad. Siempre me han gustado los perros, especialmente los perros apaleados, abandonados, con aspecto lastimero. Eras un precioso perrito joven, no ya un cachorro pero aún lejos de ser un adulto. Era fácil ver que te habías perdido. Allí estabas, pegado a la carretera, hipando y goteando sangre, lamiendo tus heridas.

Detuve el coche. Me acerqué a ti con cuidado. Gruñiste un poco, pero te dejaste tocar. Tenías un fractura fea. Te dejaste llevar en brazos. Era evidente que ya habías estado en un coche, porque no extrañaste nada durante el viaje, no protestaste.

La veterinaria se portó muy bien. No quiso cobrarme. Pasó su lector de tarjetas magnéticas por tu oreja derecha y la técnica, bendito invento, nos reveló todos tus secretos: nombre y dirección, edad, datos de contacto del dueño.

Yo me hubiera quedado contigo con mucho gusto, pero la veterinaria insistió: “Déjeme averiguar primero si se trata de un caso de maltrato o si simplemente se ha perdido y no fue culpa de sus dueños.”

Fue blando y cedí. Debía haber insistido, haber sido más firme.

Al día siguiente, llamé a la veterinaria desde la oficina. En cierto modo, deseaba que tus dueños le hubieran causado mala impresión, así hubiera tenido alguna posibilidad que adoptarte. Pero ella estuvo tajante: “Mi hermana la conoce, es buena gente, no puede haber sido maltrato. Si quiere adoptar a algún perro, le indicaré dónde acudir. Siempre los hay, no se preocupe, tendrá candidatos entre los que elegir.”

Pero a mí no me interesaba un desconocido, era a ti a quien yo había rescatado del borde nevado de aquella carretera sangrienta. Le di palique y conversación, conseguí así saber más y acabó revelándome la dirección que tu tarjeta magnética llevaba inscrita. Ella me dijo que no, no había ningún inconveniente en que yo pasara a visitarte en tu casa, seguramente la dueña estaría encantada de poder agradecerme el haberte salvado.

Aquella misma tarde salí de la oficina más pronto que de costumbre y aparqué frente a un hermoso chalet. Gente de dinero, no cabía duda. Nada que ver con el pisito exiguo donde yo pasaba mis noches. La mansión era tan amplia que el garaje era un edificio separado de la casa por una hermosa extensión de césped. Incluso en invierno, lucía brillante y frondoso.

Aquí serías seguramente muy feliz. No te faltaría de nada: comida, espacio, extensiones de verde para correr.

Llamé al timbre y sonaron dos hermosos tonos de campana, elegantes, distinguidos. Una mujer regordeta me abrió. Llevaba un delantal con encaje planchado. Dios mío, ¡solo le faltaba la cofia para ser la viva caricatura de una ama de llaves de postín!

Me indicó una salita para esperar. Me senté en una silla que juraría que era de época, pero la verdad, no tengo ni idea de qué época. Eso sí, seguramente era una época en que mis antepasados se dejarían la piel trabajando mientras los antepasados de tu ama vivían a costa de la sangre, el sudor y las lágrimas de los míos, qué duda cabe.

Daba igual, para mí esa era tu casa, y tu ama eran tan solo tu invitada.

Y entró ella, alta, rubia, desenvuelta. Casi me olvidé de ti. Me besó, estuvo a punto de llorar de emoción. Intentó darme una gratificación en dinero, pero me negué. Tengo mi sentido del honor, qué diablos. Le expliqué que simplemente estaba preocupado por el perro. Me ofreció algo de beber. Acepté un Jerez, sin duda lo más refinado que haya bebido jamás. Me fui animando con la charla y sin saber cómo, prometí volver al sábado siguiente.

Así empezamos a salir juntos, un tremendo error, ahora me doy cuenta. Éramos de mundos distintos y como solía decir mi abuela, jamás te mezcles con los que no son de tu clase. Solo te traerán problemas.

Yo pensé, iluso de mí, que eso eran tonterías de vieja, cosas del pasado. Al principio todo fue bien. Estaba ilusionado. Descubrí con ella mundos nuevos. Sus amigos eran de pronto mis amigos. Íbamos a estupendas fiestas donde nunca faltaba de nada. Adopté sus gustos. Me encantaba perderme a mi mismo, descubrirme una nueva identidad de joven glamuroso. Aprendí a esquiar, a montar a caballo. ? Acudimos a exposiciones, inauguraciones, conciertos. La cabeza me daba vueltas, pero parecía que por fin, mi vida dejaba de ser gris.

Debí recelar cuando muy al principio, en aquella primera entrevista, ella me explicó cómo te habías extraviado. Pero no quise ver su egoísmo, su falta de cuidados contigo. Estaba deslumbrado: ¡aquella diosa se interesaba por mí! En realidad, sí había sido culpa de ella. Nunca debió dejarte solo, al menos sin atarte siquiera, en aquel lugar extraño. Debió haber previsto que podrías asustarte por algo inesperado, como aquel camión. Debía haber sido más precavida contigo.

Ella se aburría rápidamente de una actividad, así que pronto no le bastó con el esquí y la equitación. Quiso probar deportes de riesgo y así, por su vana frivolidad y mi estúpida sumisión, he acabado hoy probando el “puenting” y rompiéndome la nariz en aquel parapeto de cemento. Maldita desgraciada extravagante… Qué poco le importamos tú y yo.

Ni siquiera he tenido el valor de decirle a la cara que lo nuestro se acabó. Seguramente ya habrá leído la nota de adiós que he deslizado con todo sigilo bajo la puerta de entrada. Estoy casi seguro que ni tú ni su mucama os habéis dado cuenta de mis movimientos silenciosos… La verdad, no tengo el valor de enfrentarme a ella, de darle explicaciones. Espero que no salga corriendo a buscarme ahora. Intentaré olvidaros a los dos, a ti y a ella, aunque me costará olvidar tu mirada confiada y tu bondad.

(fin del 2º ejercicio de creatividad)

Puntos de vista

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Alicia at 9:31 pm on Martes, noviembre 10, 2009

Puntos de vista

?

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Tal vez me había sobrepasado; por eso el miedo y los deseos de no regresar.

Supe desde siempre que aquello tendría un final. Que el ocupar tu cama sin límites y sin horarios no iba a ser duradero. Y sin embargo me atreví.

Me atreví a cruzar tus vallas y a desafiarte luego, sabiendo que te rendirías a mi poder de seducción.

Me animé a dejar el calor de mi cuerpo entre tus sábanas aún después de una? noche de silencios.

Arriesgué en ocasiones hasta mi vida, tratando de cubrirte por tus bravuconadas.

Esa tarde trataba de huir de tus enojos; en la premura me lesioné y recurrí como pude al pañuelo que habías dejado sobre la silla, evitando dejar rastros. Observé desde las sombras tu noche compartida, no pudiendo impedir cierta congoja. Los días de la ausencia se me hicieron eternos y por eso celebro este reencuentro.

Y aquí estoy de nuevo. Entibiada por tu cobertor de pana, mirando a través de los cristales la nieve que no cesa de caer. El fuego del hogar crea en el cuarto un clima irrepetible y yo admiro tu sombra mientras te despojas de la ropa y te me acercas.

Me tomas del pelo y echas atrás mi cabeza en un movimiento que sabes me distiende. Tus manos me acarician y yo me entrego con la fantasía de quedarme para siempre.

Por eso volví. Porque a pesar del olor a puta barata y? de tus sábanas ajadas, algo me dice que he ganado tu confianza y que no has de suplantarme; que no tendré que huir como en la tarde aquella; que continúo siendo, a pesar de todo, tu mascota predilecta.

No me lo reproches

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Indalo at 8:29 pm on Martes, noviembre 10, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había? forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella,? ? con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la? ? puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme.? ? Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran? ? las gotas de sangre sobre la nieve. Espero que aún recuerdes las continuas hemorragias que sufría por aquellas fechas… Por cierto, ayer se cumplieron dos años; ¡cómo pasa el tiempo!

Te preguntarás, cariño, ? cuál es el motivo de esta carta. Muy fácil, quiero contarte por qué actué de esa manera, quiero que comprendas que no fui la única culpable. También resulta que soy perfeccionista y me gusta concluir todo aquello que empiezo, por lo que he pensado que tú, que fuiste el damnificado,? tenías derecho a conocer la realidad.

? Antes de llegar al Mesón del Águila me crucé con la policía. Iban hacia tu casa. Ya imaginarás que fui yo quien les avisó, y lo hice desde tu propia casa, antes de marcharme. Me vi obligada a ello por una serie de circunstancias que a continuación te aclararé. Pero el detonante fue tu deslealtad, averigüé que eras infiel, que estabas tramando fugarte con tu amiguita y… con el botín ¿Y quizá teníais previsto liquidarme antes? Eso solo vosotros lo sabréis, a mí ya no me importa.

Como pudiste comprobar, me adelanté. Imagino que te sorprendería, porque siempre tuviste un concepto muy pobre de mí, quiero decir que me menospreciaste. ¿Acaso creías que era tonta? ¿No recuerdas que el golpe al banco lo organicé yo, que tú sólo empleaste la fuerza, la fuerza del macho? ¿Acaso me creías prisionera de tus encantos, embobada por tu amor, perdida en el deseo? ? Cariño, hacía mucho tiempo que pensaba antes de actuar: la adolescencia me quedaba lejana. Soy una mujer apasionada, tú lo sabes muy bien, pero antes de conocerte ya había aprendido a conducirme.

? Y acerca de ti, siendo un buen espécimen como eres, siempre me pareció que te faltaba algo, o mejor, que te sobraba algo, que te sobraba soberbia. Tu entendías el amor como un negocio productivo, un negocio que generaba regalías, y una de ellas era mi abnegación; tú te considerabas el centro del mundo y te sentías con derecho a utilizarme. Y me creías dócil porque no alzaba la voz como tú. Pensabas que “mandar” era subir la voz más que el otro: lamentable…

Por suerte, descubrí tus intenciones, tus sucias intenciones, y actué. Sólo tuve que ponerte un somnífero en el café aquella tarde; así de fácil. Claro que… tuve un contratiempo, un pequeño contratiempo: la aparición de tu amiguita con su cochecito rojo, algo que no tenía previsto. Tuve que apresurarme. Sin embargo, las huellas de su coche me ayudaron a escapar con más garantías aún de las previstas.

¡Qué pena que te robaran el botín del banco! Bueno… en realidad me alegro de que no lo disfrutaras tú ni tu amiguita. Treinta millones de euros era mucho dinero para vosotros dos.

? Cariño, espero que estos casi dos años de cárcel te hayan servido para recapacitar. No me los reproches nunca; si acaso, piensa en tus propios errores. Por cierto, cariño, suerte que la policía no encontró el dinero en tu casa, porque de haberte pillado con las manos en la masa tu condena habría sido muchísimo más larga y penosa.

? No me busques, cariño, no me encontrarás. He tenido un golpe de suerte y vivo muy bien, en un lugar de ensueño. Con dinero es fácil esconderse, con dinero y con los avances de la cirugía. Te haría gracia comprobar lo voluble que es el aspecto de una mujer.? En un santiamén te pueden modificar el cabello, los labios, los dientes, los pómulos, las caderas, los pechos… cualquier cosa, y lo hacen bien, es cuestión de dinero. Ahora bien, los especialistas a los que me refiero no son tan chapuceros como los que le pusieron esos melones tan rígidos a tu amiguita. ¡Ah!, se me olvidaba, también es fácil cambiarse el nombre.

Para terminar, cariño, te aconsejo que no pienses mal, que te conozco…: que desapareciera el dinero aquella tarde, no significa que yo me los llevara.

Suerte, cariño, supérate.

Mirada Serena

Filed under: -Creación de personajes — Jesus Ernesto Nunes Añez at 7:50 pm on Martes, noviembre 10, 2009

Se llama “El que mira”, jeje Que nombre…alto,1,80,delgado,este es mi personaje y vayapersonage vaga por la tierra en busca de una amistad sincera.

Se le llama “El que mira”,talvez por lo mismo ya que solo mira.En fin es un buen tipoa proposito ustedes creen en los milagragros.

Creacion de personaje. Fontaine

Filed under: -Creación de personajes — Cvalenciaq at 6:28 pm on Martes, noviembre 10, 2009

Ella estaba sentada en su cuarto, las cortinas de color blanco flameaban por el viento y miraba en su recopilacion de cuadros y fotografías una que reflejaba una serie de hojas al caer. En eso miraba un tablero de ajedrez que tenia cerca, y recordaba aquellas palabras de su contendor que conocio en una plaza en la estacion de otoño. “No tan solo podría entender la verdad acerca de tus sentimientos, sino que resolverte y vencerte ocupando la logica aplastante, pero no se trata de eso, se trata de que reconozcas un sentimiento el mismo que yo tengo y quedemos empatados” Ella pensaba mientras era absorbida por esas enigmaticas palabras, y para liberar su mente, tomo sus audifonos y comenzo a escuchar música. Pensaba “Puedo entender pero no sentir, Construir pero no apreciar, la respuesta esta en la desolacion…el sentimiento de perdida, redimir un sentimiento y valorarlo, Pero yo no quiero empatar, quiero vencerlo y aplastarlo. Creo que es la única forma de haya un equilibrio, por eso le hare creer que tiene el control y luego sere yo quien gane esta partida. Mientras no veas las hojas caer todo marchara a mi favor…..”

Nieve y sangre

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — atman at 5:56 pm on Martes, noviembre 10, 2009

“Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había? forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella,? ? con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la? ? puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme.? ? Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran? ? las gotas de sangre sobre la nieve”.

¿Los celos podrían hacer sangrar la nariz? me pregunté, en tanto huía, casi como un asesino.

No puedo creer que el tiempo sane todas las heridas. Semejante cosa sólo se le puede haber ocurrido a algún idiota sin memoria emocional. Han pasado más de dos años y siento el mismo dolor, la misma angustia.

Este pañuelo ya está empapado… me acabo de dar cuenta que he llegado a las afueras, cada vez hay menos casas. Casi nadie camina por la carretera.

La nieve se hace más gruesa, se me dificulta caminar. Giro la cabeza, puedo ver las gotas que voy dejando. Ni siquiera la camisa me sirve ya.

El brazo húmedo, tibio y rojo, me recuerda aquella mañana…aquella mañana y el auto de la muy puta que se debe estar revolcando contigo en este momento…

No puedo con mis celos, ni con mi nariz, ni con mi angustia.

López tiene que entender que no me puede tener dopado. Finalmente la medicación no debía ser tan necesaria. Hace una semana que no la tomo y tan mal no me ha ido.

O tal vez si. A juzgar por como me siento, por esa ira que me llevó a escapar cuando escuché que vendría otra vez una mujer…

Pero si sabes cómo terminó la última? ¿por qué traes otra?, ¿cómo te atreves?.

Estoy cansado, he caminado mucho, está oscureciendo y esta puta nieve que no me deja ver.

Estoy mojado, todo teñido de sangre, tengo frío, me duelen las piernas.

Lo que me faltaba, estas putas lágrimas. No te tengo delante, no podrías decir ahora que lloro para conmoverte. Lloro porque lloro, no se por que lloro.

Por la mierda de vida que he llevado, porque no me quieres, porque no me quiero, porque me siento sólo, porque estoy sólo. Por esta mierda de sangre que no para de salir. Porque me duelo, porque no me aguanto más, porque quisiera sacarme la cabeza,? tirarla por ahí, perderla, no tener memoria, no tener conciencia.

Si, la maté por celos, la maté porque la querías, porque te lo ví en los ojos. No me importaba realmente que fuera hombre o mujer, eran sus manos las que te daban placer, era su boca…, con ella no podía competir, qué iba a hacer…

Sí la maté y bien muerta está y qué. Ahora otra vez, ahora otra vez quieres que mate también, ¿por qué me obligas?, no me das elección, volveré.

Estoy muy cansado, pero ya verás cuando vuelva… Ahora me voy a sentar…

?

El charco de sangre era enorme, superaba incluso la silueta oscura e inmóvil del hombre sólo, tendido sobre la carretera.

