Perro

Filed under: Creatividad - Segundo ejercicio — MiguelR at 9:08 pm on Miércoles, noviembre 11, 2009

Nevó durante toda la tarde. Por fin paró un poco y salí a la calle. Pero no había forma de caminar sin dejar huellas. Me encontrarías. Entonces llegó ella, con su flamante coche rojo y oliendo a puta barata. Entró en tu casa por la puerta principal y yo aproveché las rodadas de su coche para alejarme. Puse cuidado en tapar la nariz con un pañuelo para que no cayeran las gotas de sangre sobre la nieve. Resistí todo impulso a encender un cigarro hasta no estar frente al cenicero sobre mi mesa ratona. Tanto tiempo había pasado ese maldito perro, desatendido y abandonado por ella, que llegue a tomar la decisión de darle su merecido fin, ese mismo viernes de invierno.

Fueron los últimos reproches que le realizo, las ultimas suplicas contra su abandono, que escuchara cualquier vecino. Cualquier ser con sangre en sus venas aborrecería la situación y mucho mas los sollozos lamentos en la madrugada.

Conocía la casa, y al ser ella mi vecina sabia de sus viajes. Aproveche la situación. No fue a sangre fría, tuve una larga charla con el. Así fe que me quedo claro que el destino ya estaba resuelto. Aunque la sangre se desparramo por la blanca alfombra, siempre es la mejor manera, el impacto, el arrepentimiento y la necesidad de olvido es la mejor garantía a la impunidad. Una cuchillada sin amor. Gajes del oficio.

Ella lloro días enteros, falsamente. Una custodia permanente le garantizo tranquilidad, también alcohol y un desahogo alguna que otra noche, en la que ella dejaba de llorar pero no de jadear, donde era más que su protector. La vi revolcada en la cama, deseosa, cubierta de sudor y de varias lagrimas. Todo tan evidente, todo al alcance de mi ventana.

Cuando la policía, con sus clásicas averiguaciones, llego a tocar mi puerta y entre preguntas y cafés me contaron que ese maldito perro había dejado una nota de despedida, me eche a reír. Que ella este cada vez más cerca de la locura, haría que la investigación se resolviera más rápido a mi favor.

Un mes después, volvió a los viajes, entonces me pregunte si tan cerca de las nubes lo habrá extrañado por primera vez. Cuando retomo sus rutinas, la cruce un par de veces, siempre sonriente un, “buen día vecino”, y? “que clima hoy” fueron sus palabras. Al dirigirse en las mañanas de invierno, con nieve aún en las calles, dejaba huellas siempre al pasar.

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