Iratxo Papelypluma

Filed under: Creatividad - Primer ejercicio — Naiara at 1:59 pm on Domingo, noviembre 8, 2009

Fue una de estas noches en las que Iratxo salía a escribir sin que nadie le viera. Cogió su lámpara de aceite y bajó hasta el jardín con mucho sigilo para que nadie de la familia se despertara. Era una familia grande, más bien una comunidad, con sus propias normas, y una de ellas era no salir de madrugada, eso lo podía llevar bien, pero la norma de no escribir y de no leer ningún libro, esa norma era incomprensible para el muchachito.

Se sentó en un columpio del jardín con su lámpara y su libreta y se puso a escribir sobre el otro mundo, él quería vivir en ese otro mundo donde las costumbres eran diferentes y te permitían escribir y leer. De pronto, la cadena del columpio se rompió y se oyó un gran estruendo que alertó al patriarca de la comunidad.

Las normas de la casona eran ancestrales y muy rígidas. El muchachito iba a ser castigado severamente. En los juicios de la familia siempre declaraba el anciano, experto? en detectar mentiras. El ritual para saber si alguien mentía consistía en arrancarle la cabeza a una gallina y si el cuerpo de la gallina daba vueltas en círculo significaba que estaba diciendo la verdad, si salía corriendo en línea recta delataba al mentiroso y si moría al instante es que esa persona había dicho una mentira piadosa con el corazón limpio.

No era una técnica muy fiable para Iratxo, pero para la comunidad sí lo era. Iratxo había dicho la verdad, porque sabía que mentir al patriarca era peor que desobedecerle. La gallina (o el cuerpo de ella mejor dicho) comenzó a andar en círculo, luego recto, luego pegó un salto y cayó fulminada.

Toda la comunidad quedó estupefacta, menos el anciano, que con gesto solemne dijo: “habrá que someterlo a votación”. Tan simple como eso. Así que votaron sobre si Iratxo mentía o no, sobre la gravedad de su desobediencia y el peligro que podía causar a la familia, sobre el castigo ejemplar que debían imponerle…

Las votaciones dictaron sentencia e Iratxo fue condenado a vivir fuera de la casona, dentro de un agujero que había en una roca del jardín. Ni tan mal. Feliz de la vida, Iratxo cogió su lámpara y su cuaderno y se refugió en su roca que lejos de ser su cárcel se convirtió en su verdadero hogar.

2 comentarios »

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Comment by Sofia Moreno

11 noviembre 2009 @ 1:12 am

Menudo sitio para criarse… Parece terrible. Tu relato transmite perfectamente ese ambiente cerrado y atrasado, opresivo. Enhorabuena,
Sofía

Comment by adriana alcala

19 septiembre 2013 @ 12:08 am

excelente liberación con un poco de dolor pero en verdad la libertad a veces nos suele resultar dura y odiosa pero depende con el cristal con el que se le mire , me gusto , un abrazo

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