NEVÓ DURANTE TODA LA TARDE

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — NADDIA at 12:05 am on Lunes, noviembre 16, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. Pero las gotas cayeron una tras otra dejando tras de mí un reguero como las miguitas de pan de Hansel y Gretel cuando iban por el bosque y al igual que ellos, yo también encontré una casita de chocolate. Una anciana me abrió la puerta y me preguntó qué me había ocurrido. Yo no quería dar muchas pistas porque conocía a aquella anciana. Era vecina de toda la vida.

Nevó durante toda la tarde. La nieve cubrió todo el jardín y los árboles fueron formando una postal de Navidad. Desde la noche en que mamá murió no tuve ni un minuto de paz en esa casa. Su enfermedad nos había mantenido unidos y habíamos hecho un frente común, pero después del dolor inicial y las coronas de flores nos habíamos quedado vacíos. Yo quise cuidarte y sobre todo conservar viva la imagen de mi madre aunque pronto supe que eso no estaba en tus planes. Quería escaparme, perderte de vista, pero sabía que por el momento no era posible. Me encontrarías. Aquella misma tarde te había dicho que no quería vivir bajo el mismo techo que una mujer que no fuera mi madre. Discutimos y salí del salón dando un portazo. Me encerré, como siempre, en el garaje. Allí tenía mi estudio y tú lo respetabas como refugio salvo que fueras a sacar el coche. Decidí que me iría para siempre, pero nevaba demasiado. Cuando paró un poco salí a la calle, pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Entonces llegó ella con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Ella. Ella que había cuidado a mi madre en sus momentos más débiles. Ella a la que mi padre jamás hubiera mirado de haber estado mi madre sana. Pero mi madre para entonces era un ser casi inerte tirado en una cama, sin pelo, con la calavera pintada en la cara, los ojos muy abiertos, el dolor punzante que ya era parte de sí misma y el pico de morfina que cada vez duraba menos tiempo. Ella la lavaba, la cambiaba de ropa, la consolaba y la ayudaba a hacer pequeños paquetes con recuerdos que iba dejando para sus hermanas, sus primas, su hija, su marido y hasta Ella misma. Ella también organizó la ropa que recibiría la hija para su ajuar y había confeccionado los menús sin azúcar que supuestamente? prolongarían la vida materna. Ella había amado a mi madre con tanta intensidad que se había reencarnado en su propio cuerpo y se había adueñado de su casa. Sabía dónde se encontraba la ropa de mi padre, la mía, los objetos de verano, los de valor, las vajillas, los teléfonos importantes. Mi padre era un hombre torpe que nunca supo vivir sin una mujer secretaria intendente y amante y cuando estas funciones empezaron a fallar en mi madre y se vio sin organización interna pronto dispuso que alguien tendría que ordenar aquel caos. Mi madre aceptó y fue entonces cuando Ella llegó a nuestras vidas.

Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché para alejarme. Tu casa y no mi casa. Su casa. De Ella. Pero Ella poseía la casa y todo lo que contenía, incluido tú que te habías añadido a sus pertenencias. Sólo yo y mi reino independiente del garaje permanecíamos ajenos a aquella conquista. Ella entró en tu casa por la puerta principal y tú la besaste. Empezó a sangrarme la nariz como siempre que estaba en tensión. No quería ver aquello. Una vecina me vio en ese deplorable estado y me invitó a entrar, pero le dije que me encontraba bien y que llevaba prisa.

Nevó durante toda la tarde. Cuando murió mi madre también nevaba. Ella vino a hacerse cargo de la situación. La lavó, la vistió, la peinó. Lo que quedaba de mi madre se dejaba hacer dejando patente que había perdido su última voluntad. Ella estuvo en el tanatorio como una más de la familia y después nos acompañó a depositar las cenizas bajo el castaño grande de la tía Tere. Ella se instaló en nuestra vida ese mismo día y desde el primer momento quiso suplantar a mi madre y a tu mujer. Siempre fuiste práctico y si te servían en bandeja a alguien que se ocupara de la intendencia no lo ibas a dejar pasar aunque fuera a cambio de amor. Pero yo no podía cargar con la suplantación de mi madre y decidí desaparecer como Lucky, el perro que tenía a los diez años. Un día se fue y no volvió más. Así me sentía yo, como un perro abandonado, sin rumbo.

No sé cuántas horas caminé. Iba bien abrigada y con botas, andaba despacio, pero con decisión. Si me encontrabas, me volvería a escapar. Faltaba un mes para mi mayoría de edad, después ya no podrías obligarme a volver. Me daba pena abandonar mi casa, mi habitación, mi jardín, toda mi infancia. Cogí un autobús, quería alejarme de la ciudad, llegar donde Ella no estuviera. Rezaba a mi madre como si fuera un ángel.

Nevó durante toda la tarde. Finalmente llegamos a una estación. Sabía que me encontrarías. Ella esperaba en el coche. No opuse resistencia. Me dijiste que no querías perderme y yo te creí. No recuerdo nada desde entonces. Estoy atada a una cama en una habitación desconocida. Intento hacer memoria para saber qué pasó el último día que estuve en mi casa, pero cuando cierro los ojos sólo veo escenas inconexas. Lo único que recuerdo con certeza es que aquel día nevó durante toda la tarde…

6 comentarios »

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Comment by Carminacd

19 noviembre 2009 @ 11:00 am

Es incomparable tu capacidad para crear historias, pero he leído mejores cosas de tu parte, no que no me guste lo que has escrito aquí. Como dije, admiro tu imaginación. Un beso. Carmiña.

550

Comment by NADDIA

19 noviembre 2009 @ 11:54 am

Gracias Carmiña, la verdad es que acabé medio mareada con tanta nieve.

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Comment by atman

22 noviembre 2009 @ 4:00 pm

Me gustó mucho, muy sostenido el clima y muy colorida la descripción.

573

Comment by NADDIA

22 noviembre 2009 @ 10:29 pm

Muchísimas gracias por tu comentario atman. No acabo de saber si eres hombre o mujer. Tu nombre me recuerda a Batman y te imagino volando. Nos leemos. Un abrazo.

580

Comment by Indalo

23 noviembre 2009 @ 11:34 am

Muy bien, Naddia, buena historia y muy viva.
Cuida las repeticiones y, sobre todo, controla los tiempos verbales, porque a veces la protagonista se dirige al padre como si estuviera presente, y otras habla del padre en tercera persona.

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Comment by NADDIA

24 noviembre 2009 @ 10:28 am

Pues sí Indalo, tienes toda la razón, en el trozo que empieza: Sabía dónde se encontraba la ropa de mi padre… tendría que poner «Sabía dónde se encontraba tu ropa, etc…» porque todo se supone que va dirigido al padre. Se me había pasado completamente por alto. Gracias por la advertencia y gracias por el comentario.

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