NOCHE INFERNAL

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — SKORPIONA at 7:36 am on Martes, noviembre 10, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había? forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella,? ? con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la? ? puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme.? ? Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran? ? las gotas de sangre sobre la nieve.

No era la primera vez que el muy cobarde me golpeaba sin motivo alguno y cuando lo hacía, le aborrecía con todas las fuerzas de mi ser. Y pensar que otrora fui gestora de su éxito a nivel mundial,? siendo? reconocido como uno de los mejores tenores del momento. Cuánta indignación sentía por haber dedicado tantos años de mi vida a endiosar a un falso ídolo de barro. Demasiado? tarde comprendí que eran ciertos los sabios consejos de mi difunta madre: “Un hombre que arremete contra una mujer tiene mala entraña”.

Sentí vergüenza de acudir al mismo nosocomio, toda vez que de un tiempo a esta parte me había convertido en paciente asidua al Servicio de Emergencia.? ? En razón de ello preferí acudir a otro hospital, teniendo en cuenta que nuestra última discusión se desarrolló bajo escabrosas circunstancias? y estaba plenamente segura que el desenlace podría tener un giro inesperado.

Me anestesiaron la nariz para poner el tabique? en su sitio: la fractura había sido de consideración. Esta vez culpé del accidente a mi fiel perro labrador, a sabiendas que el verdadero culpable era mi controvertida pareja. Abandoné el centro hospitalario con? la nariz enyesada y con un dolor cada vez más fuerte,? al pasar paulatinamente el efecto de la anestesia.

En cuanto llegué a mi casa traté en lo posible de mantener la calma. Disfruté de un baño de tina con? agua tibia y sales relajantes.? Me incorporé, sequé mi cuerpo con una toalla y cubrí mi desnudez con una bata de felpa. Encendí la chimenea, arrojé al fuego mi? ropa ensangrentada? y observé cómo? quedaba reducida? a cenizas: quería desaparecer toda evidencia de aquella trágica noche.

Me serví una copa con coñac, recosté cómodamente sobre el sofá y centré mi mirada en el teléfono. La incertidumbre me estaba matando, por no saber a ciencia cierta cómo se encontraba el hombre que antaño? hizo latir mi corazón enamorado.

Sin embargo, no dejaba de asombrarme la parsimonia que yo demostraba en esos momentos. Sabía que el golpe que le propiné en la cabeza fue muy fuerte, porque de inmediato brotó la sangre a borbotones. Quizá al verse ensangrentado recurrió? a su incondicional mujerzuela que raudamente acudió en su auxilio. Resulta insólito lo que a veces soportamos las mujeres enamoradas, pero todo en esta vida tiene? un límite y esa noche lo fue para nuestra tormentosa relación.

El tictac del reloj martillaba en mi cabeza, mientras los dientes devoraban mis uñas. Coloqué más leña en la chimenea y preparé otro coñac. El alcohol apaciguó mis nervios que por momentos me traicionaban. Fue inevitable no rememorar los gratos momentos que pasamos antes del fatal desenlace.

Hasta ahora me parece escuchar los interminables aplausos que al concluir el apoteósico concierto, hicieron retumbar las antiguas paredes del Teatro Monumental. Tras el brindis de rigor siguió un opíparo banquete, que congregó a una distinguida concurrencia conformada por importantes personajes de la cultura, de la política y del mundo empresarial: todo un éxito que juntos compartimos en aquella inolvidable noche.

Cuando llegamos luego a su casa continuó bebiendo con desenfreno y mostró la cara oculta de su propia luna:? ? aspiró aquel polvo? blanco? que, según siempre me expresara, lo elevaba a su? indescriptible paraíso imaginario.? ? Mi cuerpo adicto al suyo? era prisionero de su embrujo, aceptaba en silencio el cruel castigo y gozaba en los parajes del placer inagotable…

El teléfono sonó a las siete de la mañana. Sobresaltada atendí la llamada que provenía de la delegación policial. Se me informó que el conocido tenor Domenico Gastello había sido encontrado muerto en compañía de una desconocida mujer y requerían de mi presencia por ser su manager. Al llegar quedé estupefacta con el macabro cuadro que tenía ante mis ojos: dos cadáveres en el piso sobre un charco de sangre.

Al día siguiente la prensa dedicó la primera página a publicar titulares formulando mil conjeturas. Según el parte policial, se presumía que entre la difunta pareja ocurrió un fuerte altercado que llegó a palabras mayores. El hombre murió desangrado a causa de un fuerte golpe en la cabeza que le propinó la mujer, quien posteriormente se suicidó cortándose las venas. Se tiene casi la certeza que el fatal desenlace fue originado por el resultado de un laboratorio clínico, encontrado en la escena del crimen. En dicho documento se leía claramente que la mujer había sido diagnosticada portadora del VIH.

Valiente

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Gunaro at 7:52 pm on Lunes, noviembre 9, 2009

El jardín de la casona tenía fama de estar encantado, se decía que un duende maligno, presidía una legión de gnomos burlones y crueles. A pesar de ello o más bién como un reto, es que? los amigos decidieron pasar la noche en el lugar.

Sin saber cómo, los juegos terminaron en una apuesta: había que leer un relato de terror en medio del jardín, ? sin mas compañía que la propia sombra.

No eran más de las diez de la noche, bajo una lámpara cuya ? débil luz apenas alcanzaba a definir las letras y palabras,? Leticia? se esforzaba en concluir? de leer aquel relato que tanto le atemorizaba.?

Sus compañeros del grupo en consecutivas votaciones la habían? elegido como? la más valiente; aunque para sus adentros ella se consideraba? cobarde como una gallina (con el perdón de las gallinas).

Su padre, experto en estimular las virtudes infantiles, le había creado? su fama de ? valiente.? Recordó aquel? dia en que? obedeciendo a sus ruegos, él la mecía en aquel columpio; ? hasta que, en un descuido salió disparada ? como una roca en un alud, para aterrizar por suerte en un arbusto.

Dolió, pero no soltó una sola lágrima, alli surgió su ? fama? que ahora maldecía.?

Un súbito ¡crac! y no? aguantó más, el crujir de una rama fué suficiente para hacerla saltar? y botar, junto con el libro, su fama de valiente.

“Es lo mejor para la familia”

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Quioreng at 4:28 pm on Lunes, noviembre 9, 2009

Sabes árbol hoy hemos tenido votaciones en casa, y me han ganado 2 a 1. Mi padre se ha convertido en un experto aguafiestas y dice que nos tenemos que ir de aquí. Yo no lo entiendo, si somos felices. Yo soy feliz, puedo verte cada día y jugar con mi columpio color azul. Todavía me acuerdo el día que lo puso papá,? cuando todavía me leía un libro por las noches y jugaba conmigo a la gallina ciega. Mamá normalmente me defiende y no se deja asustar, es una roca, pero esta vez se ha puesto de su parte. Ayer cuando vino a apagar la lámpara de mi habitación,? me hice la dormida porque estaba muy enfadada, y dijo la frase fatal. “Mi niña tu no lo entiendes pero es lo mejor para la familia”.

Las historias de mi abuelita

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — JenFox at 4:01 pm on Lunes, noviembre 9, 2009

Era de noche y caminábamos por un bosque en Suecia algunos con unas linternas y mi tía Günvor decidió llevar una antigua lámpara de kerosene esas que usaban mis tatarabuelos a quien nunca conocí. Era lindo salir a recorrer el bosque con toda la familia recordando aquellos cuentos que mi abuela alguna vez nos contó y seguramente alguien había leído en algún libro y ella lo recordaba y nos lo contaba, obviamente añadiendo algo y dándole aún una mayor entonación y dejándonos a todos con las ganas de conocer a esos maravillosos gnomos, cuantos recuerdos vienen a mi mente, cuantas historias maravillosas, cuantos cuadros en la pared tenia mi abuela donde se repetían esas maravillosas y traviesas criaturas…

Siempre soñamos con estar en el bosque y encontrarnos con alguno de ellos como le sucedió a ella, cuando fue a Suecia. Ella nos contaba que un día se encontraba en el jardín de la casa, meciéndose en el columpio que había hecho mi abuelo para ella, y que de pronto vio un hombrecillo salir corriendo y ella quiso perseguirlo. Corrió y corrió atrás de el, vio cuando el se escondió de una manera increíble debajo de una roca, ella comentaba que nunca supo como ese hombrecillo podía tener tanta fuerza ya que ella con veinte años no podía siquiera soñar con levantar la roca.

Otro día ella volvió a ir a la finca de unos amigos y ahí de pronto y de la nada vio como las gallinas salieron espantadas del corral y ella nuevamente vio al hombrecillo que le hacia con la mano que lo siguiera, quería mostrarle un mundo hermoso que ella no conocía un mundo de maravillas, de fantasía. El en esas le mostró caminos que ella ni siquiera sabían podía existir era increíble como el le contaba como se había vuelto un experto caminando por todos los rincones sin que nadie lo pudiera encontrar ya que la gente como nosotros llegamos a ser un peligro para ellos.

Al rato llegaron donde estaban todos los gnomos y ellos se enfurecieron al ver una persona normal entre ellos y le dijeron al gnomo que merecía un castigo, llamaron a votación y lo castigaron sin poder salir a pasear o hacer sus travesuras por cinco años. De pronto ella sintió las lagrimas correr por sus mejillas pensando, si no fuese por haber venido con el, nada hubiera sucedido. De pronto despertó y estaba acostada en su cama con lagrimas en los ojos, todo había sido un hermoso sueño.

La biblioteca de la mansión Button.

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Yyrkoon at 3:23 pm on Lunes, noviembre 9, 2009

La luz de la lámpara parpadeaba insistentemente con clara intención de apagarse para siempre, esto dejaba en la habitación en una tétrica penumbra. Las cortinas danzaban al son del gélido viento que se colaba por la rendija de la ventana ululando con la suavidad de la muerte.

Jules avanzó en la oscuridad y el silencio, este último sólo roto por los crujidos tenues de los tablones carcomidos de la vieja casa de la familia Button. Su rastro quedaba marcado en el polvo del suelo que llevaba allí tanto tiempo como la más vieja de las almas del cementerio exterior.

Siempre se había considerado un hombre valiente y escéptico, sin embargo había algo en aquella casa que le ponía la piel de gallina. Conocía bien las historias que corrían sobre aquella mansión, y como experto tasador debía comprobar su veracidad antes de ponerla en venta, más si cabe teniendo en cuenta que su próximo propietario sería el nuevo alcalde, elegido en las votaciones más corruptas conocidas en aquel nórdico pueblo. Se decía que votaron hasta los muertos.

Nada más poner el pie en la habitación la vieja bombilla dio su último estertor y quedó en la sombra para no volver a iluminar jamás. Jules se acercó a la ventana dejando que sus dedos rozasen las antiguas estanterías de la biblioteca, sintiendo su ruda textura plagada de astillas y empapándose de la sabiduría que emanaban, la sabiduría de una eternidad, la sabiduría que contenía más de una vida impresa en centenarias hojas de papel.

Retiró las cortinas y dejó que se filtrase la luz de la luna mansamente entre los ennegrecidos cristales. Cerró bien la ventana y el silencio que cayó sobre él al cesar el ruido del viento le hizo estremecer. De pronto, cuando ya volvía a su cuarto, escuchó un fuerte chirrido en el exterior. Se acercó a la ventana raudamente, pero sólo vio un viejo y oxidado columpio meciéndose furiosamente al son del viento, por unos segundos se encontró hipnotizado observando el columpio y las lúgubres lápidas tras él, observando la noche tras el velo de suciedad del ventanal.

Una roca como un puño le sacó de sus meditaciones, rompió la ventana y le golpeó en la sien. Jules trastabilló varios pasos hacia atrás chocando estrepitosamente contra las ciclópeas estanterías y fue de bruces al suelo, tras él, precipitado por el impacto, un libro cayó aparatosamente sobre su mano. Presto sacó su linterna y alumbró el tomo, “La mansión de los Button”. Había leído escasas tres páginas cuando se dio cuenta que aquel mamotreto contenía la sabiduría de más de una vida impresa en centenarias hojas de papel, contenía mucho más que una vida, contenía su vida. Jules no era más que un libro que antaño quedó cerrado.

Fantasma de Amapola.

Filed under: -Creación de personajes — thelastbrokenheart at 11:40 pm on Domingo, noviembre 8, 2009

Tenía apenas? 10 años cuando dejó de existir. Zumbando por los campos de amapolas en las noches, y no dejando dormir. Una muñeca de papel sostenía en su mano, y en la otra, sueños que no fueron alcanzados.

Muchos en el lugar dicen que su historia es una leyenda, otros, un mito. La han visto los guardabosques, su pequeño hermano y también algunas liebres, y todos han contado que sigue viva y espera la venganza. Es que aquel día ella era la más feliz de las niñas, y en tan sólo un segundo, esa felicidad que parecía eterna, se esfumó.

Es por eso, que anda buscando a esa tal Patricia, que le quitó su más preciado tesoro.

Es que de chiquita estuvo enamorada, del mismo muchacho campestre.

Aquel 13 de abril, todas las familias del barrio se unieron en torno a una rica barbacoa, los niños con los niños, los jóvenes con los jóvenes y los adultos con los adultos.

Por el mismo camposanto en que ella anda ahora en las noches, su príncipe la había “traicionado”.

Bajo la luna llena, y en medio de las amapolas, Patricia y Tomás se besaron, mientras que la niña dejaba su llanto en las ramas del árbol.

Sabía que no iba a ser suyo por siempre, sabía que su campesino prefería a las doncellas de oro, y no de bronce.

Sabía que así no podía seguir…

Entonces, otro día, como al mes…

En una tarde seca y calurosa, las familias se reunieron de nuevo, al mediodía, en el hogar de Patricia…

Sin nadie que la viera, y sin que nadie notara su no presencia, decidió meterse en lo hondo de la piscina, dejando así, solo un cuerpo flotando. No sabía nadar.

Nadie se preguntó ese día, donde ella se había metido, ni siquiera su propia familia… pero la encontraron así, muerta de tal forma, el otro día, el alguacil.

Ahora es así, amigos, que anda rumbeando por el lugar, ofrecida al viento y al recuerdo, como un tesoro en su propia busca.

?

?

Espero que les haya gustado, uy… me costó bastante realizar este trabajo.

Disculpen la demora.

Millicent, 13.-

MI NOMBRE ES…

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — NADDIA at 11:15 pm on Domingo, noviembre 8, 2009

<Mi nombre es Bond, James Bond> Jaime ensayaba divertido el papel que le había tocado en la obra. Le relajaba hacer teatro representando su propia profesión sin que nadie supiera en realidad a qué se dedicaba. <Mi nombre es Bond, James Bond> decía con el cuello de la gabardina subido hasta los ojos y daría el pego de no ser por la estatura. Su 1,65 no lo hacía el típico galán y a veces se ponía plataformas como algún presidente europeo. Las canas habían sido un acierto aunque en realidad se las había puesto para infiltrarse en el Club de Expertos contratado por la mujer del Presidente.

– ¿Expertos en qué, perdón?

– Experto es experto ¿tiene algún problema para manejar el idioma? – Aquella mujer no hacía concesiones.

-? ? ? ? ? ? ? ? No señora. Y dígame ¿qué tipo de problemas tiene el Club de Expertos?

-? ? ? ? ? ? ? ? El Club mismo es el problema. Mi deseo es que investigue sus cuentas. Además, mi marido intenta asesinarme – dijo sin alterar la voz – Sería conveniente que aparentara usted más años…

? Se tiñó las canas. El siguiente encuentro fue en el jardín de la Presidenta que sentada en un sofá – columpio acariciaba a su yorkshire.

-? ? ? ? ? ? ? ? Pase, pase. Lo llamé para decirle que vendrá conmigo a la cena. Allí le presentaré a los miembros del Club.

-? ? ? ? ? ? ? ? Por lo que he averiguado, tiene ustedes cuentas en Mónaco, quizás tenga que visitar la Roca… ¿Es necesario que asista a esa cena?

