TsEdi, Teleservicios Editoriales, S.L. — Mayo 29, 2008, 3:30 pm

Ejercicio 22 - Segundo capítulo

La propuesta para los principios del segundo capítulo que ha tenido más votaciones ha sido la de Kamil, por lo que estos serán los primeros párrafos que nos sirvan de base para redactar el segundo capítulo.

Dalcia S.A. semejaba una casita en la pradera. Su césped cuidado emergía como por ensueño y trabajar allí parecía un privilegio más que una obligación. Samantha paseaba la mirada por el verde recién cortado y no podía disimular un cierto orgullo, como si todo aquello fuera de su propiedad. Se había puesto un conjunto de chaqueta y pantalón con aire deportivo aunque le había costado encontrarlo de su talla. Estaba harta de que no hubiera ropa juvenil para gorditas y esto era lo más sport que había probado. Por supuesto no estaba dispuesta a ir de chándal. Con chándal parezco una vaca. Le costó mucho apuntarse al curso de rafting, pero Renato le dijo que como coordinadora de grupo no podía faltar. Renato era un jefe cercano, maravilloso, pero no hubiera podido contarle sus horribles sueños de los últimos días: verse en medio del grupo en bañador, que alguien le preguntara su talla para el traje de neopreno. Lo siento, no tenemos esa talla. O aún peor, que le dieran un traje y no consiguiera introducirse en él. Además tuvo que convencer a su madre para que se quedara con Titín. Con cinco años, su niño ya no le daría mucho trabajo, pero su madre era experta en chantaje emocional y le cobraría el favor, lo sabía. Cuando le enseñó el conjunto que se había comprado tuvo que oírla, como siempre. ¿Vas a ir así? ¿Te has visto en el espejo? Para su madre hubiera sido más adecuado un traje de chaqueta que le disimulara más los kilos aunque ella los veía con cualquier vestimenta. En realidad, por mucho que se esforzara en adelgazar, Samantha siempre sería la hija gorda que no quiso tener y aprovechaba cualquier momento para recordárselo. Era una causa perdida.
La invitación de Renato para llevarla en su coche al curso la acabó de decidir, eso y la ausencia de protesta de Juan. Juan nunca protestaba, mejor así, no soportaría estar casada con un hombre demasiado mandón.

Tenéis desde hoy hasta el domingo a las 12 h de España para redactar el segundo capítulo entero.

Recordad que el argumento debe ser este:

2.- Samantha espera a Renato a la puerta de la empresa. Alusión al curso de rafting. Motivos que tenía para no ir: miedo a que la vieran en bañador, sensación de ridículo si no hubiera traje den neopreno de su talla. Piensa en el trabajo de los últimos días preparando el curso de excelencia telefónica. Se acuerda de Nidia con la que tuvo bastante relación el mes que estuvo trabajando por ETT. Ya no le apetece que venga al curso. No le gusta cómo la mira Renato. Alusión a la entrevista de trabajo que le hicieron antes de contratarla. Llega Renato.

Sin cambiar lo esencial de los párrafos seleccionados, podéis modificar el estilo para adaptarlo al vuestro o mejorarlo.

Desde el domingo hasta el lunes a las 12 h de España podréis votar cuál es el capítulo segundo que os parece más acertado.

Además, no olvidéis votar cuál es la reescritura del primer capítulo que encontráis más correcta en el ejercicio anterior.

10 comentarios »

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  1. Comentario por MarianGardi @ Mayo 29, 2008, 5:47 pm

    Pongo el mismo escrito que en el ejercicio anterior, he corregido el estilo transgresor, ya que el estilo que ha sido elegido por malloria de votos, es más suave y romántico. Intentaré seguir el estilo rosa de “una casita en la pradera”. y que “emergía como por ensueño”. (para los amores ocultos)

    Samantha espera a Renato en la puerta de la empresa para concretar los preparativos del curso de rafting mientras reflexionaba: “Creo que me estoy equivocando, no se por qué he aceptado esta actividad, no quiero que me vean en bañador, me criticaran ¿y si no hay traje de neopreno para mi talla? no escarmiento, pienso que soy una más y no lo soy, soy una vaca con piernas, siempre sentada detrás de la mesa de trabajo y lo único que me faltaba el curso de excedencia para teléfonica, nunca hago ejercicio, el ordenador ocupa todo mi tiempo, luego los amigos que me tiene enganchada por el messenger, que vida más odiosa llevo, ¿que vida es esta que llevamos todos? detrás de una maquina virtual, la vida es otra cosa ¿o no? igual la vida es virtual también ¿qué será de Nidia? esa es otra que lleva la vida a cien por hora, tengo ganas de volver a verla y que me cuente como le va su afer con el cura, desde que terminamos el curso de ETT sólo la volví a ver en la entrevista de trabajo que hicimos juntas con Renato, después sólo hemos trenido contacto telefónico para contarnos nuestras cosas, ella quiere venir al curso der rafting y no me apetece, Renato la miraba demasiado durantre toda la sesión que duró la entrevista. Vaya ya viene Renato y me estan temblando las piernas, que tontas somos las mujeres”.
    -¡Hola Renato! Llegas con diez minutos de retraso, ¿siempe eres tan puntual?
    -No siempre, sólo en casos excepcionales, como en este -Sonrió con picardía.
    -Tiempo que he aprovechado para meditar sobre el curso de rafting, no me apetece ir ¿crees que Nidia se decidirá a venir al curso? ¿habeis hablado por telefono?
    -Ah sí, se me olvidó comentartelo, Nidia viene, ¿sabes que está en Nueva York?
    -¿Y qué hace en Nueva York? ¿No habrá ido con el cura?
    -¿Qué cura?
    -El cura de su parroquia, está coladita por él, ahora tendrías que ver al cura, es un Adonis, que pena de desperdicio, cómo puede haber hombres que se casen con el celibato.
    - Aunque no creo yo que a Nidia le dure mucho esa atracción, porque a ella se le nota que es una mujer con experiencia.
    -Así es, casarse joven es un atraso, lástima que una se da cuenta de ello demasiado tarde.Luego llegan los hijos y son los que te ponen los grilletes, o sea, que quienes verdaderamente te exposan son los hijos, no te esposa el marido -Samantha reia a carcajadas, contagiando a Renato.
    Cuando estaban juntos, se encontraban bien, había complicidad, cosa que Samantha desconocía en su relación

