iguales

Filed under: Relato - Primer ejercicio — Quioreng at 10:53 am on Lunes, diciembre 7, 2009

Estaba terminando un informe para los alemanes que me había traído de cabeza el último mes. Cuando me llamó mi jefe.

– Si. Claro… Ahora. ¿Es muy urgente? Es que estoy terminando el informe para EMEA y me gustaría enviarlo ahora. Ok. Tardo cinco minutos.

Terminé el informe y redacté el mail, antes de adjuntar el archivo, comprobé todo una vez más. Yo creo que está todo bien, hala le doy a la tecla, espero no haberme equivocado en nada. Bloqueé el ordenador y fui hacia el despacho de mi jefe, iba por el pasillo cuando me di cuenta de que no llevaba el cuaderno, así que volví a buscarlo, estaba segura de que iba a colocarme algún marrón.

– Hola. Perdón, no estaba Paula, ¿Puedo pasar?

Para mi sorpresa con mi jefe estaba Ramón Regás, pelo rizado peinado hacía un lado, camisa azul, gemelos de oro, sentado orientado hacía nuestro querido jefe, al que nunca jamás dice que no. Todo está bien, aunque se le nota que más de una vez, el virtuoso de mi jefe, le toca bastante las pelotas. Porque otra cosa no, pero en tocar las pelotas mi jefe es un experto.

– Si, si, no me lo cuentes, Paula hoy está enferma. Adelante, adelante Sara, pasa.
– Hola Sarita. Me saludó Ramón con tonito.
– Hola. No sabía nada de lo de Paula. ¿Qué le pasa?
– Le dolía la cabeza y no se encontraba bien, alguna de esas tonterías vuestras.-“Cuatro días de regla le daba yo a este, será imbecil el tío”.- Siempre os pasa algo.
– Claro, dije con media sonrisa en la cara, seguro que mañana estará bien.
– Si, si, seguro que estará buena, confirmó Ramón mirando al jefe con su mejor sonrisa entre pánfila y viciosa. Los dos ríen.
? Y que una se tenga que callar ante estas situaciones. Que en pleno siglo veintiuno tenga que seguir aguantando las mismas gilipolleces de cuatro salidos insatisfechos.
? Después de casi diez meses de ardua búsqueda había conseguido un nuevo trabajo. La maldita situación económica del país me afectó directamente. Un buen día leí en los periódicos? “el gigante farmacéutico Xanatil ha presentado un ERE a los sindicatos, lo que supondrá la destrucción de más de mil puestos de trabajo”. Un mes más tarde supe que entre ellos estaba el mío. Soy una Técnico de Recursos Humanos, y enamorada de mi profesión que además comparto con mi marido. Gracias al universo él mantuvo su puesto, para bien de nuestra economía y de la letra de la hipoteca.? En mi antigua empresa había un equipo de cuatro personas además de mi. Ramón Regás, alías maxitragaderas,? Sofía Vertel, alías “Me acuesto con el jefe y esto no forma parte de mis funciones”,? María, la becaría e íntima de Sofía,? y Fernando y yo, los únicos normales del departamento, quiero decir, los que siempre estábamos hasta arriba de mierda y como protestábamos poco y salía el trabajo, nos seguía cayendo mierda de manera potencial. Curiosamente las subidas, no eran proporcionales, porque según mi jefe, algo debíamos hacer mal para que tuviéramos que hacer tantas horas. Sobre todo tu Sara, porque Fernando todavía, pero tú, encima, no hay mes que no haya incidencias en la nómina. Luego querrás cobrar el bono.

– Sara, siéntate, no te quedes de pie, hombre.

No me gustaba mucho las ideas que se le podían haber ocurrido a mi jefe y al soplagaitas de Ramón, me senté sujetando el cuaderno contra el pecho, esperando el marrón de los marrones. Si al menos estuviera Fernando, me echaría un cable.

– Nos han encargado elaborar un programa de formación, y? habíamos pensado en que lo lideraras tú.