No tenía ningún traje de ceremonia. Pensó en la americana informal de los eventos. Con vaqueros. Quizás no fuera lo más adecuado para las votaciones de primera y segunda vuelta en aquel club, pero ya había comprendido que iba a ser difícil sacarle mucho dinero a aquella mujer guapa, pero con cara de morosa.

Había previsto ciertos cambios estructurales y además de teñir el pelo se había bronceado en la lámpara uva. Recordó a su madre <Hijo mío, ya que no eres alto, al menos deberías ser ancho> Esto había ocurrido en plena adolescencia y así fue como Jaime comenzó a hacer pesas y a cuidarse intentando no decepcionar a su madre que creía que ? su hijo jamás tendría Libro de Familia propio. Aunque la mayor parte de las veces no tomaba caviar sino sopa Gallina Blanca, no podía quejarse, no le había ido tan mal. <Mi nombre es Bond, James Bond> <Mi nombre es Pons, Jaime Pons>

Príapo

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Carminacd at 7:30 pm on Domingo, noviembre 8, 2009

Odisseo usaba su dialéctica barata, sus versos, su rima de libro viejo para remolcar. En el mundo de los foros literarios había mucha gallina con complejo de inferioridad o sola, más sola que Papá Noel en el October Fest, dispuesta y dichosa de caer entre sus estrofas, y por qué no entre sus sábanas de experto amador. Cuando se aburría de balancearse siempre en el mismo columpio, cambiaba a otro parque y encontraba uno disponible donde divertirse. A cierta hora de la noche solo debía encender la lámpara del escritorio, el ordenador y dedicarse a responder dulces mensajes de amas de casa aspirantes poetas, decepcionadas por la rutina y aburridas de sus esposos y su familia o e-mails de solteronas aburridas de tener por compañía sólo gatos pelados. Se sentía cada vez más orgulloso gracias a sus poemas ya que cuando publicaba uno subían en un momento las votaciones y se encontraba siempre entre los primeros puestos catapultado por las preferencias de tanta gallinita suelta. Se le fueron acumulando, sin ni siquiera darse cuenta, una considerable cantidad de ex amantes, amantes virtuales y amigas que fundaron su club de fanáticas y comenzaron un complot para encastrarlo. Una tarde, al volver del trabajo, se encontró en la puerta de su casa, sentadas sobre la baranda y sobre los escalones del pórtico a diez mujeres que reconocía habían pasado por su cama o su pantalla. Cada una traía y había colocado meticulosamente en algún rincón, su bagaje; algunas maletas, canarios, gatos y cachorros que ya giraban por el jardín como si fuera su casa.

El Gran escritor

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — MiguelR at 7:22 pm on Domingo, noviembre 8, 2009

Juan Diadesi? Crecía al sur de la provincia de buenos aires en 1878, mientras jugaba en el columpio detrás de la casa familiar y almacén polirubro de pueblo, vio pasar a los soldados de Julio Roca, que liberarían el sur del continente. Aún no se votaba libremente, pero el ya cultivaba su imaginación en el sillón de su padre bajo una lámpara verde de pie alto. Entro en su adolescencia y en el sueño de escribir un libro cuando volvió a ver a esos soldados de azul marino y pantalones rojos, en esos años ? vio como arrastraban cuerpos y sumaban orejas a su colección, así surgió su primera novela corta. Hacia el final de su vida en la que se convirtió en un experto escritor con varios premios en su haber, recuerda como fue que tomo la fuerza necesaria para alejarse de la familia y educarse en la capital: “Una tarde regresaron algunos soldados al mando de Hilario Lagos, en el pueblo, ya casi no quedaban provisiones, algunos vegetales y una gallina quedaba en mi hogar, bien salpimentada, marco el fin de ellos. Murieron envenenados y al día siguiente tuve que irme del pueblo”.

Iratxo Papelypluma

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Naiara at 1:59 pm on Domingo, noviembre 8, 2009

Fue una de estas noches en las que Iratxo salía a escribir sin que nadie le viera. Cogió su lámpara de aceite y bajó hasta el jardín con mucho sigilo para que nadie de la familia se despertara. Era una familia grande, más bien una comunidad, con sus propias normas, y una de ellas era no salir de madrugada, eso lo podía llevar bien, pero la norma de no escribir y de no leer ningún libro, esa norma era incomprensible para el muchachito.

Se sentó en un columpio del jardín con su lámpara y su libreta y se puso a escribir sobre el otro mundo, él quería vivir en ese otro mundo donde las costumbres eran diferentes y te permitían escribir y leer. De pronto, la cadena del columpio se rompió y se oyó un gran estruendo que alertó al patriarca de la comunidad.

Las normas de la casona eran ancestrales y muy rígidas. El muchachito iba a ser castigado severamente. En los juicios de la familia siempre declaraba el anciano, experto? en detectar mentiras. El ritual para saber si alguien mentía consistía en arrancarle la cabeza a una gallina y si el cuerpo de la gallina daba vueltas en círculo significaba que estaba diciendo la verdad, si salía corriendo en línea recta delataba al mentiroso y si moría al instante es que esa persona había dicho una mentira piadosa con el corazón limpio.

No era una técnica muy fiable para Iratxo, pero para la comunidad sí lo era. Iratxo había dicho la verdad, porque sabía que mentir al patriarca era peor que desobedecerle. La gallina (o el cuerpo de ella mejor dicho) comenzó a andar en círculo, luego recto, luego pegó un salto y cayó fulminada.

Toda la comunidad quedó estupefacta, menos el anciano, que con gesto solemne dijo: “habrá que someterlo a votación”. Tan simple como eso. Así que votaron sobre si Iratxo mentía o no, sobre la gravedad de su desobediencia y el peligro que podía causar a la familia, sobre el castigo ejemplar que debían imponerle…

Las votaciones dictaron sentencia e Iratxo fue condenado a vivir fuera de la casona, dentro de un agujero que había en una roca del jardín. Ni tan mal. Feliz de la vida, Iratxo cogió su lámpara y su cuaderno y se refugió en su roca que lejos de ser su cárcel se convirtió en su verdadero hogar.

La verdad

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — atman at 5:15 pm on Sábado, noviembre 7, 2009

El lápiz de la verdad yacía sobre la mesa deseoso de una mano que lo sostuviese. El libro a su lado, laxo y dormido –había nacido como cuaderno, pero a fuerza de ser ocupado alcanzó la máxima categoría de libro- parecía sin vida.

La habitación permanecía en absoluto silencio, y sólo una pequeña lámpara luchaba contra las sombras.

El lápiz ansiaba una mano, izquierda o derecha, no importaba demasiado, aunque prefería la izquierda por su leve inclinación hacia ese ángulo del planeta, pero su misión se veía truncada sin ella. Llamó al libro, pero éste no acusó oírlo.

-? ? ? ¿Que te pasa? ¿acaso ya no tienes páginas para mi?. ¿ya estás pleno, satisfecho?

Lo gritó con tal fuerza que al pobre cuaderno no le quedó más remedio…

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Siempre habrá un espacio para ti, amigo, ¿pero es que no se puede dormir un poco?

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Estoy ansioso…

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Claro, si no se nota hombre…

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Sabes que no puedo hacer otra cosa que dibujar la verdad y tu has sido un maravilloso lugar donde hacerlo, pero desde que el fulano se ha cansado….

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Pero si me mostró hasta el agotamiento y nadie más quiere verme…

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Ábrete y veremos…

El cuaderno-libro hizo un ingente esfuerzo para levantar la tapa de roca y quedar expuesto en una página aún en blanco.

El lápiz no podía en sí de alegría. -Le vamos a dar una lección al gordito, ya va a ver-decía.

Se balanceó sobre su punta como en un columpio, hasta lograr el equilibrio necesario.

Monto al cuaderno y comenzó a moverse como un verdadero experto sobre el papel.

-Espera un poco, pidió el cuaderno, me duele tanto trazo fuerte. Además quisiera saber que dibujas.

-La verdad de nuestro dueño: una gallina. El creía que sería admirado, querido, por dibujar la verdad, y cuando no fue así renunció, nos condenó al ostracismo, a la oscuridad. ¿quién quiere saber la verdad? A nadie le gusta la verdad. Pero alguien debe mostrarla, decirla… y si él anda llorando por los rincones, nuestro deber es mostrarle quienes somos. Nó meros instrumentos de su mano, somos servidores de un creador superior. Y él? corococo, corococo; no es más que una gallina temerosa por no ser querida y aplaudida…. No merece el don…

– Bueno, bueno, que somos de la familia, a mi no me escribas en ese tono…

-Está bien, si no quieres una gallina, llevémoslo a votaciones.

-Pero si somos dos…

Se abrió la puerta del cuarto e hicieron silencio, salvo por el lápiz que golpeó con toda su humanidad? la mesa al caer.

El joven se les acercó y no podía dar crédito a sus ojos: media gallina lo observaba desde el cuaderno batiendo un ala y unas letras sueltas:? CO? A? D E… ? ?

Sacudió la cabeza,? frunció el ceño y ? le nació una punzada de dolor desde lo más hondo, porque no podía ignorar, que fuere lo que fuese, era la VERDAD.

Como si fuera un secreto

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — SILVIA SOLIS CAMACHO at 2:04 am on Sábado, noviembre 7, 2009

Por supuesto que tuviste que encender la lámpara para espantar el incontrolable miedo que parece acompañarte a todas partes. Un miedo indescriptible que te hace temblar como una gallina en noche de lluvia.

El temor hizo graves estragos a tu infancia; por eso, el único refugio que encontrabas a tu alcance era mecerte en el columpio del patio de la casa de la abuela.? La única mujer inteligente de la familia.

Ella siempre te contaba la misma historia. Decía haber sido Soldadera de la Revolución Mexicana? y “la favorita” de los Generales más importantes de la época.? ? Haber participado en muchas batallas y? de poder disparar cualquier tipo de arma como todo ? un experto y hasta hubiera ganado la Presidencia, si la hubieran dejado participar en las votaciones.

Entonces te sentías intimidado por el valor de una mujer de esos tiempos, cuando las féminas no tenían siquiera Derecho a sufragar por sí mismas.

? Te preguntabas por qué no te parecías un poco a ella, por qué los Dioses no pusieron en tu pecho una dura roca en vez de esta esponja que retiene todo pero no suelta nada y hasta ha dejado el control de su vida a su madre? o al tío que hizo las veces de un padre ausente.

Pero tu inagotable pavor no parecía tener límites y permitiste que otros decidieran la carrera que debías ejercer mientras que tú mayor deseo, sólo era poder escribir un libro. Te? ha atormentado? pensar que todo en la vida pudiera ser? sólo cocer, cantar o escribir. Vuelves a sentir? un temor? paralizante.?

Resignado vuelves a la realidad y al ? terminar? un? día igual que otros muchos días, ? cuelgas el miedo? junto a la ropa, en la oscuridad del closet.

Cita en el Orient Express

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — sblach at 11:20 pm on Viernes, noviembre 6, 2009

Un suspiro se escapó de su boca, su mirada perdida entre la masa de personas que invadían el andén miraba el pasado, su corazón latía acelerado. Tras el cristal la gente se apresuraba arrastrando su equipaje para subir, el último aviso para el Venice Simplon- Orient Express con destino Paris se oía hasta en la más apartada esquina de la estación de Santa Lucia.

Ya estaba, lo había hecho. De pronto el tren se pone en marcha, instintivamente mira el andén donde solo quedaban los operarios, contiene la respiración,? su mirada busca la puerta que da acceso a la estación, donde una familia da la bienvenida a un de sus miembros. Un hombre sale apresurado hacia el andén y corre tras el tren, ante la imposibilidad se detiene, de su figura ya lejana solo? se dibuja el abrigo y el sombrero.

Después de unos minutos sin respirar con la espalda pegada al sillón y mirando la pared del compartimento, su cuerpo comenzó a relajarse y revivió el color de sus mejillas, el bolso que sujetaba con fuerza por la tensión se cae al suelo. El paisaje comenzaba a dejar de ser urbanita, atrás quedaban los parques con los columpios solitarios, la periferia de paredes empapeladas de carteles de las pasadas votaciones electorales. La perspectiva del horizonte se había ampliado, el cielo era de un color fuego a causa del atardecer.

Encendió la lámpara, abrió la maleta y de su interior sacó un libro,? un manojo de cartas y un portafolios. Se puso las gafas y comenzó a leer una postal cuyo paisaje era una colina verde en la que había unas rocas colocadas circularmente.

Orient Express

Venecia-París

27 de Noviembre

Suenan golpes en la puerta, le sigue una voz de hombre.

– Buenas noches, disculpe le comunico que la cena se servirá en media hora en cualquiera de nuestros vagones- restaurantes. También decirle que no es obligatorio ir de gala pero si aconsejable.

– Muchas gracias.

– Que lo disfrute, buenas noches.

– Buenas noches.

Todo en el tren recordaba a épocas pasadas, los vagones continúan conservando los colores azul y dorado, la decoración exquisitamente escogida y el protocolo del servicio. Sabía todo eso y le gustaba,? sabía que él? había escogido este tren por eso.

Llegó al vagón-restaurante, la acomodaron junto a la ventana, y le ofrecieron el menú. Sabía que él se encontraba en él tren y lo buscaba en cada hombre. Llegó el camarero.

– Que va ha tomar la señora.

– Disculpe, ¿Qué es fertile di un dibatitto?

– Caldo de gallina, señora.

– Creo que en principio me tomaré una copa de vino, a su elección, seguro que es un experto.

Se abre la puerta que da al vagón piano-bar, sonaba “My one and only love”. Cogió su copa y se dirigió allí como hipnotizada, allí estaba él tras el humo de un cigarrillo.

tristeza

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Rosa Marina Campos at 7:47 pm on Viernes, noviembre 6, 2009

Octavio. La noche que te fuiste,no pude dormir. No podía apartar mi pensamiento, y encendí la lámpara, aunque sabia que a mi familia no le parecía, decía que era un experto en engañar a las mujeres eso la deprimía y se puso a leer un libro. A veces me arrepiento de haberte conocido, tenia que haber puesto mi corazón como una roca y no lo hice pero no puedo olvidarte y eso me pone la piel de gallina y para no pensar en ti me fui al parque ,a mecerme a un columpio y ese día como casualidad se habían realizado las votaciones municipales para elegir al alcalde del pueblo ,y eso me entretuvo y por un instante me olvide que existías, aveces me arrepiento de haberte conocido aquella ,mañana, porque me duele demasiado ;sino me hubieras mirado…sino me hubieras sonreído …no estuviera en esta situación

Darío En Lisboa

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Sofia Moreno at 1:29 pm on Viernes, noviembre 6, 2009

Darío se despierta y no sabe donde está. Aún no ha abierto los ojos. Piensa:
“?La pared estaba a izquierda o derecha? No seas gallina, hombre, atrévete a mirar.”

Se atreve por fin y levanta el párpado derecho. El izquierdo por ahora se ha quedado pegado. Ya está. Ya se han abierto los dos. Ve una ventana amplia y una enorme? lámpara de latón dorado. “Esto no es mi casa. !Ah! Claro, estoy de viaje. Esto es un hotel, seguro. Mi casa es más pequena. Además, aquí no hay un solo libro y en mi casa sí, los hay a montones.”

Se levanta y va recordando un poco. Se le acerca una mujer de su edad, en camisón. Supone que es de su familia. Parece fuerte y sólida como una roca.

“Vamos, carino. El especialista nos espera a las 10. No debemos llegar tarde.”

No parece mala persona esta mujer. Se ducha, se viste, bajan juntos a desayunar y luego suben a un taxi.? De camino, por la ventana, ve a unos ninos riendo en un columpio, arriba y abajo, arriba y abajo.? En una tapia hay carteles con fotos de grandes cabezas y tres letras incomprensibles debajo.? En un semáforo rojo le da tiempo a leer la letra pequena que entiende así? 😕 “No deje de acudir a las votaciones, domingo 13 en su colegio electoral”. ?Votaciones? ?Elecciones? ?Desde cuándo hay elecciones este ano? ?Ha caído el gobierno antes de tiempo? No entiende nada, esto no le cuadra.

