EL ENCIERRO

Filed under: Relato - Tercer ejercicio — Corina Harry at 8:59 pm on Domingo, febrero 28, 2010

? ? ? ? ? ? ? ? Entré a buscar una toalla. Me mandaron a buscarla y no pude negarme. No conocía el interior de la casa. Solamente había estado en la sala un par de veces en las que me invitaron a tomar el té. Algo sucedió de pronto en la biblioteca y entonces alguien gritó: –¡Rápido! ¡Una toalla! Todos los ojos recayeron en mí. Así que sin decir palabra, me levanté del sillón y corrí hacia el pasillo que comunicaba la sala con las habitaciones. El corredor era largo y comunicaba con cinco puertas iguales y una un poco más delgada que el resto. Me detuve de pronto. Deduje que la más delgada sería el cuartito de la ropa blanca y que las otras cuatro, la del cuarto de baño y los tres dormitorios. Otro grito me impulsó a abrir la puerta más delgada. – “¿Y esa toalla?”. Quise gritar: -“¡Ya va!”, pero me pareció una descortesía gritar en casa ajena. Así que sin esperar a que los ojos se me acostumbraran a la oscuridad del cuartito, entré sin notar que la puerta se había cerrado tras de mí. Busqué el interruptor de la luz y no lo hallé. Me pareció más urgente buscar la toalla. Con el tacto es fácil distinguir la textura de una sábana a la de una toalla. Al menos para mí, que durante mucho tiempo, cuando era niña, he jugado a ser ciega y adivinar qué es lo que tocaba con la punta de los dedos. Las distancias entre las teclas del piano, ya las conocía. Un día me propuse adivinar de qué color era lo que tocaba de acuerdo a la textura. Jamás aprendí. Y no sé por qué razón, me acordé de ello en ese momento. Cuando toqué la toalla, la tomé y me dispuse a salir. Me topé con la puerta y comprobé que no había picaporte del lado de adentro. Los ojos ya se me habían acostumbrado a la oscuridad pero al no haber ventanas la oscuridad era más profunda y mis ojos no podían distinguir ninguna figura. Por debajo de la puerta tampoco entraba luz alguna. El corredor también era oscuro. Decidí dejar caer la toalla a mis pies y palpar con ambas manos el contorno de la puerta. Nada sobresalía como para asirme e intentar abrirla. Con las palmas de las manos golpeé fuerte. Luego usé los puños y más tarde el pie izquierdo con el que pateé insistentemente. Hice silencio unos segundos y alcancé a distinguir el sonido de una sirena de ambulancia que se acercaba a la casa. Alcancé a adivinar un angustioso “por acá” y unos desgarradores sollozos, antes de que alguien cerrara la puerta de la Sala que daba al pasillo. Quería gritar? pero ningún sonido salía de mi garganta. Horrorizada escuché como cerraban la puerta de la biblioteca que también daba al corredor. Golpeé más fuerte y logré gritar con todas mis fuerzas. Si gritaba no oía lo que sucedía del otro lado, pero si no lo hacía, nadie me oiría a mí. Seguí gritando pero intercalaba breves espacios de silencio para escuchar. La sirena volvió a sonar. Esta vez se alejaba. Y los autos en los que habíamos llegado y que estaban estacionados en la puerta de la casa, también se alejaban. Me quedé sin aliento al comprobar que todos se habían marchado. Ahora era yo quien sollozaba y quien pronunciaba un angustioso “por acá”. ¿Cómo era posible que nadie se diera cuenta que yo faltaba en el grupo? ¿Cómo no cayeron en la cuenta de que mi abrigo y mi cartera seguían en la sala? ¿Qué sobraba un asiento en el auto? De nada serviría un grito de pedido de auxilio. Quizás mi cartera y mi abrigo se lo llevaron confundidos junto a las valijas de los dueños de la casa. La casa de veraneo había sido cerrada hasta que el personal de servicio, vuelva para sacudir los muebles, una semana antes de la fiesta de inauguración de la próxima temporada.

Furioso

Filed under: -Creación de personajes,Redaccion — Juan Carlos at 12:34 am on Sábado, febrero 27, 2010

Ya era bien entrada la noche, cuando las estrellas y una pálida luna de plata apenas si podían mantenerlo en vigilia. Trémulo y azorado ante la llegada de lo inevitable, simplemente se dejó llevar por las verdes aguas torrentosas y oscuras de su inexorable destino. Entonces todo aquello que tenía por cierto y verdadero no fue más que un sueño, y su verdadera naturaleza se reveló ante el mundo en todo su esplendor. Radiante, luminoso, eléctrico, tórrido y terrible, como una fuerza de la Naturaleza anterior a la vivo y a lo inerte, estaba en todas partes y en ninguna a la vez, y a través de lo pasado y lo futuro sentía que todo lo sabía, aunque no tuviera palabras para describir aquella sabiduría inefable y completa.

Aquel hombrecillo macilento y patizambo, viejo y feo, víctima de una pobreza proverbial, despreciado y despreciable, abandonado por sus padres y abofeteado por los niños, aborrecido por los hombres y humillado por las mujeres, olvidado por la fortuna y sin nada que le atase a este mundo de miserias, ahora era libre, indómito y poderoso, capaz de todo e incapaz de nada, amo de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. ¡Ay de aquellos que de él se burlaron! ¡Ay de aquellas que de él se aprovecharon! La misericordia no existía en su flagelado corazón, y como un volcán que estalla por la incontenible presión de la roca fundida que mana furiosa de las entrañas de la tierra, su fuerza arrasaría con todos quienes le ofendieron, porque él fue la prueba que ellos no pudieron superar y que ahora sería pagada con sus vidas.

¡Mata, hiere, siega, corta! Nadie pudo resistirse a su venganza, porque ante sus nuevos ojos, hechos de fuego y de mirada penetrante como la afilada espada incandescente que empuñaba su ardiente mano, las almas de los hombres se le mostraban tal cual eran, perfectamente visibles tras el disfraz provisto por cuerpos jóvenes y hermosos o cubiertos de ropas bellas y lujosas. El poder, la riqueza, la vanidad y el egoísmo no pudieron impedir que la carne de sus enemigos fuese mutilada sin piedad y calcinada hasta los huesos por el calor de una mirada feroz e inclemente.

Pero cuando finalmente se enfrentó a aquella que lo engendró y que lo abandonó en un basurero en una fría noche invernal, envuelto apenas por unos trapos y algunos trozos de papel, sintió que su corazón se derretía como la manteca ante la bondad y la dulzura que en el fondo de su alma siempre habían existido y que jamás pudieron apagarse pese a tantos años de maltrato, de injusticias y de sufrimiento. La cruel anciana no imaginaba que aquel ser fantástico y terrible era el espíritu errabundo y atormentado de su hijo, e incapaz de sosegarse calló fulminada al suelo.

– ¡Descansa en paz, madre! – dijo nuestro héroe-. Ten en la muerte la paz que yo nunca tuve en vida.

Y dicho esto, retornó al cuchitril que le servía de guarida. Se vio a sí mismo, o a la envejecida y enfermiza masa de cuero, hueso y vísceras que le tocó como cuerpo a lo largo de su triste existencia. Parecía dormido, y sorprendido se dio cuenta de que una tenue sonrisa se dibujaba en su rostro. Una de sus manos, tendida sobre el suelo, sostenía apenas una botella vacía de licor de ajenjo.

