Del Lápiz de la verdad

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — lubana at 11:25 am on Miércoles, noviembre 4, 2009

Benito, es un zagalillo de apenas seis años. Benito tiene un ojo menos que el resto de la gente, por eso lo llaman, Benito el Tuerto Lo perdió dos años atrás, cuando en una de sus primeras escapadas en busca de unos papás que jamás volverían, se dio con una maldita rama que se interpuso en su camino y lo dejó tumbado unas pocas horas hasta que los vecinos dieron con él. Contempla la vida del lugar con tal curiosidad que nada de lo que pueda ocurrir en el pueblo y sus alrededores escapa a su ojo sano. Dice la abuela Jacinta que el Señor, que a veces se olvida de sus criaturas, quiso compensarlo por la doble pérdida; y le ha dado la facultad de ver mucho más que los demás, por el ojo que le queda. En el fondo Jacinta es un alma de Dios y perdona al Señor por tantas desgracias como acarrea ella sola, deja a
su nieto, libre como un cuclillo para que pueda volar de acá para allá.
Efectivamente, ese chiquillo gordito y afanoso en sus quehaceres al que le obligaba la familia, no era otro que Benito el tuerto, un niño muy especial. Tenía como misión cuidar de la gallina clueca, lo hacia a hurtadillas con un libro entre las manos, iluminado por la lámpara de queroseno, otra s veces, en el columpio que estaba atado al viejo roble, mientras se mecía boca abajo, con los brazos y las piernas a ambos lados, y el pecho y la barriga sobre el columpio, imaginábase ser un experto en votaciones para dar un premio, en forma de monolito, al que fuera capaz, de nombrar a cada una de las rocas más lejanas a su vista, con su nombre imaginario, y que solo él conocía, en su imaginación y con su solo ojo, conseguía representar lo que ningún ser había sido capaz hasta entonces de realizar: Que cada roca lejana, que él dibujaba en su mente fuera un personaje de la mitología nórdica. En sus sueños a través del libro, que siempre estaba cerca de él, era su único amigo, Benito podía ir a cualquier lugar, ser todos los personajes a los que admiraba y realizar mil sortilegios, ser el héroe de sus historias.

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