Shana en el Bosque de Ludvin

Filed under: Relato - Tercer ejercicio — carla at 10:03 pm on Lunes, enero 4, 2010

Me llamo Shana y tengo 8 años. Vivo en el lado por donde sale el sol en el Bosque de Ludvin. Es un lugar muy bonito con árboles tan altos y tan verdes como puedas imaginar. Dice mi profesora, la Señorita Hooper, que es porque llueve mucho y así las plantas crecen y crecen. Yo al enterarme, me pasé el recreo bajo la lluvia, por si acaso, pero no pasó nada. Sigo siendo bajita para 2ª curso.

Mis amigos Velma Gallop y Morten Huggle me esperan para la excursión a la Gran Rueda. Es la zona más alejada de la parte conocida de Ludvin. Allí está la más bella de Turken, que es la única flor que crece en invierno. Si queremos pasar el examen con la Señorita debemos hacernos con una.

Mis padres me contaron que debemos tener cuidado pues el cielo bajo el que crece Turken descarga muy fuerte y las rocas que la protegen cambian de lugar para despistar nuestra vuelta, pero que confían en que podré hacerlo.

La Gran Rueda sólo es visitada una vez al año con motivo del florecimiento de Turken, la flor más apreciada por nuestra comunidad, ya que de ella sacamos el turki, el líquido usamos para curar a los animales.

Olvidé contar que soy un hada, bueno, una aprendiza de hada según mi abuela, que es ? hada también. Ayudamos a nuestros amigos los ciervos, pájaros, patos, ardillas rojas y demás habitantes del Bosque de Ludvin.

-? ? ? ? ? ? Hola, Shana- me saludan Velma y Morten.

-? ? ? ? ? ? Hola, chicos. ¿Estáis preparados?- Intento asegurarme de que no hayan olvidado traer las campanas, donde dormiremos, ni la leche que hará que estemos fuertes y para el camino.

-? ? ? ? ? ? Sí, lo tenemos todo- Me contesta Velma. – Mira, allí está Evelyn y los demás. Vamos deprisa o nos quedaremos detrás.

Corremos tanto como nuestras piernas nos permiten. La profesora nos cuenta y ya está. No falta nadie. Nos cogemos de nuestro junco verde y seguimos el orden. Cuando lleguemos a Holpi, el límite con la Gran Rueda, dirá adiós y todo dependerá de nosotros. Nos subimos en la Bici Maestra, que es donde nos desplazamos, y damos pedales incansablemente. Se dice que la fuerza y rapidez de nuestras piernas conseguirá que lleguemos antes a ayudar a los animales en peligro.

Cuando estamos subidos desde la Bici Maestra vemos los pájaros del círculo, que es la parte media de los árboles. El cuadrado es la base y la copa es el triángulo. No podemos olvidarlo porque en lo más alto de los árboles las hadas no podemos volar. Es muy peligroso.

Hemos llegado a la Gran Rueda donde cada año celebramos la Fiesta de las Flores. Necesitaremos dos días para lograr encontrar alguna Turken, según cuentan los mayores y más sabios.

La Señorita Hooper nos despide. Revisa nuestros juncos y comprueba que están verdes. Evelyn y sus dos amigas muestran con alegría los suyos. Siempre luchan por ser las primeras. A veces se ponen muy pesadas y nos molestan, sobre todo a mí, ya os dije que soy bajita para segundo curso. Hooper nos mira y sonríe. Creo que está orgullosa de nosotros. Yo estoy un poco triste porque dejará de ser nuestra profesora. Arranca la Bici Maestra y se aleja.

Somos doce niños fantasía, es decir, hadas y duendes. Vamos en grupo por el sendero amarillo que desembocará en el lago azul. Allí nos dividiremos. No me gusta la idea. Mi abuela repite cada día: “Siempre que hay retos grandes debemos estar unidos”. Desde pequeña me he dado cuenta de que es así.

El sol se oculta y debemos acostarnos ya. Necesitamos descansar para que el día de mañana podamos hacer todo lo que nos propongamos.

-Shana, despierta. Ya va a salir el sol- me anuncia Velma, que ya ha dejado pequeña la campana donde ha dormido y la lleva colgada a la espalda.

Algunos de los niños fantasía quieren dormir más y a pesar de que les pedimos que se levanten, que las rocas se moverán y no podremos volver, no hacen caso. En ocasiones, las hadas y los duendes se pueden volver perezosos.

-Debemos ir todos juntos. El estar unidos nos ayudará.- Les pido.

– Shana, tú qué sabrás. – Me dice Evelyn todavía en su Campana y se da media vuelta con la intención de volver a dormirse.

– Vamos, Shana. Que hagan lo que quieran- nos dice Morten con ganas de irse y mirando para todos los lados por si ve señales de movimiento.

Andamos y observamos cómo ya no hay tantas plantas como cerca de casa. Las rocas en esta zona empiezan a ser de colores: rojas, azules, amarillas y blancas. Velma empieza a estar cansada y paramos para beber un poco de leche. Hemos ido rápido y vamos los primeros. Mi compañero Gumper y sus amigos iban por delante.

Nos sentamos en el suelo y agitamos nuestros juncos para que el calor aparezca. Tras descansar un poco, nos ponemos de nuevo en marcha.

-? ? ? ? ? ? ¿No lo notáis?- nos habla en voz baja Morten.

-? ? ? ? ? ? ¿El qué?- contestamos a la vez Velma y yo.

De pronto el suelo comienza a moverse. Las vibraciones mueven nuestros juncos de un lado a otro. Parecen pasos, pasos pesados que se dirigen hacia nosotros. Cada vez los pasos son más cercanos. Nos juntamos los tres tras una roca azul que creemos que nos puede refugiar. Una sombra nos cubre y decidimos mediante gestos mirar qué criatura es la que nos acecha.

