FALTA UNO

Filed under: Relato - Primer ejercicio — Alfonso at 7:01 pm on Martes, noviembre 24, 2009

FALTA UNO

Siglo XIX

Todavía no amanece y Carmen ya baja por la Ruamayor. El avisador les ha despertado muy de mañana y como siempre se ha levantado rápidamente para hacer los desayunos y arreglar un poco la casa mientras José se prepara para ir al barco y los niños se desperezan lentamente.

Una pobre, dispersa y tenue luz, ilumina el suelo empedrado; nunca lo suficiente como para evitar meter los pies en los múltiples charcos que la lluvia suave, lenta e infinita ha ido dejando durante toda la noche. Carmen y José caminan juntos, casi pegados, refugiándose debajo de los balcones y los aleros del agua, que, a veces, irrumpe en pequeñas riadas desde los tejados. Ella ensimismada en sus pensamientos, envuelta en mil refajos, lleva una canasta de mimbre, ora en la cabeza, ora entre los brazos con el pescado que piensa vender hoy.

Ya en la? calle Somorrostro, al lado de la Catedral, se despiden. El va a la dársena a coger la barquichuela que le llevara a pescar lo que probablemente les ayude a? poder seguir mal viviendo. Todos los días vuelve al caer la tarde. El ha vuelto siempre. Algunos no. Ella se dirige a los tinglados de las pescaderías a intentar vender lo que su marido ha pescado y pondrá tanto esfuerzo como él. Gritara su mercancía, llamará a sus clientas y si hace falta se enfadará con alguna de sus compañeras, rivales y competidoras para poder ganar lo poco que se gana y que tanto necesitan.

Acabada la mañana recogerá corriendo el puesto y aprisa, como siempre, desandará lo andado hacia la calle Alta. Le esperan los chicos, con hambre, hoy algunas sardinas que empiezan a estar maltrechas y tendrán mala venta. Después el arreglo de la casa, el ir y venir a la fuente y el recosido de ropa, redes y aparejos. Poco antes de entrar la noche volverá a la rampa de la dársena chica a buscar a José, cargara en su carpacho el pescado y las redes y con su ayuda volverán a casa. José cansado, habla poco, ella le cuenta que si la Menchu se metió con ella, que si la Trini es una sinvergüenza porque la daba la razón, que si donde vamos a parar… El, callado, la mira cariñoso. Valora a esta mujer que trabaja día y noche, les cuida, les ama y todavía tiene humor para dar alegría a su vida. Aún esta noche después de hacer la cena tendrá que preparar el pescado para llevarlo al día siguiente al puesto.

Con todo Carmen se considera afortunada. Su marido es cariñoso y trabajador, la ayuda y entre los dos sacan adelante a sus hijos. Después del desastre de Trafalgar son muchas las viudas de marineros desaparecidos en la batalla. Como la Menchu. Ella es madre y padre, mujer y hombre, incluso ha llegado a embarcarse a pescar para poder mantener a su prole. La fiereza que muestra en ocasiones no es sino supervivencia pura y dura. Su esfuerzo por sobrevivir y alimentar? a sus criaturas la lleva a esa lucha por todas las clientas que se le ponen a tiro. Carmen lo sabe y la respeta. Se aprecian y muchas veces se ayudan. Pero de vez en cuando surge la vena de hembra herida y las dos compiten por sus necesidades.

Aquella tarde no fue como siempre pues fueron a buscarla a casa con gritos y alboroto. El día había ido cambiando lentamente y el viento ahora era fuerte y caprichoso. Está de turbón había dicho la rizos y cuanta razón tuvo. El mar encrespado por el viento levantaba grandes olas y cambiando su dirección formaba remolinos que se adentraban en el fondo del mar. El cielo encapotado fue robando la poca luz que quedaba y pareció hacerse de noche. En los cabildos temían por los pescadores que habían salido por la mañana. Cuatro barcas. Carmen avisada de la preocupación corrió con sus hijos hacía San Martín. Cuanto más se acercaban mayor era la cantidad de personas que corrían hacia allí.

