Beatle sin melena

Filed under: -Creación de personajes — Melquiades at 12:24 am on Domingo, diciembre 13, 2009

No faltó quien tratara de convencerlo de utilizar el dinero de modo que le fuera más útil, pero todo aquél que le conociera sabía que aquello estaba decidido y sus ahorros tenían los días contados. Una noche de enero, sentado en su cama, Don Francisco posó sobre sus rodillas el nuevo ordenador portátil, que lentamente dio sus primeras señales de vida ante los incansables, pero no siempre certeros, índices del principiante. Hacía tiempo que la partida de Doña Paula, su esposa durante mas de cuarenta años, lo había obligado a enfrentar por su cuenta el futuro, pero a pesar de ello y de su –cada vez mas marcada- miopía, veía con claridad el camino que pretendía recorrer.

En su viaje hacia los confines más insólitos de la red, comenzó por realizar una descripción de sí mismo, puesto que ello parecía fundamental en aquél nuevo mundo. Luego de escribir unas pocas palabras se incorporó, se acercó al viejo baúl y desempolvó el más significativo de los objetos de su juventud. <El álbum blanco>, murmuró con una sonrisa entre nostálgica y emocionada por el reencuentro. Don Francisco continuó con la descripción trunca, a pesar de no comprender muy bien cual era el objeto de esa tarea, que tanto esfuerzo le demandaba. Sin embargo, al escuchar los primeros acordes de “Sexy Sadie”, le vino a la memoria aquél autorretrato que dibujó en lápiz cuando apenas vivía su vigésima primavera. Por cierto que ya no tenía aquella melena, ahora corta y conquistada por las canas, sin embargo, a pesar de sus cejas algo crecidas y la mueca de preocupación de su boca, indudablemente seguía siendo el mismo. Con ese recuerdo en la memoria le fue fácil finalizar con la reseña de su persona. A pesar de no haber dicho mucho, con sencillez y sin rodeos dejó claro que lo importante no es en que lugar de la carretera te encuentres, sino que siempre continúes tu paso, sin prisas pero sin pausas. Don Francisco ya no escuchaba con habitualidad al cuarteto de Liverpool y sus dibujos eran cada vez menos frecuentes, pero su espíritu no era doblegable y no demoró en dirigir hacia la literatura digital sus esfuerzos. Parece que fue a tiempo.

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