RODOLFO Y YO

Filed under: Creatividad - Cuarto ejercicio — Alfonso at 8:26 pm on Martes, abril 6, 2010

Mi coche Rodolfo y yo nos llevábamos bien. Yo le cuidaba adecuadamente y él me respondía estando a punto en todo momento. Pero, siempre hay algún pero en todas las relaciones, yo notaba que siempre quería tener la razón y que esto le llevaba a ser cada vez más independiente sin tenerme casi en cuenta. Lo que al principio fue una ventaja, solo le tenía que decir donde quería ir y él solo se encargaba de todo, apenas alguna orden para reconvenirle por la velocidad a la que siempre contestaba protestando de forma airada y haciendo algún comentario despectivo sobre mí inteligencia se convirtió un día en un problema.

Aquel día yo había decidido ir de vacaciones y me aprestaba alegremente a hacer un viaje que se prometía delicioso. Ya comenzó a ponerse impertinente a las primeras de cambio. Corría excesivamente y frenaba repentinamente en las curvas. Le tuve que recordar que íbamos de vacaciones y que deseaba contemplar la naturaleza. Me contestó con un comentario soez que me pareció fuera de tono y así se lo hice saber. Parece que no le gustó el comentario y aceleró bruscamente dirigiéndose en dirección contraria a la deseada. Me di cuenta que estaba enfadado y cambie de táctica intentando ser condescendiente. Incluso comencé a ser cariñoso recordándole todo lo que habíamos recorrido juntos. Logré que se calmara y pensé que era solo un bache, había que luchar por salir de él. Lo intenté durante todas las vacaciones pero no salió bien. No se si fue la edad o el excesivo trabajo pero a raíz de aquello la cosa fue cada vez peor y terminamos separándonos. Lo sentí mucho porque le había querido de verdad, pero estaba insoportable. Ahora estoy con Luis, un mil doscientos de cuatro puertas, rojo, jovencito, jovencito y no veas lo bien que se porta.

1 comentario »

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Comment by Carminacd

5 mayo 2010 @ 4:45 pm

Alfonso, característico esto de ponerle nombre al coche, a la moto o al órgano masculino, también algunas de nosotras ha dado nombre a cada uno de sus senos 8sin ofender, es divertido). En esta frase falta algún signo de puntuación y el “mi” de mi inteligencia va sin acento porque allí no funciona como pronombre: “apenas alguna orden para reconvenirle por la velocidad a la que siempre contestaba protestando de forma airada y haciendo algún comentario despectivo sobre mí inteligencia se convirtió un día en un problema.”
¿Puedo hacerte una pregunta?: ¿ Por qué no intercalaste diálogo directo y redactaste cada conversación con la voz del narrador?
Saludos
Carmiña
(tercer comentario del ejercicio 3/5)

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