Una vez que llegaron a la ladera contemplaron la bahía y todos los ojos se dirigieron a la barra del puerto. Por un lado las rocas, en el otro la playa y en medio una muralla de olas insalvables

Las mujeres con gestos ostensibles de preocupación forman corrillos entre ellas intentando conseguir alguna noticia. Los niños miran al mar no sabiendo muy bien lo que pasa. El más pequeño llora desconsoladamente. Un murmullo de voces angustiadas se eleva hacia el cielo. Varias mujeres rezan a la Virgen del Carmen pidiéndola amparo. Un hombre grita desaforadamente indicando donde hay que mirar. Un punto entre las olas que cada vez se va haciendo más grande. Es uno de los barcos. Zarandeado de un lado a otro, tan pronto parece que se va a ir contra las rocas como al momento que embarrancará en la arena de la playa, cuando de manera vertiginosa arrastrado por el viento y el esfuerzo de sus remeros pasa por encima de las olas. La muchedumbre nerviosa opina sobre cual es la barca y quien su patrón. Incluso hay quien se atreve a contar a sus ocupantes. La voz se va corriendo ¡Están todos! ¡Están todos!

La segunda barca aparece saliendo entre el oleaje. Una inmensa ola se le viene encima. El silencio se ha vuelto absoluto. En San Martín todos contienen el aliento. Por un momento dejan de ver el barco tapado por el agua. Parece que sucumbirá pero sorpresivamente la atraviesa. El júbilo es grande y todos se dan abrazos de ánimo. ¡Están todos! ¡Están todos!

La alegría es breve y da paso al desconcierto. Unos contentos por haber reconocido a su marido, a su hijo, a su padre entre aquellos que vuelven sanos y salvos. Otros llorando nerviosamente no encontrando todavía al ser querido que se espera.

La tercera barca aparece volando sobre el agua, agarrada a las crines de un corcel furioso subiendo al cielo y bajando a las entrañas del mar en una encabritada carrera. Sorprendida por un cambio de viento, se atraviesa en plena barra. La gente grita viendo inevitable su hundimiento. Una mujer arrodillada en el prado dirige sus brazos al cielo implorando clemencia. El patrón hace girar la embarcación, pide un esfuerzo suplementario a los remeros y milagrosamente se pone derecha. La ola les empuja hacía el puerto desde atrás. Se oye un suspiro general que se troca en lamento al contar a los ocupantes. ¡Falta uno! ¡Falta uno! Se oye un grito, dos, tres hasta que un clamor ronco brama contra el mar. En la embarcación parecen dudar, algunos sueltan el remo, miran hacia atrás, uno intenta tirarse al agua, los demás se lo impiden. El patrón pone orden ante el riesgo de irse todos a pique.

En tierra los lamentos parecen llegar al cielo. Un griterío ensordecedor clama por la pérdida del pescador y por el miedo sobre lo que habrá pasado con la cuarta embarcación que no acaba de aparecer.

Por fin entre las aguas, casi por debajo de ellas aparece como si saliera del fondo del mar. ¡Están todos!

Se ha hecho el silencio en tierra. Se oye un único grito. La mujer del pescador desaparecido chilla por su desgracia. Sus hijos se agarran a sus faldas sin saber muy bien que sucede.

Un abundante chaparrón vuelve la calma al mar que aparece ahora más tranquilo. Mar traidor que parece calmado después de haber engullido a su presa.

Las pescadoras absolutamente caladas de agua van dejando San Martín llevando a la viuda en volandas llorando amargamente su destino.

Todos se dirigen al puerto a abrazar a sus seres queridos y algunos hombres van con el propósito de embarcarse intentando buscar al desaparecido.

El cielo se entreabre dejando verse azul apagado por la noche que se adivina y por la tristeza que se comprende.

4 comentarios »

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Comment by Indalo

28 noviembre 2009 @ 10:15 am

Buen relato, Alfonso, intenso, muy intenso, dramático y vivo. Aquí no existe desigualdad, pero sí una lucha conjunta y tremenda por ganarse la vida y subsistir a costa de grandes riesgos, tormentos e inquietudes.

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Comment by Alfonso

28 noviembre 2009 @ 12:35 pm

Estimado Indalo muchas gracias por tus comentarios. Son muy motivadores. En cualquier caso a mi me parece que según las instrucciones del taller el tema del relato debía ser sobre «la igualdad entre hombres y mujeres» y no sobre la desigualdad. Por eso he querido representar la igualdad entre los hombres y mujeres en su lucha por la supervivencia.
Un saludo

645

Comment by carla

5 diciembre 2009 @ 2:13 am

Muchas gracias por tu relato tan cuidado. Me ha parecido una visión muy original y sí que logras la igualdad entre «personas» que es lo que importa. Ante las adversidades el hombre y la mujer se han de crecer. Una historia muy humana. Saludos.

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Comment by NADDIA

6 diciembre 2009 @ 12:28 am

Empecé a leer tu relato hace días y lo acabo hoy. Es precioso y muy real. Las mujeres de los marineros viven con la mirada puesta en el mar todavía hoy.

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