Novela: El espacio de la narración

Filed under: Novela: El espacio de la narracción — Sofia Moreno at 9:33 pm on Viernes, enero 8, 2010

• La acción de la novela tiene lugar en Córdoba (Andalucía, España), luego en San Juan, capital de la Isla de Puerto Rico (Caribe, América), luego en el ingenio de azúcar (finca de caña de azúcar) cerca de Arecibo, la segunda ciudad en importancia de la misma Isla. La acción regresa después a Córdoba (Andalucía, España) y sigue finalmente en Madrid (España), donde acaba la novela.

• Trataremos los lugares donde se desarrolla la acción de forma subjetiva.

• El espacio de la primera escena lo describiremos desde el punto de vista de un personaje, el padre de familia, que decide que todos deben marcharse a buscar mejor fortuna en las Américas, puesto que cuesta tanto alimentar a su familia en España. Punto de vista totalmente subjetivo.

• Se tratará de un lugar determinado, la ciudad de Córdoba, en Andalucía, al Sur de España. Se tratará de un lugar determinado y real, no ficticio.

• Caracterizaremos el espacio físico del principio de nuestra novela extrayéndolo de la misma narración a través de detalles. Así, por ejemplo, en la primera escena, el padre de familia acude a una cita con un amigo suyo, un noble español (Marqués) en el café del Casino de la ciudad (Córdoba). Mientras camina por las calles del centro yendo a su cita, ve y describe los edificios que existían en aquella época, y que reflejan el mundo en que este personaje se mueve: burguesía y nobleza, las clases superiores de la sociedad.

Pero los tiempos son duros y aunque vivían en palacetes, muchas de estas personas tenían menos dinero del que aparentaban. Había más de un hidalgo con nombre ilustre que no comía tres veces al día (como también le ocurría a Don Quijote) sino solo una o dos veces a lo sumo.

Por supuesto, la mayoría de la sociedad sufría muchísimo más. Pero a nuestro personaje solo le preocupa el bienestar de su mujer y sus hijos. Las casas y el entorno urbano del centro de Córdoba reflejan la decadencia y las dificultades económicas del país: los palacetes a duras penas se mantienen en pié, porque volver a pintarlos es demasiado caro para sus dueños, por muy condes o marqueses que sean.

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