Sensibilidad

Filed under: Microrrelato: Tercer ejercicio — Alfonso at 4:52 pm on Lunes, marzo 8, 2010

Uno no se acostumbra nunca a determinados oficios. Alguien tiene que ser el que dé las malas noticias, pero porqué me tuvo que tocar a mí. Después de años de estudio sacrificado se me murió un paciente al poco de empezar a ejercer y tuve que ser yo el que le diera la noticia a su familia. Entonces decidí que aquello no era para mí. Fui educado en el respeto y la ayuda hacia los demás y mi sensibilidad es grande.

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Era poco más que un bebé. Se debatió entre la vida y la muerte durante semanas y sus padres siguiendo un código genético inexplicable estuvieron a la puerta de la UVI todo el tiempo, a veces sin comer, a veces sin dormir. Durante semanas observé su preocupación, sus miradas y sus gestos. Acudían a mí como si yo fuese Dios, como si yo pudiese devolver la vida a su hijo. Me imploraban con sus ojos, con sus ademanes, con sus súplicas. Y yo, incapaz de darles algo, les daba esperanzas. Y trabajé con ahínco mañanas, tardes y noches. Aquella mañana, aquel cachorrillo estaba mejor, recuerdo que le había surgido un pequeño hipo y estaba reconociéndole cuando por fin abrió los ojos. No pude evitarlo y fui lleno de alegría a avisar a sus padres que extenuados dormitaban en la sala de espera. Entraron a verle y su felicidad fue la mía. El día fue maravilloso. Me hacían responsable del éxito y sus palabras de agradecimiento no tenían fin. Yo feliz después de tanto trabajo recogía todas sus alabanzas y con la más amplia de mis sonrisas me dejaba querer mientras resplandecía de placer. A la noche la criatura cerró los ojos y empezó a empeorar rápidamente. No habían dado las doce cuando moría sin remedio. Me quedé paralizado por el terror y sentado al lado de su camita con las manos en mis cabellos permanecí durante horas hasta que el resto del personal me sacó del trance, advirtiéndome que los padres me esperaban en la puerta de mi despacho.

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Entre sollozos les di la noticia. Su bebé perrigato había muerto. Lo recogieron dulcemente, lo miraron con cariño y se marcharon envueltos en caricias. El la rodeó con sus patas y ella acurrucó el hocico en su hombro mientras lloraba lánguidamente.

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? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? Aquello cambió mi vida. Pensé que nunca me acostumbraría y salí volando.

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Durante un tiempo me dedique a la experimentación con personas pero mi sensibilidad tampoco me dejó. Ahora me dedico a la formación de los animales. Les enseño a ser responsables, objetivos, solidarios nada que ver con los humanos.

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? ? ? ? ? ? ? ? ? ? ? Todavía hoy en día y a pesar del tiempo pasado a veces me pregunto que hubiera sido de un búho como yo en un hospital como aquél.

1 comentario »

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Comment by carla

26 marzo 2010 @ 12:33 am

Qué original e inesperado… Me ha gustado mucho. Enhorabuena.
Saludos

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