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Filed under: Ensayo: Segundo ejercicio — Carminacd at 3:21 pm on Martes, mayo 25, 2010

Dentro de las relaciones laborales podríamos incluir la relación médico-paciente. Después de todo, en este caso, el lugar del trabajador lo ocupa el médico y el lugar del empleador lo ocupa el/la paciente como persona física (si fuera, por ejemplo, una consulta privada, quien va a hacerse visitar aporta directamente el capital; si abona mensualmente para recibir una prestación de medicina privada, aporta también el capital a través de su cuota y si se hace revisar en hospital público y paga sus impuestos, imagino que siempre estamos en la misma ya que aporta el capital). Tiene que haber, como en toda relación, normas que la regulen; una ética regulativa que, por supuesto, tendrá, admitidas o no, sus excepciones a la regla. En sí, es una relación laboral individual ya que se establece entre un trabajador aislado directamente con su empleador. Como definición se puede señalar (UNIVERSIDAD DEL MAYAB, ESCUELA DE MEDICINA, Dr. José Luis Luna Mtz.):

“ES AQUELLA RELACIÓN QUE SE ESTABLECE ENTRE EL MÉDICO Y EL PACIENTE CON EL FIN DE DEVOLVERLE A ÉSTE LA SALUD, ALIVIAR SU PADECIMIENTO Y PREVENIR LA ENFERMEDAD”

Según Héctor Rodríguez Silva, DrC. Profesor del Hospital “Hermanos Ameijeiras” de Cuba, estas relaciones se definen por sus características y clasificación en activa-pasiva, cooperativa guiada y de participación mutua. Es de su parecer, además, que este tipo de relaciones ha cambiado través del tiempo y concuerdo completamente con este juicio. Según mi corto entender, aunque la ayuda que el médico debe ofrecer a su paciente deba ser completamente humanitaria y sensible por necesidad; la mayoría de las veces, el segundo se enfrenta a una montaña de hielo que ha visitado cincuenta personas antes que a él y ya no tiene ningún deseo de hablar ni de dar explicaciones, de otra forma validísimas para el pobre enfermo. Las características del médico en esta interrelación las resumió? Hipócrates hace más de 2000 años cuando consideró que el médico debía reunir cuatro cualidades fundamentales: conocimientos, sabiduría, humanidad y probidad. ? Continuando con el estudio desarrollado por el Doctor Héctor Rodríguez Silva, “la relación activo-pasiva es aquella que se establece con enfermos en estado de coma, o que se encuentran en una situación que no les permite establecer una relación más participativa. La relación cooperativa guiada es la que se establece con pacientes que están en condiciones de cooperar en su diagnóstico y tratamiento. La relación de participación mutua, no sólo contempla el cumplimiento del tratamiento, sino el control en discusión frontal de situaciones y actitudes relacionadas con la causa y evolución de la enfermedad.”

En conclusión, las dos partes son seres humanos con defectos, virtudes y humores que se deben saber administrar y amoldar según las características de cada uno en el momento de la interrelación con el otro. El paciente vendrá predispuesto según la gravedad de su enfermedad y la confianza que le inspire el profesional que debe visitarlo. El médico llegará a ese momento con su bagaje cargado de sus frustraciones, emociones y el estrés creado por su trabajo, como cualquier otro ser humano.

AMOR EN EL TRABAJO

Filed under: Ensayo: Segundo ejercicio — Alfonso at 11:04 am on Sábado, mayo 15, 2010

Las relaciones laborales se pueden abordar desde numerosos puntos de vista. Quiero fijarme en las relaciones personales que se establecen entre los trabajadores que trascienden el mundo laboral e incluso las relaciones afectivas que se dan convirtiéndose en relaciones de amor.

¿Es posible establecer relaciones amorosas con un compañero o compañera de trabajo? ¿Es conveniente? O como dice más de uno es mejor huir de relaciones amorosas en donde se trabaja.

