Próxima parada: Mi adolescencia.

Filed under: -Creación de personajes — Mariano Campo at 2:34 am on Lunes, septiembre 27, 2010

Esta mañana me he levantado especialmente sensible. No es que tenga tendencia a la “lágrima fácil”, como se supone deben tener las chicas de mi edad, sino que mis sentimientos trascienden más allá de la razón y la lógica. Me veo imposible de clasificarlos y entenderlos.

Según mi madre, a mis catorce años me encuentro en la “edad del pavo” y eso es normal.

-Yaiza, eres inteligente y culta. Debes saber a estas alturas, que “tan solo es cuestión de hormonas”-.

-¿Cuestión de hormonas? ¿No crees que es una explicación muy simple?-.

-La adolescencia es “una enfermedad” por la que todos pasamos. Por eso eres idealista sin término medio: o amas u odias. Soñadora sin límite. Rebelde, con una pizca de radicalismo. De ahí nace también tu interés por la música. Una fe en el amor a prueba de bombas. Pero todo ello pasa con la edad y la experiencia-, concluye mi madre sonriéndome mientras termina su café.

Comprendo que la genética tiene mucho que ver con mi aspecto físico. Soy alta y delgada. Cabellos rubios y ondulados. Ojos azules que, dependiendo de cómo incida en ellos la luz, adquieren una tonalidad verde. Piel blanca, lo que me obliga a embadurnarme de protector solar cada vez que voy a la playa. Dedos largos y manos finas. Un cuerpo casi de mujer, que obliga a los chicos del instituto a efectuar giros de cabeza casi imposibles.

En definitiva, un regalo genético gentileza de mis padres.

Sin embargo, la solidaridad para con el prójimo; el amor que nos hace ver la vida desde otra perspectiva; la rebeldía contra aquello que consideramos injusto; la capacidad de soñar y apasionarnos; la ética; la sensibilidad, ¿cómo puede considerarla mi madre “una enfermedad que se pasa con los años”? ¿Cómo inciden las hormonas en ello?

Tal vez, cuando mi madre habla de la edad y la experiencia, se refiera a que, con el transcurso de los años, vamos arrojando a la cuneta la mayor parte de nuestros sueños e ilusiones. La sociedad ejerce presión para que “sientes la cabeza” y pierdas tu individualidad.

Al final, tan solo te dejas llevar por la corriente, convirtiéndote en una especie de zombie “políticamente correcto”, que simplemente pasa por la vida.

Lo siento, pero aunque transcurran mil años, me negaré a obviar lo que realmente nos hace humanos…

Mariano Campo.

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