Deseo y contrición.

Filed under: Relato - Primer ejercicio — Carminacd at 1:04 pm on lunes, noviembre 30, 2009

Don Rolando era el cura párroco de un pueblito perdido entre los campos sembrados con maíz, soja y vides en el nordeste italiano, en una localidad completamente desconocida para el resto del mundo y también ignorada por todos los demás habitantes del país. Allí los campos se sembraban solamente una vez por año, entre los meses de mayo y octubre se los veía crecer y reverdecer, para luego amarronarse antes de ser recogidos los frutos y los cereales. Se podía disfrutar de deliciosas y largas caminatas entre las diferentes gamas de verde gracias a la diversidad de plantaciones enmarcadas por finas zanjas de agua clara y cristalina llamadas “ledra” y por líneas de árboles bajos que servían para dar leña cada dos años. Don Rolando era un cura nacido en Polonia, fue una bendición para él que el Papa fuera también polaco ya que un extranjero, en un pueblo de campesinos ignorantes, es siempre un extranjero; es el que habla extraño, el que tiene costumbres diferentes, trae en su bagaje tradiciones exportadas y difíciles de integrar en el interior de una comunidad fuerte y cerrada. Una sociedad circunscripta dentro de las dos tapas de una cáscara de nuez.

Los largos años de seminario, entre otras cosas, habían despertado en nuestro párroco en cuestión, el amor por el arte de todas las épocas y en su diversidad de manifestaciones: música, pintura, escultura, literatura, cine; las múltiples formas de expresión artística le importaban, le despertaban nuevas y exuberantes sensaciones, lo hacían sentir cercano al resto de la humanidad. Le gustaba participar en todas las actividades, muestras, eventos y espectáculos que su empeño celestial le permitiese. Por ello, cada dos años en noviembre, se subía al tren que lo llevaba a Venecia para visitar la Bienal ( La Biennale di Venezia). La ciudad lagunar lo embrujaba, lo llamaba en sueños, hubiera querido vivir en Venecia, en uno de sus palacios, ser párroco en una de sus iglesias milenarias; morir en Venecia. Calles de agua, cimientos de agua, húmeda cultura veneciana.

La Bienal, desenvuelta entre las dos estructuras principales y las actividades adjuntas, era inmensa para recorrerla en un solo día. El tema desarrollado por los artistas en esa oportunidad era “Crear mundos”.? Videos, grandes escenografías, estatuas y decoración de interiores armando hasta mismísimas casas; estaba la casa de la familia tipo y la casa de una pareja de homosexuales; la casa del horror y la tela de una viuda negra abarcando toda una habitación. Unas estatuitas móviles llamaban negativamente la atención del público, porque hasta los oídos de Don Rolando llegaban las expresiones de admiración escandalizadas. Éstas representaban a tres sacerdotes en escala de uno a diez, vestidos para dar misa, con sus sotanas negras y todo. Las expresiones de sus caras eran extravagantes, gesticulantes, hasta abrían la boca. Había un cierto movimiento debajo de las sotanas y las tres se abrían dejando paso a sendas prostitutas semidesnudas que se veían agachadas debajo de los párrocos.

Luego de visitar gran parte de la exposición, Don Rolando tomó el tren para volver a la casa parroquial donde le esperaba una carta de la diósesis conteniendo la noticia de su traslado a una parroquia de vuelta en su propio país y también lo esperaba la razón de ese traslado, la rubia catequista que desde hacía dos años se enfilaba cada tarde en su cama y en su corazón.

No hay comentarios »

No comments yet.

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

You must be logged in to post a comment.