– Ya es hora – dijo al fin, y empleando aquella soberbia espada cortó el delicado e invisible vínculo que le ataba a aquel frágil cuerpo. La excitación de la muerte incendió aquella choza miserable, y libre al fin partió hacia donde no existe el sufrimiento y la felicidad plena colma de dicha los corazones por toda la eternidad.

Autorretrato

Filed under: - Autorretrato,Redaccion — Juan Carlos at 10:51 pm on Viernes, febrero 26, 2010

Al verle tras el espejo, lo primero que vi fueron sus ojos, castaños como sus cabellos, mansos y profundos como los de una estatua de pretéritas épocas, dotados de una mirada tranquila y serena que poco traslucía del inquieto y animado espíritu que moraba en su interior. Su frente, amplia y despejada, era el frontis de la cúpula de su cráneo, de graciosa y redondeadas formas, sede de una inteligencia despierta y sutil. Aquella mandíbula cuadrada, aquellos anchos hombros y ese pecho velludo sugerían un hombre viril, un macho indómito que amaba la libertad y que nunca toleraría de buen grado las obligaciones y restricciones propias de estos infaustos tiempos. Su nariz era más grande que pequeña, más gruesa que delgada, de perfil agudo acabado por una punta suave y roma. La boca de aquel que silencioso me contemplaba poseía labios de equilibrado volumen y de sano color, y su barba y bigote, que podrían ser poblados y oscuros como sus cejas, estaban afeitados al ras, no dejando más que un leve tinte azulado sobre su cara. Acompañándole durante veintiocho primaveras en su pensar, decir y actuar, juzgo que sus virtudes superan sus defectos, lo cual no es poco decir.

El Sarcófago

Filed under: Relato - Tercer ejercicio — Esther at 11:15 pm on Miércoles, febrero 24, 2010

El Sarcófago

Estás sintiendo en el pecho una sensación extraña, como si la falta de aire que te rodea te fuera envolviendo, escapa un leve quejido de tus labios secos: la maquina te lleva en volandas, dentro del Sarcófago en el que te encuentras sin poder ni mover músculo.
Aunque piensas que gritaras no serviría de nada, tendrian repetir lo mismo otra vez, eso no podrías sopórtalo, sientes que debes controlar el terror, tratas de acompasar la respiración al ritmo mecánico que a empezado un sonar: golpes secos y seguidos marcando un paso de metal, resuena en tu cuerpo que mantienes envarado pero quieto, tac, tac …. tac tac tac tac tac … El Sarcófago cercándote apenas dos centímetros de todo tu cuerpo tenso … recuerda lo de relajarte es fácil, sólo tienes que controlar tu mente, tu cuerpo no te pertenece está en poder de la máquina tac, tac …. tac, tac, tac, tac …
Piensa en respirar por la nariz suavemente, una inspiración expira, relájate, inspiración expira nada malo Va a ocurrirte, respira, una CONTROLA tu mente puedes hacerlo …
¿Cuántos minutos llevarás aquí dentro? Una eternidad … La Máquina tac, tac … tac, tac, no pierdas el control, no grites, tu cuerpo no te pertenece está en poder de la máquina tac, tac … tac, tac, tac, tac …

EL SUEÑO

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — Alfonso at 8:42 pm on Miércoles, febrero 24, 2010

Estoy durmiendo la siesta. Comencé a hacerlo hace una hora en el sofá del salón y ya siento que me estoy espabilando. Creo que ya es hora de levantarme, tengo cosas que hacer… No acabo de despertarme y empiezo a preocuparme. Intento moverme pero ningún músculo me obedece. Me siento como si estuviese paralizado. Oigo la televisión que dejé encendida pero no puedo moverme. Intento gritar, llamar a alguien para que me socorra pero ningún sonido sale de mi boca. Chillo desde mi interior pero nadie me oye. Por un instante parece que voy a ser capaz de moverme pero vuelvo a un sueño más profundo y me pierdo en sus abismos.

Ya sé lo que pasa, esto es una pesadilla.

A veces la vida me parece un sueño del que despertamos al morir. Ahora me ocurre lo mismo quizás deba morir para poder despertarme.

¿Y si soy el sueño de otro? ¿Y si solo soy una representación onírica de otra mente? Entonces, al despertar moriré.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? No sé lo que me pasa, vuelvo a intentar despertar. Forcejeo con violencia intentando moverme pero no avanzo ni un ápice. Mi angustia es horrible. Estoy preso en mi cuerpo. Siento, oigo pero no puedo comunicarme con nadie.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ¿Y si el que me sueña es a su vez el sueño de otro? ¿Y este el de otro? Y así hasta el infinito.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ¿Debo despertar o debo morir? Cara o cruz.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? Ya parece que me espabilo. Abro los ojos por un instante. Se vuelven a cerrar otra vez viajando entre mis sueños. Abro los ojos definitivamente. Ya se ha pasado todo, soy yo, me veo y me pellizco. Estoy sudado entero. Voy a refrescarme la cara.

No veo la puerta de la habitación. Miro las paredes una y otra vez buscando alguna abertura. Estaba allí. No la encuentro. Palpo las paredes buscando un resquicio, una oquedad que me indique donde está la puerta.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? No hay salida. Es una pesadilla y yo …¡Soy un sueño!

Beso con anestesia

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — Carminacd at 6:19 pm on Miércoles, febrero 24, 2010

Todo está negro a mi alrededor. Trato de hablar porque siento tu perfume y quiero hacerte comprender que estoy consciente. Logro sólo despegar los labios. El olor de tus manos sobre mis mejillas, acercándose a mis ojos; tu aliento dulce y el susurro de tu voz me reaseguran:

-? ? ? ? ? ? ? ? ? No temas, amor mío, porque cuando te quite las vendas no verás mejor que antes.- Y te giras y eres otro para los demás. – ¡Enfermera! Por favor, baje la luz y tráigame unas tijeras esterilizadas. – Y vuelves a hablarme y eres mi amor escondido. – Vida mía, por fin despertaste. No te asustes, mi vida, estoy aquí. Haremos también este paso juntos.

Las palabras no me salen. Quiero pedirte un beso, pero mi situación no debe de ser muy atractiva. La anestesia me dejó la saliva pegajosa y los labios secos. Mi cabello debe de estar todo alborotado debajo de las vendas. ¡No quiero que me veas despeinada!

Presiento la habitación que nos contiene, no me importaría no poder salir jamás de aquí teniéndote tan cerca y ocupado y preocupado sólo por mí.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? A ver, estos ojitos deben ser controlados. No pretendas, amor mío, – murmuras quedamente porque hay alguien cerca de la puerta, aunque intuyo que de la parte de afuera del cuarto, no dentro con nosotros dos.- ahora mismo, ver mejor. Gracias si verás luces y sombras, manchas informes; luego de controlarte el fondo del ojo te volveré a vendar hasta mañana. – Y ahora me hablas más despacio todavía.- Tesoro, no sabes, te hubiera hecho el amor allí mismo, en la sala operatoria. Eras tan dulce, mi vida, así dormidita y tan sexy con la bata estéril y transparente.

¡Pero, amor, qué sádico eres! ¡Qué novedad, como si no lo supiera! ¿Y ahora, me sacarás las vendas y no te podré ver? ¡Pero qué castigo! No puedo verte ni decirte cuánto te deseo ver.

Levanto la mano derecha y busco tus cabellos, sedosos, lacios que resbalan delicadamente entre mis dedos. Quitas mi mano de tu nuca, la llevas hacia adelante, a tus labios y la besas antes de posarla nuevamente sobre la cama; fuiste veloz, lo que me hizo comprender que entraba alguien.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Gracias.- le dijiste a la enfermera.- Puedo hacerlo solo. Por favor cierre la puerta al salir, para impedir que la luz externa le dé alguna molestia a la paciente.