Finalmente, se sientan los dos ante una puerta cerrada, al final de un pasillo ciego. Darío traduce fácilmente el rótulo en la puerta, que está escrito en portugués : Neurología, Dr. Gonçalvez, especialista en Enfermedad de Alzheimer. Está claro que debe ser un experto reconocido en su campo.

Darío se pregunta quién será el paciente : él o esta amable mujer.

(fin del tercer ejercicio)

CASA – PIEDRA

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — keymo at 6:37 am on Viernes, noviembre 6, 2009

?

El, estaba sentado debajo de la lámpara del living, de la casa de siempre, mirando entusiasmado a uno de los? nietos que le dió la vida; meciendose en el columpio (realizado por el mismo), y a su compañera eterna, sentada sobre la gran piedra que le dio nombre a la casa. “Casa-Piedra”, raro dificil, como el.
Pero no es solo por eso el nombre, piensa…mientras saca sus gafas para secar esa revelde lágrima que moja el libro que esta leyendo, y al mismo tiempo comienza a sentir ese aroma único, agradable a puchero de gallina, realizado por un experto, que burlonamente se escapa desde la cocina llenando toda la casa.
Vuelve la mirada y ya entran, quisas llamados por el aroma, quisas por cansancio del niño.
Se saca las gafas nuevamente, ya las lágrimas afloran sin pedir permiso, conviertiendose en un solloso callado, cerrado, y el pensamiento vuela y vuela y se hace presente la realidad. Por que ahora, ahora que tengo todo lo por lo que luche tantos años, ahora justo ahora, que logre unir la familia, despues de tanto sufrir, ahora justo ahora, gané las votaciones.

Un Gnomo diferente…

Filed under: -Creación de personajes — keymo at 6:30 am on Viernes, noviembre 6, 2009

Hola, soy un gnomo…pero no uno cualquiera…no no y no.
Les cuento, la mayoría de las veces no me encuentran, vieron con esto de la globalización, también nos llego a nosotros. Pasamos a vivir de día y de noche! Vaya cosas del destino. Pero yo no, siempre a contramano, desde muy chiquito no hacía lo que todos hacían, me escondía, y como ya se sabe..hacemos cosas , cosas…de gnomos. En una mañana desapacible, para los humanos, obvio, me robe una notebook, y por supuesto la escondí. Por que no coinciden los mundos de los humanos y el nuestro, pero a mi no me importó. Cuando de noche me buscaba mi familia, estaba debajo de algún hongo graande, muy cerca de algún camping, por que como es obvio, necesitaba energía eléctrica, (que les podía explicar a mi familia, jamás lo entenderían), y allí encontré mi verdadero mundo, donde podía diluirme dentro de esa pantalla, mirando películas, no no crean que vea las zafas de lo que quieren hacer conocer de nosotros (son muy malas), miraba documentales, solo pretendía estar solo. Y bueno así casi casi lo conseguía. Una vez casi me descubren, pero mi curiosidad era más fuerte, mi forma de volar más allá, de aprender, de saber… bueno así es que no dormía, y casi casi lo logre mantener en secreto hasta hoy, y vaya que me ha costado, por que soy un gnomo muy despistado, y tengo que hacer un enorme esfuerzo por esconder la notebook, lograr estar despierto y vivir una vida “normal” de gnomo, a y me olvidaba también si me queda un ratito rescato, jaja, de alguna manera algún libro cualquiera, para seguir investigando. No se por que, pero me siento un gnomo diferente.

Su sonoro esqueleto

Filed under: -Creación de personajes — miguelpoi at 6:29 am on Viernes, noviembre 6, 2009

Quinientos años contados desde el fatídico (y no sé hasta qué punto accidental) día en que su mortecino cuerpo fuera lanzado hacia aquel horripilante foso, ni siquiera los restos del matarife iban a dar a ese lugar, depósito de sombras infernales, su voz que retumbaba como un eco entre los ancestrales arboles me llevó a su lecho y me contó su historia, fue la primera vez que mantuve conversaciones con un esqueleto, por telequinesis. El destino, o la mala suerte, había querido que su ruidoso cuerpo vague por las tierras de sus antepasados proclamando buenas nuevas, que buenas nunca fueron y talvez nunca lo serán, y nuevas tampoco, porque desde que el hombre ya no es mono se vienen cantando los mismos cuentos a desdicha de unos y otros, pero sobretodo de unos, como este esqueleto. Quinientos años escuchando el murmullo de las carnes habitar el mundo, mientras él acomodandose en su reducido espacio, produciendo igual o más ruido que los de arriba, sin que nadie lo notase, por considerarlo muerto, o inexistente que es peor. Al borde del foso hallé una gran cruz de madera, supuse que era la señal de que allí se encontraban los restos de alguien, mas nadie nunca llegaba a ese lugar, talvez fui yo el primero y el unico en asomarme y escuchar aquel esqueleto con la lanza que le partía las costillas.

INVENTEMOS UNA VIDA

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Beny at 5:55 am on Viernes, noviembre 6, 2009

Ella, asidua como es a disfrutar un buen café no resiste el aroma y se sienta a degustar esta aromática bebida. Distante y envuelta en sus propios pensamientos después de la cita de cada tercer día con el siquiatra, fue sorprendida y de la sorpresa paso al juego de convertirse en quien le iba indicando su interlocutor.

El ambiente y todo lo que estaba en rededor fueron determinantes para que quien se sintiera un hábil conquistador y experto en mujeres fuera hilvanando la telaraña de mentiras en las que solo él quedaría envuelto.

Por casualidad ella llevaba dos libros de química avanzada encargados por su hija, coincidentemente el siquiatra le prestó el libro del “Alquimista”, pero aun no leía ni siquiera la introducción.

Cuando fue abordada por el tipo, este con mucha seguridad le hablo de sus actividades, relacionándolas naturalmente con la literatura que estaban a la vista, ante lo expresado por el acompañante imprevisto, supuso que ella leía concentrada el libro del “Alquimista”, pero la débil luz de la lámpara y la sesión de siquiatría la tenían en otros campos del pensamiento.

Su mente ubicada en sus años de infancia, su recuerdo del columpio que su padre fue amoldando a su gusto poco a poco hasta que quedo totalmente de su agrado, pero que ya jamás pudo volver a usar, los recuerdos buenos y muy malos de este juguete la han seguido durante toda su vida, se vio, ahí parada frente a la silla del columpio con su gallina de fieltro que utilizaba como alcancía, donde más que monedas guardo en ella miles de sueños y toda la imaginación que una niña puede tener.

Bine respondió cuando pregunto su nombre, esa fue la primer mentira tal vez en venganza por haberla sacado de sus mundo interno.

Dejo divagar al sujeto nunca lo interrumpió y asintió lo que él pensaba, nunca ella hablo de su familia toda la plática fue alrededor de la persona que se estaba diseñando en ese momento, por un instante ella recordó que se aproximaban las votaciones y las encuestas estériles que las acompañan por lo cual se le ocurrió a ella preguntar ¿Me consideras Rica? Ahora el sorprendido fue el hombre quien no supo que contestar, impávido como una roca se quedo sentado en su silla mientras ella se alejo del café.

¡Tal vez sea mi próxima víctima! pensó.

TRISTEZA

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Rosa Marina Campos at 11:20 pm on Jueves, noviembre 5, 2009

Octavio. La noche que te fuiste,no pude dormir. No podía apartar mi pensamiento, y encendí la lámpara, aunque sabia que a mi familia no le parecía, decía que era un experto en engañar a las mujeres eso la deprimía y se puso a leer un libro. A veces me arrepiento de haberte conocido, tenia que haber puesto mi corazón como una roca y no lo hice pero no puedo olvidarte y eso me pone la piel de gallina y para no pensar en ti me fui al parque ,a mecerme a un columpio y ese día como casualidad se habían realizado las votaciones municipales para elegir al alcalde del pueblo y eso me entretuvo y por un instante me olvide que existías, veces me arrepiento de haberte conocido aquella ,mañana, porque me duele demasiado ;sino me hubieras mirado…sino me hubieras sonreído …no estuviera en esta situación.

Bibliotecaria

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — ivalopano at 11:20 pm on Jueves, noviembre 5, 2009

La mañana es gris, con presagio de lluvia.

Camina en silencio por la biblioteca ordenando libros. Parece que hoy todos corresponden a los anaqueles más alejados. ¡Uf! Ya no quiere subir y bajar continuamente. No obstante, esos estantes colmados de historias, tienen un encanto especial. Le traen invariablemente, el recuerdo de su abuelo Pedro, quien era experto geólogo.

En cada oportunidad que tenía le mostraba alguna roca, le explicaba su origen, la razón del aspecto que presentaba; si era volcánica, su relato trataba de volcanes y sismos; sobre las eras geológicas y esas cosas.

A veces, se trataba de una fruta petrificada. Esto daba lugar a una interesante charla sobre la petrificación. Sus historias encerraban miles de años. Cada tema traía algo nuevo que se quedaba en ella para siempre.

Fue quien le regaló su primer libro de cuentos. Quien a través de fábulas y leyendas fue inculcándole el gusto por la lectura

Sentado junto a la lámpara cuya pantalla trabajada al crochet, era motivo de orgullo para su abuela, leía lento y gesticulando, animando cada personaje. Esto, unido a las hermosas imágenes coloridas, hacía de cualquier historia, por simple que fuera, una verdadera joya, inolvidable en su imaginación.

Cuando llegaban las elecciones, los mayores acudían a los distintos centros electorales. Ese día era maravilloso. Se quedaba sola en la casa, disfrutaba del silencio. Entonces, subida en la escalera, buscaba un libro en los anaqueles más altos, al azar. Todos eran hermosos.

Las votaciones eran una excelente excusa para reunir a la familia. La casa se llenaba de ruidos, música, conversaciones y risas; la vajilla en la cocina era más brillante. Cuando todos regresaban muy animados y ruidosos, ella se retiraba. Sentada en el columpio, en el patio, soñaba con las vacaciones.

Prefería ir a la granja de los abuelos. Allí había un gran corral. La abuela Elena, le contaba sobre los habitantes del gallinero. “Esa gallina de plumaje negro, se llama Negrita, aquella, la que tiene un copete, se llama Coqueta, la otra, la que tiene las patas emplumadas, se llama Doña Coca.” De esta manera, cada integrante del corral, tenía su “personalidad”, un toque especial, una cercanía diferente, estaban “humanizados”.

El golpe de la puerta que se cierra bruscamente, la trae a la realidad. Se ha desatado la tormenta y el viento arrecia. Baja de la escalera. Rápidamente, pasa el cerrojo en las ventanas. Afuera llueve copiosamente.

El Gran desastre…

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Raul Hernandez at 7:56 pm on Jueves, noviembre 5, 2009

Había mucho ruido alrededor, las sirenas sonaban y los bomberos iban de una zona a la otra tratando de controlar el fuego. Este se había propagado más de lo que las autoridades habían pronosticado y la ayuda inmediata no había sido suficiente. Se necesitaban de más recursos y de gente preparada para estos percances. Nadie sabía como se había iniciado este gran desastre. La situación era crítica y no se tenía agua potable suficiente, los lugares de asistencia también estaban repletos. Las llamas salían peligrosamente todavía en algunos sitios y no había forma de llegar ahí, sin un equipo especializado. El lugar más dañado fue la biblioteca, casi se había extinguido por completo. Entre los escombros y con la ayuda de mi lámpara, pude distinguir la pasta de un libro sobre votaciones, era el tema preferido con el que mi esposa y yo solíamos discutir y que finalmente nos llevó a la separación. Teníamos una linda familia, solo que ninguno de los dos disponía del tiempo suficiente para estar con los niños y de mirarnos al espejo de nuestro interior, reconociendo que nada metálico nos vamos a llevar cuando muramos. El autor del manuscrito era de don Felipe Gallina, un experto en temas religiosos y célebre escritor. El sostenía que tenía el sistema perfecto para hacer de las nuevas elecciones, un escrutinio honesto y efectivo. En la parte de atrás del edificio y en un rincón, estaba el viejo columpio en el que mi hijo se pasaba las horas leyendo. ¿Siempre me pregunté? Cómo podía leer, manteniéndose en movimiento. En la parte de enfrente ya no quedaba tan visible el nombre del insigne poeta Carlos Prado, el cual se había grabado en una placa de mármol y resaltado con efectos especiales de una roca rara, que habían traido de una región de Brasil de donde Prado era originario. Nunca me pareció que hubieran invertido tanto dinero en una placa conmemorativa, aún cuando quien lo pagaba era el mismo poeta. Ese dinero podía haberse utilizado en muchas otras obras de servicios, como el de mejoras en el sistema contra incendio, por ejemplo.

¡Calla, bataraza!

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — albino at 2:08 pm on Jueves, noviembre 5, 2009

Cuchilla en mano, entró cauteloso empujando la verja. El mango rebelde se resbalaba y lo presionaba de nuevo. Seguía transpirando.
La noche húmeda pesaba, el pastizal y los arbustos de los alrededores despedían su oxígeno denso y fantasmal.
Casi a ciegas dio algunos pasos en la tierra suelta hasta que palpó la pared del galpón, la sintió fría, áspera y la acompañó lento con su mano mirando hacia atrás, ocultando la faca y su cara.
Se arrimó hasta la entrada, se agachó y encendió la lámpara de queroseno con unos cerillos que llevaba en su bolsillo.
Las aves se inquietaron, apresurado, con signos de ira miró hasta dar con esa gallina, la preferida de su hermano; regordeta, de plumas grises y cresta reducida.
Experto y decidido la tomó del cogote y la degolló de sopetón. Se percató del olor a excremento que había allí dentro, en ese gallinero, y la sangre tibia corría por su muñeca.
Vacilando y torpe enfundó el cuchillo y caminó con cautela hasta llegar al jardín donde las luces del caserón iluminaban lo suficiente y necesario. El cuerpo iba colgando de su mano,? sujeto de las patas.
Acalorado caminó algunos pasos más y se detuvo debajo de un nogal dónde en una de las ramas mas gruesas colgaba un columpio, sobre el listón sentó a la gallina decapitada repleta de estelas rojas distribuidas por todo el plumaje cuidando que no se cayera.
Sólo restaba volver a la casa sin levantar sospecha y previo a eso lavó sus manos con asiduidad en una canaleta con agua que cruza todo el parque hasta el gallinero.
La suerte lo acompañó, la familia entera miraba embobada un programa de divertimentos y juegos donde el público hacía votaciones, muy en boga por esos días. Tenía que pasar por ese comedor sin que notaran las manchas en su camiseta, dudó en sacársela y aduciendo intensas ganas por ir al baño pasó como rayo y subió hasta su habitación.

? El amanecer caluroso fue despertando a todos. Manolo se rehusaba, no quiso desayunar y permanecía en su pieza hojeando un libro.
Afuera, en el fondo de aquel jardín, el viento raso mecía a la bataraza sin cuidado.
La abuela salió a regar sus flores como todas las mañanas de verano…? Desde? el caserón se escuchó su voz ? horrorizada:
«Atorrante, tiene el demonio…, sinvergüenza», sabía quién había sido.

? Dos días de encierro hasta que el padre enfurecido logró hacerlo hablar:
—Quería decirle a Daniel…, eso…,? que es una gallina, una mariquita —balbuceó Manolo.
—¡Te voy a dar la paliza de tu vida, mocoso! ¡¿No era más fácil escribir eso en una piedra o en una roca?!

