Filed under: -Creación de personajes — barbara at 4:26 pm on Sábado, abril 17, 2010

Supe, más bien supuse, que el señor de enfrente estaría levantado, ya que no es algo muy usual encontrarlo a las ocho de la mañana todavía en la cama. Es costumbre verlo a la mañana, cuando salgo con el coche a trabajar. Siempre lo veo de pie, meditando… y nunca puedo evitar preguntarme en que cuernos esta pensando.

Nuestra relación no es más que un ligero movimiento de mano en señar de saludo a la distancia. No recuerdo ni el nombre de él ni el de su esposa, pero aun así creo no equivocarme cuando dijo que son buena gente.

En cambio, ahí pasa el tipo de la esquina, zigzagueando por la calle arriba de su bicicleta. Ese es un nabo, y cornudo además, el pobre no ve las cosas ni aunque estén al frente de sus ojos. Aun así, cuando pasa cerca de mí, levanto la vista, sonrío amistosa mente, y lo saludo con un simple “¿Qué haces, pibe?, ¿todo bien?”. “Todo bien, ¿y vos?” contesta, “bien, bien” dijo yo mientras saca las llaves del auto.

Todas las mañanas son muy repetitivas, veo al del frente, al de la esquina, y pronto, dentro de algunos minutos, de seguro que pasa el churrero.

Ahí viene otra vez mi mujer, corriendo en camisón como si estuviéramos en verano. Bajo la ventanilla y me pasa una carpeta que ya me estaba olvidando.

-Siempre lo mismo-me dice-, con la cabeza en tus cuentos te olvidas hasta de saludarme.

-¡Bueno, che, que no puedo con todo!

Arranco el auto en un segundo, me despido de mi mujer, y una vez más voy camino al trabajo de siempre, cruzándome a las tres cuadras con el churrero que iba para casa.

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