  2. Comentario por valleolid @ Mayo 30, 2008, 11:45 am

    Samantha se encontraba a las puertas de Dalcia, S.A. empresa en la que trabajaba desde hacia dos años. Estaba esperando a Renato, su jefe que no estba siendo nada puntual.
    El edificio semejaba una casita instalada en la pradera. Su cuidado césped emergía como porensueño y trabajar allí parecía más un privilegio que una obligación.
    Samantha que había llegado muy temprano a la cita, paseaba su mirada por el verde recién cortado y no pdía disimular cierto orgullo, como si todo aquello fuese de su propiedad.
    Se había puesto un conjunto de chaqueta y pantalón con aire deportivo, aunque encontrarlo fue todo un poema por su talla.
    Estaba harta de que no hubiera ropa juvenil para gorditas y esto era lo más sport que había probado.
    Por supuesto no estaba dispuest a ir en chandal.
    - Con chandal parezco una vaca, pensó para sí. Le costó apuntarse al curso de rafting, pero Renato le dijo que como coordinadora de grupo no podía fatar.
    Renato era un jefe cercan, maravilloso, pero no le hubiera podido contar sus horribles sueños suridos durante los últimos días:verse en medio del grupo en bañador, que alguien le preguntara su talla para el traje de neopreno y recibir como respuesta: - Lo siento , no teemos esa talla. O peor aún, que le dieran un traje y no consiguiera introducirse en él.
    Además tuvo qe convencer a su madre para que se quedara con Tintín. Con cinco años, su niño ya no le daría trabajo, pero su madre era un aexperta en cantaje emocional y le cobraría este favor. Cuando le enseñó el conjunto que se había comprado tuvo que oírla como siempre. ¿Vas a ir así? ¿Te has visto en el espejo? Para su madre hubiera sido mas adecudo un taje chaqueta que la disimulara los kilos unque ella los veía en cualquier vestimenta. En realidad, por mucho que se esforzara en adelgazar.
    Samantha siempre sería la hija gorda que no quiso tener y aprovechaba cuanquiel circunstncia para recordárselo. Era una causa perdida.
    La invitación de Renato para llevarla en su coche al curso la acabó por decidir. eso y la ausencia de protesta de Juan su marido. Éste nunca protestaba por sus salidas, mejor así, no soportaría estar casada con un hombre demasiado mandón.
    Durante la espera le dió timepo a repasar los últimos días en los que había estado dando un curso de excelencia telefónica que Renato consideró interesante. En el mismo se reencontró con Nidia. Ambas ya había compartido trabajo en el pasado, ya que estuvieron en la misma ETT.
    Sinceramente no le paetece que siga asistiendo al curso ya que ve como Renato la mira continuamente , repasando sus notables atributos.
    Renato había sio quien la había efectuado la entrevista de selección y se había mostrado muy cariñoso con ella, motivo por e que hhabía aceptado mas de una invitación.
    Oye el ruido de un coche y se percata que Renato está aparcando.
    - Llegas con n cierto retraso, le dijo Samantha con una sonrisa en los labios.
    - Pequeños problemas domésticos, pero te compensaré , dijo no menos contento que ella.
    Cn cierta normalidad, le dió un beso y pasó su mano por la cintura de ella.
    - Vámos, no hagamos esperar a nuestros compañeros de fin de semana. Y cogiendo la maletas de Samantha se dirigieron al automóvil. Una vez cargadas en el portaequipajes, montaron en el coche y enfilaron hacia la escuela de rafting, donde les esperaba el grupo de diez personas de la empresa.

