Beso con anestesia

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — Carminacd at 6:19 pm on Miércoles, febrero 24, 2010

Todo está negro a mi alrededor. Trato de hablar porque siento tu perfume y quiero hacerte comprender que estoy consciente. Logro sólo despegar los labios. El olor de tus manos sobre mis mejillas, acercándose a mis ojos; tu aliento dulce y el susurro de tu voz me reaseguran:

-? ? ? ? ? ? ? ? ? No temas, amor mío, porque cuando te quite las vendas no verás mejor que antes.- Y te giras y eres otro para los demás. – ¡Enfermera! Por favor, baje la luz y tráigame unas tijeras esterilizadas. – Y vuelves a hablarme y eres mi amor escondido. – Vida mía, por fin despertaste. No te asustes, mi vida, estoy aquí. Haremos también este paso juntos.

Las palabras no me salen. Quiero pedirte un beso, pero mi situación no debe de ser muy atractiva. La anestesia me dejó la saliva pegajosa y los labios secos. Mi cabello debe de estar todo alborotado debajo de las vendas. ¡No quiero que me veas despeinada!

Presiento la habitación que nos contiene, no me importaría no poder salir jamás de aquí teniéndote tan cerca y ocupado y preocupado sólo por mí.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? A ver, estos ojitos deben ser controlados. No pretendas, amor mío, – murmuras quedamente porque hay alguien cerca de la puerta, aunque intuyo que de la parte de afuera del cuarto, no dentro con nosotros dos.- ahora mismo, ver mejor. Gracias si verás luces y sombras, manchas informes; luego de controlarte el fondo del ojo te volveré a vendar hasta mañana. – Y ahora me hablas más despacio todavía.- Tesoro, no sabes, te hubiera hecho el amor allí mismo, en la sala operatoria. Eras tan dulce, mi vida, así dormidita y tan sexy con la bata estéril y transparente.

¡Pero, amor, qué sádico eres! ¡Qué novedad, como si no lo supiera! ¿Y ahora, me sacarás las vendas y no te podré ver? ¡Pero qué castigo! No puedo verte ni decirte cuánto te deseo ver.

Levanto la mano derecha y busco tus cabellos, sedosos, lacios que resbalan delicadamente entre mis dedos. Quitas mi mano de tu nuca, la llevas hacia adelante, a tus labios y la besas antes de posarla nuevamente sobre la cama; fuiste veloz, lo que me hizo comprender que entraba alguien.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Gracias.- le dijiste a la enfermera.- Puedo hacerlo solo. Por favor cierre la puerta al salir, para impedir que la luz externa le dé alguna molestia a la paciente.

Eres hermoso y además astuto, mi amor, ¡ahora sí que obtendré mi beso!

Te sientas a mi lado, te huelo cada vez más cerca. Humedeces mis labios con tu lengua que me despierta este deseo desesperado por ti y me invita al beso. Por fin, tu saliva me devuelve la palabra. Te digo cuánto te adoro y cuánto me haces sentir importante.

Cortas las vendas y comienzas a desenvolverlas.

-? ? ? ? ? ? ? ? ? Abre los ojos, mi amor.

Tus dedos me ayudan, levantan mis párpados.

Todo está negro a mi alrededor. No hay luces ni sombras ni manchas informes. Ni siquiera el resplandor de tu anillo de matrimonio.

2 comentarios »

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Comment by Alfonso

1 marzo 2010 @ 3:45 pm

Me ha gustado mucho. El ritmo lento de una historia de amor. Muy despacito, saboreando cada instante. Muy bien descrito.
La idea es muy buena y el relato encantador.
Saludos

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Comment by Carminacd

1 marzo 2010 @ 3:53 pm

Gracias Alfonso. Me había quedado mal por tu comentario al microrrelato, me alegra haberme superado en este otro.
Saludos.
Carmiña.

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