? Llevaba 5 años en la empresa y mi jefe? al fin me nombraba líder para un proyecto. Era lo último que podía esperarme, sobre todo porque sólo le daba proyectos a Ramón o a Sofía. Y? paradojas del ser humano, me sentía agradecida. Pensaba que mi jefe empezaba a valorarme un poco.

– Nos tomamos un café mientras vemos todos los puntos a tratar.
– Si, yo me tomaba un cafetito con leche.
– Yo también, Sara, cariño,? te importa.
– Si, claro, ¿los dos con leche?.?
– Si, y tu ponte lo que quieras. Mientras vamos preparando las transparencias.
? “¿Ponte tu lo que quieras? ¿Sara, cariño? ¿De que cariño está hablando el? capullo este? O es que acaso a Ramoncito le llama cariño. Y porque narices no puede poner Ramón los malditos cafés. Es que ni un por favor. Venga Sara tranquilízate. Es circunstancial, Paula no ha venido y no pasa nada por poner un café. Ya no pasa nada, pero tampoco pasa nada porque los ponga Ramón.”

– Traigo el café. Dejarme un hueco.- Pedí con desgana.
– Gracias Sarita. ¿Este es el mio?
– Si, todos son iguales, con leche.
– Gracias, Sarita.- Mirando con ojitos y su maldita risita.
– ¿Ponemos las transparencias?.- Dijo dando un sorbo a su café.
– Ahora mismo Don Luis.

Estuvimos dos horas en el despacho viendo todo lo que se esperaba del proyecto y aunque yo lo iba a liderar, por supuestos el querido Ramón había preparado un esquema, que nuestro jefe alabó largamente y que acotaba bastante mi libertad para darle mi propio enfoque. De todas formas tenía muchas ganas por las expectativas de hacer algo diferente y poner en práctica los miles de cursos que había hecho los últimos años para mejorar en mi profesión.
?
– ¿Han fijado una fecha de fin?
– Si. Tiene que estar presentado y comunicado en la intranet para finales de año.
– Ya se que estamos en julio, pero yo tengo mucho volumen de trabajo siempre. No me entienda mal estoy encantada con embarcarme en ello pero,? ¿alguien va a asumir parte de mis funciones actuales para que pueda dedicarle tiempo?
– En principio no estaba previsto. Sabemos que vas a tener que hacer un esfuerzo extra, pero confiamos en ti, este es un proyecto muy ambicioso, y tú eres la persona más idónea para llevarlo a cabo. Y además no es operativo traspasar tu trabajo a otra persona a mitad de año.
– Yo no sé si puedo comprometerme a terminarlo para la fecha prevista Don Luis.
– Puedes contar con Ramón para lo que necesites. ¿Verdad Ramón?
– Por supuesto Don Luis, por supuesto.
– Llevo diciendo seis meses que necesito ayuda.? No sé si voy a sacar el trabajo.
– Estoy seguro de que si vas a poder. Además, no quería decírtelo, pero el resultado puede significar un gran cambio en tu trayectoria. Contamos contigo Sara.

Me marché del despacho, segura de Ramón no me iba echar más que una mano al cuello, pero en el fondo estaba ilusionada. La consecuencia de amar tu profesión. ¡Un cambio en mi carrera! Es lo que estaba esperando desde que salí de la universidad. Volvía a casa, parada en el atasco como cada día pero con una sonrisa de oreja a oreja. Sentía que iba a poder demostrar mi valía. Hacía planes de como iba a enfocar el programa de formación salvando el esquema que había trazado Ramón. Orgullosa internamente por lo bien que lo iba a hacer. Cuando llegué a casa empecé a buscar mis antiguos apuntes del Master, y otros documentos que tenía de proyectos en los que había participado en otras empresas.? Estaba tirada en el suelo con un montón de carpetas y papeles, pasando las páginas rápidamente, buscando algo relacionado con formación. Cuando llegó David. Me levanté y fui corriendo hacia la puerta para darle la noticia.? Casualidades de la vida a David le habían propuesto exactamente el mismo proyecto, aunque el tenía que empezar desde cero, porque en su empresa no tenían hechas las descripciones de puestos de trabajo. Desde entonces pasábamos muchas horas en casa juntos trabajando, en realidad era una ventaja compartir la profesión, aunque unos días fueron buenos y otros David dormía en el sofá. La fecha se acercaba y según mis cálculos, ni aunque duplicaran las horas me daría tiempo a cumplir con el plazo previsto. Necesitaría pedir unos días de vacaciones para dedicarle el 100% del tiempo.