  3. Comentario por viajera @ Mayo 30, 2008, 6:46 pm

    Samantha llega a la puerta de Dalcia S.A. semejaba una casita en la pradera. Su césped cuidado emergía como por ensueño y trabajar allí parecía un privilegio más que una obligación. Samantha paseaba la mirada por el verde recién cortado y no podía disimular un cierto orgullo, como si todo aquello fuera de su propiedad. Se había puesto un conjunto de chaqueta y pantalón con aire deportivo aunque le había costado encontrarlo de su talla. Estaba harta de que no hubiera ropa juvenil para gorditas y esto era lo más sport que había probado. Por supuesto no estaba dispuesta a ir de chándal. Con chándal parezco una vaca. Le costó mucho apuntarse al curso de rafting, pero Renato le dijo que como coordinadora de grupo no podía faltar. Renato era un jefe cercano, maravilloso, pero no hubiera podido contarle sus horribles sueños de los últimos días: verse en medio del grupo en bañador, que alguien le preguntara su talla para el traje de neopreno. Lo siento, no tenemos esa talla. O aún peor, que le dieran un traje y no consiguiera introducirse en él. Además tuvo que convencer a su madre para que se quedara con Titín. Con cinco años, su niño ya no le daría mucho trabajo, pero su madre era experta en chantaje emocional y le cobraría el favor, lo sabía. Cuando le enseñó el conjunto que se había comprado tuvo que oírla, como siempre. ¿Vas a ir así? ¿Te has visto en el espejo? Para su madre hubiera sido más adecuado un traje de chaqueta que le disimulara más los kilos aunque ella los veía con cualquier vestimenta. En realidad, por mucho que se esforzara en adelgazar, Samantha siempre sería la hija gorda que no quiso tener y aprovechaba cualquier momento para recordárselo. Era una causa perdida.
    La invitación de Renato para llevarla en su coche al curso la acabó de decidir, eso y la ausencia de protesta de Juan. Juan nunca protestaba, mejor así, no soportaría estar casada con un hombre demasiado mandón.
    Samantha lucía cansada, bostezaba a cada rato, debido a que había pasado varias noches acostándose de madrugada preparando el curso de excelencia telefónica. Sentía su cuello todo contracturado.
    Mira su reloj y ya habían pasado 15 minutos. Samantha piensa, seguro que si hubiera estado con Nidia esperándole, Renato llegaría media hora antes. Que envidia. Renato parece que pierde la razón cuando Nidia esta cerca.
    De repente, ve que Renato estaba estacionando, decide acercarse.
    - Hola Renato, ya me estaba preocupando tu retraso.
    - Perdón Samantha.
    Renato se acerca y le da un beso. Samantha mira para todos lados para ver si no hay alguien conocido. Cargan todo en el auto y emprenden su viaje.

  4. Comentario por veronica @ Mayo 31, 2008, 12:29 am

    Dalcia S.A. semejaba una casita en la pradera. Su césped cuidado emergía como por ensueño y trabajar allí parecía un privilegio más que una obligación. Samantha paseaba la mirada por el verde recién cortado y no podía disimular un cierto orgullo, como si todo aquello fuera de su propiedad. Se había puesto un conjunto de chaqueta y pantalón con aire deportivo aunque le había costado encontrarlo de su talla. Estaba harta de que no hubiera ropa juvenil para gorditas y esto era lo más sport que había probado. Por supuesto no estaba dispuesta a ir de chándal. Con chándal parezco una vaca. Le costó mucho apuntarse al curso de rafting, pero Renato le dijo que como coordinadora de grupo no podía faltar. Renato era un jefe cercano, maravilloso, pero no hubiera podido contarle sus horribles sueños de los últimos días: verse en medio del grupo en bañador, que alguien le preguntara su talla para el traje de neopreno. Lo siento, no tenemos esa talla. O aún peor, que le dieran un traje y no consiguiera introducirse en él. Además tuvo que convencer a su madre para que se quedara con Titín. Con cinco años, su niño ya no le daría mucho trabajo, pero su madre era experta en chantaje emocional y le cobraría el favor, lo sabía. Cuando le enseñó el conjunto que se había comprado tuvo que oírla, como siempre. ¿Vas a ir así? ¿Te has visto en el espejo? Para su madre hubiera sido más adecuado un traje de chaqueta que le disimulara más los kilos aunque ella los veía con cualquier vestimenta. En realidad, por mucho que se esforzara en adelgazar, Samantha siempre sería la hija gorda que no quiso tener y aprovechaba cualquier momento para recordárselo. Era una causa perdida.

    La invitación de Renato para llevarla en su coche al curso la acabó de decidir, eso y la ausencia de protesta de Juan. Juan nunca protestaba, mejor así, no soportaría estar casada con un hombre demasiado mandón.

    Muchas veces se cuestionaba sobre su relación con Juan, un matrimonio por inercia, donde cada día resultaba igual al anterior, con un marido que más bien parecía su mejor amigo, esa parte le gustaba porque había entendimiento, pero ¿que pasaba con el hombre amante?, ya casi no recordaba cuando fue la última noche que pasaron juntos. A veces prefería ocultar su vergüenza de sentirse pasada de kilos con la excusa de siempre: “Tintín no puede dormirse, voy a acompañarlo”, sabía que así Juan no insistiría en tocarla, aunque a veces lo deseaba para dejarse llevar por la imaginación y soñar que en verdad no era Juan, sino Renato quien le arrebataba sus pasiones. Pero finalmente se reprimía, la voz de su madre retumbaba tormentosa en su mente haciéndole ver lo mal que estaba actuando.

