Almuerzos de Trabajo

Filed under: Relato - Primer ejercicio — Corina Harry at 3:11 pm on Domingo, noviembre 29, 2009

El se abrochó el pantalón luego de un largo almuerzo de negocios que lo había dejado exhausto. Ella pretendiendo no quedarse atrás, le siguió el ritmo en la ingesta de alimentos y consumió la misma cantidad de platos que él. Su vestido suelto fue un alivio a la hora de tener que levantarse de la mesa para salir del restaurante. El había bebido dos botellas de vino tinto. Ella, siguiendo la tradición, lo igualó en cantidad y en tiempo. Al día siguiente, la contienda se reinició. Otro almuerzo de negocios los convocó en el mismo restaurante y esta vez la competencia improvisada les presentaba un desafío de ? pastas. No había ninguna razón en especial para que esto fuera así. Simplemente el paladar de los invitados y potenciales clientes de la empresa eran unos italianos del norte, más precisamente de Pordenone, cerca del Piamonte. Y como es sabido, para ellos, un almuerzo sin “pasta ciuta”, no es almuerzo. De parte de él, era un desafío involuntario. Lo contrario ocurría de parte de ella, quien a sabiendas secretas, ocultas y veladas, se había propuesto internamente, destronarlo de su lugar paradisíaco, de ser la persona dentro de la empresa, capaz de devorar cantidades inhumanas de comida, sea cual fuere la situación que se presentara o la oportunidad que lo convocara. En sus actos, no había una intención de sentirse ganador de ninguna olimpíada de la gula. Al parecer, su cuerpo estaba diseñado para estar a la altura de las circunstancias. ? Las diferencias anatómicas entre los contrincantes hacían suponer que Ella no tendría jamás la más mínima oportunidad de que la balanza se pudiera inclinar a su favor. Todo lo contrario. Esto hizo que más de uno se sorprendiera al reparar en su manera de comer e hiciera el tonto pero oportuno comentario de: -“¡Por Dios! ¿Dónde es que metes tanta comida?” A Ella no le importaba demasiado que la criticaran. Es más, en algunas circunstancias, sentía que ese tipo de comentario ridículo, podría ser una advertencia a su inconsciente contrincante para que se diera cuenta, de una vez por todas, que el desafío estaba echado y seguiría vigente hasta el último minuto en que alguno de los dos sufriera las consecuencias. Ella estaba dispuesta a todo. Era capaz de someterse a situaciones impensadas, aquellas a las que no hubiera entrado si las circunstancias hubieran sido otras. Pero existían, a su entender, valiosos parámetros que deseaba establecer de manera contundente. De alguna manera sentía que su proceder, estaba injustamente justificado.

?

Hacía años que las cosas se presentaban de esa manera. El padre sólo aceptaba a los hijos varones. –“Las mujeres no sirven más que para criar hijos, y encima hasta eso lo hacen mal. Los varones deben ser criados por varones. Las mujeres los crían débiles de carácter y holgazanes. Para lo único que sirven, es para meterlo a uno en problemas. Y si no las tenés cortitas, hasta la honra te pisotean”. Para Ella, los dichos de su padre, eran solo palabras vacías carentes de fundamento. Estudiar piano nunca había sido un pasatiempo que le permitiera conseguir un novio un poco más acomodado dentro de la sociedad en la que vivían. La música es un arte real, para el cual había que tener condiciones innatas y una especial perseverancia y vocación de sacrificio, si se pretende trascender. La misma suerte corría la pintura y desde ya, el ballet. Los conocimientos científicos correspondían a otro estrato intelectual, para el cual, según criterio de su padre, había que ser varón para entender las profundidades misteriosas de las investigaciones. Pero esta valoración, no es solamente una premisa perniciosa y especulativa de los machos temerosos de ser apartados de su tronos honorables del saber y el hacer. La falta de acceso a las herramientas y la práctica en la manipulación de las mismas, confabulan contra la más inteligente de las mujeres. La mujer intelectualmente valiosa no podía existir sin un hábito en el ejercicio de poner a prueba a su inteligencia dentro del campo científico o del campo intelectual en general. Pero algunas mujeres supieron hacer de su cocina un laboratorio, de sus lechos, sus escritorios, de sus hogares sus escenarios donde cantar, bailar, e interpretar, dentro de sus mentes y sus corazones, los dramas más intensos, de los cuales solamente sus diarios íntimos fueron testigos. El mundo exterior era un escenario de difícil acceso. Solo algunas privilegiadas o aquellas dispuestas a pagar precios muy altos, tenían su lugar.

?

