Autorretrato

Filed under: - Autorretrato,Redaccion — Juan Carlos at 10:51 pm on Viernes, febrero 26, 2010

Al verle tras el espejo, lo primero que vi fueron sus ojos, castaños como sus cabellos, mansos y profundos como los de una estatua de pretéritas épocas, dotados de una mirada tranquila y serena que poco traslucía del inquieto y animado espíritu que moraba en su interior. Su frente, amplia y despejada, era el frontis de la cúpula de su cráneo, de graciosa y redondeadas formas, sede de una inteligencia despierta y sutil. Aquella mandíbula cuadrada, aquellos anchos hombros y ese pecho velludo sugerían un hombre viril, un macho indómito que amaba la libertad y que nunca toleraría de buen grado las obligaciones y restricciones propias de estos infaustos tiempos. Su nariz era más grande que pequeña, más gruesa que delgada, de perfil agudo acabado por una punta suave y roma. La boca de aquel que silencioso me contemplaba poseía labios de equilibrado volumen y de sano color, y su barba y bigote, que podrían ser poblados y oscuros como sus cejas, estaban afeitados al ras, no dejando más que un leve tinte azulado sobre su cara. Acompañándole durante veintiocho primaveras en su pensar, decir y actuar, juzgo que sus virtudes superan sus defectos, lo cual no es poco decir.

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