PERIPECIAS EN UN TAXI

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — SKORPIONA at 6:43 am on Jueves, noviembre 5, 2009
Son casi? las tres de la tarde? y Octavio? está atrasado. Siempre se ha caracterizado por llegar puntual a sus clases de piano. Mientras se traslada en un taxi piensa cómo explicar su tardanza. A pesar de ser un experto en inventar excusas, prefiere decir la verdad: que el insomnio devoró su sueño y pasó la noche en vela, bajo la tenue luz de una lámpara.
?
De pronto el taxi detiene su marcha. La vía pública está invadida por un grupo de madres de familia que protestan en contra del Alcalde. Taxista y pasajero coinciden en considerar fanfarrones a los políticos: con posterioridad al recuento de las votaciones, se? olvidan de sus promesas.
?
Durante la espera observan a las madres enardecidas portando pancartas, mientras que sus hijos se mecen felices en el columpio del parque municipal. El atolladero de autos cada vez abarca más cuadras y el chofer refiere estar acostumbrado a este tipo de percances. A veces llega a su casa de madrugada y le cuesta levantarse temprano, sin embargo, gracias al caldo de gallina que le prepara su esposa, queda expedito para seguir en la lucha.
?
La tertulia entre ambos se torna amena e interrumpe con el llanto incesante que proviene del parque. Un niño cayó del columpio y se golpeó la cabeza? contra una roca pequeña. Tiene una herida profunda en la frente? y sangra profusamente.
?
Se desata el caos. Cada vez se escucha más cerca la sirena de la ambulancia, con urgencia viene a socorrer al herido. La marcha de protesta se dispersa y queda libre la vía pública. De inmediato el taxista reanuda la marcha y deja al pasajero en su destino final.
?
Octavio? ingresa presuroso al instituto y en el momento de excusarse con la profesora por? su tardanza, se percata que? en aquel taxi dejó olvidado? el libro de música.

Mar Adentro

Filed under: -Creación de personajes — edurodriguez at 5:17 am on Jueves, noviembre 5, 2009

Siempre fui un poco temeroso para hacer las cosas. Cuando era niño me las arreglaba para que otro fuera el primero, no yo, cosa que no todo el tiempo lograba porque nunca fui muy alto, y como las maestras tenían la manía de hacer filas de menor a mayor, no había más remedio que enfrentarme a lo desconocido.

En la adolescencia parecía que tenía mi vida bajo control, aunque seguramente mis mayores no hacían más que ver cómo no daba pie con bola, como quien cree estar maduro para muchas cosas y, al final, apenas si habías acertado en tus intentos de vivir como un adulto.

Entrar en la universidad fue todo un desafío. Estudia esto –decía papá-, ¡no! estudia aquello –decía mamá-, tienes que hacer lo que te va a realizar personalmente –decían mis amigos-, tienes que elegir algo que asegure tu futuro –decía mi tío, que hacía las veces de padre-. Yo tenía una lucha interior (aún hoy veo que la tengo) y no sabía qué carrera elegir. Me decidí por lo que dejaría tranquilo a mis padres, aunque no siempre yo lo estuve.

Tengo que decir que hasta hoy no he sido capaz de dedicarme todo entero a escribir. Aunque parece que la cosa no va a ser fácil, siento que todo es coser y cantar. Al mismo tiempo tengo la sensación de que he perdido algo de tiempo, que tendría que haber comenzado mucho antes, pero no voy a gastar mis energías en lamentaciones, las voy a emplear en desgastar mi pluma.

Joaquín

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Corina Harry at 11:45 pm on Miércoles, noviembre 4, 2009

?

Joaquín, soñó, toda la vida, con publicar una novela. Marita, su maestra de quinto grado, había oficiado de celestina entre él y las letras. Él amaba la manera poética en que Marita se dirigía a sus compañeros durante las clases de literatura. La lámpara del aula no iluminaba completamente el cuaderno de clase. Esto le permitía a Joaquín, dibujar a escondidas, los finísimos rasgos de su maestra. El cabello rubio, característica de toda la familia, caía en cascada con perfume a jazmines y flotaba en el aire cuando con una sonrisa y una amorosa mirada, se dirigía hacia alguno de sus alumnos en señal de aprobación por algún comentario acertado hecho en clase.

Toda la vida soñó con publicar una novela. Un día, sin pensarlo, tomó el libro de lectura de Carmen, su hermana mayor, que ya cursaba séptimo grado y buscó lo que él llamaba “las palabras mágicas”. Aquellas que le inspiraban un profundo sentimiento de amor por los sonidos castellanos y que le acercaban la valiosa posibilidad de convertirse, algún día, ? en un experto intelectual. Para Carmen, era un misterio total, que su libro de lectura, desapareciera de su mochila y volviera a aparecer a las pocas horas, sin saber a donde lo había llevado el destino. Pero, tampoco le preocupaba demasiado. Sabía que tarde o temprano, volvería intacto a integrar su universo escolar.

Toda la vida soñó con publicar una novela. Estaba intentando redactar las primeras oraciones de lo que sería una gran historia, cuando su madre lo mandó a traer de la heladera del restaurante familiar, una gallina destinada al puchero de la noche. Para acceder al interior de la heladera, se debía retirar una roca que sostenía la puerta metálica. El pueblito quedaba demasiado lejos de alguna civilización que contara con los repuestos necesarios para repararla.

Toda la vida soñó con publicar una novela. A los veinte años, el periódico local le dio una columna para que publicara sus artículos. Después de todo, él era el hijo del dueño del restaurante del pueblo, que daba de comer a todos los empleados del diario, cada vez que había votaciones a intendente. Período tras periodo, la misma familia ocupaba la intendencia. Pero el hijo del dueño del restaurante, publicó su primer artículo, y nuevas ideas emanaron del periódico local.

Toda la vida soñó con publicar una novela. Marita, la celestina, descubrió el cuerpo de Joaquín, que se balanceaba en el columpio del patio de la escuela. Lo único que hubiera querido, era morir a su lado.

Mensaje al AMANTE eterno

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — NoraNG at 6:42 pm on Miércoles, noviembre 4, 2009

AMANTE mío!

Si no muero primero, quisiera estar a tu lado el día que te llegue la hora de partir, pues hasta entonces estaremos compartiendo plenamente ese mundo añorado de las LETRAS. Te digo más, si me lo pides, bajaría hasta tu foso, y apretada a tu lado, acompañada de una vieja lámpara de neón, te releería aquel libro preferido, aquél que tantas veces leímos juntos mecidos en el columpio de nuestro patio azul –de sólo imaginarlo mi carne se pone como de gallina. Pero te prometo amor que seré fuerte como roca, lo suficientemente fuerte como para quedarme junto a ti, sumidos en ese sueño eterno; y allí escribiremos la novela que siempre soñaste, y comenzaremos una nueva “vida”, y crearemos una gran familia de expertos lectores, amantes de las LETRAS como nosotros mismos. Por último, amante mío, te propongo hagamos votaciones por el más erudito o insipiente; el uno permanecerá a nuestro lado cultivando su vocación literal, enriqueciendo nuestro acervo cultural; al otro, lo enviaremos arriba para que cuide de su centenar de hermanos, que seguirán escribiendo para nuestra editorial, y velará porque siempre, siempre se mantenga viva la esperanza de que, con ilusión y confianza en sí mismo, se podrá salir de las duras crisis que pone luego la vida.

Del Lápiz de la verdad

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — lubana at 11:25 am on Miércoles, noviembre 4, 2009

Benito, es un zagalillo de apenas seis años. Benito tiene un ojo menos que el resto de la gente, por eso lo llaman, Benito el Tuerto Lo perdió dos años atrás, cuando en una de sus primeras escapadas en busca de unos papás que jamás volverían, se dio con una maldita rama que se interpuso en su camino y lo dejó tumbado unas pocas horas hasta que los vecinos dieron con él. Contempla la vida del lugar con tal curiosidad que nada de lo que pueda ocurrir en el pueblo y sus alrededores escapa a su ojo sano. Dice la abuela Jacinta que el Señor, que a veces se olvida de sus criaturas, quiso compensarlo por la doble pérdida; y le ha dado la facultad de ver mucho más que los demás, por el ojo que le queda. En el fondo Jacinta es un alma de Dios y perdona al Señor por tantas desgracias como acarrea ella sola, deja a
su nieto, libre como un cuclillo para que pueda volar de acá para allá.
Efectivamente, ese chiquillo gordito y afanoso en sus quehaceres al que le obligaba la familia, no era otro que Benito el tuerto, un niño muy especial. Tenía como misión cuidar de la gallina clueca, lo hacia a hurtadillas con un libro entre las manos, iluminado por la lámpara de queroseno, otra s veces, en el columpio que estaba atado al viejo roble, mientras se mecía boca abajo, con los brazos y las piernas a ambos lados, y el pecho y la barriga sobre el columpio, imaginábase ser un experto en votaciones para dar un premio, en forma de monolito, al que fuera capaz, de nombrar a cada una de las rocas más lejanas a su vista, con su nombre imaginario, y que solo él conocía, en su imaginación y con su solo ojo, conseguía representar lo que ningún ser había sido capaz hasta entonces de realizar: Que cada roca lejana, que él dibujaba en su mente fuera un personaje de la mitología nórdica. En sus sueños a través del libro, que siempre estaba cerca de él, era su único amigo, Benito podía ir a cualquier lugar, ser todos los personajes a los que admiraba y realizar mil sortilegios, ser el héroe de sus historias.

Anusha

Filed under: -Creación de personajes — Ursus at 6:58 am on Miércoles, noviembre 4, 2009

He soñado con tu pelo, que era eterno como las montañas

y tus ojos de un verde entre los verdes.

Sé quién eres,

Imagino la blancura de tus manos y su? textura como de un pan blanco…

Mira, mira ahora que te he visto así , bien de cerquita con cada línea bien dibujadita de tu cara… yo me he puesto tan colorada de reconocerte entre el vaivén de la gente.

Ese pelo chocolate casi si lo he saboreado las noches en que mi estómago más que por hambre te ha extrañado por saborearte a ti, a tí y a esos ojos que siempre me han colmado.

Cada parte de ti, cada detalle de tus gestos yacen conmigo aquí, ahora convertidos en recuerdos.

Repaso una y otra vez esta historia en mi cabeza.

Sólo salí esta mañana con la intención de no borrar esta sonrisa y tú, tú sólo la has agrandado. Porqué no regresas a mí? Quién más que yo que te conozco todos esos colores de todos tus días?

Tu mudez siempre me ha hablado sin haberle yo preguntado.

Tus ojos me han hecho creer que era a mí a quien siempre has mirado.

Tu boca ha sabido besarme desde el primer momento que me ha tocado… yo sólo te he reconocido, sólo te he acompañado.

Sabes que como noble te he visto, lo he dicho, y como tal , tú lo has sido, lo eras.

Puedo ver que no has dormido, tu? reloj aún está de noche; te cuento que el mío anda girando por estos días, pero igual no te lo puedo decir, estás distante en cuerpo y alma de mí. Queriendo meterte en el mundo sin acordarte de mí.

Sé como tengas que ser, sé que estás en pleno giro con las alas aún no del todo abiertas pero bien dispuestas a volar. Respira bonito y blanco y dame esa paz en tu andar , la que solías caminar, la que solías regalar… la que me solía enamorar.

El amante desaparecido

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — carla at 11:09 pm on Martes, noviembre 3, 2009

Amanda encendió la lámpara. Se hacía de noche y ya hacía frío para estar leyendo un libro en el columpio. Las olas golpeaban en las rocas bajo las que se anclaba su casa. LLevaba casi tres horas esperando a Jaime. Se había convertido en un experto en llegar tarde. Desde que ella se separara de su familia para seguirle nada era igual. Las discusiones eran constantes y dolorosas, pero después se miraban a los ojos y ? lo arreglaban bajo las sábanas. La escalada profesional de Jaime en la política había sido vertiginosa y fue un obstáculo más en su nueva vida juntos. El pasado que los había unido, ya no era algo que él la agradecía cada noche, sino que se había transformado en un problema. Sintió una punzada de dolor cuando en la televisión, tras las votaciones, comprobó la cercanía de una joven ayudante a la que él dirigió una mirada cómplice que Amanda reconoció de inmediato. Empezó a comprender que su relación había sido una simple aventura que él mantenía porque le interesaba, que su corazón era una roca, pues la permitió abandonar a sus hijas, a la sangre de su sangre…. Se sintió furiosa y humillada. ¿Cómo había llegado a eso? ¿Qué había hecho? De pronto, estaba planteándose el modo de hacérselo pagar, pues él era el culpable. Sin embargo, al ver su imagen en un espejo recordó que fue ella y solo ella la que decidió unir su destino al de aquel gallina, aquel amante que no tenía arrestos para contar la verdad de su relación al mundo y que ahora la tenía allí recluida. Aquel hombre que en dos meses de rutina se había vuelto un desconocido. O quizás es que antes no le conocía, se corrigió. El viento arreció en el exterior, la persiana tintineó contra la ventana. Se acercó a cerrarla, pero la abrió casi en trance al ver reflejadas en la luz de un relámpago a sus dos hijas. Mientras descendía hacía el mar experimentó la liberación que otorgaba el poner paz en su vida.

Olivia, la bibliotecaria

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Indalo at 10:48 pm on Martes, noviembre 3, 2009

Olivia era feliz trabajando en la biblioteca pública. Amaba los libros, observarlos, tocarlos, olerlos y… leerlos; ejercer de bibliotecaria colmaba sus aspiraciones.

Desde pequeña pasaba horas en los columpios, sola y abstraída. Era callada y tendía a embelesarse con sus pensamientos e instalarse en sus fantasías. Su familia le recriminaba esa actitud, sus profesores la castigaban y sus amigos se burlaban. Cuando se asomó a la pubertad, descubrió que era fea, más fea que las demás, y que no gustaba a los chicos. Sus primeros e inmaculados amores fueron quebrándose uno a uno, la desanimaron, la angustiaron y propiciaron que desarrollara rechazo hacía el sexo, hacia sí misma, hacia los demás, y hacia la propia vida: deseaba morir. Sin embargo, la lámpara de la vida le iluminó el camino, y encontró un atajo balsámico: la soledad. Se instaló en ella y se fabricó un mundo íntimo sin nadie que la analizara ni le exigiera ni le reprochara su fealdad ni la marginara, un mundo diseñado a medida de sus ilusiones y de sus necesidades, un mundo inspirado en los libros.

Comenzó relacionándose con Verne, Dumas, Stevenson. Después intimidó con Goethe, Espronceda, Flaubert, Larra, Lorca… Se consideraba privilegiada por granjear amistades tan ilustres y expertas, incluso en el ardor de sus conversaciones llegó a recriminar a Goethe que fuera tan injusto con Werther, y a Wilde, su tormentosa relación con “Bosie”.

Se convirtió en una bibliotecaria exigente y rígida como una roca. No consentía que se perturbara el silencio lo más mínimo, ni que se hiciera ruido al extraer o depositar los libros, ni que se devolvieran descuidados, ni que se doblaran sus hojas ni ? que simplemente se abrieran sin delicadeza. En realidad, le molestaban los visitantes porque le impedían gozar plenamente de su relación con los libros.

Poco a poco, Olivia consiguió que la dejaran en paz y los vecinos dejaron de visitar la biblioteca. Entonces se dedicó a vivir una vida plena con sus amigos los escritores.

Pasaron los días y nadie reponía libros ni limpiaba las dependencias. Olivia telefoneó al alcalde. Éste le contestó que la soledad que había elegido era absoluta, de primer grado, y que conllevaba hacerse cargo de las labores de limpieza y mantenimiento.

– Pero sola no puedo.

– Usted ha elegido la soledad absoluta.

– ¿Y mi sueldo? Este mes no he cobrado.

– La soledad absoluta no conlleva retribución. Eso crearía dependencia de los demás y usted no lo desea, ¿cierto?

– Sí, pero…

?

Circunspecta, caminó entre las estanterías. Observó un librito descolocado que correspondía a las votaciones de los premios Nébula. Lo colocó y se detuvo ante la casa de Lorca: estantería 4B12 y aprovechó para recolocar “El cuento de la gallina”, que sobresalía.

– Abusas de la soledad –afirmó Federico.

– Pero si ahora tengo lo que he deseado durante toda mi vida.

– Estamos tristes.

– ¿Por qué?

– Necesitamos a los demás para que nos lean: ese es nuestro cometido; si no, desapareceremos.

– ¡Os leo yo!

– Pero estamos diseñados para que nos lean los vivos…

– ¡Qué dices! ¡Repítelo!