    -¡Si mi madre supiera!- pensaba en silencio, sabiendo que lo más probable es que aquella mujer la reprochara una y otra vez con sus argumentos sobre fidelidad, apariencias y recato de una mujer casada.

    De pronto recordó a Nidia, una joven mujer delgada y de oscuros cabellos con quien tuvo un encuentro mientras preparaba el curso de excelencia telefónica. Nidia calzaba con el perfil de la empresa, era lo que necesitaban. Prácticamente estaba contratada para incorporarse a Dalcia S. A., por alguna razón prefirió esperar hasta el fin de semana para avisarle, quizás faltaba una evaluación más, una muy personal que tan sólo Samantha podría hacer. Ella no se explicaba la razón de por qué Renato la invitó para participar de este nuevo curso de rafting. Era cierto que su calificación en el curso anterior fue excelente, de seguro había algo más que aquél maravilloso hombre tramaba con esa joven mujer.

    Si mi madre la conociera, diría que es la mujer perfecta, la hija que siempre deseó tener. “Nidia es tan opuesta a mí”. Quizás eso la aterraba, todos la aceptarían y se convertiría en una rival. Renato no dejaba de mirarla, estaba mejor preparada, con dominio de idiomas, además es bonita, no sensual, pero bonita y delgada. Las mujeres delgadas siempre pueden lucirse más. Observó su ropa, “de seguro a Nidia no la habría costado trabajo buscar un traje de estos”. Un pensamiento egoísta insistía en su mente “¿para qué esperar al curso de rafting?… puedo mover su currículum de la lista de seleccionados ahora, ¿para qué esperar hasta el fin de semana para saber a qué atenerme con esa mujer?.”

    Su mirada se perdía otra vez en el verde césped de la empresa, mientras que una mano fuerte y masculina se posaba en su espalda liberándola de aquellos turbios pensamientos. Sólo bastaba mirarlo y saber que sentía algo muy fuerte por él. Renato, con una mirada seductora parecía desvestirla, reparó en su nueva vestimenta -¡Qué guapa estás hoy!- le dijo casi en un susurro que le erizaba la piel.

    -¿Entonces, te paso a buscar el viernes?- los ojos de Samantha brillaban casi inocentes ante ese hombre, no se explicaba por qué y tampoco quería cuestionarlo, tan sólo sabía que su cercanía con Renato la hacían sentir viva. Que despertaba sus deseos casi olvidados.
    -Ya compré un bañador, no tendría sentido guardarlo ahora en el closet.
    -¿eso es un sí?- por instantes la imagen de Nidia volvió a pasar por su mente, perderse esta aventura podría significar dejarle el camino libre a ella.
    -Sí- Samantha sonrió con malicia, muchas cosas dependerían de este fin de semana.

  5. Comentario por joaco @ Mayo 31, 2008, 4:42 am

    II

    “De veras que estos bodys modernos son una maravilla. Me desaparecieron las llantitas y la panza. Hasta me pude comprar este conjunto deportivo de una talla menos de la que soy. Además este tono oscuro disimula los kilos de más que me cargo.” Se decía satisfecha Samantha al contemplar su imagen reflejada en los cristales de acceso a la compañía telefónica Dalcia, S. A. en donde trabajaba como coordinadora de grupo.
    Había llegado poco antes de la hora acordada con Renato para ir al curso de rafting. Y aunque en un primer momento había pensado en no asistir, finalmente tuvo que aceptar pues Renato había insistido. Era el jefe y había que tenerlo contento. Además, pensaba, era tan guapo y vestía tan bien que hacer el viaje en su automóvil último modelo haría que sus subalternas murieran de envidia.
    “Ay Dios mío, pero ¿qué voy a hacer para el traje de baño? Tendré que quitarme el body y las carnes volverán a colgarse. ¿Y si no hay traje de neopreno de mi talla? Me moriré de vergüenza. Dios mío, ¿por qué las cosas están tan mal repartidas, por qué a otras les toca lo bueno y a mi todo lo malo? Gorda, pesada, antipática, malgeniosa y, para acabarla, casada con un don nadie, en fin… Tendré que inventarme algo para no hacer el ridículo frente a toda la compañía.”
    “Titín, mi Titín. Es lo único que verdaderamente me da fuerzas para seguir adelante. Ojalá y no se le olvide a mi madre hablar con Juan para ver si no se les ofrece nada. Porque seguramente Juan se irá de bares desde la tarde y es capaz de dejar a mi Titín solo en casa. Cómo quisiera ganar el dinero suficiente para tener una nana en casa y no estar dependiendo de mi madre todo el tiempo. Me revienta que a la menor oportunidad me eche en cara el favor que me hace cuidando a mi angelito todos los días. Pero, bueno ahora tiene razón pues hasta el fin de semana tiene que estar al pendiente. Por más que le expliqué que no podía faltar al curso, que era parte de mi trabajo, no dejó de reprocharme el favor. Si entendiera que no puedo descuidarme ni tantito en el trabajo. Cada vez se presentan aspirantes mejor preparadas que yo, con la universidad terminada y jóvenes, como Nidia.”
    “¡Claro! Este fin de semana buscaré el momento para convencer a Renato de que Nidia no tome el curso de excelencia telefónica que he estado preparando desde hace una semana. No me conviene que entre a trabajar de fijo con nosotros. Es joven y muy guapa. Además en la entrevista inicial que tuvo con nosotros, Renato no le quitó los ojos de encima. Pues claro, junto a mi el contraste fue inmenso, relució su belleza y su buen cuerpo.”
    Los pensamientos de Samantha fueron interrumpidos por el saludo de Renato que llegaba en ese momento:
    -Buenos días, Samantha. Veo que está lista. ¿Nos vamos?
    -Buenos días, licenciado. Cuando usted diga.- contesto Samantha mostrando la mejor de sus sonrisas.

