Sueños en lucha

Filed under: Relato - Primer ejercicio — carla at 1:54 am on Sábado, noviembre 28, 2009

Uno Marcos Gluck había levantado su empresa de la nada. Sus padres volvieron? a España cuando él tenía 15 años y su familia nada en los bolsillos. Aprendió el oficio del desguace en la calle, con su padre y su hermano, mientras su madre se quedaba en casa cocinando y arreglando el pequeño hogar. Comenzó a interesarse por las motos desde antes de que tuviera uso de razón ya que veía dos ruedas y sus ojos se iban detrás. Su padre le había fabricado un patinete sobre el que soñaba con la velocidad, con el viento golpeando en su cara. Imaginaba que estaba en una moto. Sabía que algún día conseguiría una. Lo tenía tan claro que guardaba aquel primer pensamiento junto con otros importantes: la primera vez que montó en una moto, la primera moto que se compró, cuando vio a Isabel por vez primera y la última vez que abrazó a sus padres y hermano. El cerebro le obligaba a guardar solo ciertos recuerdos: los buenos.? El accidente que le privó de una infancia en el seno de una familia, se escondía en lo más recóndito de su alma.

El teléfono le despertó de su letargo. La luz del altavoz se iluminó y con presionar una tecla la voz de su secretaria anunció la llegada de su entrañable amigo Márquez. Junto a su mujer Isabel, era lo que más apreciaba en el mundo. Las casualidades hicieron que ambos apasionados del motor coincidieran y entablaran amistad, aunque provenían de lugares tan radicalmente distintos que todavía se preguntaban cómo «lo suyo» había durado.

Marcos, sin dinero y sin familia hacía equilibrios para poder comer y acercarse al Jarama a que la velocidad sacudiera su corazón. Diego Márquez, sin embargo, se paseaba por los boxes con facilidad. Con diecisiete años todavía no sabía lo que era trabajar y tenía previsto estudiar Derecho, como su padre, aunque deseaba algún día pertenecer al mundo de las dos ruedas. Sin embargo, la casualidad, como variable que de nuevo acudía a su vida, hizo que coincidieran en el circuito del Jarama, Márquez para ver el espectáculo y Gluck para solicitar otro trabajo que le mantendría los domingos y del que disfrutaría. A Miguel Márquez, el tío de Diego, le cayó en gracia aquel jovencito que parecía desesperado pero que tenía cara de espabilado. Fue el único piloto que le permitió entrar, aunque, en realidad, no le dejó, sino que como iba con su sobrino pensó que era su amigo, si bien en el segundo golpe de vista apreció claramente las diferencias de clase. Desde entonces, los dos jóvenes no se separaron. Aprendieron juntos a amar las motos y a moverse en aquel mundo.

Con el tiempo, Marcos se hizo un nombre en la reparación de motos. Diego acabó Derecho, pero montó su propia escudería, la primera escudería española. Juntos durante unos años fueron un tándem perfecto: uno era la imagen y el otro realizaba el trabajo que adoraba. Cada uno formó su familia y al cabo de los años volaron por separado, pero sin lágrimas ni rencor puesto que cada uno se dedicó a lo que realmente quería. Sus firmes pasos les hicieron un hueco en la sociedad española.

Ahora volvían a unirse para la aventura de encontrar el mejor mecánico que se uniría a ellos en el campeonato del mundo. Tras un abrazo sentido, se pusieron al día.

– Diego, lo que me propones me gusta. Sangre fresca, es lo que ya voy necesitando.

– No digas que estás mayor que te saco dos años y me haces más viejo -rió.

– Mándame a los chicos que seleccionaste para tu concurso y veré qué puedo hacer. Tendrán que meterse en grasa hasta el cuello -bromeó.

– Ay, qué antiguo eres, Marcos. Te vas a sorprender. Pero sí, quiero que los exprimas. Necesito al mejor.

Dos El lunes temprano, Marcos se preparó para recibir a los candidatos. Su secretaria Elvira el viernes le pasó los currículos, pero no había tenido tiempo hasta esa misma mañana para echarles un vistazo. Ángel y Martina. Debe de ser un error, pensó. Ángel y Martín, se dijo. Todavía no había iniciado su lectura cuando entraban en su despacho un chico y una chica.

¿Cómo es posible que alguien traiga a su novia a una entrevista?¿Cómo es posible que el otro candidato todavía no haya llegado? -se preguntaba Marcos. ¡Qué poco serios!

– Sr. Gluck. Aquí están: Ángel y Martina.

– Bien, Elvira, cuando llegue el otro candidato le hace pasar, por favor.

-¿Cómo dice? -preguntó extrañada su secretaria.

– Yo soy el otro candidato, señor -afirmó a media voz la chica mientras el joven la observaba casi con desprecio.

– Sí, señor Gluck, ella es la del currículum -le indicó Elvira señalándole la foto que encabezaba uno de los documentos.

Reponiéndose de la sorpresa, Marcos Gluck, dio la mano a ambos y los dirigió por la empresa en una visita rápida por las oficinas hasta los talleres, situados en la parte baja del edificio de tres plantas. Tras escuchar casi en trance la historia de la empresa que era líder en su sector, se dirigieron a los vestuarios por turnos, pues al no haber mujeres en la plantilla no disponían de vestuarios separados.