Eres hermoso y además astuto, mi amor, ¡ahora sí que obtendré mi beso!

Te sientas a mi lado, te huelo cada vez más cerca. Humedeces mis labios con tu lengua que me despierta este deseo desesperado por ti y me invita al beso. Por fin, tu saliva me devuelve la palabra. Te digo cuánto te adoro y cuánto me haces sentir importante.

Cortas las vendas y comienzas a desenvolverlas.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Abre los ojos, mi amor.

Tus dedos me ayudan, levantan mis párpados.

Todo está negro a mi alrededor. No hay luces ni sombras ni manchas informes. Ni siquiera el resplandor de tu anillo de matrimonio.

EL TIC TAC DEL RELOJ SOLAR

Filed under: Microrrelato: Segundo ejercicio — NADDIA at 10:33 pm on Lunes, febrero 22, 2010

A pesar de haber estudiado una carrera de ciencias, se había decantado por una tesina histórica para su graduación y acudía a diario a los Archivos de la Catedral. Cada día, cuando atravesaba el claustro, se adentraba poco a poco en otro tiempo y pensaba que si Dios la había guiado hasta aquellos sagrados muros era porque algo la esperaba allí dentro. El reloj de sol no se equivocaba nunca aunque a veces no marcaba porque, el sol era escaso por aquellos parajes. Fue en aquel mismo claustro donde se enteró de que San Valentín había muerto. Qué raro, pensó, yo creía que todos los santos estaban ya muertos. Se preguntó cuál de los San Valentín del santoral se habría convertido en el santo del amor ¿sería porque era muy enamoradizo o porque nunca se había comido un rosco? Quizás lo segundo. Ella prefería al San Antonio de la Catedral con el que hablaba todos los días.

Una mañana cualquiera, una mujer a la que solía ver rezando le preguntó: ¿tienes pareja? Ella respondió que no. Pero tienes vocación de casada ¿verdad?, volvió a preguntar la mujer. La chica no supo qué responder… supuestamente sí… Sonrió. Aquel día entró temprano en el Archivo. Muntaner ordenaba carpetas según las indicaciones del archivero. Ella se agenció los legajos que llevaba varios meses transcribiendo y aquel muchacho la miró. En realidad, nunca se habían mirado. Ella sabía su apellido porque el archivero así se dirigía a él, pero en aquel extraño día en que San Valentín había muerto, ya no había motivo para la timidez. Cuando el archivero salió a hacer unos recados, Muntaner y ella se acercaron uno a otro como atraídos por una fuerza externa que los empujaba. Se besaron sobre los legajos del siglo XIX que versaban sobre un abad francés que había vivido en la Catedral, un monje nombrado Canónigo por Fernando VII y después perseguido por los satélites de Napoleón. Hicieron el amor en el suelo de madera oyendo crujir cada tablón y temiendo que el archivero apareciera en cualquier momento, pero no apareció y al orgasmo turbulento le siguió un atontamiento del que sólo salieron al oír pasos en el claustro. Se vistieron apresuradamente y volvieron a sus actividades. Al archivero le extrañó que Muntaner no hubiera terminado todavía el trabajo que le había encomendado, pues siempre le asombraba su presteza. Al día siguiente ella volvió al Archivo con el corazón bombardeándole la tráquea. Se preguntaba si sería capaz de intercambiar palabras con aquel chico silencioso, de averiguar su nombre y pronunciarlo mil veces, cincuenta mil, sin cansarse, si podría mirarlo a los ojos y si podría amarlo.

Muntaner no volvió al Archivo ni aquel día, ni al siguiente, ni ninguno más. Había desaparecido. Algún tiempo más tarde el archivero comentó que había vuelto a su ciudad de origen, que se le había acabado la beca aunque le había parecido raro que se fuera de forma tan repentina. Ella no se extrañó, el amor de un día tenía sus riesgos y sus miedos. Muntaner posiblemente había huido despavorido. Fue una pena, le hubiera gustado retenerlo a su lado por un tiempo, pero supuso que si San Valentín había muerto, no podía esperar nada diferente.

Uno más uno igual a uno

Filed under: Poesía Tercer ejercicio — carla at 11:08 pm on Domingo, febrero 21, 2010

Sus ojos se buscan.

sus miradas se pierden.

Se apoyan.

Se sienten.

Son marido y mujer.

Sin nada que perder.

Mucho de cariño

que han ganado

a lo largo de los años.

A lo largo de sus vidas.

Sin mirar,

sabe él que estará.

Sin pensar,

sabe que ella acudirá.

Los miro y

los envidio.

son mis abuelos.

Son mis ejemplos.

Como siempre

Filed under: Microrrelato: Segundo ejercicio — carla at 11:01 pm on Domingo, febrero 21, 2010

Catorce de febrero. Por fin. Me peiné con raya al lado como a ti te gusta. Me enfundé en el traje azul tan parecido al que llevaba cuando nos conocimos en el Baile de los Enamorados de tu pueblo. Cuando me viste aparecer sonreíste y no dejaste de mirarme hasta que me decidí a sacarte a bailar.

?

Busqué la corbata que me regalaste por mi cumpleaños, la de seda. Saqué el pañuelo que trajiste de Italia, de aquel viaje que hiciste con tu hermana que al principio no me hizo mucha gracia. Está como el primer día y me he hecho el nudo centrado, como tú me enseñaste.

?

Mi imagen se reflejó en el espejo. Me gustó mi aspecto y sonreí. Cogí la cartera y las llaves y salí hacia la floristería donde compré el ramo de rosas rojas más grande y más oloroso.

?

Elegante e impaciente llegué al umbral. Había bastante gente. Muchos visitantes y también fijos que encontraba cada día.

?

Retiré las flores secas y coloqué el ramo tan espectacular sobre tu tumba. Ya hacía siete años que celebrábamos así el Día de los Enamorados, pero yo me puse tan nervioso como siempre.

Coca-cola sin burbujas

Filed under: Poesía Tercer ejercicio — Sofia Moreno at 7:23 am on Domingo, febrero 21, 2010

Coca-cola vieja, sin burbujas, para desayunar
pelo sin peinar
manta sin estirar
sábanas arrugadas.
Prisas, ducha, peine, carreras, café que pasa por mi gaznate.
Quema.
Pan caliente y tierno, margarina con sal; agua, mucha agua fresca.
Puerta que cierro, pasos que doy, casi corriendo,
bus al que subo, metro al que bajo…
Aquellos tiempos de oficina, puf, qué bien estoy sin ellos, la verdad.

Sierras para andar horas con mochila de bocadillos,
risas porque alguien imita a un oso, no sé porqué.
Sentados todos alrededor de unas piedras grandes,
mirando a lo lejos la extraña ciudad.
Los árboles nos cobijan bajo sus altas copas,
el sol nos ayuda a soñar mientras nos adormilamos.

Es la hora de la siesta en la montaña llena de grupos de amigos,
como nosotros.

Por el sendero pasan ante mí caminantes desconocidos y saludan, amables.
Mientras nuestros hombres van a explorar qué hay tras esa peña,
Susana me confiesa que está mucho mejor desde que se separó de Roberto.

Confidencias, un cigarrillo de tabaco rubio compartido:
«¡Yo creía que ya no fumabas!»
Ahora estoy en la gloria, Susana,
mi compañero está bien, es feliz,
atravesamos unos años excelentes,
después de tantos malos ratos.
Ojalá dure.
Con menos dinero estamos mejor,
la vida es más dulce,
qué raro, ¿verdad?