Marta y L.Frank Baum

Filed under: -Creación de personajes — Nora Noemí Zeliz Pirillo at 9:11 pm on Martes, noviembre 3, 2009

Gesticula apasionada y muestra mucho de su indignación, al punto que su hermana menor, la interroga, intentando tranquilizarla, alcanzándole una taza de café, le dice
_Escupe, escupe_
Salió de la nada y no fue valiente de identificarse, bajo su nik se siente poderoso y burlesco.
Morirá de éxito como un ex presidente de España, el pobre infeliz cree que lo envidian.

¿Perdón Marta dónde dijiste que escribe?

Bueno querida, todo depende de qué llames escribir _ Cierto hermanita jejeje…te quedaste mosca?_

Decepcionada más que nada, por todo, por lo insolente, porque se aprendió un discursito, posiblemente plagiado….pero Hanna,…sobre todo porque los organizadores no hicieron nada.

¿Nadie lo denunció?….

Pues no Hanna, no sé no entré más al taller desde entonces.

¿Es tan importante lo que diga un gusano maloliente? Después de todo engorda los números y su misión será dar muchos comentarios a sus amiguetes,

_Marta no seas tan dura contigo y hazme un favor, escribe el maldito relato y preséntalo._

No tendría sentido, está amañado todo, no es posible que nadie reparase en ese individuo.
Además es tan enano,…digamos tan poquito que recurre a un personaje de L.Frank Baum….jajajjaaj, detrás de ese parapeto se siente más importante (Marta engrosó su voz con pose de afectación)

Ohohoh, ¿envidia cochina? __Me insultas jajaja _ Bueno depende pero me gustaría que siga “La senda del perdedor”

¿Marta ese tipo se las da de intelectual?

Sip, algo por el estilo, pero dime que lenguaje usas y te diré quien eres.

Bueno…lo entrego, pero sé que ni menciones.

Anna le espera en casa

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Alfonso at 8:47 pm on Martes, noviembre 3, 2009

Marco volvía de su paseo rememorando nostalgias de juventud. Anna le espera en casa. El otoño era un mal mes para él. Siempre se deprimía ante lo interminable del invierno por pasar. En su infancia todo pasaba muy lentamente y los veranos eran infinitos. Ahora peinando canas todo pasaba deprisa y enseguida se encontraba en el otoño; el otoño y el invierno que tan largo se le hacía. Caminaba despacio rumiando sus pensamientos por aquel barrio que tan bien conocía. Allí había nacido, había estudiado, votó en las primeras votaciones y se convirtió en un experto pero ahora todo estaba diferente y aquellos a quienes amaba iban desapareciendo paulatinamente. Sus padres hace mucho que le dejaron huérfano, ya no quedaba ninguno de sus viejos profesores y a sus antiguos compañeros del colegio ya era incapaz de reconocerlos. Recuerda la gallina que había en una jaula en el camino del colegio, el columpio siempre ocupado en el recreo, las enciclopedias de aquellos años, la lámpara en su mesa de estudio, el cómic debajo del libro. Solo queda la familia y Anna, siempre Anna como una roca en medio de ella. Anna le espera en casa. Acelera el paso no sea que Anna se impaciente. Comienza a sudar. Afloja la marcha un poco mareado. Gotas frías invaden su frente. Un dolor como una losa le presiona el pecho. Las fuerzas le abandonan. Oye voces impacientes. Los ojos le lloran. Muchas manos se le echan encima. Intenta gritar que Anna le espera, que debe llegar pronto, que sino se preocupará, que no se puede entretener. Escucha una sirena. Está viendo el cielo, azul, con pequeñas nubes blancas corriendo presurosas arrastradas por el viento Sur y allí arriba ve a Anna. ¡No! ¡No puede ser! ¡Anna le espera en casa!

Infidelidad

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Alicia at 3:12 pm on Martes, noviembre 3, 2009

Primer ejercicio de creatividad

Infidelidad

?

Amanda encendió la lámpara de la mesita, anteponiendo su libro de cabecera intentando desviar la luminosidad. Varias décadas al lado de su? esposo le permitían aseverar que los recaudos estaban de más; no obstante, prefirió asegurarse.

Bajó las escaleras casi sin respirar. Los pies descalzos rozaban las maderas entibiadas por los leños que ardían ilimitadamente, como cada invierno, en la sala de estar.Cruzó con sigilo el recibidor y entró a la biblioteca. La noche era fría y la luna llena emitía un resplandor que, a través de las ventanas señoriales, generaba un ambiente propicio para su cometido. Tras los vidrios empañados divisó el columpio, balanceándose apenas con la brisa nocturna; al pensar en sus hijas experimentó un incipiente sentimiento de culpa que no tardó en? desechar.

Se sentó frente al escritorio, intentando hacerse un espacio libre entre la maraña de papeles con fórmulas indescifrables y bosquejos de conferencias sin concluir.Su esposo no era un experto en el arte de mantener el orden; no obstante, el suyo era realmente un desorden ordenado. Sabía que al día siguiente, el menor cambio en la disposición de los objetos sería su ruina.Enunciados inconclusos y prólogos de disertaciones se entremezclaban con boletas de candidatos a integrar el Círculo de Físicos, a conformarse luego de las votaciones del domingo.

Un trozo de roca volcánica del Etna? servía de pisapapeles. Y la gallina, esa horrible gallina de cerámica esmaltada que su suegra había traído como souvenir de algún viaje por el mundo; estática sobre la base parecía observar cada movimiento, convirtiéndose para ella en un espía inesperado.Su visión corrompida no contribuía, en ese trance, a lograr el objetivo. A pesar de ello, tomó una hoja en blanco y el bolígrafo del portalápices.

– Mi apreciado Jaime….– escribió.

El término apreciado ? no la conformaba. Estaba resuelta a confesar su más íntimo sentir, pero manteniendo? el recato y la autoestima.

-¡Mamá! ¿Qué haces?

La voz la sobresaltó de tal modo que le costó dominar las pulsaciones y el sonrojo. Tomó a su pequeña hija en brazos, no sin antes recoger la hoja y ordenar el resto. Subió los peldaños lentamente, la larga melena? sirviendo de cobijo a las manos pequeñitas.

Volvió al lecho compartido, con la taquicardia controlada y el ideal de familia mantenido.

Mañana sería otro día.

Creación de personaje

Filed under: -Creación de personajes — sblach at 1:45 am on Martes, noviembre 3, 2009

Un tictac, tictac mezclado con silencio,? una tos compulsiva seguida de una silla arrastrada, el crujir de la madera bajo los pies en los pasillos, y otra vez un momento de silencio con un leve tictac, cuantas cosas se pueden encontrar en estos silencios que nunca están vacíos sino llenos de matices. No necesitaba levantar la vista del libro para saber lo que pasaba en la biblioteca, su oído se había acostumbrado a los contados sonidos que se podían producir en ella y solo levantaba la mirada con aquellos nuevos o extraños, que solía solucionar con un Shsss!!! Silencio. Sí, a Olivia le gustaba su trabajo, hacía dos años ya que había llegado a la ciudad y por fin había conseguido un trabajo decente, apenas llevaba seis meses en la biblioteca pública pero se sentía como si hubiera trabajado allí toda su vida, al fin y al cabo los libros habían sido su aliado y salvador en momentos difíciles, en los que los devoraba para evadirse ante la dificultad. Olivia adoraba el silencio, aunque fuera un silencio lleno de matices, pasear por los interminables pasillos repletos de estanterías a rebosar de literatura, se había hecho una lista interminable de libros que quería leer aunque creía que ni viviendo 1.000 años podría terminarla, pero lo intentaba cada día. Debido a su trabajo se pasaba la mayor parte del día sin mediar palabra en silencio con sus pensamientos, que no eran pocos. El resto del día mimaba con tanto cuidado cada palabra que decía que pocos eran los que conocían el tono de su voz.

un gusanillo en el estomago de Dario

Filed under: -Creación de personajes — Rosa Marina Campos at 11:36 pm on Lunes, noviembre 2, 2009

Sabia que le costaba? entender las cosas buenas,que tenia ,le gustaba escribir versos pero estaba convencido que nadie lo leeria.Dario era un muchacho que tenia un gusanillo en el estomago,porque sabia que el seria un escritor famoso era un tipo timido,de ojos grandes y labios gruesos? pero con una sensibilidad,para escribir los mejores versos,que jamas ningun otro poeta lo haria.

Pero ademas se sentia estupido y con una apatia que no podia creer que seria el? mejor poeta de los mejores y lindos versos y no podia saber hasta donde podia llegar su inteligencia y que tan lejos podia llegar aunque al leer un texto escrito por el;estaba convencido de los? los errores que el cometia al escribir ,errores de sintaxis,pero que poco a poco fue aprendiendo,que leyendo y escribiendo mucho? le resultaria mas facil, escribir narrativa y los versos que tan bien escribia.

Mi hermana Perla del Caribe

Filed under: -Creación de personajes — NoraNG at 8:52 pm on Lunes, noviembre 2, 2009

Soy una de esas Perlas del Caribe: misteriosa, ardiente, apasionada, aun corriendo el riesgo de ser extendida; pero a diferencia de mi hermana, mi mirada no es solar…

Canto, bailo… sueño sobre olas “ondulantes” de un Mar De Las Antillas, bajo un chispeante cielo negro, o sobre verdes algas y corales rojos…negros, o junto a los seres marinos salvajes, pero nunca sobre la tierra sagrada: tengo miedo al culto divino; odio venerar a esas Deidades, que saben hacer gala de lo cruel e inhumano cuando se les desobedece.

Somos mezcla perfecta de la unión del espacio celeste y Minerva, estirpe que por no tener edad no perece. Vanidad?, ? para nada, orgullo de ser yo.

Y cuando nos adentremos en el Tiempo del Sueño Eterno, sí te reconoceré, porque eres tú el oro mismo.

Persona, je!

Filed under: -Creación de personajes — atman at 8:17 pm on Lunes, noviembre 2, 2009

Juan Diadesi, flaco, largo, bello, había alcanzado los 30 años por el mero paso del tiempo.

De no haber sido por sus padres comerciantes de buena posición, que no escatimaban transferencias de fondos ni reproches, no habría podido sostenerse.

Pero como todo buen artista necesita de mecenas, se sirvió de los que tenía más a la mano, y que de paso eran los responsables de haberle dado la vida, con lo cual que se arremangaran y aguantaran.

Pero Juan no lo hacía de malintencionado, no él carecía de intenciones de cualquier tipo.

Tampoco era algo que hubiera desarrollado o perdido con el tiempo, no, era de nacimiento.

Tardó en llegar al parto de su nacimiento, no giró como lo hacen todos los bebes, o sea nació como dicen “de cara al pubis”, y lo único que hizo con ahínco fue llorar, llorar y llorar. Hasta los ocho años para sacarlo de la cama había que vestirlo dentro de ella. El estiraba un pie, el otro, los brazos, apenas levantaba la cabeza, y así.

La escuela fue un verdadero calvario, no había nada que le gustara hacer y no había forma de que hiciera algo.

Un halo que siempre logro que las mujeres se perdieran por él. Esa cosa de niño tímido, esa cualidad de saber siempre lo que necesitan escuchar y decirlo a media voz, fue el medio para lograr siempre sus objetivos.

Ya de adolescente un sillón comenzó a tomar su forma y aún no la perdió.

Que escribe… como los dioses,? que precide… como el mejor de los videntes, que anamora… como un buen Don Juan, que duerme…vaya que sí, aun con los ojos abiertos, que trabaja… ah eso! ha hecho tanto para no hacerlo…

Personaje

Filed under: -Creación de personajes — atman at 8:07 pm on Lunes, noviembre 2, 2009

Juan Diadesi, flaco, largo, bello, había alcanzado los 30 años por el mero paso del tiempo.
De no haber sido por sus padres comerciantes de buena posición, que no escatimaban transferencias de fondos ni reproches, no habría podido sostenerse.
Pero como todo buen artista necesita de mecenas, se sirvió de los que tenía más a la mano, y que de paso eran los responsables de haberle dado la vida, con lo cual que se arremangaran y aguantaran.
Pero Juan no lo hacía de malintencionado, no él carecía de intenciones de cualquier tipo.
Tampoco era algo que hubiera desarrollado o perdido con el tiempo, no, era de nacimiento.
Tardó en llegar al parto de su nacimiento, no giró como lo hacen todos los bebes, o sea nació como dicen “de cara al pubis”, y lo único que hizo con ahínco fue llorar, llorar y llorar. Hasta los ocho años para sacarlo de la cama había que vestirlo dentro de ella. El estiraba un pie, el otro, los brazos, apenas levantaba la cabeza, y así.
La escuela fue un verdadero calvario, no había nada que le gustara hacer y no había forma de que hiciera algo.
Un halo que siempre logro que las mujeres se perdieran por él. Esa cosa de niño tímido, esa cualidad de saber siempre lo que necesitan escuchar y decirlo a media voz, fue el medio para lograr siempre sus objetivos.
Ya de adolescente un sillón comenzó a tomar su forma y aún no la perdió.
Que escribe… como los dioses, que precide… como el mejor de los videntes, que anamora… como un buen Don Juan, que duerme…vaya que sí, aun con los ojos abiertos, que trabaja… ah eso! ha hecho tanto para no hacerlo…

Sólo palabras.

Filed under: -Creación de personajes — Yyrkoon at 2:07 pm on Lunes, noviembre 2, 2009

La primera vez que la vi no podía creerlo, hablaba de luz, de especulares reflejos, de volar, de eternidad. Habló, obviamente, del desafío que suponía su existencia para la razón y la cordura. Habló del silencio. Estaba seguro y como el tiempo demostraría, yo tenía razón. Sólo podía ser una cosa. Una vampiresa.

Su piel era firme, carente de arrugas y muy blanca, era como ver un folio moldeado con la más preciosa forma imaginable. Los intrincados bucles azabache de su cabello le daban un majestuoso contraste y resaltaban de forma misteriosa aquellos ojos de color indeterminado. No os equivoquéis, no es que aquellos ojos no tuviesen color, nada más lejos de la realidad, simplemente al mirarlos fijamente te transportaban a ignotos lugares de ensueño, a inexistentes mundos o a terribles infiernos, era por tanto imposible adivinar si eran de un color en concreto, de todos o de ninguno.

Me costó mucho entenderlo. Aquella primera vez que la conocí me daba por muerto. Había descubierto una criatura de los tiempos antiguos y ella de seguro no iba a permitir que me fuera tan felizmente. Error. Como sucede con las cosas queno son ni están, muchos rumores son poco acertados. Ella no comía sangre. Comía palabras.

Cada libro al que clavaba sus afilados colmillos quedaba blanco como su piel y no era otra cosa que la tinta lo que daba el color a su pelo, cuanto más hablaba más canas le salían, de ahí el porqué de su parquedad de palabras. Cada palabra que oía se guardaba en alguna parte de su perfecto cuerpo, preparada para ser consumida. Eso sí, siempre mantenía una reserva, en ella guardaba las palabras más bellas y nunca se alimentaba con ellas, residían allí esperando ser pronunciadas, y así, cada sutil frase que asomaba a sus labios era más poema que frase.

Esta era una raza que desde aquel día deseo que se extienda. ¡Muérdeme!

El lápiz de la verdad

Filed under: -Creación de personajes — fisicomic at 1:56 pm on Lunes, noviembre 2, 2009

Dibujar no lo era todo para él. No era ni mucho menos una evasión de la cruda realidad. No le permitía ni viajar muy lejos, ni mucho menos pues escudriñar los infinitos del universo. Simplemente le permitía representar lo irreal e imposible del ser humano. Efectivamente, ese chiquillo gordito y afanoso en sus quehaceres conseguía representar lo que ningún ser había sido capaz hasta entonces de realizar. Tampoco alardeaba de tal proeza. Lo consideraba ciertamente curioso, pero simplemente había surgido en él desde su más temprana edad y ya se había acostumbrado a ello.

Lo hacía repetidas veces, cuantas más veces mejor. En cualquier sitio, en cualquier lugar que se le permitiera. O no. En las mesas de los hoteles, en las paredes de los museos, en los lavabos de mujeres, en el andén del metro…y claro, con los años, consiguió que la gente visualizara lo que para algunos nunca hubiesen llegado a ver: el deseo, la angustia, la desazón, la fatalidad, etc. Evidentemente que no todos los creadores visuales estaban de acuerdo con este joven intruso, pero había que reconocer que traía la luz a los ciegos de esta sociedad. Tanta imagen impura, tanta televisión sin sentido, tanta obra sin mensaje. Por fin un opositor comunista al mismo nivel que esa invasora basura visual.?