  6. Comentario por CarminaCD @ Mayo 31, 2008, 10:56 am

    Dalcia S.A. semejaba una casita en la pradera. Su césped cuidado emergía como por ensueño y trabajar allí era más un privilegio que una obligación. Samantha paseaba la mirada por el verde recién cortado y no podía disimular un cierto orgullo, como si todo aquello fuera de su propiedad. Llevaba puesto un conjunto de chaqueta y pantalón con aire deportivo aunque le había costado encontrarlo de su talle. Estaba harta de que no hubiera ropa juvenil para gorditas y esto era lo más sport que se había probado. Por supuesto no estaba dispuesta a ir de chándal. Con chándal parezco una vaca. Le costó mucho apuntarse al curso de rafting, pero Renato le dijo que como coordinadora de grupo no podía faltar. Renato era un jefe cercano, maravilloso, pero no hubiera podido contarle sus horribles sueños de los últimos días: verse en medio del grupo en bañador, que alguien le preguntara su talla para el traje de neopreno. Lo siento, no tenemos esa talla. O aún peor, que le dieran un traje y no consiguiera introducirse en él. Además tuvo que convencer a su madre para que se quedara con Titín. Con cinco años, su niño ya no le daría mucho trabajo, pero su madre era experta en chantaje emocional y le cobraría el favor, lo sabía. Cuando le enseñó el conjunto que se había comprado tuvo que oírla, como siempre. ¿Vas a ir así? ¿Te has visto en el espejo? Para su madre hubiera sido más adecuado un traje de chaqueta que le disimulara más los kilos aunque ella los veía con cualquier vestimenta. En realidad, por mucho que se esforzara en adelgazar, Samantha siempre sería la hija gorda que no quiso tener y aprovechaba cualquier momento para recordárselo. Era una causa perdida.
    La invitación de Renato para llevarla en su coche al curso la acabó de decidir, eso y la ausencia de protesta de parte de Juan. Juan nunca protestaba, mejor así, no soportaría estar casada con un hombre demasiado mandón.
    Si Renato se atrasara un poco más ella piensa que no resistiría la tentación de volverse a casa. Este curso de rafting organizado por la empresa la trae de los pelos. Se tranquiliza porque sabe que se merece un descanso después de todo el trabajo dedicado a la organización y puesta en marcha del curso de excelencia telefónica. ¿A quién llamaría para integrar el curso? La chica de cabello largo y oscuro, esa a la que Renato prestaba especial atención…Nidia. Bien, habían hecho buenas migas, sí; se hubiera insertado perfectamente al grupo de trabajo. Dócil y a la vez emprendedora, simpática con sus pares y le hubiera caído bien a los clientes al teléfono si no fuera porque mejor le cayó al futuro jefe durante la entrevista, ella la tomaría. Pero, ¡ni que Renato fuera de su propiedad! ¿por qué dejar fuera a la pobre chica? ¿ estaba celosa acaso?
    Una mano sobre su hombro la alejó de tales contemplaciones y ya no tuvo tiempo para echarse atrás, Renato la miraba a los ojos y esbozaba esa sonrisa que era más de invitación que de simpatía.