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Debemos tener en cuenta que las relaciones afectivas se establecen entre personas que se tratan y se conocen. El trabajo en ocasiones da el marco propicio para establecer esta relación además en un número considerable de horas y durante mucho tiempo. No es raro por tanto que las personas establezcan relaciones afectivas que van desde el mero compañerismo hasta el amor más apasionado. En circunstancias especialmente difíciles esta relación se hace más estrecha como puede ser en huelgas, manifestaciones e incluso encierros. También en proyectos cooperativistas que unen a los trabajadores-empresarios enlazando su vida “para lo bueno y para lo malo” durante todo el tiempo de duración de la empresa, en muchas ocasiones toda una vida, lo cual se parece mucho a un matrimonio.

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No podemos tampoco pasar por alto aunque sea de forma efímera que también como en cualquier orden de la vida se pueden dar relaciones dañinas o de odio.

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Una vez establecida la normalidad y racionalidad de que las personas pasando largo tiempo juntas se quieran o se odien debemos pensar si esto es bueno o malo.

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Trataremos primero el punto de vista del empresario que se preocupa sobre todo por la producción y que paga a los trabajadores para que trabajen. Desde este punto de vista todo lo que distraiga al trabajador de su labor no es conveniente. Pasando por alto que como todo el mundo sabe las malas relaciones no son fructíferas y que en todas las empresas medianamente serias se intenta que haya un ambiente adecuado de trabajo pasaremos a estudiar las relaciones de cariño.

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¿Las relaciones de cariño distraen al trabajador de su labor? ¿Tiene derecho el empresario a interferir en las relaciones de sus obreros?

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Seguramente el amor pasa por una serie de fases en las que el estado de la persona varía considerablemente.

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Es posible que en la fase de enamoramiento las personas estén más descentradas. Suspiros, distracciones, sonrisas, la mirada perdida pueden ser síntomas del inicio del amor que quizás pueda determinar una menor atención a la producción. Pero si este enamoramiento se hubiera dado con alguien de fuera del trabajo probablemente también determinaría un estado parecido. De lo que podemos deducir que el enamoramiento es un estado natural del individuo en el que se produce un cambio interno y que por tanto no se da de manera deliberada y evitable. Razón por la cual el empresario deberá asumir esta cuestión como tantas otras del individuo, enfermedades, alegrías y tristezas que influyen en mayor o menor medida en el trabajo. Y deberá asumirlas porque también se beneficiará del aumento en la producción que se deriva de la felicidad y estabilidad de los individuos en fases sucesivas del amor.

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Por otra parte e intentando responder a la siguiente pregunta el empresario no tiene derecho a interferir en las relaciones de su personal si estos mantienen una conducta adecuada en la empresa y si esto no fuera así debería reconvenirles en lo concerniente a su trabajo evitando cualquier alusión a su vida personal.

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También seguramente el trabajador se verá afectado si estas relaciones amorosas se rompen o fallan apareciendo triste y apagado, pesimista y frustrado con lo que repercutirá en su labor.

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Desde el punto de vista del trabajador, el trabajo no es más que una extensión de su vida personal que abarca una gran cantidad de tiempo en la que tiene una vida de relación como en cualquier otro lugar y por tanto y de forma inexorable le surgen como ya hemos dicho amores y odios. Es una necesidad vital de la persona que establece vínculos con los que le rodean.

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En conclusión creo que las relaciones laborales son absolutamente normales, inevitables e incluso deseables en un marco en el que la estabilidad, el compañerismo y la armonía ayudan a desarrollar una labor de mejor manera. Relaciones sanas, mutuas y de ayuda. Por supuesto cualquier relación anómala o patológica debería ser tratada por los servicios médicos o psicológicos si fuera necesario sobre todo en el momento en el que la conducta de estos individuos reflejase claramente una alteración de la normal relación con el adecuado respeto que las personas se merecen y se deben.

