Amor Platónico

Filed under: Ensayo: Primer ejercicio — Denise at 3:01 pm on Jueves, septiembre 19, 2013

Ese día se levantó, igual a todos sus días pasados y venideros, o eso pensaba ella. Se colocó sus pantuflas y una campera sobre el pijama, abrió las cortinas de la ventana de su habitación y miró hacia fuera, llovía, a cántaros, el día estaba gris, y los grandes árboles de su casa contrastaban con el cielo nublado. Bajó las escaleras y se decidió a preparar el desayuno. Una leche tibia no le vendría mal después de ver como estaba el día y de saber que tendría que salir al trabajo con un paraguas. Tomó su leche, y se fue a bañar. Dejó que el agua cayera sobre su espalda descubierta, disfrutaba tanto el momento del baño. Salió y se vistió.  Le quedaba media hora libre antes de irse a su aburrido trabajo. Decidió prender la computadora y ver noticias sobre él, el imposible amor de su vida, el chico que, ahora ya era un hombre, conoció cuando tenía tan solo trece años, en su concierto. Era su ídolo, el que había salvado su vida literalmente. Mientras la computadora prendía, ella recordó viejos tiempos. Se encontró en su casa, a punto de matarse, encerrada en su habitación, mientras escuchaba la radio, pudo oír su nombre y apellido, prestó más atención. Sí, era su nombre, había ganado las entradas para ver a su ídolo, soltó el cuchillo y se puso a saltar de felicidad. Hasta ahí llegaron sus recuerdos, la computadora ya estaba prendida. Se metió a esa antigua red social del pajarito celeste, y buscó el nombre de su ídolo. Él no había escrito nada, ella se asustó. A diario, el amor de su vida escribía algo, para hacerles saber a sus fanáticas que estaba bien, que seguía con esa enfermedad, pero aún estaba vivo. Ese día no había dado señales de vida. Desesperada, ella se metió a su otra red social, allí vio a todas sus amigas de luto, preguntó que pasaba, aunque no estaba segura de querer conocer la respuesta. Nadie le contestaba, todas estaban demasiado ocupadas, excepto una de ellas, su mejor amiga de la primaria.

“Él ya no está”, le dijo su amiga “nuestro ídolo se fue”. Ella no lo podía creer, asustada preguntó cuando, su amiga respondió que a la madrugada de ese día. Sintió que el mundo se le veía abajo, él había sido el chico que la había sacado de su pozo de depresión, y ahora ya no estaba. Su cable a tierra se había ido, ya no tenía sentido seguir viviendo. No tenía familia, nadie la quería, y ahora tampoco lo tenía a él. Lloró tanto, pidió permiso a su trabajo para faltar ese día, no podía siquiera ir a trabajar, no tendría palabras para contarles a sus compañeros lo que había pasado. Salió a la calle, el día acompañaba su tristeza, sus lágrimas se fundían con las gotas de lluvia. Se sentó en un banco de la plaza, no se veía casi nadie en la calle. Tapó su cara con las manos y echó a llorar aún más. Ya no podía con eso. Sus recuerdos volvieron a aparecer, ella en el concierto de su ídolo, el que ahora ya no estaba, se veía a si misma, feliz, gritando, en la primera fila. Fue el día más feliz de su vida.

Cuando volvió a la actualidad, se secó las lágrimas que corrían por su mejilla y sonrió.

“Aunque ya no esté tu presencia física conmigo…” pensó mirando al cielo “sigues en mi corazón y en mis recuerdos, nunca dejaste de estarlo, como tampoco dejarás de estarlo, me cambiaste la vida y te debo mucho por eso, gracias por haber existido, sin tu presencia yo ya no estaría aquí. Gracias. ”

Y volvió a su casa, con un matiz de tristeza en su interior, pero feliz por haberlo conocido, al día siguiente, ella ya no estaba, había muerto, cuando su jefa fue a buscarla la encontró tirada en el suelo de su casa, muerta, pero con una sonrisa en la cara, se iría a encontrar en el cielo con su ídolo, lo vería nuevamente.

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