Estaba concentrada en responder los mail más urgentes, apagando fuegos como siempre. Unas voces llegaban desde el pasillo. Era Sofía protestando. Venía con Ramón. El jefe estaba de viaje por eso acudía a él.

– Mira Ramón yo soy una técnico senior y no hago tareas administrativas.
– Sofía, chatina, pero que es lo que te han pedido.
– Una relacción de todos los procesos de selección del año. Vamos que no me voy yo a ponerme a hacer listas ahora.
– Pero Sofía, tu llevas la selección. Seguro que ya tienes una lista con los procesos.
– Te digo que no Ramón.- Sofía cada vez estaba más enfadada y yo empezaba a temerme lo peor.-No entra dentro de mis funciones Ramón ya te lo digo. Porque Don Luis no está aquí pero si no te lo diría él mismo.-Ya lo había hecho. Había pronunciado las palabras mágicas.
– Por supuesto que no Sofía, ya lo sé. Pero que hacemos.
– No tengo ni idea. Si quieres llamamos a Don Luis.-A estas alturas a Ramón se le estaban cayendo los pantalones. Y Ramón que no da para mucho, pues asocia, administrativa-mujer.
– No, no Sofía. No vamos a molestar a Don Luis ahora.
– Eso es lo que pensaba yo, que no íbamos a llamarle para esta tontería.
– Sarita, puedes venir un momentito, guapa.
– ¿Qué? Ya os he oído. Ramón yo no doy más de si. Sabes que estoy a tope.
– Sarita, tiene que estar entregado mañana. Mujer sólo va a ser un día.
– Pero Ramón, estoy muy justa con el proyecto. La semana pasada me dijiste que te ibas a sentar conmigo y todavía no has podido. No me va a dar tiempo.
– La que estoy hasta arriba soy yo. Que parece que eres la única que trabaja guapa. Yo si que no puedo ponerme con eso ahora.
– Sarita, de verdad chatina, yo no sé. Mañana te prometo que me siento contigo. Ahora haz el listado. Sofía te manda un mail con lo que nos piden. Por favor ponte con ello.
– ¿Puedo ayudar en algo?.-Fernando como siempre al rescate.
– No te preocupes Fernando, ya se pone Sarita con ello.
– Hombre Fernando, si pudieras echarme una mano te lo agradecería muchísimo.
– Bueno, arreglaros entre vosotros. Pero tiene que estar entregado esta tarde. Sofía te bajas a tomar un café.
– Voy, espera que termino de mandar el mail.

Sabía que no podía esperar ninguna ayuda por su parte pero esto ya era demasiado. Estaba a punto de explotar en un ataque de ira. No me lo podía creer. Me fui al baño porque sabía que iban a saltárseme las lágrimas de un momento a otro. Estuve intentando dejar de llorar un rato, pero cada vez me ponía peor. Tenía la cara encendida, de irritación y de rabia, no podía salir así. Fernando llamó a la puerta.

– Sara, ¿estas ahí? ¿estas bien?
– Si, si, no te preocupes.
– Lo siento Sara, no quería venir para que pudieras estar sola. Pero Ramón ha subido y te está buscando.
– Vale ahora salgo. Gracias Fer, tú no te preocupes, eres un amor.
– Si quieres le digo que no te encuentras bien.
– No, ahora salgo de verdad. Pero si pudieras traerme el bolso te lo agradecería.