Moussa, Cheikh y Khady

Filed under: Redacción: Cuarto ejercicio — Alfonso at 4:26 pm on Sábado, mayo 8, 2010

Querido y amado Moussa:

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Te escribo esta carta con la ilusión de que estando vivo puedas algún día saber del amor de tu mujer y tu hijo.

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Quiero que sepas que junto a nuestro hijo Cheikh sois las dos personas que más he amado en mi vida. Realmente sois las únicas personas que me disteis amor. Huérfana desde pequeñita, viví como pude semiabandonada. Tuve suerte, te conocí muy pronto; tu también estabas necesitado de cariño como yo; siempre te portaste bien conmigo. Supiste cuidarme y logramos escapar a violaciones, mutilaciones y muerte y me diste un hijo. Antes de que naciera tuviste que marchar a la guerra obligado por hombres malos. Nunca más supe de ti. Maldita guerra que desde niña me lo robó todo. La necesidad me llevó a un campo de refugiados donde mi embarazo llegó a término. Dentro de la miseria tuve a mi hijo. Desde pequeña guardé celosamente el sueño de ser madre algún día. Creo que como todas las mujeres del mundo, soñaba con acunarle, abrazarle y verle crecer sano y fuerte. Pero ningún sueño es comparable al momento en que después de un importante esfuerzo le pude coger entre mis brazos. He llorado mucho en mi vida, en ocasiones con lágrimas secas pero esta vez lloré de felicidad como nunca lo he hecho. Te eché mucho de menos mi querido Moussa. También aquí tuve suerte y pude dar de mamar a nuestro hijo protegiéndole de la violencia, la pena y el hambre. Muchas veces le he cantado nanas, le he hablado de ti y le he contado cuentos e historias en las que su padre era un hombre al que merecía la pena parecerse.

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Aquí dicen que hay otros países en que la gente come hasta saciarse y no pasa necesidad. No deben conocer nuestra situación, pues teniendo todo lo que tienen acudirían en nuestra ayuda. Quizás algún día podamos llegar allí y después de enterarse de nuestras desgracias nos atenderán y acudirán prestos a socorrer a todas las personas que aquí penan.

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Querido Moussa un día la leche se me secó, quizás fue por que no tenía casi comer, ese día tengo que decirte que lo dí todo por alimentos para nuestro Cheikh, espero que algún día puedas perdonarme pero una madre renuncia sí misma por la vida de un hijo.

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Era guapísimo, le cepillaba y le limpiaba. A veces, cuando había algo que comer sonreía. Se fue quedando delgadito, delgadito, le tenía que coger con cuidado y un día sin decir nada, sin ningún quejido el amor más grande de mi vida se fue entre mis brazos. Te eché mucho de menos mi amado Moussa.

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Sola, terriblemente sola, mi vida no tiene sentido. Todo lo que amaba lo he perdido y solo en algunas ocasiones me aferro al sueño de que tú sigas vivo. A veces, semiinconsciente, te he visto volver entre la bruma, acercarte y abrazándome llevarme al país de la paz y la prosperidad dejando para siempre este mundo de muerte y desolación. Otras veces tengo pesadillas en que vuelves de la guerra convertido en un hombre embrutecido y cruel al que desconozco, entonces prefiero creer que has muerto siendo el que yo conocí.

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Sin ti y sin mi hijo nada me ata a la vida. La pobreza, el hambre y la guerra no dejan sitio al amor. Aquí es un bien escaso. Yo lo conocí y ya no puedo vivir sin él. Es por eso que habiéndolo perdido ya no deseo vivir.

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Te escribo esta carta con la ilusión de que estando vivo puedas algún día saber del amor de tu mujer y tu hijo.

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Khady

Campo de refugiados de Dafur (Sudan)

EL VIAJERO INDOMABLE

Filed under: Relato - Cuarto ejercicio — Alfonso at 5:41 pm on Miércoles, mayo 5, 2010

Allí estaba él, Baldomero, metido en un globo con dos ancianos, el Señor Marqués y su amigo Tobías, a toda velocidad hacia lo desconocido. ¿Como había llegado hasta allí? ¿Cómo se había podido meter en este lío? No tenía ninguna necesidad de esto ya que llevaba una vida apasionante al lado del señor Marqués en su casa de las afueras de Londres.

