La puerta

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Quioreng at 9:57 am on Martes, noviembre 17, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. Nevó durante toda la tarde, y ella estuvo allí contigo en tu casa. Yo estaba ya muy lejos, y según me alejaba, esperaba que vinieras a buscarme. Aunque no quería que lo supieras,? pero si no llegaras, ¡me decepcionaría tanto! Esperaba, necesitaba una reacción, una señal que apoyara tus palabras. Porque hasta este momento sólo había sentido como te fuiste alejando más y más de mi lado. Llegué a la casa de Ángela, ya habíamos acordado que pasaría allí la noche. A la mañana siguiente salía hacía Oxford un primo suyo y podría ir con él en su coche. Esa ya no era mi casa nunca más.? Sé que te arrepentirás y querrás que esté allí contigo pero ya no vas a poder encontrarme.? También nevaba aquella noche. ¿Por qué? Todo había ido bien desde que murió. Hemos estado tan bien solos, pero tuvo que llegar esa bruja a estropearlo todo. Sólo tienes esta noche Papá. Sólo tienes esta noche para venir a buscarme. Lo hice por ti. Lo que me pediste. Y ahora sin embargo, ¿Por qué no vienes a buscarme? Ya casi esta aquí el alba y no llegas. Me meto bajo las sábanas y puedo ver con claridad la primera vez que viniste a mi habitación. La tía Beatriz estaba enferma y Mamá pasaba unos días con ella. Me sangró por primera vez la nariz.? Qué tonta, me asusté, pero sólo la primera vez. Después esperaba con ansía, cada noche a que abrieras mi puerta. Era nuestro secreto. Está amaneciendo. ¿He hecho algo mal?? Pero si ya no había obstáculos. En un par de horas saldré para Oxford y todo habrá acabado. No volveré nunca, y lo lamentarás. Sigo en la cama, sin querer que llegue la hora, cuando alguien llama a la puerta. Ángela ha salido. No está aquí. No la he visto desde hace un par de semanas. ¡Es que acaso se ha vuelto loca! Salí disparada hacia la entrada, bajando las escaleras de dos en dos. Pero cuando llegué a la puerta. No estabas sólo. ¿Cómo has podido venir con ella? ¡Te odio! Ángela se interpuso cuando intentaste llevarme del brazo. ¡No se va a ir contigo! ¡No va a volver nunca más! Entonces me miraste a los ojos y lo vi con claridad. No te preocupes Ángela, lo mejor será que me vaya. Te sonreí con la mirada y no hizo falta decir nada. Sólo era cuestión de tiempo. Y pronto volvería a ser como antes. Ya lo he entendido Papá.

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