¿Y creerán ustedes que entonces eso abrió a la gente a una nueva sabiduría??

Pues no. Desafortunadamente solo concurrió con alguna otra moda juvenil, algún pasatiempo musical,… y la gente se cansó. Se cansó de ver más allá del espejo de la mentira, se hartó de ver más allá de su nariz, se aburrió de él. Y prefirió como siempre cerrarse en si misma, en su miserable mundo para no sentir, no reflexionar, para sobretodo, no vivir. En todo esto, la única parte buena, es que nuestro chico nunca lo hizo por la gente. Ni mucho menos por un mundo mejor. Siempre dibujó por que su pasión era esta. Y ahí sigue. Consecuente consigo mismo. Quizás algún día su recopilación aportará una nueva manera de entender el mundo; o simplemente, se quedarán esas representaciones gráficas en su cuadernillo que siempre le acompaña.

Mi diosa-sirena

Filed under: -Creación de personajes — Raul Hernandez at 9:12 am on Lunes, noviembre 2, 2009

Tu voz palpita en la inmensidad del mar, en mi corazón

tus palabras en la ilusión de mi verdad, en el escape a mi silencio…

Viré rumbo al sur y te encontré sin par, en tu isla,

¡En tu laberinto! En la cueva en que yaces… ¡Inmensa! ¡Pétrea!

Candente y bella, cual diosa de amor… ¡Insaciable y eterna!

¡Suave tu melodía! La que se yergue a los cuatro vientos, a la naturaleza…

¡Canto de amor! ¡De Sirena-Diosa!… ¡Tú eres Mar y yo soy Río! ¡Tu viento y yo

suspiro! ¡Tu amor y yo tu adorador! Mí amada Dulcinea…

¡Tu luz es mi luz, tu alma es mi alma!… ¡El néctar que bebo día a día!

¡Lo que me hace sentir vivo! ¡Despierto! ¡Vibrante! Con el deseo

de incesante de admirar tu faz, tu cuerpo…¡El espiritú que llevas por dentro!…

Marco

Filed under: -Creación de personajes — Claudia Susana Rodriguez at 8:57 am on Lunes, noviembre 2, 2009

El viento helado de los últimos días no le había impedido a aquel hombre hacer su rutinaria caminata. La ciudad dormía y permanecía inmóvil. El aullido de la ventisca y el golpe del agua contra los pilotes del muelle parecían lo único vivo. Era otoño en la fría ribera del río. Aquella noche sus pasos le habían llevado lejos, le iba a tomar algunas horas regresar. Miró a su alrededor, hacía mucho tiempo que no estaba en esa parte de la ciudad; el lugar no había cambiado mucho de cuando conoció allí a su compañera de años, no obstante, algunos edificios desvencijados permitían adivinar el paso del tiempo y el olvido.

En Marco los años también habían hecho mella. Ahora era un hombre de mediana edad, extraño, hermético, consciente de que envejecía, y eso lo hacía más lúcido sobre sí mismo: sobre sus límites, sobre de sus fracasos. Era un hombre que en este punto de su vida no tenía sueños, pero en realidad creía no haberlos tenido nunca, así que no los extrañaba. Respiró hondo como queriendo encontrar aquellos olores antiguos a cieno y a hojas marchitándose, que tantas veces en aquel lugar había sentido que invadían sus pulmones. Comenzaba a percibir más el frío; sacó su mano del bolsillo del abrigo y miró la hora, eran las diez, tenía que pensar en regresar ya. Anna estaba acostumbrada a sus excentricidades y a sus silencios, pero no perdía el hábito de preocuparse si tardaba más de la cuenta sin que hubiese habido una advertencia previa.

Era una noche sin luna, los pocos faroles del muelle que habían sobrevivido a generaciones de chicos disparándoles con sus caucheras, ofrecían una luz mortecina que no permitía ver muy lejos. Marco respiró hondo nuevamente, ciño su cuerpo al abrigo, giró sobre sus talones y comenzó a volver sobre sus pasos.

No siempre Anna estuvo en su vida; la vio por primera vez una tarde en aquel muelle, sentada en una de las mesas que durante el verano, en ese entonces, instalaban algunos negocios. No fue amor a primera vista, no habría podido serlo. Marco era, y continuaba siéndolo, un sujeto solitario por opción, aunque también por su manera de ser: sus argumentaciones infranqueables, sus discusiones infinitas y sus bufonadas abstrusas lo hacían un personaje difícil, más cercano y más comprendido por aquellos que viven al límite de la lucidez, del dolor, del inconformismo, que de personas corrientes.

Una de las tantas tardes de aquel verano en el que Anna y Marco habían coincidido en el muelle, él discutía y argumentaba con alguien sobre cualquier cosa, Anna, que estaba cerca, sonrió varias veces con lo que le era inevitable oír, y Marco se sintió visible y le habló. Desde aquel momento se encontró cómodo con aquella mujer, y pese a lo difícil que podría ser la convivencia con él, Anna nunca puso condiciones ni inventó formulas, ni reglas para estar juntos.

Sordo

Filed under: -Creación de personajes — Quioreng at 1:33 am on Lunes, noviembre 2, 2009

Se levantó como cada día. Desayunó deprisa y bajó al garaje.? Conducía por la M-40 a cumplir con la rentable cobardía que hace años eligió como medio de vida. Un soñador muy práctico con la firme intención de hacer callar a su corazón. Ni tan siquiera sabe que está frustrado, es de los que suscitan envidias en todas las fiestas. Un tipo de éxito, un buen sueldo, joven y guapo. Quizá un poco callado, pero eso le da cierto misterio. “ETAI, el holding de participadas de Besora , fusionará su grupo NetworkBesora Holding con Blueredes durante el tercer trimestre del próximo año, para crear uno de los gigantes de las telecomunicaciones del mercado español, según han avanzado fuentes del sector. Las conexiones de gas enfrentan a los gobier…” Daniel intentaba sintonizar otra emisora, no se podía creer lo que acababa de escuchar. Nunca había vivido una, pero sabía por sus amigos lo que significaba una fusión. Y despertó. Comenzó a oir algo. “Esta? es tu oportunidad”, “esta es tu oportunidad”, “esta es tu oportunidad”.?

– ¡Qué tonterías estoy pensando!- Aún era demasiado pronto, pero dentro de un año, cuando tuviera? que rehacer su vida, ? recordaría este momento.

Amante

Filed under: -Creación de personajes — clarapardolatre at 12:36 am on Lunes, noviembre 2, 2009

Toda su vida soñó con publicar una novela, sobre todo desde que, con 20 años, le publicaron su primer artículo en un periódico semanal. Nunca se acuesta sin recordar a su maestra, que actuó de celestina entre él y las letras. Ambos sufrieron crisis, duras crisis, de las que sólo pudieron salir con ilusión y confianza.

Años después, como si unas bodas de oro se tratasen, lograron consumar su pasión creando una editorial que han compartido con un centenar de “hijos”. En ella han publicado más de 200 libros.

Ahora, olvidadas todas las crisis, lo único que él pide es morir a su lado.

AMANDA

Filed under: -Creación de personajes — NADDIA at 11:07 pm on Domingo, noviembre 1, 2009

Amanda, 35 años, nacida en Ramos Mejía, la zona oeste del Gran Buenos Aires. Vive en Italia desde hace algunos años en un pueblecito cerca de Venecia. Es dentista, pero sólo ejerce cuando no tiene que hacer reposo por sus problemas de visión. Cuando no trabaja como dentista participa en talleres de teatro. Sus padres la visitan con cierta frecuencia. Su marido es profesor de Física en la Universidad y está normalmente enfrascado en experimentos y conferencias. Amanda se considera fiel aunque está llegando a esa edad en la que una mujer se pregunta si no es un desperdicio disfrutar de un solo hombre pudiendo tener varios. Actualmente se siente capacitada para amar para querer a más de uno, pero la moral pesa mucho y sus hijas también. Además ¿cómo explicarle a su marido que a él también lo quiere? ¿Cómo decir a sus hijas que podría haber otro además de papá? Todos los viernes toma café con sus compañeros del taller después de clase y a duras penas disimula su atracción por Jaime…

Amanda es morena, melena larga, 55 Kg, y ojos castaños que le condicionan la vida. Su retina se abre, el cristalino se desborda y eso se traduce en reposo y más reposo. Viste moderna, pero casual, peinada y despeinada como si no supiera lo que es un peine. No se considera víctima de la moda, pero es casi imposible que pase dos días sin comprar algo. Su peor defecto es la cólera. Cuando se enfada no puede evitar sacar la bestia que lleva dentro y por momentos lanza objetos y parece capaz de matar, sin embargo, estos ataques duran poco y habitualmente es dulce, pacífica y buena madre.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? Amanda tiene una amplia cultura, adora leer y cambiar de país le ha dado una visión más abierta del mundo. Por el momento quiere seguir educando a sus hijas y mejorar como actriz, pero en el futuro se ve sobre un escenario o rodando películas. Cree que para conseguir algo basta con soñarlo. Sabe que resulta atrayente y exuberante aunque considera que su pecho es tan excesivo que no debería de existir. De todas formas es su personalidad lo que la hace más magnética a pesar de que su difícil carácter induce a la precaución. Aunque le molesta reconocerlo, es una mujer de hormonas fácilmente alterables que derrocha erotismo y lo utiliza como fuente de energía. Lo único que le preocupa es que Jaime se aparece una y otra vez cuando hace el amor…

Sobre la construcción de columpios lunares

Filed under: -Creación de personajes — Tamara at 9:09 pm on Domingo, noviembre 1, 2009

Sobre la construcción de columpios lunares

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? Lunes 17 de Octubre

? Hoy aterricé. Nunca creí que los árboles fueran tan blancos y tan lisos aquí, en la Luna. Ni que en sus hojas y su corteza los rayos de plata lunares hubieran dejado su rastro en miles de brillantes partículas adheridas.

Lo más asombroso de estos árboles es que todos ellos poseen unas ramas que se disponen de la manera más perfecta para poder columpiarse.

El problema será encontrar los materiales necesarios para construír los columpios.

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? Miércoles 19 de Noviembre

? Finalmente hallé la forma de hacer las hamacas; una araña teje sus redes con rayos que la Luna le presta. Los ví tan elásticos y hermosos que le pedí algunos para armar un columpio.

?

? 21 de Noviembre

? Hoy terminé el columpio. Me tomó tres largos días.

?

? 25 de noviembre

? La felicidad que siento al hamacarme es tan grande que necesito compartirla. Planeo invitar a mi árbol a todos los seres que habitan la Luna: muchos son niños, algunos arañas y el resto elefantes de tamaño excesivo.

Para los elefantes tendré que reforzar la hamaca agregando más rayos. Estos elefantes son blancos como la Luna; los niños como los de la Tierra pero ligeramente más pálidos y las arañas son negras y están siempre de la cara de la Luna que no se ve.

?

? 15 de diciembre

? Necesitábamos más columpios. Por eso planté más y más árboles con la ayuda de los niños, y construí más y más hamacas.

Estamos todos columpiándonos felices, es sorprendente lo que sucede.

?

? 23 de Diciembre

? Ayer me dí cuenta de que mi felicidad podía ser aún mayor. Fué cuando columpiándome en la calidez de la noche pude volver a estar con el árbol de hojas verdes y corteza rugosa que me espera en la Tierra desde que nací: el Árbol del Paraíso.

El último cuadro que me regalaste colgado encima de la chimenea.

Filed under: -Creación de personajes — MangoFeliz at 5:42 pm on Domingo, noviembre 1, 2009

Es tan frustrante…

<Llego a la casa y dejo las llaves colgadas en la pared>

Siento un nudo en la garganta que no quiere soltarse…

<Camino a la ventana, es de noche>

Es tan frustrante… aun tengo el olor de tu colonia impregnado en mis manos…

<Me siento en el borde, las gotas de lluvia se reflejan en mi rostro>

Por que pasó?, se que no es tu culpa, pero porqué te culpo?…

<Enciendo un cigarrillo, el humo penetra en mis pulmones y como buen placebo me hace sentir mejor… un poco>

Tengo impresa tu mirada en mis ojos… y me duele…

<Inconcientemente miro el último cuadro que me regalaste colgado encima de la chimenea, leo tu firma, expulso una bocanada de humo>

Aun el sonido de tu voz martilla mis oídos…

<La lluvia continua, el frío es mi único acompañante, un nuevo cigarrillo es encendido>

Cuantas veces te suplique?, cuantas veces te rogué?…

<Un relámpago ilumina mi rostro dibujando una sombra en el piso… luego el sonido del trueno abofetea mi alma… coloco el cigarro en mis labios y recuerdo:

-Hola-

Levantaste la mirada y te vi vacío.

-Esto es más difícil para mí que para ti-

Me aseguraste pero no te creí y aun lo creo.

-Esta pregunta no quiero hacerla, pero tengo que-

No dije nada, solo quería escucharte, quería ver una vez más tu rostro, tu cabello café oscuro, tus ojos verdes esmeralda, tu piel blanca, tu quijada cuadra, tus hábiles manos de artista… tus carnosos labios, tu cuerpo atlético… quería besarte.

-Quién eres tu?-

Los médicos me lo advirtieron, yo dije que estaba bien, que podía soportarlo… pero no.

-No quiero lastimarte ni tampoco quiero que me tengas lastima… pero no recuerdo nada… ni a nadie-

No pude decir nada, tu estabas ahí postrado en la camilla con media cabeza vendada y una pierna enyesada y la que se sentía enferma era yo.

-Es un poco incomodo todo esto, ver y no ver-

-Nadie… no soy nadie…-? ?

? Fue lo único que pude llegar a decir, estabas allí y no lo estabas, me hablabas con una fría y cortante honestidad que me hizo sentir sucia… aun me siento así.

-….-

No soporté mas y tuve que dejarte ahí donde estabas, no quería hacer un vergonzoso espectáculo de lagrimeos así que sin darme cuenta dejé el hospital donde estabas… te dejé>

<Otro relámpago me saca de mis recuerdos, otro cigarrillo más>

Por qué no me hiciste caso?, por qué saliste ese día?, por qué tenias que montarte en esa maldita bicicleta?, por qué siento que de alguna forma tu buscabas ese accidente?, por que me siento tan frustrada y derrotada?, por qué eres tan injusto y soy yo quién aun lo recuerdo?… a un lo amo… y aun lo extraño?… ha Dios, por qué?.

<Me levanto y estrello el cigarrillo contra el cenicero, maldita lluvia>

…bueno finalmente siempre fuiste el personaje principal de esta historia…

CAMINANTE: El naúfrago

Filed under: -Creación de personajes — lubana at 10:47 am on Domingo, noviembre 1, 2009

El adjetivo que mejor me define es Caminante
Caminante: El naufrago, era un pobre hombre llamado Eshmit, tenía una parabólica en la oreja izquierda, de gran tamaño, se despegaba de la cara como cuarenta centímetros a modo de apéndice indiscreto, su aspecto bulboso de color violáceo destacaba del resto de sus facciones casi anónimas. La misión de Eshmit, era captar palabras de uso común, por lo que siempre se encontraba en los barrios limítrofes de las ciudades, donde la gente común habla sin recato, a viva voz y de las cosas más cotidianas y del modo más gráfico, con lo que obtenía material abundante para su trabajo. Su aspecto, aunque diferente no causaba trastorno, pues a nadie le extrañaba verlo por allí día tras día.
Una vez obtenidas las palabras, las guardaba en un arcón de madera de roble, luego clasificaba las más útiles, de mayor uso, cribaba los ruidos estridentes, de los sonidos agradables, las risas y los saludos, los parabienes. Las charlas de enamorados. Apartaba la charlatanería de los desocupados, los gritos, las peleas. Quedaba por fin lo importante, las confidencias, la charla entre amigos, los sueños, las decepciones, las sorpresas y un largo etcétera de letras con vida para crear, historias nunca escuchadas.
Aconsejaba a los sordos y duros de oído, pero a los que se vendían con palabras que jamás iban a cumplir, los politiquillos de ocasión, esos que vendían a los pobres por prebendas, los que cambiaban de chaqueta en último momento por unas perras, o a los que se fingían salvadores de almas en nombre de Dios, a los embusteros de oficio. Los castigaba en silencio cien años en un rincón. Todos aquellos poderosos a los que Eshmit había relegado al olvido… Un día, maquinaron un complot para vengarse de él. Hicieron que un esbirro se camuflara entre la vecindad para llamar su atención, el esbirro sabia que no podía haber error, le habían descrito al personaje con suma claridad, era un pobre hombre llamado Eshmit, tenía una parabólica en la oreja izquierda, de gran tamaño, se despegaba de la cara como cuarenta centímetros a modo de apéndice indiscreto, su aspecto bulboso de color violáceo destacaba del resto de sus facciones casi anónimas. Con palabras que nunca nadie había escuchado, lo engatusaría, era un idioma nuevo, en un pequeño receptor que entonaba cantos de sirena, Eshmit admirado empezó su tarea de captar esos sonidos, del diminuto objeto parlanchín al que llamaban, transistor o radio, seguía y seguía los pasos de su dueño todo lo conocido, las palabras formando un laberinto, encadenándolo a su destino de paria sin horizonte.