No nos lo podemos creer: es un dragón verde y azul. Pero un dragón que parece pequeño y triste. Nosotros, los niños fantasía, no debemos acercarnos a los dragones porque los hay que son malos y si no te conocen te intentan cazar y quemar con el fuego que echan por la boca.

Pero este dragón tiene la cara triste. Emite un sonido parecido al que hace mi hermana Jana cuando llora:- Snif, snif…? Me da tanta pena que me asomo tras las rocas.

-? ? ? ? ? ? Shana, no- tira de mi vestido Morten.

-? ? ? ? ? ? Está llorando, ¿no lo véis?. Tenemos que ayudarle.

-? ? ? ? ? ? Shana, es peligroso- me contesta asustado.

-? ? ? ? ? ? Es un animal- Eso parece convencerle.

-? ? ? ? ? ? Dragón. ¡Eh!- a mi voz, se da la vuelta despistado.

-? ? ? ? ? ? Aquí , abajo- Grito, mientras agito los brazos.- ¿Qué te pasa? Pareces afligido.

-? ? ? ? ? ? Uggg. Snif, snif.

-? ? ? ? ? ? Pero, ¿qué te pasa?- insiste Velma mientras nos ponemos frente a él.

-? ? ? ? ? ? Mi mamá se ha hecho daño. Snif, snif.

-? ? ? ? ? ? ¿Dónde está? A lo mejor te podemos ayudar.

-? ? ? ? ? ? Sois hadas. Mi mamá me dijo que sois ….

-? ? ? ? ? ? Somos hadas y tenemos que ayudar a quien esté en peligro- y mis amigos me acompañan hacia donde nos indica Taul, que es como se llama el dragoncito.

Aunque vamos hacia atrás y es posible que la Turken no podamos conseguirla decidimos ayudarle. Nos? lleva a la Gran Rueda que resulta haber caído y herido a la madre de Taul y cerrado el paso, para nuestra sorpresa, a nuestros compañeros. Evelyn está muy asustada por la madre dragón. Tratamos de tranquilizarla y le presentamos a Taul que cuando deja de llorar es muy simpático.

Nos ponemos todos a pensar, los niños mágicos de un lado y de otro, y Taul, el dragoncito, pues su madre está dormida del golpe.

Gumper, un duende muy astuto que es de mi clase, tiene una idea:

-? ? ? ? ? ? He descubierto que hay un hueco muy pequeño desde el que podríamos aplicar el ungüento que mi abuelo me entregó por si nos accidentábamos, pudiendo curarla y despertarla para que libere a nuestros amigos.

-? ? ? ? ? ? Sin embargo, el hueco es minúsculo …. hasta para vosotros –señala Taul .

Shana entonces se da cuenta de que aquello que tanto la preocupaba podrá usarse para solucionar sus problemas. Es bajita, y sin problemas, se desliza por el agujero.

Cuando llega, todos sus compañeros e incluso Evelyn se lo agradecen entre risas y gritos de alegría. Todavía queda lo más difícil: curar a Taula, la madre del dragoncito. ? Se concentra y rememora las enseñanzas de sus profesores. También los consejos de sus padres y abuelos. El junco verde acaricia la pata de Taula y poco a poco, se cubre del ungüento de Gumper.

Tras unas horas como no pasa nada, están hambrientos y cansados. Taul llora un poquito porque es muy chiquitito, pero Morten y Velma le animan.

Mi madre me ha dicho muchas veces que las cosas buenas, en ocasiones, se hacen esperar. Sólo hay que confiar.

De repente, la madre de Taul agita una de sus alas. Me retiro porque casi me da. Cuando abre los ojos se sorprende al verme, pero sonríe. Me cuenta que ha estado esperando a tener fuerzas para hablar conmigo y darme las gracias por lo que estamos haciendo.

Todos nos abrazamos una vez que Taula se levanta y se une a su hijito.

Este invierno, los dragones se han hecho nuestros amigos y la flor Turken es traída amablemente por ellos en agradecimiento de nuestra ayuda. La señorita Hooper nos ha aprobado a todos por nuestra valentía y ? Este invierno he dejado de sentirme mal por ser más pequeña que el resto.

3 comentarios »

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Comment by carla

7 enero 2010 @ 10:28 pm

FELIZ 2010 A TODOS¡¡¡¡
Este mensaje es para señalar que este cuento infantil me ha costado muchísimo, más que la poesía que es un género que no toco casi nunca. Me temo que ha quedado un poco ñoño. Ha sido fatigoso aunque creo que el turrón y los roscones de nata han tenido algo que ver con que se me hiciera tan cuesta arriba.
Salu2

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Comment by Carminacd

8 enero 2010 @ 4:26 pm

Carla
a mí me pasa lo mismo, solo escribo poesía y es un gran reto que debemos afrontar y continuar a practicarlo esto de escribir prosa, es muy importante diversificar nuestra escritura para crecer. Démosnos fuerza, como lo haces tú con todos nosotros, para mejorar y crecer. Tu cuento deja una gran enseñanza de fraternidad.
Saludos
Carmiña

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Comment by Alfonso

8 enero 2010 @ 5:15 pm

El resultado de tu esfuerzo ha sido satisfactorio. Creo que estamos más acostumbrados a relatos serios, realistas y complicados. La fantasia es más dificil, quizás la perdimos con la infancia. Me ha gustado mucho tu relato. Los nombres ayudan a situarse en un pais fantastico, muy acertado, igual que la enseñanza como los cuentos de antes. Es un todo muy bonito. No ñoño, bonito o es que no estamos acostumbrados a lo bueno, lo inocente, lo magico. ¡Muy bonito!

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