  7. Comentario por Lola T @ Mayo 31, 2008, 5:13 pm

    1. Samantha se encontraba a las puertas de Dalcia, S.A. empresa en la que trabajaba desde hacia dos años. Estaba esperando a Renato, su jefe que no estba siendo nada puntual.
    El edificio semejaba una casita instalada en la pradera. Su cuidado césped emergía como porensueño y trabajar allí parecía más un privilegio que una obligación.
    Samantha que había llegado muy temprano a la cita, paseaba su mirada por el verde recién cortado y no pdía disimular cierto orgullo, como si todo aquello fuese de su propiedad.
    Se había puesto un conjunto de chaqueta y pantalón con aire deportivo, aunque encontrarlo fue todo un poema por su talla.
    Estaba harta de que no hubiera ropa juvenil para gorditas y esto era lo más sport que había probado.
    Por supuesto no estaba dispuest a ir en chandal.
    - Con chandal parezco una vaca, pensó para sí. Le costó apuntarse al curso de rafting, pero Renato le dijo que como coordinadora de grupo no podía fatar.
    Renato era un jefe cercan, maravilloso, pero no le hubiera podido contar sus horribles sueños suridos durante los últimos días:verse en medio del grupo en bañador, que alguien le preguntara su talla para el traje de neopreno y recibir como respuesta: - Lo siento , no teemos esa talla. O peor aún, que le dieran un traje y no consiguiera introducirse en él.
    Además tuvo qe convencer a su madre para que se quedara con Tintín. Con cinco años, su niño ya no le daría trabajo, pero su madre era un aexperta en cantaje emocional y le cobraría este favor. Cuando le enseñó el conjunto que se había comprado tuvo que oírla como siempre. ¿Vas a ir así? ¿Te has visto en el espejo? Para su madre hubiera sido mas adecudo un taje chaqueta que la disimulara los kilos unque ella los veía en cualquier vestimenta. En realidad, por mucho que se esforzara en adelgazar.
    Samantha siempre sería la hija gorda que no quiso tener y aprovechaba cuanquiel circunstncia para recordárselo. Era una causa perdida.
    La invitación de Renato para llevarla en su coche al curso le gustó. Y se decidió porque su marido Juan nunca se oponía a sus salidas. Por eso estaba casada con él, no soportaría un marido fuera un freno en su vida.
    Durante la espera y mientras jugaba con el teléfono móvil recordaba el curso de excelencia telefónica. Allí había asistido también Nidia, y realmente no sabe porque le molestaba tanto la manera que tenía de mirar a Renato. Claro, Renato no se quedaba corto mirando los atributos de Nidia. En realidad Nidia no era tan encantadora como ella se pensaba pero había algo que atraía a todos los hombres. Mientras seguía apretando teclas del artilugio iba deduciendo que Nidia era como las encantadoras de serpientes y algo se eso tenía que ser con los hombres también. Y Samantha se reía. La espera se estaba haciendo larga porque Renato se estaba retrasando ya más de un cuarto de hora. Pero escucho el sonido de un coche y allí estaba Renato.
    Samantha lo miró mientras Renato salía del coche.
    - Llegas tarde, le dijo Samantha. Y terminó sonriendo pero sobre todo pensando en la encantadora de serpientes. ¡Vaya ocurrencia!
    - Disculpa el retraso, pero te diré que me gusta hacer esperar a las mujeres. Concluyo con una carcajada Renato.

    A Samantha no le gustó demasiado esa disculpa pero sabía que Renato era así y lo aceptaba en cierto modo. Algo había en él que le hacía sentirse bien a su lado.
    Subieron al automóvil para dirigirse a la escuela de Rafting.

  8. Comentario por zagalred @ Mayo 31, 2008, 9:44 pm

    Dalcia S.A. semejaba una casita en la pradera. Su césped cuidado emergía como por ensueño y trabajar allí era más un privilegio que una obligación. Samantha paseaba la mirada por el verde recién cortado y no podía disimular un cierto orgullo, como si todo aquello fuera de su propiedad. Vestía un conjunto de chaqueta y pantalón con aire deportivo aunque le costó encontrar la de su talla. Estaba harta de que no hubiera ropa juvenil para gorditas y esto era lo más sport que se había probado. Por supuesto no estaba dispuesta a ir de chándal. Con chándal parezco una vaca. Le costó mucho apuntarse al curso de rafting, pero Renato le dijo que como coordinadora de grupo no podía faltar. Renato era un jefe cercano, maravilloso, pero no hubiera podido contarle sus horribles sueños de los últimos días: verse en medio del grupo en bañador, que alguien le preguntara su talla para el traje de neopreno. Lo siento, no tenemos esa talla. O aún peor, que le dieran un traje y no consiguiera introducirse en él. Además tuvo que convencer a su madre para que se quedara con Titín. Con cinco años, su niño ya no le daría mucho trabajo, pero su madre era experta en chantaje emocional y le cobraría el favor, lo sabía. Cuando le enseñó el conjunto que se había comprado tuvo que oírla, como siempre. ¿Vas a ir así? ¿Te has visto en el espejo? Para su madre hubiera sido más adecuado un traje de chaqueta que le disimulara más los kilos aunque ella los veía con cualquier vestimenta. En realidad, por mucho que se esforzara en adelgazar, Samantha siempre sería la hija gorda que no quiso tener y aprovechaba cualquier momento para recordárselo. Era una causa perdida.
    La invitación de Renato para llevarla en su coche al curso la acabó de decidir, Juan nunca protestaba, mejor así, no soportaría estar casada con un hombre demasiado mandón.
    Solo piensa que este curso será un descanzo para su vida que de por si, ya es aburrida y que estos días espera sean emocionantes.
    Al rato, Renato la mira a los ojos y estira su mano hacía ella invitándola a entrar al coche.