Ana y el mar

Filed under: -Creación de personajes — novata at 8:45 am on Domingo, noviembre 1, 2009

Desde el malecón, la joven busca afanosamente a su amiga.? Con la mano haciendo sombra sobre sus ojos, mira hacia uno y otro lado de la playa.? “ Que andará haciendo Ana? ? Siempre tan distraída.? Su mama esta preocupada, mejor la encuentro rápido” piensa Karina mientras baja los escalones hacia la arena de la playa.

“Ana! Ana! Al fin te encontré.? Tu mama esta preguntando por ti.? Que estas haciendo?? Que buscas?”

Ana, de rodillas y con el mar lamiendo sus pies, escarbaba afanosamente entre la arena y los caracoles.? “Se que lo vi por acá y ahora no lo encuentro, estoy segura que era un cangrejo ermitaño.”

Levantándose y apartando un negro rizo que caía sobre sus ojos color te, Ana comienza a caminar hacia su amiga.? Con el seno fruncido y los labios apretados haciendo mas evidente lo finos que eran, ella seguía con los ojos fijos en la arena.? “Tendrías que haber visto ese ermitaño, tenia una caparazón de colores lindísima, pero lo perdí cuando me distraje viendo al viajero.”? Girando su cara hacia el mar, Ana apunto su mano hacia el horizonte.? A lo lejos se recortaba una blanca vela sobre el casco azul de un velero.

“Ay Ana tu y tus sueños.”

“Karina, amiga, te imaginas los lugares que podría visitar y los paisajes que podría ver.? Además, seria tan lindo escuchar el mar golpear suavemente contra el casco del velero y el viento al hinchar las velas, ver a los delfines nadando al lado del velero, a los peces voladores; el mar es un mundo de tesoros y sorpresas.”? Volteando su mirada hacia Karina y extendiendo sus manos le dice “No tienes idea como sueno con esos viajes.”

Sus ojos húmedos, con lágrimas que asoman, no muestran tristeza.? Mas bien, son como un libro abierto que muestra a una joven con deseos de vivir, anhelos de un futuro de aventuras.

Karina de pie al lado de Ana la observa y piensa.? “Eres tan diferente a mi, tan sonadora y curiosa, tan? expresiva, no solo con las palabras, sino con esos ojos que lo dicen todo.”

Abrazadas, mirando al pequeño punto blanco en el horizonte, Karina le dice “Amiga, te gusta tanto el mar que pienso que algún día te perderás en el.”

Creación de personaje

Filed under: -Creación de personajes — albino at 6:26 am on Domingo, noviembre 1, 2009

Escuchaba con sumo interés tocar el piano a su alumno predilecto y corregía algunos errores de interpretación con obsesión e insistencia, en especial volvía a marcar el tempo en los trinos que más tensión daban a la pieza.
Octavio miraba las teclas, miraba a su profesora una y otra vez buscando encontrar el significado de cada nota, pero se ponía tenso y nervioso al notar la impaciencia en ella.
—Octavio, dejemos aquí. Vuelve a repasar las escalas diatónicas y recuerda lo que recién remarqué en esta partitura. Falta presión, falta que tome fuerza… ¿me entiendes? —terminó preguntando Emilia.
—He seguido la partitura tal como está escrita… si me diera la fuente de la misma y así poder escuchar alguna interpretación correcta —respondió Octavio algo desalentado.
—No creo que exista grabación alguna, de muy chica la escuché e intenté interpretarla…, en fin, será que debe tener algo especial para mí.
El alumno la observó escudriñando sus ojos, indagando en su mirada triste y nostálgica, tomó sus cosas con sumo cuidado para no romper el sabor a pasado que envolvía la sala y se despidió con sigilo.

Emilia se sentó sobre el piano, quizás el objeto más preciado que heredó de su madre.
Posó sus manos en el teclado pero el portaretrato que tenía frente a sí impidió que los martillos golpearan las cuerdas. Veía a sus padres, a sus pequeñas hermanas y el reflejo de esperanza que esbosaban sus sonrisas al explorar un nuevo mundo. «La vida nos abre paso a lugares insospechados, nos puede mostrar el terror y el amor mezclados en una misma sinfonía», musitó Emilia para sí.

Llegada la navidad Emilia envió una carta a su alumno Octavio donde adjuntaba una copia de la partitura. Una nota acompañaba a la misma: «Luego de muchos años desiertos de todo, de ideas, de esperanza, mi madre compuso lo que aquel dia intenté que tú tocaras. Lo has hecho a la perfección; la tensión, la desolación y la destrucción que representaba han desaparecido en tus manos.

Bine

Filed under: -Creación de personajes — Guillermo C-S at 4:59 am on Domingo, noviembre 1, 2009

Voy a contarles de Bine, ella es una mujer que conocí en el café que me gusta frecuentar por las noches. Una de esas noches, mientras pedía un café a mí amigo, logre distinguir en la mesa de enfrente a una hermosa mujer que leía acaloradamente el libro “el alquimista”, entre las cosas que me llamó la atención, a parte de su belleza, fue el darme cuenta que, irónicamente, acompañaba esta novela con libros de química avanzada.

Esa noche, no sé porqué, pero decidí acercarme a ella con el fin de hacerle ver mi observación de la ironía de sus lecturas. Cuando llegué a su mesa, me paré enfrente de ella y volteo a verme en forma sorprendida, tal vez porque la había sacado de concentración, o por lo impresionantemente guapo que soy, está bien, porque la saque de concentración, y cuando nuestros ojos se encontraron, le dije que creía que el vivir en un mundo de fórmulas y mezclas químicas debía ser un cuanto frustrante para ella, bajo el supuesto de que la literatura era lo suyo, sólo por el hecho de leer un libro con tanta pasión. Afortunadamente acerté y ella me invitó a acompañarla.

En el café, platicamos de muchas cosas, de sus hijos, de su pasión por la escritura y de lo mucho que le gustaba viajar por el mundo. Platicamos de aquella dama que siempre está con nosotros incluso cuando estamos acompañados: la soledad, entre otras muchas cosas.

Esa noche logre visitar el mundo de una mujer hermosa, soñadora y que creía en la vida, la cual logró recordarme esa pasión por la literatura que siempre olvido. Sin embargo, al despedirme de ella, me cuestionó algo que no le entendí del todo, me preguntó si, después de la plática que tuvimos, yo la consideraba rica. ¿Rica?, mis pensamientos pasaron desde lo material hasta lo banal y aún me pregunto lo que quería decir. Aunque, he de decir que si escogiera una respuesta subjetiva, diría que sí la considero rica, pero en un sentido no material, espero poder volver a verla para decírselo.

Tú eres el hombre del arcoiris

Filed under: -Creación de personajes — JenFox at 4:00 am on Domingo, noviembre 1, 2009

Ahora que tiene ya más de 5 décadas le gusta sentarse a recordar hermosos momentos vividos en su adolescencia junto al puerto donde nació.? A su memoria vienen las tardes de corridas de toros, los hombres vestidos con esos hermosos trajes de? luces en las plazas y las mujeres tan elegantes con sus vestidos de bailaoras de flamenco. Como no recordar aquellas tardes cuando escuchaba a la gente decir: ¡Ole, Ole, Ole!; y pensar que todos compartían alegremente un bocadillo y empezaba la música y muchos se ponían a bailar alrededor del ruedo y a unir sus voces en un alegre canto, alma de gitano.

Intentó? buscar otros caminos, quizás mejores rumbos y apartarse un poco de tanta fiesta, alegría y? arte que empezaba a observar muchas veces sin entender. Unos decían que él quería poder tomar un arcoíris en las manos y ser como ese arte rupestre que se encuentra en la cueva cerca del lugar donde nació. Por ello, utiliza ese seudónimo hasta el día de hoy.? Otros dicen que lo que sucede es que el trató de alcanzarlo todo por ello la imagen de sus brazos abiertos en busca del arcoíris. Ese arcoíris no es nada y es al mismo tiempo todo, es lo que necesita para vivir.? Cada color significa algo en su vida, algún momento así como sus ganas de tenerlo todo bajo control, y demostrar que puede hacer algo importante. Quizás imposible para muchos pero él necesita hacerlo para sentir el orgullo dentro de sí mismo, y a su vez saber que siempre lo van a recordar que siempre va a estar presente como el que se encuentra en la cueva.? Conocido como el símbolo de la suerte.

Dice ser un hombre dedicado a la ciencia y a la escritura a la vez, pero realmente es un ser con ganas de llegar a todo el mundo de hacerse conocer por lo que quiere transmitir.? Insisto, es como el arte mismo que encontramos en esa cueva… Siento que hoy que vive lejos de donde nació, aún se siente atraído al recuerdo del ayer y aquellos hermosos momentos.? Aunque el lugar actual donde radica es para él una gran atracción de belleza, de moda, una gran ciudad pero a pesar de todo no es igual al lugar donde queda parte de su vida .

La sangre cale y el acento de su gente no es la misma ni siquiera se parece un poco a la de la gran ciudad donde vive ahora, la capital de la moda, y el lugar donde muchos van para vivir quizás una vida más agitada, con menos siesta pero con mayor enriquecimiento intelectual, cultural y económico.

Pero en sus venas corre la sangre de la creatividad como es natural, tan natural repito como el arte que podemos divisar en la cueva donde te encuentras o se encuentra una pequeña muy pequeña parte de ti. La sangre siempre lo hace a uno regresar por esos rumbos y un día caminar descalzo por la arena.? Te imagino sentado ahí bebiendo una copa de sangría o una caña en la playa un día de verano y al lado tu cuaderno abierto y tú plasmando todo lo hermoso que tienes dentro de ti.

Cualquiera es

Filed under: -Creación de personajes — RELICARIO at 12:54 am on Domingo, noviembre 1, 2009

Como el amargo pescador de truchas cuando al fin de la jornada poco ha podido hacer con sus carnadas. Asi observo, me observo, intentando en cada lance alcanzar la presa, en algun momento durante mis dias seguro tendré para invitar a los amigos, hoy no tengo nada, solo puedo estrechar la mano con el ánimo de acero de un pescador fallido.

Sonoro

Filed under: - Autorretrato — RELICARIO at 12:36 am on Domingo, noviembre 1, 2009

Como el carnoso que vive en la superficie se desplaza inutilmente por la superficie, mientras yo intento acomodar mi sonoro esqueleto en mi reducido aposento, por eso estoy muerto.

Sentado a la orilla de la vida

Filed under: - Autorretrato — gale at 12:30 am on Domingo, noviembre 1, 2009

Sentado a la orilla de la vida siempre observé los acontecimientos a lo lejos, por esta razón nunca asumí con valor la posibilidad de estudiar la licenciatura en letras y supuse que estudiando una carrera técnica estaría asegurándome un espacio laboral; así con una fuerte dosis de cobardía y mucho cálculo económico estudié Ingeniería Industrial y no habiéndome bastado mi enorme error decidí estudiar una maestría en formulación de proyectos. Ahora tengo 34 años y estoy seguro que las letras han sido, son y serán el motor de mi espíritu, por ahora, he decidido no permanecer sentado en la orilla y comenzaré la marcha que hace mucho tiempo tuve que haber recorrido.

Mi autorretrato?

Filed under: - Autorretrato — NoraNG at 12:29 am on Domingo, noviembre 1, 2009

Mi autorretrato? Sencillo: soy MUJER, así no más, con mis defectos y virtudes, mis pobrezas y mis riquezas. Morena del Caribe con un poco más de medio siglo sobre mis delgadas piernas. Abundante cabellera riza, que mantengo negra a fuerzas de pinturas (una de mis pocas bellezas físicas), ondula sobre mis hombros y espaldas. Eso sí, con un ? CORAZÓN así de grande, cargadito de amor y ? mucha ternura, suficientes para repartir a todos y cada uno de los que bien me quieren. Intrínseca apasionada del amor y la belleza espiritual humana. Ardiente, temperamental, gran anfitriona, magnífica cocinera, buena editora; sin embargo… qué gran frustración! Par de hijos bien “malcriados”. Les quise dar (de hecho se lo di) más de lo que merecían y que verdaderamente en ocasiones no podía darles: juguetes, regalos, mimos en exceso, sobreprotección, etcétera, consecuencia de lo cual hoy son hombre y mujer un tanto superficiales, sin grandes aspiraciones en la vida; sin espíritu de lucha por un futuro mejor, aún dependientes del esfuerzo de mamá y papá. No obstante amo la música, los buenos libros, la poesía, el baile, hacer nuevos y buenos amigos, en fin…la vida.

Creacion de personajes: Pues yo no soy

Filed under: -Creación de personajes — SILVIA SOLIS CAMACHO at 12:10 am on Domingo, noviembre 1, 2009

Pues yo no soy

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Eres ? todavía de indecisión aprisionada, caminas por la vida vacilante. Buscas tu ser en otro espejo que respuestas no ? te dé en tu confirmación de miedo.

Te recuerdo como eras: delgado, tímido y hasta podrías pasar ante la gente como un ser “normal”. Recuerdo que siempre usabas tu chaqueta gris;? tu pelo casi rubio gustaba de ir enmarañado. Tus ojos negros perdidos? como en sueños lejanos. Tu estatura un tanto indefinida y ¿la edad? No sé, pero éramos jóvenes aún;? y por supuesto que recuerdo nuestra última conversación:

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? ? ? ? ? ? ? ? ?

? ? ? ? ? ? ? ? ? – “Soy migajas de un pasado”

? ? ? ? ? ? ? ? ?

-¿Es pregunta o afirmación?

? ? ? ? ? ? ? ? ?

-Soy sueño, y casi siempre, despierto”

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-¿Serás sólo ese iluso que emigra a incauto cautiverio de ? vigilia?

? ? ? ? ? ? ? ? ?

– “Soy aquí y allí, contigo y cada vez menos sin ti”

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– No puedes responsabilizarme de tu ser, mucho menos ? ? ? ? ? ? del mío, porque ? ? ? ? ? ? si no eres de ti, ? tampoco puedes ser de mi.

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-“Soy la lluvia que guardo en mi cajón”

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-Sí que te diste el lujo de conservarla. Yo la tuve que rescatar porque se ahogaba en mi pecho y saló de mis ojos con tal fuerza, que me sentí incapaz de disiparla.

¡Mira! de la rutina mejor ni hablamos. Es sólo apego a esa estabilidad sin cordura. Te imagino horas enteras frente al televisor.

?

– “Soy caos y desorden…Soy absurdo, asimétrico, antropomórfico y resbaladizo”

?

-Una descripción muy contundente ¿no crees?

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– “Lo único que sé, es que soy…una y otra vez”

?

Igual que en el ocaso de una quimera que se repite en el desierto.

Digamos que tu otredad, es sólo un trémulo paraje donde se esconde tu necia soledad.