El Señor marqués vivía retirado del mundanal ruido con su fiel mayordomo Baldomero dedicado a sus pequeñas obsesiones después de una intensa vida de viajes, descubrimientos y exploraciones. Ya mayor y con síntomas de locura, más intensos que los que había atesorado durante toda su vida, había llenado su mansión de cuartos de baño de tal manera que tenía seis aseos; casi más que habitaciones y se dedicaba a la fontanería constantemente. Unos días cambiaba grifos, otros tuberías, a veces las tazas del vater, los bidés e incluso los platos de ducha o las bañeras. Estaba empeñado en afirmar que los enemigos de todas sus expediciones podían meterse en su casa a través de sus tuberías apareciendo en cualquier cuarto de baño. Estos tenían el nombre de los continentes y Baldomero se veía obligado a montar guardia según las sospechas de su señor y también a ayudarle con las reparaciones que considerase pertinentes para impedir que el enemigo conquistase su casa a través de las cañerías. Baldomero que había viajado con él durante años a lo largo de todo el mundo sabía perfectamente como tratar a su señor y con el debido respeto le daba capotazos a diestro y siniestro según el día de tal manera que a pesar de ser un trabajo agotador no lo fuera tanto como para desfallecer.

Hoy es lunes y el día amanece aparentemente tranquilo. Baldomero en la cocina prepara el desayuno a base de productos americanos ya que hoy es el día de América. El Señor Marqués recordará hoy sus numerosos viajes a América.

Un redoble de tambores rompe la precaria paz de la casa. Baldomero coge una bandeja con humeante café y abundantes frutas y se dirige imperturbable al salón. Allí un numeroso grupo de indígenas semidesnudos bailan al son de los timbales avanzando y retrocediendo en círculo en lo que parece una danza ancestral mientras el Señor Marqués permanece en el centro amarrado a un poste gritando desgarradoramente.

Baldomero entra y dirigiéndose al señor le dice:

-? ? ? ? ? Le dejo al Señor Marqués el desayuno en la mesa para cuando usted guste.

A lo que el marqués responde:

-? ? ? ? ? ¡Baldomero! ¡Baldomero! Mira lo que ha pasado por no vigilar el cuarto de baño de América. Estos salvajes se han introducido por las tuberías. Ahora tendré que taparlas después de deshacerme de ellos. ¡Mi fusil, Baldomero!

-? ? ? ? ? Enseguida, señor.

El criado va a buscar el fusil de su señor mientras éste se deshace de las leves ligaduras que lo mantienen atado y les grita a los indígenas

-? ? ? ? ? ¡Caníbales! ¡Cobardes! ¡Herejes!

Una vez que se hace con la escopeta y la comienza a cargar los indios que le venían mirando de reojo con gran desconfianza echan a correr de tal manera que solo puede efectuar un par de tiros al aire y seguir insultándoles durante varios minutos hasta que desapareció todo el mundo.

Al cabo de un rato y después de asegurarse que no hay nadie en el cuarto de baño y taponar adecuadamente todos los sumideros se pone a desayunar apaciblemente mientras lee el periódico.

Baldomero en la cocina prepara la comida.

Poco dura la paz en la casa pues en unas horas se vuelven a oír los gritos del Señor Marqués en el jardín.

Baldomero sale llevando un pequeño aperitivo presenciando como en la inmensa piscina el marqués da saltos en una balsa mientras tres indígenas le siguen en una frágil embarcación lanzándole lanzas con el ánimo de ensartarle. El Amazonas que así se llama la piscina, aquel día, tiene un intenso oleaje que amenaza seriamente el precario equilibrio de un enjuto Señor Marqués. Varios cocodrilos asoman sus cabezas provocadoramente.