Ataviados con monos de trabajo, Ángel y Martina con expresión concentrada pasarían la tarde justificando los conocimientos que habían acreditado. A Marcos Gluck le bastaba con ver cómo cogían las piezas para saber si eran dignos de ellas o no. Los primeros ejercicios los pasaron casi a la par, si bien, Marcos tuvo que reconocer que Martina actuaba con una casi imperceptible pero mayor precisión que el chico.? Movía sus manos finas con rapidez y destreza. Desde luego que tenía mucha habilidad. Pasaron la tarde montando y desmotando piezas complicadas y motores y aplicando colores y barnices de gran calidad.

Ángel se sabía vencedor. Ya le habían comentado que la chica era pura publicidad,? pero lo cierto es que no sabía que iba a ser tan buena. El dueño de la empresa parecía igual de impresionado que él y es que Martina era una chica con muchos recursos.

El señor Gluck observaba con atención la actuación de ambos y aunque albergaba dudas al principio, veía que la joven se desenvolvía perfectamente. Tenía madera. Él lo supo cuando manejaba aquel motor como si fuera una de sus extremidades. Fue entonces cuando recibió la llamada que le agrió el día, le enfureció y ennegreció sus pensamientos: los organizadores le pedían que cogiera al chico. Martina era el objetivo de los medios. Estaban jugando con él y con las ilusiones de ella. Por primera vez en su vida, a pesar de todo lo que había pasado, sintió que la vida era injusta. Sintió que aquella chica tendría que rehacerse como él había hecho en tantas ocasiones.

Cuando realizaron las pruebas, el propio Gluck debía dar su visto bueno a los ejercicios pues se trataba de fichar al mejor. Cenaron y volverían a verse al día siguiente.

Marcos Gluck esa noche se planteó observando a su esposa Isabel si la veía tan persona como a él mismo. Si más allá de considerar que era la mujer que amaba, veía a alguien inferior a él. La sonrisa de su esposa con los ojos cerrados le dio la respuesta: no eran iguales. Para él ella era un ser superior y especial. Dejaría su vida en sus manos. Este pensamiento le acunó durante la noche.

Tres En el segundo día de pruebas y de la toma de decisión, Marcos entendiendo que en cuanto a conocimientos estaban a la par, tendrían que mostrar sus reacciones frente a situaciones? que aparecerían en su futuro trabajo.

Mientras los candidatos aplicaban sus propias teorías, Gluck y Márquez, se reunieron y se encontraron en desacuerdo. Nunca durante la historia de su amistad les había ocurrido aquello. Para el dueño de la prestigiosa cadena de talleres, Martina tenía derecho a todo y para el propietario de la escudería, el chico era la imagen que precisaban en sus filas: varonil y seguro de sí mismo. El concurso era un fraude.

Martina y Ángel entregaron sus supuestos prácticos y tras su examen, Marcos habló con los dos y les planteó sus dudas al respecto. Resultó ser una conversación de lo más reveladora: ambos eran luchadores natos y deseaban aquel puesto.

La pregunta clave que Marcos Gluck más apreció fue la descripción del sentimiento al conducir una moto. En la visión de Martina se reconoció: la búsqueda de la brisa acariciando su cara, sus brazos, su cuerpo. Los rayos del sol penetrando a través de la visera del casco y la libertad que aportaba a su vida.

¿Estaría el mundo preparado para esa chica? Y lo que era más importante, ¿y el mundo empresarial? De la decisión de Gluck dependería el futuro de Martina. Estaba en sus manos.

Cuatro A las diez de la noche, Ángel, Martina y los medios esperaban con impaciencia conocer quién acompañaría a la única escudería española en el campeonato mundial. Marcos Gluck tomó aire. Fue difícil, pero entendió que sería lo más acertado. Las presiones de Diego Márquez por elegir al chico le afectaron mucho. El sentimiento de ser un obstáculo para la felicidad de alguien parecía insoportable.

3 comentarios »

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Comment by Indalo

30 noviembre 2009 @ 10:26 pm

Buen relato, Carla. El mundo de las motos está creado por y para el hombre, y en entornos similares es fácil que se inclinen por lo práctico o por lo habitual; pero, claro, es injusto.

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Comment by carla

5 diciembre 2009 @ 1:55 am

Muchas gracias por tu comentario Indalo. Me costó mucho decidirme por el punto de vista desde el que mostrar el tema. Gracias de nuevo por «leerme». Saludos

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Comment by Alfonso

5 diciembre 2009 @ 7:07 pm

Muy bonito. Me gusta mucho la idea. Creo que tan dificil es plasmar una idea como tenerla. La idea de un par de mecanicos pasando una prueba en que uno de ellos es una mujer y las dificultades en ese mundo seguramente machista es una muy buena idea. Por supuesto muy bien plasmado en un relato que mantiene la intriga.
¡Felicidades y gracias por tus comentarios sobre mi relato «Falta uno»!

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