? ? Ella carecía de talento y tampoco estaba dispuesta a pagar ningún precio, ni alto ni bajo, a cambio de ser reconocida como una de ellos, dentro de la empresa. Tampoco mantener su figura le resultaba importante. Era joven y más allá de las modas, no le gustaba que alguien pudiera ser calificado a partir de su apariencia. Tenía la suerte de tener un cuerpo proporcionado y bien constituido. Su peso estaba en relación a su altura y su tez blanca la ponía dentro del platillo de los aceptados en la balanza social. No contaba con una inteligencia natural ni desarrollada particularmente destacada, y la belleza tampoco era uno de sus fuertes. Estaba en la empresa porque su currículo cayó en las manos del gerente en un día en el que sentía particularmente alegre y con ganas de amigarse con la vida. Ella misma no pudo creer que la convocaran para ese puesto después de todas las empresas que había recorrido, solicitando al menos un puesto de telefonista. Pero ahí estaba, cara a cara con la única persona que podía desafiar secretamente y en un campo en el que no se jugara el puesto. Sabía que no tenía las habilidades necesarias para otros desafíos y que eso la mantendría en un anonimato ventajoso para los que querían hacer carrera dentro de la empresa y le aseguraba la paga mensual. Así que para no morirse de tedio, se abocó a imponerse en una contienda personal y anónima. Tampoco estaba claro para nadie, qué es lo que ella hacía allí, en los almuerzos de negocios. Quizás una figura femenina hacía ver a la empresa como un lugar confiable, en el que no se discrimina a las personas por su sexo.

?

Lo cierto es que allí estaba, sentada frente a su plato de pastas, pensando en cual sería el segundo plato y el tercero y así sucesivamente. Sabía que no debía beber demasiado líquido. – “El agua o las gaseosas te llenan y no permiten que la digestión se haga como corresponde. Es distinto si tienes que beber alcohol. Si vas a beber vino, sobre todo blanco que no es tan sano porque tiene mucho químico y se te sube más rápido a la cabeza, primero bebe un par de vasos de agua. Echarle agua o soda al vino, no sirve de nada y la gente piensa que no saber beber”, palabras de su santa abuela que debe de haber sido una de las primeras mujeres que aprendió a fumar y que el día en que su marido intentó prohibirle su más apreciado placer, le dijo sencillamente: -“El día que seas capaz de darme la mitad del placer que me da fumar, lo conversaremos”. Su abuelo, según Ella misma contaba, no tocó más el tema.

?

La comida no era un tema de discusión ni dentro ni fuera de su familia. Y ya iban por el segundo plato de pastas, cuando Él comenzó disimuladamente a desabrocharse el primer botón del pantalón. Ella ya había notado que en el último mes, le había tenido que hacer dos ojales nuevos al cinturón pero todavía usaba el mismo talle de camisa y pantalón. Ella iba y venía caminando a su trabajo, lo que la ponía en ventaja sobre Él, a quien la empresa le había dado el auto y un lugar en el estacionamiento del subsuelo. Estaba haciendo su balance en cuanto a las ventajas con las que contaba cuando Él se desabrochó el segundo botón y comenzó a transpirar como si su corazón le estuviera jugando una mala pasada. Nadie podía deducir si su transpiración obedecía a que el almuerzo de trabajo no estaba llegando a las metas establecidas ni respondía a los requerimientos de sus jefes o al hecho de que la comida lo había sobrepasado en su exigencia corporal, más específicamente al de su aparato digestivo. Ella sonrió al pensar en su tan esperada victoria. Hasta el momento estaban empatados, si Él seguía sentado allí, intentando conversar de negocios y se daba la oportunidad de acceder a un tercer plato, aunque solo comiera la mitad, ya le daba el tan preciado triunfo que durante meses persiguió y que no había logrado hasta el momento. Era cuestión de tiempo. La espera era un factor importante y ella la disfrutaba atrasando unos minutos algo que sabía, ya le pertenecía por derecho propio. Pero ¿y si esta situación no era más que una artimaña de Él que venía perdiendo no solo la ignorada competencia de tragonería sino la negociación de la que se había hecho responsable frente a sus jefes? A lo mejor todo era una gran farsa para dejar en suspenso las decisiones que debía tomar en ese preciso instante y de esta forma dilataba la respuesta, descomprimía la situación y ponía la balanza a su favor, ya que ningún empresario que se precie, intentaría aprovecharse de una situación así para ventaja propia. La única duda era si Él era capaz de semejante actuación. No lo creía capaz. Se inclinaba más a pensar en que realmente su aparato digestivo había colapsado y que Ella estaba perdiendo la contienda por abandono de su contrincante. Porque lo que estaba sucediendo la mantenía en una posición de igualdad y no de superioridad, que era lo que Ella anhelaba. Ganarle, no igualarlo. Superarlo. Demostrarle que hasta en las cosas más cotidianas, una mujer puede más que un hombre.

?

Alguien llamó al 911. Una ambulancia llegó y a Él se lo llevaron a la sala de guardia. No era grave, pero nunca se sabe. De todas formas, lo prudente era posponer el ? almuerzo de trabajo hasta la semana entrante, a la misma hora, en el mismo restaurante, con los mismos comensales.

2 comentarios »

640

Comment by Indalo

2 diciembre 2009 @ 10:14 am

Hola, Corina, es un relato original y gracioso. ¡Cómo estamos quedando los hombres!

643

Comment by carla

5 diciembre 2009 @ 2:00 am

Muy original Corina¡¡¡¡ Me ha gustado mucho los saltos en el tiempo que has hecho pues le dan más fuerza a tu personaje femenino. Gracias por tu relato. Saludos.

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada.

Dejar un comentario

You must be logged in to post a comment.