Baldomero imperturbable deja el aperitivo en la pérgola anunciándoselo a su señor.

-? ? ? ? ? El aperitivo, Señor Marqués.

Este le llama de todo y le exige que le auxilie.

Baldomero coge el fusil y hace varios disparos. Los indios se caen al agua y salen nadando entre los cocodrilos que sospechosamente no se mueven en absoluto. Coloca una pasarela desde tierra hasta la almadía y ofreciendo su mano al Señor Marqués le ayuda a pasar mientras este se atusa los bigotes y recobra la compostura.

-? ? ? ? ? Gracias, Baldomero. Tomaré el aperitivo en la pérgola, como siempre.

-? ? ? ? ? Muy bien, Señor Marqués.

A las dos de la tarde llaman a la puerta y Baldomero abre a un hombre que elegantemente ataviado se identifica como el embajador de las Américas invitado por el Señor Marqués a comer. Toman el café en el jardín y presencian un pequeño desfile de las tribus más representativas: mayas, aztecas, incas…y por supuesto finalmente unos? bailes protagonizados por unas estupendas brasileñas a las que el Señor Marqués no quita ojo. Se estaba pasando la tarde en un suspiro hasta que varios sacerdotes precolombinos pretendieron hacer un sacrificio humano y se fijaron en él. Ya cansado de tanta actividad volvió a coger su amado fusil y repartió varios tiros a diestro y siniestro hasta que allí no quedó nadie, ni siquiera el excelentísimo embajador que había sido de los primeros en poner pies en polvorosa.

Baldomero trajo el batín, las zapatillas y la pipa anunciando al señor que en breve serviría un pequeño refrigerio a modo de cena en la biblioteca.

Allí se dirigió el Señor Marqués una vez que volvió a comprobar el cuarto de baño “América” asegurándose de que todos los tapones seguían en su sitio. Lo cual le extrañó dada la cantidad de indios que habían pululado por su casa y le reafirmó en la idea de lo inteligentes que era esta gente.

Después de la cena y una pequeña pipa Baldomero le ayuda a bañarse, por supuesto en una tina, pues no se fía de las bañeras de tapón, conectadas a las tuberías, no fuera a aparecer alguien por el sumidero. De hecho cuando en alguna ocasión Baldomero intentó lavarle en la bañera el escándalo había sido mayúsculo, razón por la cual desde entonces se hacía en la tina. Siendo sustituida esta labor, en primavera y verano, por una ducha en un aseo portátil en el jardín con conexión a un depósito de agua que no constituye amenaza para él, aunque insiste en cambiarlo de lugar casi todos los días para despistar al enemigo.

Duerme bastante bien el Señor Marqués lo cual agradece notablemente Baldomero, aunque esporádicamente alguna noche de insomnio la pase corriendo por el jardín delante o detrás, no se sabe muy bien, de enormes y peligrosos animales que pretenden devorarle. Todo se acaba con Baldomero pegando unos tiros y llevando al Señor Marqués, desfallecido, a la cama de donde ya no se mueve hasta pasadas ocho o diez horas.

El martes, Baldomero prepara té y arroz en el día de Asia. Todo está previsto. Después de desayunar, un samurai con su armadura y su Katana aparecerá dispuesto a dar muerte al Señor Marqués quien se librará por los pelos gracias al fusil de Baldomero. En la piscina un junco chino desplegará sus velas dispuesto a partir. El Marqués embarcará acompañado por Marco Polo que le visitará dispuesto a comer con él. Baldomero utilizará la pasarela para poder servirles. A los postres cuando se entreguen a la paz de un café el samurai se hará el harakiri en un recóndito lugar del jardín por la humillación de la derrota sufrida mientras un dragón chino sobrevuela la casa. Por la tarde varios monjes budistas y lamas importantes le visitarán intentando relajarle y trasmitirle la paz interior pero lamentablemente todos saldrán corriendo cuando el Señor Marqués se canse y la emprenda a tiros. Baldomero taponará todos los sumideros del cuarto de baño “Asia” y? le bañará en la tina del jardín. Le dará la cena y le arropará dispuesto a vigilar su sueño.

