CAMINANTE: El naúfrago

Filed under: -Creación de personajes — lubana at 10:47 am on Domingo, noviembre 1, 2009

El adjetivo que mejor me define es Caminante
Caminante: El naufrago, era un pobre hombre llamado Eshmit, tenía una parabólica en la oreja izquierda, de gran tamaño, se despegaba de la cara como cuarenta centímetros a modo de apéndice indiscreto, su aspecto bulboso de color violáceo destacaba del resto de sus facciones casi anónimas. La misión de Eshmit, era captar palabras de uso común, por lo que siempre se encontraba en los barrios limítrofes de las ciudades, donde la gente común habla sin recato, a viva voz y de las cosas más cotidianas y del modo más gráfico, con lo que obtenía material abundante para su trabajo. Su aspecto, aunque diferente no causaba trastorno, pues a nadie le extrañaba verlo por allí día tras día.
Una vez obtenidas las palabras, las guardaba en un arcón de madera de roble, luego clasificaba las más útiles, de mayor uso, cribaba los ruidos estridentes, de los sonidos agradables, las risas y los saludos, los parabienes. Las charlas de enamorados. Apartaba la charlatanería de los desocupados, los gritos, las peleas. Quedaba por fin lo importante, las confidencias, la charla entre amigos, los sueños, las decepciones, las sorpresas y un largo etcétera de letras con vida para crear, historias nunca escuchadas.
Aconsejaba a los sordos y duros de oído, pero a los que se vendían con palabras que jamás iban a cumplir, los politiquillos de ocasión, esos que vendían a los pobres por prebendas, los que cambiaban de chaqueta en último momento por unas perras, o a los que se fingían salvadores de almas en nombre de Dios, a los embusteros de oficio. Los castigaba en silencio cien años en un rincón. Todos aquellos poderosos a los que Eshmit había relegado al olvido… Un día, maquinaron un complot para vengarse de él. Hicieron que un esbirro se camuflara entre la vecindad para llamar su atención, el esbirro sabia que no podía haber error, le habían descrito al personaje con suma claridad, era un pobre hombre llamado Eshmit, tenía una parabólica en la oreja izquierda, de gran tamaño, se despegaba de la cara como cuarenta centímetros a modo de apéndice indiscreto, su aspecto bulboso de color violáceo destacaba del resto de sus facciones casi anónimas. Con palabras que nunca nadie había escuchado, lo engatusaría, era un idioma nuevo, en un pequeño receptor que entonaba cantos de sirena, Eshmit admirado empezó su tarea de captar esos sonidos, del diminuto objeto parlanchín al que llamaban, transistor o radio, seguía y seguía los pasos de su dueño todo lo conocido, las palabras formando un laberinto, encadenándolo a su destino de paria sin horizonte.

2 comentarios »

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Comment by Nora Noemí Zeliz Pirillo

6 noviembre 2009 @ 7:26 pm

Me gusta mucho tu relato y tu surrealismo
Más como describes a tú personaje y la historia que le has creado
Felicidades
Noe

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Comment by Kattia M.

24 agosto 2010 @ 4:10 pm

Que bien… le has dado aliento al caminante, ¡interesante!

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