  9. Comentario por KAMIL @ Junio 1, 2008, 11:31 am

    Dalcia S.A. era una enorme nave situada en una pradera. Su cuidado césped emergía como por ensueño de la naturaleza y trabajar allí parecía un privilegio más que una obligación. Samantha paseaba la mirada por el verde recién cortado y no podía disimular un cierto orgullo, como si todo aquello fuera de su propiedad. Se había puesto un conjunto de chaqueta y pantalón con aire deportivo aunque le había costado encontrarlo de su talla. Estaba harta de que no hubiera ropa juvenil para gorditas y esto era lo más sport que había probado. Por supuesto no estaba dispuesta a ir de chándal. Con chándal parezco una vaca. Le costó mucho apuntarse al curso de rafting, pero su jefe le dijo que como coordinadora de grupo no podía faltar. Renato era un jefe cercano y maravilloso, pero no hubiera podido contarle sus horribles sueños de los últimos días: verse en medio del grupo en bañador, que alguien le preguntara su talla para el traje de neopreno. Lo siento, no tenemos esa talla. O aún peor, que le dieran un traje y no consiguiera introducirse en él. Además tuvo que convencer a su madre para que se quedara con Titín. Con cinco años, su niño ya no le daría mucho trabajo, pero su madre era experta en chantaje emocional y le cobraría el favor, lo sabía. Cuando le enseñó el conjunto que se había comprado tuvo que oírla, como siempre: ¿Vas a ir así? ¿Te has visto en el espejo? Para su progenitora hubiera sido más adecuado un traje de chaqueta que le disimulara los kilos aunque los veía con cualquier vestimenta. En realidad, por mucho que se esforzara en adelgazar, Samantha siempre sería la hija gorda que no quiso tener y aprovechaba cualquier momento para recordárselo. Era una causa perdida.
    La invitación de Renato para llevarla en su coche al curso la acabó de decidir, eso y la ausencia de protesta de Juan. Juan nunca protestaba, mejor así. No soportaría estar casada con un hombre demasiado mandón. No había sido muy difícil convencerlo. Llevaba toda la semana trabajando en el curso de excelencia telefónica y estaba agotada. Le dijo que necesitaba relajarse y un poco de deporte le vendría bien aunque siempre tenía en su contra el maldito cigarro que no era capaz de abandonar. Al principio creyó que no podría organizar la formación para teleoperadoras, pero resultó más fácil de lo que esperaba. Nidia, una de sus empleadas, había hecho algo parecido el año pasado y se había ofrecido a dejarle sus apuntes. Sólo les echaré un vistazo, le aseguró, pero en cuanto lo tuvo en sus manos, supo que aquello era un milagro y tenía que aprovecharlo. Además Nidia sólo había hecho una sustitución y no sabía si la volvería a llamar. Sin duda estaba muy preparada, así que no le vendría mal esperar tranquilamente a que necesitara sus servicios. Renato había manifestado enseguida su intención de contratarla de forma estable, pero ella había influido para que fuera un mes a prueba con la excusa de que así se iría adaptando a las necesidades del puesto. Nunca olvidaría aquella entrevista: las ansias de Renato por contratar a Nidia y sus ojos desnudándola habían contrariado tanto a Samantha que apenas pudo controlar los nervios. En la media hora que duró la conversación notó aquel sarpullido que le salía en la cara cuando algo la desquiciaba. Afortunadamente, había podido frenar los primeros impulsos de su jefe y ahora Nidia estaba en lista de espera para el curso de excelencia. No deja de ser gracioso que le vaya a dar un curso con sus propios apuntes, pensó mientras miraba el reloj. No tenía remordimientos ¿por qué habría de tenerlos? Si Nidia quería un puesto estable era lógico que invirtiera en ello y colaborar con ella era una forma de hacerlo, la mejor forma de hacerlo.
    Renato se estaba retrasando. Hacía veinte minutos que estaba delante de la empresa y no se le veía por ninguna parte. Espero que no se haya arrepentido. Recordó la conversación con su madre, había intentado convencerla para que no se fuera. El niño te necesita y yo ya estoy mayor para hacer de niñera. Mamá, sólo serán dos días, Titín no te causará ningún problema. Durante la semana tienes trabajo y no me importa hacerme cargo de él, pero el fin de semana es asunto tuyo. Y además creo que tienes un marido. Aunque pareciera lo contrario, la relación suegra –yerno era perfecta, pero el placer de torturar a Samantha la superaba. Juan hacía todo tipo de arreglos en su casa sin protestar, era el yerno ideal y cada vez protestaba menos porque la suegra siempre tenía en los labios la frase adecuada: yo me encargo de vuestro hijo, pero ¿Quién se encarga de mí? Samantha la disculpaba diciendo que la viudedad temprana no le había sentado bien y Juan la disculpaba y callaba porque era un hombre de paz y ya bastantes problemas le daba su propia madre como para preocuparse de su suegra.
    Renato no llegaba. Aprovechó para llamar a Titín que acababa de venir de la escuela. El niño está bien, no te preocupes. La abuela estaba encantada con él, pero siempre acababa pidiendo una recompensa: una paellera eléctrica, un vestido, un collar, pagar la cuenta de los pintores que renovaron el salón: es que el niño lo mancha mucho, le explicó. Pero lo peor de todo era su candidatura eterna a que se trasladaran a vivir con ella. Tras años de psicólogo no habían conseguido que se acostumbrara a dormir sola en aquella inmensa casa y una semana tras otra volvía a cantar la maravilla de vivir todos juntos y a insistir en que les dejaría el piso de arriba para ellos y todos serían felices. Este punto era uno de los que Juan no aceptaba y aunque no decía nada a doña Rosa, su suegra, sí le había dejado claro a Samantha que jamás vivirían bajo el mismo techo que su madre. No tenía que insistir, ambos coincidían en este particular. Juan y ella estaban de acuerdo en lo esencial, administrativamente se podía decir que eran una comunidad de bienes, pero palabras como pasión y sexo no encajaban en su convivencia diaria. Él llegaba tarde de trabajar o de tomar un vino con los amigos y cuando se tumbaban en la cama ya estaban vencidos por el sueño. El sexo que había era escaso y rápido con el agravante de que Juan no toleraba el humo y tras un breve coito Samantha tenía que irse a la sala a fumar. A veces tenía la sensación de que la única función de Juan había sido copular con ella para engendrar a Titín. Lástima no haberlo devorado después de la fecundación como la viuda negra de aquel documental, pensaba a veces.
    Se estaba poniendo nerviosa, ya había dado cincuenta vueltas delante de la verja de la empresa, el guarda de seguridad la había mirado y la había saludado al principio, pero ahora simplemente tenía curiosidad por saber qué hacía allí. Empezaba a sentir vergüenza ¿Qué pensaría el guarda al verla salir con Renato? O peor ¿Qué pensaría si se daba cuenta de que le habían dado plantón? Quizás no había sido tan buena idea venir. En casa la esperaba su marido, si se iba ahora podría poner la excusa de una indisposición repentina y volvería al hogar de donde no tenía que haber salido. Empezó a caminar hacia el aparcamiento intentando evitar al guarda cuando oyó un claxon a sus espaldas. El Mercedes Clase C de Renato estaba justo detrás. Se sonrojó y hasta se le humedecieron los ojos de emoción mientras el corazón le golpeaba la garganta, el pecho, el cuerpo todo. Él dijo: ¿Llevas mucho tiempo esperando? Y ella: No, no, acabo de llegar.

