Sin salida

Filed under: Redacción: Tercer ejercicio — Victoria at 4:56 pm on Martes, marzo 23, 2010

Esta mañana me desperté y presentí que algo raro ocurría. Me levanté camino hacia al baño y para mi desgraciada sorpresa me di cuenta de que estaba encerrada. La puerta de mi habitación no se habría, de seguro estaba trancada del lado de afuera con alguna cosa que desconozco, ya que nunca tuvo llave, ni cerradura. En un principio mantuve la calma, pensando y reflexionando sobre lo que podría estar pasando, pero a medida que el tiempo transcurría, la tranquilidad desaparecía. Y tener la certeza de que nadie me visitaría, me ponía aún más nerviosa y desesperada.

La ventana, enrejada…¡No se para qué tanta seguridad en vano en esa casa! Sí ni en los días festivos pasaba gente por allí. La desesperación se fue convirtiendo en pesadumbre y agotamiento mental. Se había echado a llover, no veía ahora ni siquiera el sol. Probé todo tipo de artimaña para escapar de allí, pero no lo logré; esa puerta que siempre había sido tan frágil, ahora parecía ser más fuerte que el dolor en días de nostalgia angustiosa.

Empecé, luego, a tratar de adivinar quién era la persona que me estaba jugando esa pesada broma infantil, ó psicópata. Me acerqué a la puerta suavemente, hice silencio, todo parecía estar calmo, y después de unos minutos sentí la respiración de alguien del otro lado; me quedé callada, inmóvil, sabía que podría asignarle a esa respiración el nombre de algún conocido. El corazón me empezaba a latir muy fuerte, y tuve miedo de que él lo escuchara, me alejé por un momento y me tranquilicé. Me volví a acercar, la misma respiración furiosa acechaba contra mí. El apresador caminaba, el miedo me empezaba a consumir, sus pasos hacían un eco que nunca antes se había dado en la casa. Mi cuerpo empezaba a temblar, un frío seco me acosaba. Por un momento creí morirme, tirada en el suelo, sin poder hacer movimientos voluntarios, los ojos se me iban cerrando, creí morirme sin más, morirme sin más problema. De pronto la puerta se abrió bruscamente, vi los pies de él moverse hacía a mí. Una imagen borrosa me quedó de su cara, son esos sueños que quedan inconclusos, y que parecen ser eternos hasta que despiertas.

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