¿Coca-cola, Susana?
¿Traes Coca-cola de excursión?
¡Ah! No me extraña que se haya quedado sin burbujas,
a la sierra yo solo traigo agua.
No, no me importa que bebas a morro,
toma mi botella,
somos amigas,
no tienes sida,
ni siquiera un resfriado.

Y si lo tienes, no importa.
La vida es bella y no está mal morir de amistad.
(fin)

Música y evocación

Filed under: Creatividad - Tercer ejercicio — Sofia Moreno at 6:29 am on Domingo, febrero 21, 2010

Voy andando por una calle de Lima, Perú. Mis pasos siguen el compás de la música. Mi cuerpo se balancea agradablemente, pié izquierdo, pié derecho y vuelta a empezar. De pronto se oye solamente un instrumento aislado, el sonido es más sencillo, ya no tiene el ritmo electrónico y machacón que daba ritmo a mi caminar. Es el momento en que me detengo para mirar qué vende este hombre en un puesto de comida callejera. Hummm… ¡Qué bien huele! Algún tipo de tortilla típica y sabrosa. Lleva carne en hebras largas y verduras en trocitos, dentro de una masa blanda y calentita. Delicioso. Mi estómago lo agradece de veras. El sol calienta suavemente mi espalda. Hay gente a mi alrededor, que habla, discute, hace colas ante oficinas. Los coches pasan con afán anárquico a mi lado y a veces hay que saltar a lo que queda de la acera para no ser atropellado. Las paredes de los edificios están desconchadas y la acera ya no es más que un desvaído intento de delimitar espacios entre peatones y vehículos, hay perros sucios que parecen a punto de morir de inanición, pero la gente sonríe, oigo risas y esta música penetrante. Dios, ¡cuánto me gusta viajar, ver sitios y gentes que no conocía! Se oye español y también otros idiomas más sonoros y misteriosos para mi insulso oído europeo. Me gusta esta ciudad, me encanta este viaje. Veamos, voy a volver al hotel por otra avenida, para ver algo más. Ah, qué maravilla: estoy en América, tierra espléndida y exótica… (fin)

Como por encanto

Filed under: Microrrelato: Segundo ejercicio — Carminacd at 6:41 pm on Sábado, febrero 13, 2010

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Has perdido el interés por mí.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Amor, a veces yo también me siento en crisis y no tengo ganas de escribir muchas cosas.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Cuando no me escribes o no me llamas o dices que no puedes encontrarte conmigo, yo no pienso que de verdad no puedes, sino que dedicas tu tiempo a otra.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Amor mío, dime si todavía piensas en mí mientras haces el amor con él.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? No puedo quitarte de mi cabeza. Pienso siempre y solamente en ti.

Y, como tantas otras veces, la comunicación quedó trunca allí. Pero al día siguiente, de nuevo el teléfono sonó a la misma hora y ella, como cada mañana, con el corazón desesperado, respondió.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? – ¡Hola!

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? – ¡Hola, amor mío!

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? – ¡Mi amor! No sabes cuánto te extraño.?

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? – Te deseo tanto, mi amor. Quiero hacerte mía aquí, en mi consultorio. ¿Harías el amor conmigo mientras hay gente esperando afuera?

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? – ¡Sí, mi vida! Todo lo que tú quieras.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? -? ? ? ? ? ? ? ? ? ¿Aún eres mi amante oficial?

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? -? ? ? ? ? ? ? ? ? Amor, lo que tú digas, depende de ti, lo decides tú.

Y, como tantas otras veces, la comunicación quedó trunca allí. Ni un “Feliz día de los enamorados” ni una rosa ni un bombón. Pero ella sabía que el lunes siguiente, como si el tiempo no hubiera pasado, como si siempre fuera parte del mismo mágico momento de escuchar su voz; él le hablaría y todo volvería a ser un cuento de hadas a su alrededor.

LA CITA

Filed under: Microrrelato: Segundo ejercicio — Alicia at 7:40 pm on Jueves, febrero 11, 2010

?

LA CITA

?

-? ? ? Me pondré una blusa rosa con alforzas y una falda floreada – dijo Pilar.

-? ? ? Yo llevaré mi traje blanco de domingo y un clavel rojo en el ojal? – se? ? identificó Manuel.

-? ? Cubriré mi cabeza con una capelina por el sol de la mañana.

-? ? ? Me verás saludando con mi sombrero ecuatoriano.

-? ? ? Sonreiré cortésmente al descubrirte.

-? ? ? Agitaré mi mano libre al encontrarte.

Y partieron desde sendos lugares en busca del otro, en busca del destino.

Era la fiesta de San Valentín. No por casualidad habían elegido el día para el encuentro, luego de meses de intercambios virtuales; el simbolismo de la fecha les auguraba tiempos felices.

La plaza lucía bulliciosa entre la algarabía de los presentes y la banda del pueblo que ostentaba ruidosa y orgullosamente sus virtudes.

La fuente central había sido engalanada con flores multicolores que se agitaban al unísono, bañadas por la llovizna continua que manaba desde los grifos.

Grupos de jóvenes ataviados acorde a la ocasión se aprestaban a demostrar sus habilidades en la danza, uno de los espectáculos más esperados, que era el broche de oro de la fiesta.

Primero desfilaban las carrozas. Magníficas en su tamaño y en sus escenografías, cada año se disputaban el primer puesto recompensado con un premio en metálico y el reconocimiento de los méritos a nivel local y regional.

Le seguían los niños, que repartían flores y bombones entre las damas y tarjetas de salutación entre los hombres, para agasajar a ? aquellas.

Pilar y Manuel, en distintos extremos de la explanada, pugnaban por abrirse paso entre la multitud que se acrecentaba por minuto, alzando las cabezas en búsqueda de alguien con los atributos previstos.

Los altavoces anunciaron la exhibición esperada. El grupo de baile, disperso entre la muchedumbre, subió al escenario y la música comenzó a sonar.

Hombres de un lado y mujeres del otro, iniciaron la demostración formando figuras que provocaban la ovación popular.

Se deslizaban siguiendo puntualmente la coreografía: las damas sonriendo cortésmente y los caballeros agitando sus manos, en un llamativo arcoiris formado por el rosa de las blusas alforzadas, las faldas floreadas y las capelinas, combinadas con los impecables trajes blancos engalanados con los claveles rojos en las solapas.

El cierre fue emotivo: los sombreros ecuatorianos lanzados al viento suscitaron el aplauso? cerrado. Y desde lo más profundo, los ojos y las almas empañados de Pilar y ? de Manuel.

AMOR ETERNO

Filed under: Microrrelato: Segundo ejercicio — Alfonso at 9:30 pm on Miércoles, febrero 10, 2010

Es 14 de febrero y espero ardientemente a mi novio. Siempre el día de los enamorados viene con un ramo de rosas. La verdad es que me regala flores con frecuencia, me siento muy orgullosa. Antes venía mucho a verme; ahora viene menos pero me parece normal ya llevamos treinta años de novios y no es lo mismo que al principio. Le sigo queriendo mucho, ya es como de la familia, aunque debo admitir que ahora me fijo en otros. Le tengo echado el ojo a un jovencito que viene a ver a mi vecina. ¡Que tendrá la juventud! Aquí es muy apreciada.

