ARGUMENTO

Filed under: Novela: el argumento — SILVIA SOLIS CAMACHO at 7:04 pm on Lunes, diciembre 7, 2009

Carmelo? acalorado? fue a su cuarto y se quitó el hábito,? ? se quedó en jeans y? playera. Luego fue al jardín y se tumbó en el césped,? se? puso ambas manos sosteniéndose la cabeza. Miró al cielo tratando de retener el azul de la bóveda celeste? y beberse todo el aire hasta? convertirlo? ? en? ese remolino capaz deshojar su interior mientras recordaba las primeras clases en el Seminario…

Padre Tomás –preguntó-? ¿A dónde van los que mienten?

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? -Al infierno.

? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? – ¿Al de Dante?…? ¿Qué es el infierno?

El padre Tomás? contestó tratando de disimular su impaciencia: Es el? conjunto de males sin mezcla de bien alguno. Yo, si no hubiera otro remedio, castigaría al embustero? quien con sus? mentiras siempre busca algún beneficio. La sanción sería no? volver a? creerles aunque digan verdad. Todo lo que sale de la boca de un mentiroso debe ponerse en tela de duda. –Esto lo dijo mirando muy fijamente? a Carmelo que desvió la mirada y empezó a sudar.

El Padre Tomás –siguió-. Uno de los mandamientos de la Ley de Dios pide no levantar falsos testimonios ni mentir. El cristiano que quebranta este precepto? está obligado? a restituir la mentira con verdad? y reparar los daños.

Entonces ¿no basta con arrepentirse? –Preguntó Carmelo? -No. –contestó el sacerdote-, al aceptar que se está en pecado se debe pedir perdón y enmendar? los daños causados. Mira hijo –siguió? el? religioso tomándolo del brazo-,? el feo pecado de mentir es señal de desprecio a los demás y no es posible preservar la dignidad en un marco de desorden moral.

-Padre –dijo Carmelo con timidez,? ¿De qué mal estamos hablando?

Del mal del demonio –contestó? el sacerdote. Carmelo se quedó unos momentos en silencio y? dejó unas palabras en el aire: ¿Y…? si no fuera verdad que existe el infierno?

Abrió los ojos para cerciorarse? que aun estaba en el? jardín. Observó con cuidado las formas caprichosas que iban tomando las nubes y cómo se deslizaban arrastradas por el viento y cuando éstas logran? definir una forma, casi de inmediato se? desvanecían dando lugar otra? muy distinta. Unas se agrupaban? por miedo a permanecer aisladas; otras? amorfas y cabizbajas luchan por? su? incompresible necesidad de soledad:

Todo cambia, nada es? definitivo? ni constante.-pensó Carmelo. Cerró de nuevo los ojos y caviló. Sí, el sueño, era el? único espacio que le producía seguridad. En él se puede jugar con? otras reglas y? uno puede? perderse con comodidad fuera de la neblina de certezas y? convencionalismos.? Para distraerse, Carmelo? siguió? otra vez? ? los rastros del recuerdo: ¿Cuándo fue la primera vez? que? se sintió? en este piélago de confusiones?

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