LAIA NO QUIERE VIVIR EN LA SELVA.

Filed under: Relato - Tercer ejercicio — NADDIA at 1:34 am on Domingo, enero 24, 2010

Para Olalla, por supuesto, y para

la hermanita que nunca llegó.

Laia se despertó encima de un árbol. Por alguna razón el hechizo no había funcionado y ahora estaba en plena selva encima de un tronco gigante, los monos saltaban de rama en rama y ella intentaba recordar las palabras mágicas para volver a casa.

-Casapuch. No, Kataplunks. No. Escasafasichuf.? ¡Nunca lo recordaré! ¡Me quedaré para siempre en la selva!

La idea de quedarse allí por siempre jamás rodeada de monos, orangutanes y peligros le dio tanto miedo que decidió que tendría que haber otra solución. ¿Cómo había llegado hasta allí? Garraf, el hombre malo, le había dado un manual de magia gratis. Su madre siempre la había avisado de que no aceptase regalos de extraños, pero Garraf parecía una persona de confianza.

-¿Qué haces ahí? – oyó desde lo alto. Miró hacia arriba. En las ramas más altas había una especie de niña con alas -¿Qué haces ahí?- repitió.

-No sé, estaba aprendiendo a volar sobre mi casa, pero algo salió mal y he aparecido aquí ¿dónde estamos?

-Estamos en mi casa y no me gustan los invitados.

– ¿Tu casa es la selva?

– Mi casa es este árbol. ¿No podías escoger otro?

– No lo he escogido – dijo Lia fastidiada – ? He aparecido aquí ¿puedes ayudarme a volver?

– ¿Volver? ¿Y dónde vas a estar mejor? A mí me abandonaron en este árbol al nacer. Mis padres no me querían. Claro, nací con alas… Ellos no hacían magia…

– ¿Y tú cómo lo sabes si te abandonaron de bebé?

– Las hadas tenemos un chip de memoria que se activa en situación de emergencia. Cuando mis padres me abandonaron, el chip me hizo crecer de repente y dejé de ser bebé, pero me quedé diminuta porque no había tomado biberones suficientes.

– Vaya, lo siento, pero no entiendo por qué te abandonaron…

– Tuvieron miedo. Sabían que mi bisabuela materna había sido hada, pero mi abuela y mi madre juraron abandonar la magia para vivir como seres humanos normales. Consiguieron ocultar sus poderes durante muchos años. Mi madre incluso consiguió casarse con mi padre sin despertar sospechas, pero cuando nací yo con alas no pudo ocultarlo por más tiempo. Mi padre es traductor de ruso y empezó a decir palabras terribles que mi madre no comprendía (tuvo que utilizar el traductor mágico para entenderlo). Todo el mundo se enteraría y mi padre ya no podría trabajar en secreto para la KGB que es la agencia de los espías rusos y además lo matarían por poner en peligro los secretos de los países del Este. Decidieron abandonarme porque mi madre sabía que el chip de memoria me ayudaría a sobrevivir.

– ¿Y nadie te ha cuidado nunca? – preguntó Laia.

– Mi madre me visita por las noches y me trae cosas que me pueden hacer falta y comida. Aparece cuando estoy durmiendo y a veces vamos en sueños a visitar a la familia. Mamá chimpancé también me trata con cariño.

Laia no quería ver a su familia en sueños, quería abrazar a sus padres y jugar con su hermano.

– ¿No podrías volver a casa aunque quisieras?

– Si volviera a casa, mi vida correría peligro. Garraf es malo. Él acabó con mi bisabuela y por eso mi madre y mi abuela tienen que hacer magia a escondidas.

– Pero podrías vivir en otra ciudad donde nadie te conociera.

– Nadie me conoce, he vivido siempre aquí, ésta es mi casa.

– No me has dicho tu nombre…

– Me llamo Shiana. Y tú Laia, me lo dijo mi chip.

– ¿Me ayudarás a volver? – dijo Laia convencida de que si podía saber su nombre también podía llevarla a casa.

Shiana voló hasta Laia y la miró extrañada.

– ¿Tus padres son buenos?

– ¡Claro! Todos los padres son buenos.

-Yo no sé si los míos lo son…? – dijo pensativa – Estoy muy sola. Si te quedas conmigo te enseñaré toda la selva.

– Te lo agradezco de verdad, pero este sitio me da un poco de miedo.

– No te preocupes, nadie te hará daño. Ven hasta casa, estoy preparando la comida.

Shiana tenía una choza y dentro en una chimenea se cocinaba un guiso que olía bien aunque Laia no adivinaba de qué se componía.

– Estoy preparando cola de serpiente con cucaracha frita, espero que te guste – Laia intentó ocultar la cara de asco mirando por la ventana – después te presentaré a mamá chimpancé y te enseñaré a saltar por las lianas.

– Shiana, tú tienes poderes ¿por qué no me ayudas a volver?

– Porque quiero que vivas conmigo en el palacio que voy a construir y si te niegas te encerraré en una mazmorra.

-¿Mazmorra? – se rió Laia – qué palabra tan antigua, parece de un cuento de brujas malas.

– ¿Te quedarás conmigo? – La voz de Shiana era más una súplica que una amenaza.

– ¿Y si te vienes a mi casa?

– No puedo ¡tengo alas!

– No te preocupes, mi madre es veterinaria, seguro que sabrá arreglarlo.

Shiana se quedó pensativa, nunca había salido de la selva…

– Vale, iré contigo, me gustaría vivir con seres humanos…

– ¿Entonces me ayudarás, vendrás conmigo…?

– Sí, lo haré, aunque quizás nadie me quiera…

– Yo te querré Shiana, no te preocupes.

– Tenemos que esperar a que se haga de noche y luego diremos las palabras mágicas.

Y así sucedió que llegada la noche pronunciaron el hechizo para regresar.

– HOLTA, KALANDA, MOLIKA, MARANDA, SELENDA, KASLATA, HORMANI, GURUNDE, GRON.

Entraron ambas en un profundo letargo. Laia despertó en su cama, su madre entró en la habitación.

– ¡MAMÄ! – abrazó a su madre con tanto entusiasmo que la dejó confusa.

– ¿Qué te pasa? Sólo he ido al médico.

– No nada, que me alegro de verte.

– Tengo que darte una sorpresa. Vas a tener una hermana y se llamará Shiana ¿qué te parece?

Laia miro a su madre pensativa y le dijo:

– Mamá ¿crees que podrás quitarle las alas?

Por alguna extraña razón, a su madre no le pareció rara la pregunta de su hija y hasta se quedó sorprendida de haber dicho el nombre de su nueva niña sin haberlo pensado. Aquella noche había tenido un sueño y una mujer le susurró al oído: Shiana, Shiana…

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