Ya ha pasado toda la mañana y todavía no ha venido. Me estoy poniendo nerviosa sobre todo al ver como mis vecinos reciben visitas y regalos. Me preocupa que en un noviazgo tan largo sea posible que se fije en otra.

No le falta mucho al sol para ponerse y no ha llegado. He pensado que no quiero saber si sale con otra. Solo necesito verle, saber que me quiere.

Por fin ha venido, justo al límite del tiempo. Siempre haciéndose desear. Muy elegante, muy guapo y con un esplendido ramo de rosas. ¡Que generoso es! Me ha declarado su amor otra vez y me ha jurado que siempre me querrá. Después de un ratito se ha marchado, no me gusta entretenerle está muy ocupado, prometiéndome que volverá el día de todos los Santos. Falta mucho para entonces pero yo sé que no resistirá tanto tiempo sin verme y seguro que viene antes algún día. Le espero con impaciencia porque me muero por verle.

SONETO DE LA AUSENCIA

Filed under: Poesía Tercer ejercicio — NADDIA at 5:40 pm on Miércoles, febrero 10, 2010

Recuerdo paso a paso aquella ausencia

Cuando tú te alejaste de repente

Y reposó ante mí, sobre mi mente

La llama ingrata de la obsolescencia.

Pensé no hallar en ti tanta indolencia

Segando mi letargo acerbamente

Y aunque debiera odiarte abruptamente

Supuró mi latir incandescencia.

Yo sé que algún rescoldo de amor mata

Y sé que de dolor también se muere

Por eso me enmascaro en la fumata

Del cuerpo ardiente que aún a ti se adhiere

Y prefiero inmolarme, insensata

Antes que tu distancia me oblitere.

TERNURA Y AMOR

Filed under: Poesía Tercer ejercicio — Alfonso at 11:36 pm on Martes, febrero 9, 2010

La ternura es emoción

Es llanto y candor

Es inocencia y aflicción

Es alegría y temblor

?

Un bebé que nace

Un anciano que fallece

Un joven que renace

Una mujer que merece

?

La ternura es amor

Es ayuda y calor

Es bondad y dolor

Es optimismo y color

?

Un pobre pidiendo limosna

Un enfermo desvalido

Una mujer maltratada

Un preso redimido

?

La ternura es sensible

Es alegre y triste

Es tierna y amable

Es cercana e inocente

?

Una mujer desnuda

Un huerfano

Una soledad viuda

Un hermano

?

La ternura es suave

Es bella

Es dulce

Y delicada

Una pintura

Una música

Una comida

Una fragancia

?

La tenura es cálida

Frágil

Rápida

Y agil

?

La ternura es inocencia y amor

Lastima y amor

Pena y amor

Amor y más amor

San Valentín

Filed under: Microrrelato: Segundo ejercicio — Corina Harry at 6:32 pm on Martes, febrero 9, 2010

Se acercaba el 14 de febrero y todas las calles estaban cubiertas de anuncios a cerca del día de los enamorados. Pensó en el negocio que se arma en determinadas fechas explotando los sentimientos de la gente. Recordó que el día de la madre no había pasado por el cementerio a llevarle unas flores a la suya. ¿Qué le regalaría a su esposo este año? El año pasado él la sorprendió con un collar de perlas cultivadas. Las perlas traen mala suerte. También traen pelea… Ella no lo notó. Los siguientes cuatro meses, fueron tiempos en que la cercanía se confabuló con la fertilidad, y allí estaba ella, a punto de parir el primogénito. Percibió que sería un varón en cuanto quedó embarazada. La ecografía lo confirmó cuatro meses después. Y ahí estaba ella, con un collar de perlas que todavía no había estrenado, un embarazo maduro y un San Valentín cercano. ¿Qué le regalaría a su esposo? El año pasado tampoco le dio ningún regalo. Pero, ¿qué mejor regalo que la llegada de un hijo varón? Salió a la calle y se detuvo a mirar los anuncios que cubrían las calles. Nada le interesó particularmente. Y lo que podía interesarle, estaba muy lejos de su presupuesto. Saber que no tenía dinero la hizo sentir casi adolescente. Recordó su primer novio, a los catorce. Hace diez años lo vio desde un colectivo. Él iba con una mujer embarazada, así, como ella, ahora. ¿La habrá visto él, desde un colectivo, en estos últimos tiempos? Volvió a mirar los anuncios. Sentía una frustración que no podía adjudicarla a nada en especial. Una apatía ajena a su estrado de gravidez.? ¿Qué le regalaría a su esposo? El hijo estaría bien si se tratara del día del padre, pero no para el día de los enamorados. Quería algo más representativo, más personal. Algo romántico, orillando lo erótico. No se sentía muy erótica con una panza de más de ocho meses. ¿Romántica? Tampoco. Seguía mirando los carteles. De pronto comenzó a comprender el origen de la apatía. Las palabras acudieron a su mente con una claridad que la dejó perpleja. Por primera vez en su vida, todo empezaba a tener sentido. Un clarísimo y completo sentido. Y comenzó a reír. Reía como ríe quien accede a la iluminación. Miró por última vez los carteles. Esa misma noche, le pediría a su esposo, el divorcio.

LA TERNURA

Filed under: Poesía Tercer ejercicio — Corina Harry at 6:41 pm on Lunes, febrero 8, 2010

Se aprecia la ternura en lo que nace

Se la puede sentir en lo que crece

Se percibe también en lo maduro

Y puede estar vigente en lo que muere.

?

Pues no es propio de la naturaleza

Ni de un tiempo de la vida, ni un estado

que se da espontáneamente…

?

Es una decisión, una respuesta…

Porque es signo de ternura, ser paciente

Y es signo de paciencia, la ternura…

Viejas Miradas Nuevas – Soneto

Filed under: Poesía Tercer ejercicio — Quioreng at 10:27 am on Lunes, febrero 8, 2010

?

Longeva tus? ojos gastados hablan

Y sin embargo brillan sus palabras

Porque el amor a ellos ha llegado

Una vez más el júbilo abrazan

?

Longeva que habías olvidado

Las cosquillas en estas carnes blandas

Te sorprenden tardías mariposas

Y tus ojos alegría brillaran.

?

Ternura, amor tardío me provocas

Hoguera de miradas conformadas

Llamas en niñas antes ahogadas

?

Celebran traviesas amor secreto

Profunda ternura de amor de viejos

Iluminador, íntimo y añejo.

El Amor

Filed under: Poesía Tercer ejercicio — Esther at 11:05 am on Domingo, febrero 7, 2010

¿Es vivir el amor?

Soñar en amar, luchar por amor

Olvidar qué existió. Morir por amor.

Poder…Escapar al infinito, cabalgando en una estrella,

cruzar el universo, y encontrar en él,

un lugar que sea puente entre tu mundo y el mío

Donde las almas que se amaron

con lazos más fuertes que la muerte,

puedan ser uno solo de nuevo en el amor.

Que no se rinde fácilmente

que no conoce fronteras ni límites,

porque es eterno en el recuerdo

-Mientras…

A la orilla de tus brazos me acurruco dormida,

espero hasta el filo del amanecer, confiada.

Busco entonces tus ojos y veo un espacio sin luz,

en el que no hay nada, ya no estas conmigo

De nuevo el miedo me agarra del brazo, me lleva

al borde del abismo y siento el eco de mi corazón… cayendo al vacío

Al evocar el amor acude a mi mente, la luz de tu mirada.

Pero, el lápiz implacable del tiempo

fue desdibujando poco a poco tus facciones queridas:

Tu tierna sonrisa, tu cálido abrazo,

el calor de tus labios, los sueños de ambos.

