Marco

Filed under: -Creación de personajes — Claudia Susana Rodriguez at 8:57 am on Lunes, noviembre 2, 2009

El viento helado de los últimos días no le había impedido a aquel hombre hacer su rutinaria caminata. La ciudad dormía y permanecía inmóvil. El aullido de la ventisca y el golpe del agua contra los pilotes del muelle parecían lo único vivo. Era otoño en la fría ribera del río. Aquella noche sus pasos le habían llevado lejos, le iba a tomar algunas horas regresar. Miró a su alrededor, hacía mucho tiempo que no estaba en esa parte de la ciudad; el lugar no había cambiado mucho de cuando conoció allí a su compañera de años, no obstante, algunos edificios desvencijados permitían adivinar el paso del tiempo y el olvido.

En Marco los años también habían hecho mella. Ahora era un hombre de mediana edad, extraño, hermético, consciente de que envejecía, y eso lo hacía más lúcido sobre sí mismo: sobre sus límites, sobre de sus fracasos. Era un hombre que en este punto de su vida no tenía sueños, pero en realidad creía no haberlos tenido nunca, así que no los extrañaba. Respiró hondo como queriendo encontrar aquellos olores antiguos a cieno y a hojas marchitándose, que tantas veces en aquel lugar había sentido que invadían sus pulmones. Comenzaba a percibir más el frío; sacó su mano del bolsillo del abrigo y miró la hora, eran las diez, tenía que pensar en regresar ya. Anna estaba acostumbrada a sus excentricidades y a sus silencios, pero no perdía el hábito de preocuparse si tardaba más de la cuenta sin que hubiese habido una advertencia previa.

Era una noche sin luna, los pocos faroles del muelle que habían sobrevivido a generaciones de chicos disparándoles con sus caucheras, ofrecían una luz mortecina que no permitía ver muy lejos. Marco respiró hondo nuevamente, ciño su cuerpo al abrigo, giró sobre sus talones y comenzó a volver sobre sus pasos.

No siempre Anna estuvo en su vida; la vio por primera vez una tarde en aquel muelle, sentada en una de las mesas que durante el verano, en ese entonces, instalaban algunos negocios. No fue amor a primera vista, no habría podido serlo. Marco era, y continuaba siéndolo, un sujeto solitario por opción, aunque también por su manera de ser: sus argumentaciones infranqueables, sus discusiones infinitas y sus bufonadas abstrusas lo hacían un personaje difícil, más cercano y más comprendido por aquellos que viven al límite de la lucidez, del dolor, del inconformismo, que de personas corrientes.

Una de las tantas tardes de aquel verano en el que Anna y Marco habían coincidido en el muelle, él discutía y argumentaba con alguien sobre cualquier cosa, Anna, que estaba cerca, sonrió varias veces con lo que le era inevitable oír, y Marco se sintió visible y le habló. Desde aquel momento se encontró cómodo con aquella mujer, y pese a lo difícil que podría ser la convivencia con él, Anna nunca puso condiciones ni inventó formulas, ni reglas para estar juntos.

1 comentario »

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Comment by NADDIA

9 noviembre 2009 @ 11:11 pm

Hola Claudia. Acabo de leer el ejercicio de Alfonso sobre tu personaje Marco y su compañera Anna y he venido hasta aquí buscando el origen. Te felicito por tu personaje y por el relato(siento no haber leído antes tu ejercicio, no tengo mucho tiempo). Un saludo.

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