Todo lo tiene previsto Baldomero, todos los días del año, con sumo cuidado y con sumo cariño. Todo por el Señor con el que ha compartido toda una vida de aventuras, Don Luis Marqués, el Señor Marqués como le gusta que le llamen. Desde hace tiempo ha perdido la cabeza y solo tiene una obsesión, todas las personas que ha conocido durante sus viajes pueden aparecer en su casa entrando por las cañerías. Tan indigna obsesión ha convertido al Señor Marqués en un pobre demente. Solo la actividad a la que le somete Baldomero le ha resucitado dándole un sentido a todos los días de su vida, días en que revive sus viajes, luchas y encuentros.

Pero no siempre las cosas salen como Baldomero prevé. Oye ruidos en el jardín y supone que el marqués ha despertado y ha comenzado con el plan del día. Seguramente estará luchando con el Samurai. Saldrá al jardín y haciéndose el tonto, de la manera más normal, le anunciará el desayuno. Así lo hace y cuando llega al jardín se encuentra con un globo aerostático a punto de elevarse. En su canasta de mimbre el marqués abraza fraternalmente a alguien. No le da tiempo a pensárselo. Con una rápida carrera y un enorme salto se agarra a la barquilla mientras el globo se despega del suelo. Con un último esfuerzo se incorpora hasta el interior y se sienta desfallecido. El Señor Marqués charla ajeno a todo lo demás con otro anciano al que identifica como su amigo Tobías, compañero de fatigas en muchos de sus viajes.

Baldomero, cuando se recupera se hace cargo de la situación y recupera la compostura. Tobías ha venido a buscar a su amigo para una nueva aventura. No se explica muy bien como lo ha hecho pero lo ha conseguido. Todo lo habían planeado a sus espaldas y casi le dejan de lado. ¡Que hubiera sido de ellos!

Baldomero les quiere convencer de la locura en la que se han metido y la necesidad de volver al suelo. El Señor Marqués indignado le hace callar, afeándole su conducta y amenazándole con despedirle, lo cual en esta situación es cuando menos grotesco.

-? ? ? ? ? ¡Baldomero! ¡No seas impertinente! Y compórtate

Reconvenido de esa manera y de forma pública Baldomero cambia de estrategia.

-? ? ? ? ? El señor no me ha entendido. No disponemos de nada. Necesitamos viandas y material para la expedición. Habrá que bajar para buscarlo.

El Señor Marqués se aleja a la otra esquina de la barquilla y juntando su cabeza con la de su amigo Tobías se ponen a mascullar entre dientes, de lo que Baldomero deduce que están pensando que hacer. Repentinamente se dan la vuelta y encarándose con el mayordomo le dicen

-? ? ? ? ? De acuerdo, pero como no estamos muy seguros de tu fidelidad iremos bajando a lo largo del viaje para conseguir lo que necesitemos.

Baldomero suspira

-? ? ? ? ? Pero señor, no tenemos ni siquiera dinero para poder hacer las compras.

La carcajada de aquellos dos hombres hace temblar el globo. Baldomero les mira sorprendido. Por primera vez en mucho tiempo las cosas se le van de las manos y eso que está acostumbrado a cosas raras. Pero rápidamente comprende el motivo de sus risas cuando el Señor Marqués le enseña un gran fajo de billetes.

Baldomero se rinde a la evidencia y como siempre se dispone a proteger a su jefe y amigo en esta nueva aventura.

El Señor Marqués tiene la intención de revivir todos los viajes anteriores para así poder establecer la paz con todas las personas con las que tuvo contacto, de tal manera que una vez hecho esto no tenga ya que preocuparse nunca más de sus tuberías.

Ardua labor, piensa Baldomero y soltando más gas eleva el globo a toda velocidad.