Que querría ahora, seguro que encima me caerá una bronca. Yo no puedo más, no sé si me merece la pena seguir aquí. Tengo que buscarme otra cosa pero ya. Fernando volvió con mi bolso y me puse un poco de maquillaje para disimular la llorera. Ramón se atrevió a decirme que estaba muy preocupado por mi y que creía que no me gestionaba bien el tiempo. “Si quieres planificamos un curso, los hay buenísimos, verás como te organizas mejor”. Fue la gota que colmó el vaso. Me puse muy nerviosa y le dije todo lo que me había estado guardando durante tantos años. Al final me dijo que estaba histérica y que lo mejor sería que me tomara dos días de vacaciones. Como estaba agotada moral y físicamente y además necesitaba tiempo para terminar accedí a tomármelas. Aunque ahora pienso que fue como reconocer que estaba mal de los nervios o algo así.
Y al fin llegó el día de la presentación y los dos tuvimos un absoluto éxito. David desde entonces estaba muy bien considerado en la oficina y se había convertido en la mano derecha de su jefe. Yo sin embargo seguía con mis funciones ahora aún más rutinarias. El programa se implantó y ha contribuyó para crear muy buenos futuros directivos en mi empresa, pero por supuesto no supuso ningún cambio en mi trayectoria y mucho menos grande. Es más crearon un puesto de Responsable de Formación que le dieron a Sofía. Y fueron pasando los días hasta que llegó la infinitamente nombrada CRISIS. Rumores de pasillo, y comentarios de todo tipo invadieron la oficina. Yo intentaba mantenerme al margen.
Un viernes a las dos de la tarde y? finales de mes,? estaba metiendo incidencias para la nómina cuando sonó el teléfono. Levanté la vista y me crucé la mirada con Sofía que para mi sorpresa me lanzó una sonrisa amable

– Estoy con la nómina podemos verlo el lunes. Vale, pues voy ahora? mismo.
– ¡Que querrá ahora!, -fui hacia su despacho y ¡como no! Ramón le acompañaba.? Estaban particularmente serios.
– Hola.
– Pasa, Sara, siéntate. ¿Quieres tomar algo? ¿Un café, un vaso de agua?
– Si, voy por agua.
– No, no te preocupes? siéntate. Ramón por favor.

Al oír esto supe con certeza cual era el motivo de la reunión. Y efectivamente, Ramón me trajo el agua por primera y última vez y yo salí del despacho con la carta de liquidación.? Fui a mi mesa a recoger mis cosas. Sonó el móvil, era David. Iba a contarle lo sucedido, pero no me dio tiempo a hablar.

– Gordi, a que no sabes lo que ha pasado. ¡Me han ascendido! No podía esperar a llegar a casa…

No pude evitar sentir una sombra en mi corazón. No sólo por mi mal, también? me hacía sufrir su bien, aunque su bien fuera también el mío. Estaba segura de que tenía muy difícil avanzar en mi carrera, por el simple hecho de ser mujer. Sabía que tenía que demostrar diez veces más mi valía. Terminé de recoger y me marché a casa. Ya no había nadie en la oficina así que no pude despedirme.

? Estaba inmersa en mi mundo, Que iba a hacer ahora. Y como iba a decírselo a David,? con lo contento que estaba. Mejor se lo digo mañana. Luego pensé en todo lo que había trabajado en el último año, y se me saltaban las lagrimas pensando en lo injusta que me parecía la situación. Como iba a afrontar vivir con el éxito de David? conviviendo con mi fracaso. Ese día el atasco duró más de lo normal, pero el trayecto me pareció muy corto. Finalmente llegué a casa. Entre y dejé el abrigo en el armario del recibidor. David se asomo al final del pasillo con su gran sonrisa, tenía la cara iluminada de alegría. Y venía hacía mi. Hacía su mujer. Hacía una mujer fracasada.

2 comentarios »

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Comment by Sofia Moreno

5 enero 2010 @ 5:11 am

Muy interesante, Quioreng. Refleja bien el malestar en las pequeñas empresas. Es totalmente cierto, yo lo viví. Atención a detalles formales, por ejemplo, en la última línea: «hacía» es el verbo hacer (tercera persona del singular, imperfecto del indicativo). Tú querías decir «hacia», preposición. No son más que pequeños detalles, que apenas deslucen un relato sólido y bien trabado. Enhorabuena, Sofía

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Comment by Quioreng

11 enero 2010 @ 4:45 pm

Muchísimas gracias Sofia, me animan mucho tus comentarios y me encanta que me rectifiques porque de esa forma puedo aprender más. Muchas gracias otra vez.

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