  10. Comentario por IAIA @ Junio 2, 2008, 3:01 am

    Dalcia S.A. semejaba una casita en la pradera. Su césped cuidado emergía como por ensueño y trabajar allí parecía un privilegio más que una obligación. Samantha paseaba la mirada por el verde recién cortado y no podía disimular un cierto orgullo, como si todo aquello fuera de su propiedad. Se había puesto un conjunto de chaqueta y pantalón con aire deportivo aunque le había costado encontrarlo de su talla. Estaba harta de que no hubiera ropa juvenil para gorditas y esto era lo más sport que había probado. Por supuesto no estaba dispuesta a ir de chándal. Con chándal parezco una vaca. Le costó mucho apuntarse al curso de rafting, pero Renato le dijo que como coordinadora de grupo no podía faltar. Renato era un jefe cercano, maravilloso, pero no hubiera podido contarle sus horribles sueños de los últimos días: verse en medio del grupo en bañador, que alguien le preguntara su talla para el traje de neopreno. Lo siento, no tenemos esa talla. O aún peor, que le dieran un traje y no consiguiera introducirse en él. Además tuvo que convencer a su madre para que se quedara con Titín. Con cinco años, su niño ya no le daría mucho trabajo, pero su madre era experta en chantaje emocional y le cobraría el favor, lo sabía. Cuando le enseñó el conjunto que se había comprado tuvo que oírla, como siempre. ¿Vas a ir así? ¿Te has visto en el espejo? Para su madre hubiera sido más adecuado un traje de chaqueta que le disimulara más los kilos aunque ella los veía con cualquier vestimenta. En realidad, por mucho que se esforzara en adelgazar, Samantha siempre sería la hija gorda que no quiso tener y aprovechaba cualquier momento para recordárselo. Era una causa perdida.
    La invitación de Renato para llevarla en su coche al curso la acabó de decidir, eso y la ausencia de protesta de Juan. Juan nunca protestaba, mejor así, no soportaría estar casada con un hombre demasiado mandón.
    Samantha está esperando a Renato parada en la puerta de la empresa pensando en el famoso curso de rafting. Tenía varios motivos para no ir: principalmente pavor de que la vieran en traje de baño. En segundo lugar, la sensación de ridículo que le invadía al solo imaginar si no hubiera traje de neopreno de su talla. ¡Qué bochorno! ¿Y el trabajo de los últimos días preparando el curso de excelencia telefónica? Se acuerda de Nidia con la que tuvo bastante relación el mes que estuvo trabajando por ETT. Ya no le apetece que venga al curso. Esa Nidia lo mira mucho a Renato, lo mira con otros ojos. Ni le gusta nada cómo la mira Renato. Ni hblar de la entrevista de trabajo que le hicieron antes de contratarla.
    Mientras seguían fluyendo todos estos pensamientos, la silueta de Renato se acerca.

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