Mis manos vacías, no encuentran tus manos,

ni el eco de tu risa suena en mi cuarto,

Aunque en el alma conservo imborrable

el recuerdo, de la luz de tu mirada.

Entonces susurro…

Silencio… Silencio… Solo Silencio…

No hay noches de amor. Ni besos de amante

Ni pasión que envuelva en sus brazos, mi corazón

Solo Silencio…

Que mece mi llanto, arrulla mi sueño.

Que esconde el dolor me envuelve, susurra….

Silencio… Silencio… a? mí corazón

Esta noche

Filed under: Poesía Tercer ejercicio — Alicia at 2:42 pm on Sábado, febrero 6, 2010

?

Esta? noche

?

Fuimos pájaros libres en el aire

cuando mediaba nuestra primavera,

fuimos gotas de lluvia energizando

las flores que ? esperaban a mi vuelta.

?

Fuiste un remanso azul frente a mis grises,

una brisa serena en mis tormentas.

Y fui pegada a ti, junto a tu sombra,

recorriendo tus montes y tus sendas.

?

Fuimos una simbiosis renaciendo

en cada amanecer con ansias nuevas.

Fue el verde de tu valle mi reposo

y el calor de mis brazos nuestra hoguera.

?

Las horas se encargaron de mostrarnos

su paso en mi? temblor y en tu mirada,

en los pliegues que el ? tiempo inexorable

dibujó en nuestra piel y en nuestras almas.

?

Enfrentamos entonces el otoño

pletóricos de amor y de esperanzas,?

soñando en alcanzar el horizonte, ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ?

desafiando al destino y al mañana.

?

Por eso es que esta noche, amado mío,

con tus manos cubriendo mi regazo,

transformaré las lágrimas en lluvia

y retendré tus besos como pájaros.

?

Seré un remanso azul frente a tus grises

y una brisa serena en tu tormenta.

Me iré pegada a ti, junto a tu sombra,

abrazando tus montes y tus sendas.

?

Y mientras el reloj agonizante

descuenta los segundos, ya no temas,

yo he de cerrar tus ojos y en silencio

te besaré en la ? boca hasta que duermas.

Romance del requiebro

Filed under: Poesía Tercer ejercicio — Carminacd at 1:41 pm on Sábado, febrero 6, 2010

Romance del requiebro

?

Una familia sonriente

con un corazón por marco.

La faz de la Madre Virgen

en cada uno de sus cuadros.

Mi rostro cuando te pienso,

mi sonrisa si te hablo.

Tu voz alegre al teléfono;

sobre mi talle, tus manos.

El beso que en la mejilla

se disfrutan dos ancianos.

La flor cautelosa abierta

entre la escarcha temprano.

La torpeza adolescente

del primer beso y abrazo.

El crepúsculo del alba

y también el del ocaso.

Pintar con tiernos colores

un vestido de verano,

un paisaje, una colina

y una pareja en un banco.

?

? Carmiña Candido Daverio.

Esta noche

Filed under: Poesía - Primer ejercicio — Alicia at 4:03 pm on Miércoles, febrero 3, 2010

?

Esta? noche

?

Fuimos pájaros libres en el aire

cuando mediaba nuestra primavera,

fuimos gotas de lluvia energizando

las flores que ? esperaban a mi vuelta.

?

Fuiste un remanso azul frente a mis grises,

una brisa serena en mis tormentas.

Y fui pegada a ti, junto a tu sombra,

recorriendo tus montes y tus sendas.

?

Fuimos una simbiosis renaciendo

en cada amanecer con ansias nuevas.

Fue el verde de tu valle mi reposo

y el calor de mis brazos nuestra hoguera.

?

Las horas se encargaron de mostrarnos

su paso en mi? temblor y en tu mirada,

en los pliegues que el ? tiempo inexorable

dibujó en nuestra piel y en nuestras almas.

?

Enfrentamos entonces el otoño

pletóricos de amor y de esperanzas,?

soñando en alcanzar el horizonte, ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ?

desafiando al destino y al mañana.

?

Por eso es que esta noche, amado mío,

con tus manos cubriendo mi regazo,

transformaré las lágrimas en lluvia

y retendré tus besos como pájaros.

?

Seré un remanso azul frente a tus grises

y una brisa serena en tu tormenta.

Me iré pegada a ti, junto a tu sombra,

abrazando tus montes y tus sendas.

?

Y mientras el reloj agonizante

descuenta los segundos, ya no temas,

yo he de cerrar tus ojos y en silencio

te besaré en la ? boca hasta que duermas.

EL CALIFA DE GRANADA

Filed under: Creatividad - Tercer ejercicio — Alfonso at 9:09 pm on Martes, febrero 2, 2010

En la conquista de Granada por los Reyes Católicos la avidez de los cristianos por las riquezas del califato estuvo a punto de destruir muchas de sus maravillas. Solo una firme posición de sus nobles más cultos y prominentes logró descubrir y preservar grandes y pequeñas joyas de aquella cultura. Yo conseguí que no se destruyese su biblioteca y allí encontré el mayor de sus tesoros, sus libros. El último de los califas del reino de Granada Boabdil el Chico muy aficionado a la lectura y la escritura dejó numerosos y bellísimos cuentos. Este es uno de ellos y dice así:

En 1360 reinaba en Granada un califa de la dinastía nazarí llamado Abdel Alí que quiere decir “sirviente del más alto”, era joven y hermoso y vivía rodeado de todos los placeres que un hombre puede desear. Habitaba en un palacio de incontables aposentos, de selectos materiales y decorado con todo el lujo de Oriente. Su reino era extenso y fértil gracias a los avances en sus sistemas de regadío. Una agricultura floreciente y un comercio muy desarrollado daban lugar a una rica sociedad que adoraba a su califa. Un bellísimo harén se desvivía por su persona y una cuadra de los mejores caballos árabes? eran la envidia de todos sus guerreros que le apoyaban como una piña en la guerra con los cristianos heredada desde siempre, siéndole propicia.

Pero a pesar de todo el califa no era feliz y el Gran Visir y su consejo estaban preocupados. Por eso celebraban continuas fiestas en el palacio con música, bailes, artistas y comediantes pero el califa seguía triste.

Abdel Alí era un hombre muy valiente siempre al frente de sus huestes en las guerrillas que mantenía con los pequeños reinos cristianos de los alrededores. Era intrépido, audaz y valeroso hasta el extremo y había quien lo atribuía a su tristeza que le llevaba a no tener miedo a la muerte. En una de aquellas razias en territorio enemigo se encontraron con una comitiva de caballeros cristianos que escoltaban un carruaje muy lujoso. Los cristianos opusieron una resistencia feroz lo que le llevo a inferir que algo importante protegían. Además muchos de ellos preferían morir que huir, demostrando un gran valor. La batalla no duró mucho, al punto de que en breve tiempo los caballeros estaban diezmados. Fue entonces cuando surgió un grito de mujer del interior de la carroza clamando piedad. El califa que estaba a punto de matar a los pocos enemigos que quedaban ordenó parar la ejecución y se dirigió con curiosidad hasta el carruaje. Descorrió sus cortinas enérgicamente y descubrió a tres mujeres. Una de ellas elegantemente ataviada y de digna compostura parecía ser la señora y las otras dos sus damas de compañía. El moro le preguntó si pedía piedad por su vida y ella le contestó altivamente que era por sus soldados para quien pedía clemencia, no para ella. Esta muestra de entereza unida a su gran belleza le causó gran admiración, razón por la cual dejó irse a los soldados que quedaban ordenando custodiar la carroza a sus hombres hasta Granada. Este proceder era habitual pues cuando se prendía a algún personaje importante se le retenía con el ánimo de pedir un rescate por su libertad y la muchacha parecía ser una princesa de alguno de los reinos cercanos.

