Nevó…

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — Ursus at 12:32 am on Miércoles, noviembre 18, 2009
Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve.

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró a tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve, pero en un segundo y a pocos metros de ti, de ella, empapé de ? rojo aquella nieve blanca. No tenía fuerzas para proseguir y decidí regresar… muy contrario a lo que tú esperabas, muy contrario a lo que ella imaginaría.

Toqué el timbre con las pocas fuerzas que me quedaban y oí ese silbido en mis oídos, una mezcla de pájaros y viento, me desplomé. Cuando abrí los ojos, te tenía ahí mirándome perplejo, tenías en tus manos mi boleto de avión. Me habías cuidado bien , la hemorragia había parado.

-¿Pensabas irte así? ¿Así?

No pude contestarte, ni siquiera podía mirarte a los ojos porque todo en mí estallaría.

-Igual te hubiera encontrado y lo sabes. Más aún que sé que lo quiero es vivir contigo, aunque fuera un sólo día, aunque sólo tuviéramos un sólo miserable día. Ninguna enfermedad, ninguna fuerza o circunstancia humana me harían desertar a ti… no vuelvas a huir de mi, por favor. Tú has creído en mí más que nadie , siempre.

Ahí entró esa mujer, dónde estuvo todo ese tiempo?, no lo sé. Pero su olor ya no me pareció el de una p… me avergoncé… de mí, de mi locura, de mi pequeñez…de la cobardía que hubiera sido dejar a aquel hombre maravilloso.

Ella se acercó a mí, y muy feliz me dijo que había traído el contrato con la galería, que no había podido esperar hasta el lunes y decidió partir aún con nieve, a nuestra casa… porque era «nuestra»; a traernos la gran noticia que nosotros esperábamos . Sus palabras eran dulces, no había nada malintencionado en ellas, sólo habían sido mis demonios, mis celos, mis inseguridades que lo tergiversaron todo, todo al punto de casi perderlo todo.

No importan los detalles, ese día la connotación de la nieve fue increíble, tan inesperada nieve trajo claridad a nuestras vidas, a mi vida en particular, fue como un baño blanco del alma, fue como aplastar la negrura no sólo de mi enfermedad, sino de mi corazón. Casi no podía razonar pensando que él me dejaría, imaginando a cualquier mujer, la peor mujerzuela tratando de seducir al hombre que era lo único que me ligaba a esta vida. Había resuelto marcharme aquella tarde pero no era tan necia, no fui tan necia, de eso estoy orgullosa.

Ahora pienso, si esa claridad no hubiera llegado de pronto , así… tan inesperada, qué hubiera sido de nosotros? qué hubiera sido de mí? Cegada por el orgullo, los celos y la violencia la enfermedad hubiera terminado por matarme en unos pocos días. Todo eso es tan lejano ahora, en la debilidad de mi enfermedad hallé fortaleza, algo que no hubiera esperado, algo que no conocía.

El velo que muchos llevamos delante, tiñe de otro color no sólo nuestras mentes, sino también nuestros corazones…eso es lo que yo había recordado de las palabras que mi madre me dijera el día que me casé y sólo después de mucho las entendí, adquirieron forma ese día de nieve.

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