Creatividad Segundo Ejercicio

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — sindescanso at 2:58 pm on Martes, diciembre 21, 2010

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Recordaba el día que nos conocimos. Era una de esas reuniones en las cuales se decidiría quién sería la próxima víctima. A quién seguiríamos, de qué empresario nos encargaríamos para averiguarle las evasiones al fisco, de cuál esposa de ministro nos encargaríámos de averiguarles hasta la talla de la ropa interior. Lo nuestro no es espionaje o terrorismo.? Lo nuestro es trabajo de segunda, poca cosa, sacarle los trapos sucios a la gente. Tal vez por eso somos desagradables y solitarios. Tú, en cambio, eras simpático. Apareciste ese día con una asignación especial y necesitabas ayuda. Yo estaba disponible y mi jefe me condenó a ser tu compañera en esa misión. Si hubiese sabido el peligro al que estaba enfrentando…

Pasábamos horas estudiando al sujeto, el secretario privado del ministro de Exteriores. Un verdadero pervertido sexual. La política siempre me había dado asco pero desde que empecé este trabajo me di cuenta que para ser político hay que estar enfermos de una forma u otra.

No sé si por las largas horas espiando en un coche, o en un hotel, o analizando los datos en tu casa, lo cierto es que terminamos enredándonos estúpidamente. Tú me lo habías dicho que tenías a “la otra” que no era importante en tu vida, que te habías enredado con ella en una de esas noches de palos y que simplemente se acostaban pero no tenían más nada. Yo en cambio, según tú, tan inteligente, tan callada, tan distinta, te volvía loco, me decías. Y yo te lo creía. Tal vez porque me sentía demasiado sola o porque el seguimiento que le hacíamos al sujeto agitó mi imaginación.

Lo cierto es que esa noche que terminamos en la cama. Pasamos semanas retozando y cuando llegaba el tema de “la otra” siempre me decías lo mismo, que al día siguiente hablarías. Pero pasaron los meses y nada. Siempre nos teníamos que ver a hurtadillas. Hasta que me harté.

Fui ese día a decirte que no quería que siguiéramos juntos. Que se había acabado esa relación y tú te pusiste violento. Me agarraste por las muñecas y forcejemos mientras te decía que me soltaras. Hasta que me diste una cachetada que me hizo sangrar la nariz. Te asustaste, sabías que habías pasado de la raya. Me pediste perdón y me suplicaste que me quedara contigo. Cuando te dije que me quería ir, empezó la violencia nuevamente. Más golpes y más sangre. Hasta que te juré que no me iría de tu lado. TE llegó una llamada, me amarraste a la cama con las esposas y te fuiste.

“Ya vengo” fue lo ultimo que escuché decirte. Empezó a nevar y el frío me entraba en los huesos.

Estaba casi inconsciente cuando te fuiste pero al recobrar las fuerzas, empecé a forcejear con las esposas. Se te había olvidado que yo sabía de esas cosas. Logré zafarme, con el corazón palpitándome por el miedo a que volvieras, me acerqué de puntillas a la puerta de la habitación. No había nadie en la casa. Seguí con cautela, apretándome la nariz con un pañuelo. Perdía muchísima sangre. Por fin llegué a la puerta principal y logré escapar.

1 comentario »

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Comment by gantz

7 agosto 2011 @ 7:19 am

Es bueno, pero creo que le falta un desenlace más impactante.
Me gustó, pero podrías haber sido mas morbosa con la descripción de la violencia.

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