En palacio se le asignaron unas dependencias, acordes con su rango, debidamente guardadas y se mandó un emisario para negociar el pago del rescate. El califa gratamente impresionado por la belleza de la princesa comenzó a visitarla con frecuencia y ésta se mostró soberbia y orgullosa. No sé si fueron las buenas artes de Abdel Alí o el paso del tiempo que debilitaron la voluntad de la joven pero ésta fue paulatinamente comportándose de manera más dócil y agradable. Los meses fueron pasando sin recibir noticia alguna. De vez en cuando el califa mandaba algún emisario recomendándole que las negociaciones se hicieran siempre lentamente y que volviera antes de comprometer nada. Al cabo de un año las noticias eran que el padre de la joven había caído en desgracia y le había sido arrebatado el poder por unos familiares envidiosos. En tales circunstancias nadie estaba interesado en la libertad de la princesa y si alguien lo estaba no disponía de las circunstancias adecuadas para poder rescatarla. Belén, que así se llamaba la bella muchacha, languideció durante muchos meses hasta que perdida la esperanza de su libertad pensando en que tendría que quedarse a vivir allí para siempre o peor aún pudiera ser ejecutada si no pagaban su rescate, ante las atenciones del califa, decidió ser más seductora con él con la intención de ganarse su confianza y poder escapar.

El califa y la princesa paseaban diariamente por los jardines del palacio durante horas de tal manera que éste desatendió las fiestas, celebraciones y el harén.

El gran visir que de forma secreta deseaba ser el califa en lugar del califa intrigó en el consejo y estos se mostraron molestos con la actitud del rey árabe.

Abdel Alí confió su amor a la princesa y ésta que a estas alturas había sucumbido a sus encantos le contó su nostalgia por los reinos de Valencia y su familia. El ordenó plantar inmediatamente miles de naranjos alrededor del palacio y la ciudad y la informó de la situación de su familia. Ella no quería creerlo y pensó que se trataba de una añagaza para lograr que se quedara con él. Para poder convencerla el califa se comprometió a ir con ella a su reino convenientemente disfrazados para que viera la situación por sus propios ojos. El consejo puso el grito en el cielo y el enamorado fue tachado de irresponsable. El gran visir por el contrario no puso demasiadas objeciones.

El califa y la princesa abandonaron el palacio de Granada por un pasaje subterráneo con unos pocos fieles y llegaron a los reinos de Valencia haciéndose pasar por moriscos pasando por numerosas vicisitudes en las que a punto estuvieron de descubrir que era un califa enemigo. Allí entraron en contacto con un familiar de Belén que le informó de la muerte de su padre. Era a su padre al que tenía más afecto, pues su madre había muerto en su alumbramiento y ahora era una madrastra la que ocupaba su lugar; madrastra que nunca demostró su amor a Belén. Sin hermanos en los que confiar fue una tía hermana de su padre la que le contó el secreto de la familia. Belén fue concebida por su padre con una bella mora secuestrada en las guerras de al-Ándalus; por lo tanto Belén era tan cristiana como árabe. De repente la joven quedó sin lazos de unión con todo lo que había sido su vida y ante ella se abrió un futuro abismal. Abdel Alí aprovechó para pedirle matrimonio y asegurarle una vida de amor y confort. Belén que amaba al califa solo le exigió ser su única mujer.

Volvieron raudos a Granada y al llegar a sus proximidades un pequeño ejército de fieles soldados le aguardaban para avisarle que el gran visir se había hecho con el poder y no era conveniente acudir a la ciudad pues sería apresado y muerto. Con gran dolor de su corazón tuvo que admitir que así era y que de momento tenía que renunciar a Granada. Ahora que había conseguido el favor de la bella Belén perdía a su otra amada, Granada.

Cabizbajo y meditabundo se va el rey de Granada acompañado de sus leales soldados y su querida Belén. Alto ha sido el precio que ha tenido que pagar por el amor.

A paso lento va el califa

Triste y contrito

Mucho le costó ganar un amor

Y que poco perder un reino

Belén le consuela su dolor

Y él llora por su sino

A paso lento va el califa

Triste y contrito

Detrás queda su vida

Delante su destierro

En una loma para y mira

El ocaso de Granada

Solo Granada merece ser vivida

Solo Belén merece ser amada

A paso lento va el califa

Triste y contrito

?

Durante varios años vivieron en el norte de África en el reino de un amigo de Abdel Alí. Allí se casaron, Belén pasó a llamarse Fátima, tuvieron hijos y el califa fue feliz aunque el recuerdo de Granada nublara esa dicha.

El gran visir gobernó Granada con mano de hierro y poco a poco fueron muchos los que comenzaron a echar de menos al antiguo rey. El califa fue recibiendo numerosas muestras de lealtad cada vez más importantes hasta que tres años después decidió con sus huestes y el apoyo de su califa amigo reconquistar Granada donde fue recibido con cálidas muestras de cariño de la población y muy poca resistencia.

Desde entonces Abdel Alí y Fátima vivieron en Granada hasta su muerte gobernando sus descendientes hasta Boabdil el Chico; el califa que entregó llorando su reino a los Reyes Católicos.

Ficha de personaje: Diego Vancetti

Filed under: Novela: ficha de personajes — carla at 10:39 pm on Lunes, febrero 1, 2010

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Ficha de los personajes

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Diego Vancetti Gómez

Edad: 38 años.

Nacionalidad: doble, argentina y española.

Nivel socioeconómica de niño: alto.

Nivel socioeconómica de adulto: alto

Ciudad natal: Buenos Aires.

Residencia actual: Madrid. En barrio acomodado.

Ocupación: Abogado experto en Derecho Internacional y profesor de esa materia en la Universidad.

Talentos: muchas tablas en su trabajo pues ha vivido el Derecho en su casa. Mucha memoria y saber estar en los Tribunales y en los Despachos. Ha trabajado desde muy joven y es muy disciplinado. Muy preparado. Sabe cuatro idiomas: castellano, inglés, francés e italiano.

Sueldo: más de 60. 000 euros al año.

Orden de nacimiento: el último de tres hermanos.

Hermanos: Matías y Mauricio.

Ex esposa: Sara Tessera Moure.

Niños: no tiene.

Abuelos: Matías Vancetti y Daniela Sandelo por parte de padre. Diego Gómez? y Guadalupe Polín, por parte de madre.

Nietos: no tiene.

Otros: Jaime , Lola, Fernando.

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Características físicas

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? Altura: 1.92 m.

? Peso: 90 kg.

Raza: caucásica.

? Color de ojos: azul.

? Color de pelo: grisáceo.

¿Gafas o lentes de contacto? : gafas de sol. No usa gafas graduadas.

? Color piel: blanca que sin embargo se broncea con rapidez.

? Forma de cara: cuadrada.

Rasgos distintivos: llama la atención por su altura y su porte.

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? ¿Cómo viste?: elegante. Con traje que por su altura le queda impecable y para las clases asiste de sport pero sin abandonar el buen gusto.

? Amaneramientos: no posee.

Hábitos: (fumar, beber etc.): fuma cuando sale o celebra algo. Bebe en ocasiones pero entre semana raras veces.

? Salud: al ser deportista se cuida bastante.

? Aficiones: leer, golf, cine, tenis, salir con amigos a lugares de moda, paddle, las motos y viajar.

? Refranes favoritos: el saber es poder y el tiempo es oro.

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? Estilo: elegante.

El defecto más grande: soberbia. Por la vida que lleva, egocentrismo. Muy independiente. Impulsivo.

La mejor cualidad: luchador,? simpático,? con don de gentes, seductor.

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Atributos intelectuales, mentales, personalidad y actitudes

El Fondo educativo: Universitario, Máster en Derecho Internacional.

Nivel de inteligencia: alto.

¿Enfermedad Mental? : no.

? Experiencias: muchas y variadas, pues ha sido independiente desde joven y ha viajado mucho.

? Metas a corto plazo: vivir bien y feliz y disfrutar de la vida.

Metas a largo plazo: aunque no lo reconoce llenar su vida personal con alguien especial.

? ¿Cómo se ve el Personaje? : estupendo.

? ¿Cómo cree el Personaje que es percibido por otros?: estupendo. No tiene complejos.

¿Cómo es de seguro de sí mismo el personaje?: al cien por cien, aunque con Lucía empezará a sentirse por primera vez inseguro.

? ¿El personaje parece gobernado por emoción o lógica o alguna combinación? : por ambas, aunque en el amor se moverá por impulsos.

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Características emocionales

Fortalezas/Debilidades: la seguridad en sí mismo y su experiencia/soberbia e impulsividad.

? ¿Introvertido o Extrovertido? : altamente extrovertido.

? ¿Cómo maneja el personaje la ira?: perfectamente pues es un negociador nato. Pocas cosas le sacan de quicio.

¿La tristeza?: con problemas. La omite. Lucha para salir.

? ¿El conflicto?: suele dominar las situaciones.

¿El cambio? : está acostumbrado a afrontar los giros de la vida.

¿La pérdida?: no ha sufrido muchas a lo largo de su historia vital y él ha decidido que algo o alguien saliera de su vida.

? ¿Qué le gustaría cambiar en la vida? : tiene la impresión de haber labrado él mismo todo con sus decisiones por lo que nada de momento precisa cambios

¿Qué motiva a este personaje? : la alegría, la pasión, el orgullo y las ganas de luchar.

¿Qué asusta a este personaje?: la soledad, la pérdida de independencia, el estar pendiente de alguien.

? ¿Qué feliz hace a este personaje? : la libertad, la independencia, la amistad y finalmente el amor.

? ¿Es sensible con otros?: sí. Es todo fachada.

¿Es generoso o tacaño? : muy generoso.

¿Es generalmente cortés o rudo? : cortés.

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Características espirituales

? ¿Cree en Dios?: no.

¿Cuáles son las creencias espirituales del personaje? :cree en las personas, en las ideas y en la amsitad

¿Religión o espiritualidad son una parte de la vida de este personaje? : no.

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Cómo está introducido en la historia el Personaje

*? ¿Papel en la novela : protagonista masculino.

*? Escena donde el personaje aparece primero: en la clase de la otra protagonista.

*? Las relaciones con otros personajes:

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? ? 1. Nombre de personaje: Lucía Llanes

? ? ? Aparece como alumna de la clase de Derecho de Diego. Enseguida se gustan pero poco a poco a la atracción física se unen sentimientos más profundos. Él tiene su mundo hecho a su medida y ella interrumpe todo lo que hasta entonces había construido. Miedos y nuevas sensaciones luchan en su interior. Diego conoce el amor con ella y todo lo que conlleva, tanto lo bueno como lo malo.

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? ?

¿En qué ha cambiado este personaje al final de la historia?

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Sin dejar de ser él pasa a necesitar a Lucía a su lado y se da cuenta de lo importante que es ser amado y amar.

Travesía vital

Filed under: Creatividad - Tercer ejercicio — carla at 10:22 pm on Lunes, febrero 1, 2010

Llevaba en las maletas lo imprescindible: sus fotos más queridas, algo de ropa y su música favorita que le ayudaría a concentrarse mientras volvía a ensayar.

Nueve meses después se sentía con fuerza. No recordaba nada desagradable. Solamente la cicatriz de su rodilla y el ligero corte en el codo quedaron como pistas.

En el exterior, las casas y los árboles? se sucedían en el paisaje conocido para él pues lo había contemplado muchas veces desde su caravana.

Cerró los ojos y las imágenes escondidas en lo más recóndito de su mente salieron a la luz y se tornaron fantasmagóricas, surrealistas, oníricas: la mano que le fallaba, las piernas que le temblaban, la caída que sucede. El grito del público. Sobresaltado, abrió los ojos con fuerza. Ante él de nuevo se mostraron las casas y los árboles. Aquel día además, ? el cielo gris.

Reflejado en el cristal pudo ver a la gente arremolinándose alrededor de él, asustados, lívidos. ? La imagen, de pronto, ? se vio rota por una pareja con un niño que se acomodó en su departamento. El niño no paraba de tirar de la chaqueta de su madre. El padre le tuvo que llamar la atención hasta que como él, deparó en su vecino de asiento.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Pero mira Karen, ¡es el Gran Rossini¡- y ambos le reconocieron enseguida.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Sí, papá. Deja que me siente con él, por favor. Prometo no ser pesado. – Rogó el niño con cara angelical.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? No hay problema. Me han pillado. – Sonrió el descubierto Rossini,? sinceramente agradecido por la interrupción.

El resto del viaje se desarrolló entre historias y anécdotas del mundo del circo. La lesión que el Gran Rossini sufrió unos meses atrás no ocupó ni un minuto cuando se enteraron de que volvía a casa, al Circo Rusten.

Les ofreció unas plazas para la función que quisieran y se despidió como tan sólo él sabía hacer: con una mano desde una postura ? agitándose en el aire, aunque esa vez desde un andén.

Cuando llegó a Búfalo,? su familia circense y un gran número de curiosos? aplaudían y celebraban la vuelta del Gran Trapecista que dejó en aquel tren sus miedos y malos recuerdos para siempre.

Detrás del velo.

Filed under: Creatividad - Tercer ejercicio — Carminacd at 3:37 pm on Lunes, febrero 1, 2010

Ella baila una danza árabe, sensual, abrazadora, sobre el escenario de la “Feria de las Colectividades” en la ciudad de Rosario donde se desarrolla cada año durante el mes de noviembre.

Es un espectáculo al aire libre, se está terminando la primavera y los días y las noches son apacibles y cálidos. El río marrón del cual no se divisa la otra orilla y que ahora no se ve porque ya es de noche, se puede adivinar como marco del espectáculo. El cielo está exageradamente iluminado por las luces del evento que fue creciendo con los años y la experiencia.

Ella sabe que detrás de las babuchas de seda y tul, del corpiño brillante y delicado, detrás del velo fingido del disfraz que lleva puesto y debajo del tul que le cubre los cabellos negros y lacios, existe toda una cultura casi desconocida para ella pero que la lleva en su sangre.

¿Qué puede significar para la bailarina sobre el escenario el verdadero velo? ¿el caminar detrás del esposo? ¿el taparse desde el cabello hasta los pies, sin trasparencias? ¿el maltrato por pensar diferente? ¿el ácido que deforma y consume las facciones femeninas que osaron actuar fuera del sistema, fuera de la ley divina?

La danzadora sobre el palco escénico perdió su identidad por la distancia, los años que llevaba alejada de sus raíces, la falta de interés por conocer la cultura de la que habían bebido sus antepasados, la frivolidad.